Don Julio Rodríguez Martínez

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D. Julio, como la mayorí­a de la gente le llamaba, fue ministro de Educación y Ciencia entre junio de 1973 y enero de 1974, en el decimotercero gobierno de Franco. Tras su muerte a la edad de 50 años durante unas conferencias en Santiago de Chile fue trasladado a España convirtiéndose en el único ministro de Franco a quién Partido Comunista de España, Unión de Centro Democrático, Partido Socialista Obrero Español y Alianza Popular rindieron conjuntamente un homenaje.  Testigos presenciales el dí­a que Carrero lo entrevistó dijeron que ¨le causó tan buena impresión al presidente que salió investido de ministro ¨in pectore¨, es decir, seria investido ministro con seguridad a falta de la confirmación protocolaria.  

Además, venía precedido por lo bien que estaba dirigiendo la Universidad Autónoma en tiempos muy conflictivos. Algunos han querido dar a entender que fue elegido ministro por un error, pero no se ponen de acuerdo en el nombre del que se quería designar. La lista es casi interminable. Unos dicen que Franco querí­a nombrar al Sr. Sanchez Agesta, otros al Sr. Muñoz Alonso o al Sr. Rodriguez Villanueva, entre otros. Todo fue un bulo que empezó el historiador D. Ricardo de la Cierva. Tras pedir a D. Julio su designación como Director General de Cultura, el ministro le contestó muy educadamente que ese puesto ya lo tení­a decidido para otra persona. Fue a raíz de esta frustración de D. Ricardo de la Cierva lo que le llevó a escribir en varios libros de historia que a D. Julio le haí­an elegido por equivocación. D. Julio solo tenía 44 años y ya era Doctor en Ciencias Químicas y Farmacia, por la Universidad de Granada, con la calificación de premio extraordinario, al que también otorgaron el Premio Nacional de Fin de Carrera en 1952 y el Víctor de Plata del SEU por meritos académicos, el Premio Nacional  «Alonso Herrera» del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la medalla de oro de la Universidad Autónoma de Madrid, la Medalla de Honor de la Cámara de Comercio e Industria, habí­a representado a España en multitud de congresos cientí­ficos internacionales, en posesión de la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, de la Gran Cruz al mérito militar con distintivo blanco, de la Gran Cruz de la Orden de Mayo (Argentina), de la Gran Cruz de Andrés Bello (Colombia), era consejero de economí­a nacional, Catedrático de Mineralogí­a y Cristalografí­a, académico de la Real Academia de Farmacia, procurador en cortes, vicepresidente de la UNESCO en 1973, promotor de multitud de asociaciones culturales en la provincia de Granada y autor de más de un centenar de trabajos científicos en radiaciones nucleares y radiactividad. Cuando salía elegido, muchos medios de comunicación quisieron acercarse al domicilio familiar para conocer y entrevistar al ministro más joven de Franco. Que a nadie se le ocurra decir que D. Julio no estaba preparado para el cargo, sólo hay que ver su tarjeta de presentación que era su ¨curriculum¨ ganado a base de puro esfuerzo. El calendario Juliano funciona perfectamente en paí­ses tan avanzados como Australia o Chile, país del Continente americano donde menos í­ndice de fracaso escolar hay, solo por nombrar algunos.  Otro hecho destacable: cuando D. Julio toma posesión de su cargo el presupuesto del Ministerio estaba completamente agotado lo que unido a que se inicia en ese mismo año, 1973, la primera gran crisis económica mundial (primera crisis del petróleo) la situación era tan grave que el propio presidente del Gobierno D. Luis Carrero Blanco instá a todos su ministros a ser extremadamente diligentes con el gasto público. De todos era conocida la aversión del almirante al despilfarro del dinero público. En estas condiciones, la incorporación en Octubre de 1973 de cerca de 100.000 universitarios procedentes del COU, era algo muy difí­cil de asimilar para la Universidad. Serí­a preciso improvisar y contratar profesores a los que no se les podía pagar. El desfase del año académico y el económico se convirtía en un grave problema. La solicitud de D. Julio de una transferencia de fondos dirigida a la universidad desde el Ministerio de Hacienda al Ministerio de Educación por un importe de 400 millones de pesetas fue denegada. La única solución posible, sin dar tijeretazo, aprobada por el Consejo de Rectores, fue el cambio de calendario para que el calendario académico empezase justo cuando ya se iniciaba el calendario económico con los presupuestos generales del Estado aprobados en Cortes. Además se intentaba conseguir con este nuevo calendario, que las vacaciones de verano fuesen “limpias” sin asignaturas suspendidas. Los resultados de la convocatoria de Septiembre venían siendo negativos. En verano era y es difí­cil estudiar. La Universidad cerrada, los profesores de veraneo, el fuerte calor. Las familias podían estar unidas sin el agobio de los suspensos. Con el nuevo calendario el empujón habrí­a que darlo de Septiembre a Diciembre, con los profesores en su lugar de trabajo para poder hacerles consultas, las bibliotecas abiertas, con el ambiente adecuado. Los meses de verano serí­an para hacer actividades bibliográficas, deporte, pintura, idiomas, música o literatura. » Un hombre culto hace de una cueva un palacio y otro inculto hace de un palacio una cueva» decía D. Julio. Con varias carreras y conocedor de siete idiomas. Tras el atentado de Carrero Blanco ofreció su ayuda a la policía para encontrar a los asesinos del presidente de gobierno recién asesinado incapaz de quedarse en casa con los brazos cruzados ante semejante barbarie pero los terroristas escaparon. Persona humilde y sencilla quiso que sus hijos estudiaran en un colegio público y nunca hizo alardes de riqueza ni grandeza. Durante los últimos diez años de su vida lucho para hacer colegios menores en zonas deprimidas para que los niños pudieran dormir, comer y estudiar allí­, institutos y colegios, en pueblos con una renta per cápita bají­sima, para darles la posibilidad de un futuro digno. Amante de la poesí­a supo compaginar esta afición a la escritura con sus tareas docentes escribiendo cientos de poemas donde demostró su enorme sensibilidad. Nunca se ha hablado tanto de un ministro que estuviera tan solo seis meses desempeñando su cargo. Eran tiempos difí­ciles para la enseñanza pues habí­a muchos profesores que animaban a sus alumnos a romper el mobiliario. Es importante señalar que en los análisis de los distintos periodos del Ministerio de Educación y Ciencia realizados, con la rigurosidad que caracterizaba a D. Jesús López Medel, figura D. Julio Rodrí­guez Martí­nez como un Ministro que ¨inicia acciones francamente buenas¨.

Iñaki Rodríguez Martín- Feriche

8 COMENTARIOS

  1. Pudo ser un gran ministro pero no tuvo tiempo en solo seis meses de llevar a cabo todas las cosas buenas que intento hacer. Los que le critican seguro que eran estudiantes en aquella época de los que no iban a clase sino que se dedicaban a romper todo lo que les cogía al paso. Hizo muchisimas cosas buenas por muchisima gente y eso es lo que nos queda. Descanse en paz d. Julio.

    • Me he quedado sorprendido de que a un Ministro de Franco le hiciese un homenaje el Partido Comunista de España y el Prtido Socialista…. Seguramente por su ayuda a los mas pobres. Vaya curriculum para un hombre tan joven. Ojala tuviesemos mas Julio Rodriguez en España y menos sinverguenzas.

  2. D. Julio era una eminencia en la provincia de Granada en aquella época. Murió en 1979 y en el entierro todas las fuerzas políticas le hicieron un
    Homenaje por algo seria.

  3. Junto a Don Enrique Gutiérrez Ríos y un grupo de motrileños y de foráneos comprometidos en una misma empresa por el bien de Motril, fueron el alma mater de la Asociación para el Fomento de la Cultura de Motril, institución pionera en el páramo cultural del Motril de los años 70, que hizo realidad el Instituto laboral («de arriba»), los Colegios Menores, la Universidad a Distancia, la Semana de Cine Médico, ciclos de conferencias de alto nivel, tertulias radiofónicas dirigidas por el Dr.Felipe Soto, etc. Lo nunca visto en Motril y que, ojalá que no, nunca se volverá a ver. Por eso la calificaría como la «época de oro de la cultura motrileña»

  4. No es necesario comparar. A veces ello no sirve para descubrir la talla enorme de la persona referida. Julio Rodriguez fue un gran hombre y merecería un recuerdo y reconocimiento, sobre todo en nuestra tierra, mayor que el que dispone. ¡Felicidades amigo Iñaki, para mi fue un honor haberlo conocido en persona y saber que en mi casa fue siempre uno de los personajes más queridos y admirados.¡

    • Suscribo todo lo que dice mi querido amigo Gaspar. También en mi casa Julio Rodríguez fue muy querido y admirado. Era una persona de una gran calidad humana que, además, puso su valía intelectual -que era mucha- al servicio de Motril y de los motrileños de forma totalmente desinteresada; de eso puedo dar fe porque lo viví muy de cerca. Eso es lo que queda y lo que unicamente importa.

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