EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

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Antonio Gómez Romera

Domingo, 16 de julio de 2023

EN EL DCCCXI ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

Batalla de las Navas de Tolosa, óleo de Francisco Aznar.

Tal día como hoy, domingo, 16 de julio, festividad de Nuestra Señora la Virgen del Carmen, vigésimo octava semana de 2.023, hace 811 años (lunes, 1.212), tiene lugar la Batalla de las Navas de Tolosa.

Antecedentes históricos

Durante la segunda mitad del siglo XII, el avance de los almohades y su fanático rigor religioso (restaurador de la pureza del Islam), ha resquebrajado la solidaridad de los reinos cristianos peninsulares, que tradicionalmente ha liderado el poderoso reino de Castilla. Las rencillas políticas y los enfrentamientos dinásticos han entorpecido la unidad necesaria para frenar a los almohades al sur del río Tajo, del curso bajo del río Ebro e, incluso, del río Guadiana.

En los primeros meses del año 1.195, una expedición al mando del arzobispo de Toledo, Martín López de Pisuerga, saquea el valle del Guadalquivir, en las cercanías de Sevilla, la capital almohade en la Península. Este incomprensible desafío de las fuerzas castellanas, que supone la ruptura de las treguas firmadas meses antes con Alfonso VIII de Castilla (1.155 – 1.214), enfurece sobremanera al califa almohade Abu Yusuf Yaqub (1.160 – 1.199), que abandona Marrakech, su capital magrebí, para responder a la provocación castellana. El 1 de junio de 1.195 desembarca en las costas de Tarifa para dirigirse a Sevilla, donde reúne un considerable ejército de 30.000 hombres, entre caballería, peones, mercenarios y tropa regular, con el que se encamina hacia Toledo. Forman parte del ejército de Abu Yusuf Yaqub, las tropas de Pedro Fernández de Castro “el Castellano” (1.160 – 1.214), quien ha roto sus vínculos de vasallaje con su primo, el rey Alfonso VIII, y se ha unido a los almohades. Cuando las noticias del avance del ejército almohade llegan a Alfonso VIII, éste reúne todas las tropas que puede. El rey castellano espera la ayuda militar de Alfonso IX de León (1.171- 1.230), ya que el poderío almohade amenaza a todos los reinos cristianos pero, sin esperar la llegada de la ayuda leonesa y, de manera un tanto imprudente, Alfonso VIII decide avanzar hacia Alarcos para evitar que los musulmanes alcancen el Tajo. En el camino se le unen los Maestres de las Órdenes Militares de Santiago, con su tercer Maestre don Sancho Fernández de Lemos y de Calatrava, con sus mesnadas.

Batalla de las Navas de Tolosa, óleo de F.J.Van Halen.

En la madrugada del 19 de julio de 1.195, en los alrededores de Alarcos, presenta batalla a los ejércitos del califa almohade y, tal vez por confiar ciegamente en la fuerza superior de su caballería pesada y menospreciar la más ligera y ágil caballería almohade sufre una estrepitosa derrota. Como resultado del triunfo, los almohades se adueñan de las tierras entonces controladas por la Orden de Calatrava y de casi todas las fortalezas de la región, tales como Calatrava, Malagón o Gaudalerza, de forma que su camino hacia Toledo queda despejado.

Afortunadamente para Castilla, el califa, en vez de continuar con su ataque, vuelve a Sevilla, donde toma el «laqab» (título) de “al-Mansur” (“el Victorioso por Alá”). Desde entonces, el rey castellano sólo vive para preparar el desquite de Alarcos. Los proyectos de Cruzada del Papa Inocencio III (1.161 – 1.216) y del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada (1.170 – 1.247), desempeñan un papel fundamental en la voluntad de desquite de Alfonso VIII, que ahora busca reforzar las relaciones diplomáticas con los reinos cristianos vecinos. El monarca castellano ya se ha aliado con Pedro II de Aragón (1.178 – 1.213) en 1.196 para defender la frontera del bajo Ebro, y entre 1.207 y 1.209 logra firmar treguas y tratados de colaboración militar con Sancho VII de Navarra, Sancho I de Portugal (1.154 – 1.211) y Alfonso IX de León. Por fin, los cinco reinos hispanos están en paz y pueden colaborar como vivamente predica el arzobispo Jiménez de Rada en la creación de un gran ejército cruzado contra los almohades. En los púlpitos de toda Europa occidental se predica la Cruzada contra los almohades para mayo de 1.212 y quienes participen en ella obtendrán la plena remisión de sus pecados. Además, el Papa Inocencio III anuncia que excomulgará a cualquiera que pacte con los mahometanos y ordena a los reyes cristianos peninsulares que aplacen sus discordias personales en favor de la magna empresa común de la Reconquista.

Hacia la Batalla de las Navas de Tolosa

La conquista almohade del castillo de Salvatierra, en septiembre de 1.211, actúa como detonante del conflicto. El golpe estratégico y, sobre todo simbólico, de aquel quebranto estremece a no pocos contemporáneos: “¡Oh, cuánto llanto de hombres, gritos de mujeres gimiendo todas a una y golpeando sus pechos por la pérdida de Salvatierra!”, exclama el obispo Juan de Osma; “por él lloraron las gentes y dejaron caer sus brazos”, ratifica el arzobispo de Toledo. Pero hasta casi un año después, el 20 de junio de 1.212, no puede partir desde Toledo hacia Sierra Morena el más poderoso ejército cristiano jamás reunido en la península, “el Ejército del Señor”, como es calificado por el arzobispo de Toledo.

Las tropas cristianas que se han concentrado en Toledo entre el verano de 1.211 y la primavera de 1.212 están compuestas por fuerzas muy diversas: desde mesnadas reales, huestes señoriales y fuerzas de las órdenes militares hasta milicias de los concejos castellanos, pasando por los “ultramontanos”, como se conoce a los cruzados venidos de allende los Pirineos. Abu Abd Allah Muhammad al-Nasir, el caudillo almohade, enterado de los preparativos de los cristianos, se pone en marcha a fines de junio, y se dirige a detener a sus enemigos en los pasos de Sierra Morena.

Blasones de los Reinos Cristianos y Almohade en la batalla de las Navas de Tolosa.

Tras la rendición de la fortaleza de Calatrava, el día 1 de julio, las severas medidas tomadas por el rey de Castilla para evitar el saqueo de esta plaza disgustan a los cruzados europeos mandados por Diego López de Haro. Éstos, desilusionados por la renuncia forzada al botín prometido, abandonan en su mayor parte el ejército, al que días más tarde se incorpora Sancho VII “el Fuerte” de Navarra con un limitado contingente de sus caballeros. Curiosamente, el avance cristiano hacia el interior de Al-Andalus no se topa con una resistencia importante, lo que facilita la toma de Malagón, Alarcos, Piedrabuena,

Benavente y Caracuel. El jueves, 12 de julio, los cristianos llegan al pie de la sierra, cuyos pasos han sido tomados ya por los almohades. Se va a decidir el avance cristiano hacia Al-Andalus o el almohade hacia la Meseta.

El Triunfo de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa, óleo de Marcelino Santa María.

El viernes, 13 de julio, los cristianos desalojan a los almohades del puerto de Muradal, y éstos se repliegan hacia el sur, aunque no sin dejar fuertemente custodiado el angosto paso de la Losa, que deben atravesar los cristianos en su marcha. En ese punto, según refiere la “Historia de los hechos de España” de Jiménez de Rada, aparece providencialmente un pastor que les indica un camino por el que pueden evitar el desfiladero de la Losa. Atraviesan la sierra por el llamado Paso del Rey y alcanzan la Meseta de las Navas, cerca de la actual localidad de Santa Elena (Jaén). Allí comprueban que, en el otro extremo del llano, los almohades, instalados sobre una elevación del terreno, les esperan en posición de combate y controlan los pasos meridionales hacia el valle del Guadalquivir. Los cristianos, agotados tras largos días de marcha, se instalan a su vez en otra altura, la Mesa del Rey. Los almohades intentan provocarles y recurren al “tornafuye”, la especialidad de la caballería ligera andalusí y norteafricana en el que sus jinetes libran algunas escaramuzas con caballeros cristianos, pero la estrategia de Muhammad al-Nasir fracasa por la prudente actitud que en esta ocasión adopta Alfonso VIII. Los almohades han planteado la lid como una repetición de Alarcos, pero esta vez ni el número de las tropas ni las características del terreno les serán propicios: el ejército cristiano es demasiado numeroso para proceder a una maniobra envolvente que, por otra parte, se ve dificultada por la escasa amplitud del campo de batalla. El campo de Las Navas de Tolosa es relativamente estrecho, entre 2 y 3 kilómetros de ancho y está delimitado en ambos lados por fuertes desniveles y barrancos, los formados por los arroyos del Rey y de la Campana.

La Batalla de las Navas de Tolosa

Aunque las crónicas islámicas hablan de 600.000 combatientes cristianos y las castellanas se refieren a casi 500.000 jinetes musulmanes, estudios más actuales cifran los efectivos almohades en torno a 100.000 combatientes, entre peones y caballeros, y los cristianos en poco más de 10.000 caballeros, en su mayor parte caballería acorazada, y cerca de 50.000 peones.

Al amanecer del lunes, 16 de julio, los contendientes se encuentran frente a frente, en el espacio que separa sus respectivos campamentos. En el centro del ejército cruzado se sitúan los castellanos, con el rey Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada;

Pedro II de Aragón se coloca en el flanco izquierdo con sus tropas, y Sancho VII de Navarra y las milicias municipales castellanas se ubican en el flanco derecho. Por su parte, los musulmanes ponen en vanguardia las tropas de élite bereberes “los voluntarios de la fe”, compuestas por arqueros cuya misión es desordenar los envites de la caballería pesada castellana. Y, en los flancos laterales, sitúan la caballería ligera almohade y andalusí, que debe hostigar por los flancos al ejército cristiano para desorganizarlo.

La carga de los tres Reyes, óleo de Augusto Ferrer-Dalmau.

Frente al dispositivo almohade, la estrategia cristiana consiste en resistir por los flancos a la caballería enemiga y lanzar ataques continuos en oleadas por el centro para impedir maniobras envolventes de los musulmanes. Este planteamiento favorece a la larga el éxito cristiano, pues en la lucha a distancias cortas los temibles arqueros bereberes son inoperantes. La carga inicial de la vanguardia cristiana arrolla a los bereberes de la primera línea almohade, pero es detenida al alcanzar el cuerpo central del enemigo. Carga entonces la segunda línea cristiana y se produce una situación indecisa que resuelve la decidida carga de la tercera línea cristiana, ordenada por el rey de Castilla. Su ímpetu, sumado al empuje del rey de Aragón y al del soberano de Navarra, destroza las defensas del palenque, el campamento donde al-Nasir, sosteniendo el Corán, presencia la batalla y hace, rotunda y definitiva, la victoria cristiana al precipitar la fuga de Abu Abd Allah Muhammad al-Nasir, que abandona a sus tropas y huye hacia Baeza. Así explica el Rawd al-Qirtas lo acaecido: “Al-Nasir seguía sentado sobre su escudo delante de su tienda, y decía: “Dios dijo la verdad y el demonio mintió”, sin moverse de su sitio, hasta que llegaron los cristianos junto a él. Murieron a su alrededor más de diez mil de los que formaban su guardia; entonces un árabe, montado en una yegua, llegóse a él y le dijo: “¿Hasta cuándo vas a seguir sentado? ¡Oh, Príncipe de los Creyentes! Se ha realizado el juicio de Dios, se ha cumplido su voluntad y han perdido los musulmanes”.

Con el asalto al palenque y la huida del califa comienza una verdadera carnicería, que sólo termina al caer la noche: los cristianos dan caza sin piedad a los musulmanes fugitivos, hasta el punto de que, según escribe Alfonso VIII al papa Inocencio III, “matamos más durante la persecución que durante la batalla”.

Mapa de la batalla de Las Navas de Tolosa, fase de aproximación.

Colofón

El ejército cruzado explotó su éxito avanzando hacia el sur, conquistando varias fortalezas en Sierra Morena (Vilches, Ferral, Baños y Tolosa), destruyendo Baeza y saqueando Úbeda tras someterla a un asedio. Sin embargo, el ímpetu de la expedición se había agotado y el azote de diversas enfermedades hizo recomendable darla por concluida y regresar a Toledo. En palabras del obispo Juan de Osma, “volvieron a sus propios lugares con victoria, honor y mucho botín”.

La victoria cristiana en Las Navas de Tolosa quedó grabada en la memoria de los contemporáneos y en la de las siguientes generaciones. El control de algunas fortalezas y pasos de Sierra Morena quedará, pues en manos castellanas, lo que dejará expedito el camino hacia el sur para las grandes conquistas del siglo XIII.

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