MIEDO

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MIEDO

MARÍA ROBLES -PSICÓLOGA-

125 milisegundos es el tiempo que tarda nuestro cerebro en decidir si un estímulo es amenazante para la supervivencia y en preparar el cuerpo para luchar o huir.

125 milisegundos durante los cuales se activan automáticamente una serie de respuestas fisiológicas y psicológicas cuya función es ponernos a salvo y a las que, en su conjunto, hemos llamado MIEDO.

El miedo, al igual que las demás emociones, es siempre reactiva, disparada por diversas claves contextuales que se han ido condicionando a lo largo de la evolución de la especie y, a nivel individual, a través de nuestra educación social, familiar y nuestras experiencias vitales. Es de corta duración y no se puede evitar ni controlar….si, es cierto…no es muy agradable.

Sin embargo, la actitud que tengamos ante ella y lo que hagamos una vez que aparece es lo que puede marcar la diferencia.

Los animales sienten miedo ante una situación determinada y resuelven (luchan o huyen), los animales racionales lo sentimos y lo pensamos, y lo repensamos y lo volvemos a pensar, lo analizamos, lo recordamos y también lo anticipamos, y además lo juzgamos porque, en la mayoría de las culturas, le damos connotaciones negativas y no nos gusta sentirnos a merced de el.

Somos la única especie que tiene miedo al miedo, y ahí se complica todo. Nuestra capacidad verbal nos ha hecho evolucionar asombrosamente pero al mismo tiempo nos mete en la trampa del sufrimiento mental.

ACEPTA, VALORA, ACTÚA

A veces, los psicólogos, hablamos de “abrazar” las emociones y pensamientos desagradables y nos referimos a abandonar la lucha contra ellos cuando aparezcan. Se trata de aprender a “observarlos” sin intervenir, sin intentar angustiosamente que desaparezcan y a su vez, evitando dejarnos arrastrar por ellos. Es decir, se trataría de conectar con ellos, ACEPTAR que están ahí, y seguir haciendo lo que para nosotros sea importante hacer en ese momento, a pesar de ellos. 

Al igual que nos levantamos por las mañanas aunque a veces no nos apetezca, o somos capaces de trabajar con un compañero aunque estemos enfadados con él o nos sacamos el carnet de conducir aunque nos de miedo o somos capaces de animar a alguien aunque nosotros mismos estemos tristes, o insistimos en prestar atención a aquello que estemos haciendo aunque nuestra mente quiera sacarnos una y otra vez de ahí trayéndonos preocupaciones…al igual, en Estado de Alarma, la mayoría nos quedamos en casa aunque nos aburramos, nos frustremos o nos angustiemos y evitamos hacer acopio de mascarillas, guantes y demás material sanitario,  comprar cantidades ingentes de víveres o hacer circular información sin contrastar aunque sintamos miedo e incertidumbre.

Sólo hay que hacerse una pregunta:

¿Qué tipo de persona quiero ser en la vida más allá de esto que estoy sintiendo?

y seguidamente ACTUAR intentando avanzar en dirección a mis VALORES.

Esto no siempre es fácil, la constancia y el entrenamiento en mindfulness y otros tipos de meditaciones más complejas nos pueden ayudar enormemente en este proceso. 

El regalo que nos haremos: una vida con SIGNIFICADO.

De cara a protegerte psicológicamente durante esta experiencia:

  • Consume sólo información de fuentes fiables y evita estar gran parte del día con tu atención enfocada en la situación. Estar informado es importante pero la sobrecarga informativa puede ser perjudicial.
  • Habla de la situación y de cómo te sientes pero intentando no convertir esto en un monotema.
  • No te plantees expectativas de plazos y fechas límite a la situación de confinamiento. Intenta centrarte en el día a día y en el momento a momento.
  • Crea una rutina que te ayude a “normalizar” tu vida y en la que incluyas actividades que te ayuden a descargar estrés: bailar, hacer ejercicio, escuchar música, dibujar, etc.
  • Aprovecha para hacer todo aquello para lo que nunca tienes tiempo.
  • No descuides tus hábitos de vida saludables y de higiene.
  • Si vivimos con otras personas es importante consensuar ciertas normas y comprender las necesidades específicas de los demás, respetando espacios y tiempos diferenciados.
  • Aprovecha esta oportunidad de menos actividad para observar tus emociones y pensamientos y conocerte más. Si no lo hacías antes, este es un momento estupendo para iniciarte en la práctica de la meditación.
  • Ante emociones o sensaciones más fuertes respira, visualiza que eres como un faro y obsérvalas como barcos u olas que rompen delante de ti.
  • Céntrate en cómo haces las cosas y no en cómo te sientes al hacerlas…nuestros actos son las huellas que dejamos en la vida.
  • Si detectas en ti mismo o en alguna de las personas con las que convives señales de ansiedad importantes, debes buscar el apoyo de un psicólogo, que en este momento te podrá atender a través de consultas online.

María Robles,

Psicóloga Clínica y Co-directora en Essentia Psicología y Bienestar

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