CARTAS AL DIRECTOR.-

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MANOLO, EL CURA DE SAN ANTONIO

Manolo, han pasado muchos años desde que dejaste Motril, pero siempre serás “el cura de San Antonio”. Llegaste a ese barrio y plantaste en medio de él,el Evangelio, como si fuera una tienda de campaña que recogió y acogió a los más pobres, aquellos que eran apartados del centro político, económico, social y religioso de la ciudad. Construiste en aquella Parroquia un sistema de solidaridad que iba más allá de la “caridad cristiana”: una Escuela unitaria con comedor para los más pequeños y no pocas familias, las colonias de niños y niñas por los distintos pueblos de la provincia, búsqueda de trabajos para muchos desempleados y desempleadas, la creación de la Asociación de Vecinos…en fin, sería imposible nombrar todos los espacios que construiste para achicar desigualdades. En nombre de todas y cada una de las personas que ayudaste en el barrio de San Antonio, GRACIAS.

Manolo Velázquez, en una imagen de archivo de El Faro, inaugurando su propia exposición en Motril.

Además de las huellas que dejaste en ese barrio marginado y empobrecido, tu lucha y tu testimonio rebasaron sus límites: tu compromiso por la creación del Hospital de Motril (con huelgas de hambre y golpes físicos incluidos hacia tu propia persona), tu labor educativa en el Instituto de Enseñanza “La Zafra” y tus vínculos con la Escuela Hogar y la Escuela de San Antonio, tu colaboración con distintas ONGs (directa o indirectamente, como donando muchísimos de tus cuadros para proyectos solidarios), tu presencia en multitud de foros y debates públicos siempre defendiendo una sociedad más justa y solidaria… en fin toda una labor que nunca olvidará Motril, por eso, -aún hoy- nombrarte en cualquier sitio significa provocar una palabra de agradecimiento a todo lo que hiciste en Motril. Por eso, también, GRACIAS.

Pero ¿quien escribe esto? Somos un grupo de personas que llegamos a aquella Parroquia pobre y marginada y que conocimos la Buena Noticia de Jesús a través de tu testimonio y tu palabra. Algunos íbamos con ideas religiosas poco cercanas al Evangelio, otros hastiados de ideologías políticas, algunos con inquietudes sociales y liberadoras… pero a todos y todas nos unía el descontento por una sociedad injusta y nuestro deseo de cambiarla y cambiarnos. Y ahí fue cuando tú nos presentaste a Jesús y su Evangelio. Y ya nos desbordó la alegría y la ilusión por vivir y transformar la sociedad que nos rodeaba.

Resumiendo podemos decir que tú estuviste (y sigues estando) en el origen de tres pilares de nuestra vida:

1. Jesús de Nazaret:
La figura de Jesús y su mensaje nos llegó a través las reuniones y tus explicaciones en las homilías. Un Jesús desmitologizado, sin ropajes religiosos e institucionales, un Jesús libre, solidario, amigo, cercano…un Jesús Liberador y comprometido en la creación de una sociedad digna de las personas, que nos legó las bienaventuranzas como un programa para alcanzar lo mejor de nosotros mismos y un cambio profundo de la sociedad injusta. Las catequesis, el Junior, los encuentros de comunidades cristianas…. Todo alrededor de ese Jesús tan plenamente humano que algunos piensan que alcanzó la plenitud divina. Pues nuestro encuentro con Él fue gracias a ti. Por eso, también, GRACIAS.

2. Los pobres:
Nuestro compromiso con las personas más desfavorecidas vino como consecuencia natural de nuestra adhesión al Jesús que tú nos presentaste. Nos enseñaste que la caridad provoca un paternalismo humillante y que lo suyo (lo de Jesús, nos referimos) es la solidaridad basada en la igualdad y la justicia. Nos acercaste a los pobres, no para consolarlos para que asumieran su situación, sino para hacernos aliados de ellos en la transformación de sus condiciones sociales y económicas. Cada uno de nosotros y nosotras asumimos diferentes compromisos según nuestra situación personal y familiar. Y de nuestra experiencia y compromiso crecimos y nos enriquecimos como personas. GRACIAS, por eso también.

3. La comunidad:
Nos sacaste de nuestras individualidades y egoísmos. Nos enseñaste que seguir a Jesús sólo se podía hacer en grupo, en comunidad. Y allí, siempre alrededor de una mesa (para compartir el pan o la palabra), nos tenías cogidos de las manos, cantando “Yo te nombro Libertad” o abrazándonos para acercar nuestros corazones. Éramos diferentes pero iguales. En nuestro grupo vivimos por primera vez el feminismo, la aceptación de las diferentes orientaciones sexuales, la convivencia entre diferentes etnias… Gracias a nuestra experiencia comunitaria nos pareció -y nos parece- inhumano el racismo y la xenofobia, la homofobia y la violencia de género; gracias a vivir la experiencia de Jesús en grupo nos pareció -y nos parece- que el único camino es la defensa de los Derechos Humanos, que es una concreción más del encargo que nos hizo Jesús: “que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, también vosotros amaos unos a otros” (Jn, 13,34). Por construirnos como comunidad, GRACIAS.

Manolo, qué bien hiciste en nuestras vidas, qué bien que viniste… y qué bien por quedarte siempre. Porque gracias a ti tenemos la convicción que Jesús y su proyecto es la respuesta que el mundo necesita.

GRACIAS.
Tus hermanos y hermanas de Motril.

Firmado: Francisco Martínez Lahoz (Motril)

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