EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

0
264

Antonio Gómez Romera

Domingo, 2 de junio de 2024

EN EL CXLII ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE GARIBALDI, HÉROE DE LA UNIFICACIÓN DE ITALIA

Giuseppe Garibaldi.

Hoy domingo, 2 de junio, festividad del Papa Eugenio I (655 – 657), vigésimo segunda semana de 2024, se cumplen 142 años (viernes, 1.882), del fallecimiento en la isla de Caprera (archipiélago de la Magdalena, al Norte de Cerdeña), del héroe de la unificación e independencia italiana, Giuseppe Garibaldi, a los 74 años de edad. Es por ello que el día 2 de junio se celebra la Fiesta de la República Italiana.

Garibaldi, conocido popularmente como “El héroe de dos mundos” y “El león de Caprera”, fue muy claro: quería que lo incineraran. Por escrito, ordenó que lo hicieran en un lugar cerca de su casa, con vista al mar; que su ataúd debía estar abierto, para que su rostro fuera bañado por los rayos del sol mientras su cuerpo ardía y que sus cenizas las mezclaran con la tierra para que nacieran plantas, símbolo de una Italia nueva y mejor. Pero sus deseos no se cumplieron, y fue enterrado en una tumba en los terrenos de su casa.

Giuseppe Garibaldi – óleo – Tancredi Scarpelli.

Breves notas biográficas

Hijo de Giovanni Domenico Garibaldi (1766 – 1841), de oficio pescador, y de Maria Rosa Nicoletta Raimondi. La vida de Giuseppe es realmente agitada. Sus padres quieren que sea abogado o sacerdote, pero él, desde niño, vive dominado por el ansia de aventuras. El joven quiere ser marino, como su padre. Con 16 años, en 1807, parte por primera vez desde el puerto de Niza, su ciudad natal, cuando pertenece al reino de Piamonte, en un navío mercante. Y en 1832 es capitán del barco “Clorinda”, abordado por piratas turcos, donde Giuseppe es herido en la mano, aunque consigue escapar. Navega por el mar Mediterráneo y el mar Negro. En 1833 se adhiere al movimiento revolucionario “Giovane Italia”, creado por Giuseppe Mazzini (1805 – 1872), que defiende la reforma social y la unificación italiana en una república democrática.

A los 27 años de edad, participa en una conspiración en Génova, reino de Cerdeña – Piamonte, gobernado por la dinastía Saboya, que fracasa y se refugia en Marsella. Las autoridades lo consideran uno de los cabecillas y es condenado a muerte por traición, por lo que ha de huir a América del Sur.

Estatua ecuestre de Giuseppe Garibaldi – colina de Gianicolo – Roma.

En septiembre de 1835 se embarca con destino a Río de Janeiro (Brasil), con la intención de unirse a la comunidad italiana local, dedicada al comercio. En ese momento, la realidad brasileña es convulsa. El gobierno de la provincia de Rio Grande del Sur ha declarado la independencia frente al emperador de Brasil, Pedro II (1825 – 1891). Garibaldi se une a su lucha, librando desde 1837 una guerra de corso a bordo de un barco pesquero, el “Mazzini”, con 12 hombres. “Con una garopera (navío dedicado a la pesca de la garopa, un pescado de aquellos mares) desafiamos a un imperio y hacemos ondear la bandera de la libertad sobre estos mares”, escribe en su Diario. Bartolomé Mitre (1821 – 1906), militar y político argentino, describe a Giuseppe como “fornido, de mediana estatura, ojos azules, larga cabellera rubia y barba rojiza”.

Herido en el curso de un tiroteo, se recupera en Buenos Aires y, a continuación, se enrola al servicio de Uruguay, que entonces se halla en guerra contra la Argentina del dictador Rosas (Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio, 1793 – 1877).

En 1843, Garibaldi forma la Legión Italiana, un batallón compuesto en su mayoría por exiliados políticos que bajo su liderazgo obtienen victorias en Colonia del Sacramento, Gualeguaychú, en la defensa de Montevideo y en la batalla de San Antonio, en el departamento de Salto. Llevan como uniforme una camisa roja; es probable que se debiera a un cargamento de telas rojas destinado a los trabajadores de los saladeros de Montevideo que Garibaldi compró a bajo coste para vestir a sus soldados, pero desde entonces identifica a los garibaldinos en todas las contiendas en que participan. Como bandera enarbolan un estandarte negro sobre el que se recorta un volcán en erupción, una clara referencia al Vesubio y a la agitación revolucionaria que estaba a punto de estallar en Italia. Garibaldi llega a afirmar que “El hombre que defiende a su país o que ataca a otro país no es más que un soldado, misericordioso en la primera hipótesis, injusto en la segunda. En cambio, el hombre que, volviéndose cosmopolita, adopta la humanidad como patria y va a ofrecer su espada y su sangre a todo pueblo que lucha contra la tiranía es más que un soldado: es un héroe”.

Monumento a Garibaldi en la ciudad de Salto, Uruguay.

Durante su estancia en Montevideo da clases de matemáticas y es admitido en la Logia Masónica «Les Amis de la Patrie». En Montevideo, Garibaldi consolida una fama de hombre incorruptible y desinteresado que siempre se mantendría intacta. “Ninguna suma podrá comprar mi fe en la libertad de los pueblos”, es la respuesta que da al dictador Rosas, que le ofrece la astronómica cifra de 30.000 dólares para convencerlo de que traicione a los suyos. Rechaza, incluso, la recompensa en tierras que el gobierno uruguayo le ofrece a él y a sus hombres por los servicios prestados. Entretanto, desde América Latina, la repercusión de sus hazañas se extiende por el mundo. Incluso en la comedida Cámara de los Lores de Londres se habla de él describiéndolo con las características de un auténtico héroe romántico: altruista, desinteresado y dispuesto a arriesgarse por las más nobles causas. Por otra parte, Uruguay es también el lugar donde Garibaldi vive su amor más intenso: el que lo une a una joven brasileña de familia humilde, Anita (Ana María de Jesús Ribeiro da Silva), a quien conoce en el otoño de 1839 en Laguna, en la provincia de Santa Catarina. El 26 de marzo de 1842 se casa con ella en la iglesia de San Francisco de Asís, en Montevideo, después de que le ha dado ya el primer hijo, Menotti (1840 – 1903). Anita está junto a Garibaldi tanto en la vida privada como en la guerra. La “amazona brasileña”, así la llamaron, lo sigue a todas partes; en los momentos de peligro empuña la espada y lucha por la libertad, al tiempo que tiene otros tres hijos, Rosa, Teresa y Ricciotti.

El 16 de junio de 1846, con la llegada del nuevo papa Pío IX (1792 – 1878), se proclama la amnistía. Garibaldi vuelve a Italia en 1848 y forma un cuerpo de guerrilleros para luchar por la independencia y la unidad del conjunto de territorios de lo que él considera su patria: la península italiana.

Monumento a Garibaldi en Rosario (Argentina) – 1885 – Alessandro Biggi.

En la guerra de 1849, recién retornado de América, Garibaldi causa sensación al presentarse ataviado al modo de un gaucho argentino. Un testimonio lo describe como un hombre de mediana estatura, de rostro quemado por el sol, barbudo y con el pelo largo y revuelto. Lleva un sombrero de ala ancha adornado con una pluma negra de avestruz, un poncho americano blanco con forro rojo y la blusa encarnada que se ha convertido en uniforme de la legión Italiana en Uruguay. Detrás lleva un palafrenero negro venido con él de América, al igual que muchos compañeros que lo acompañan, que son aventureros más que soldados. Parece que está en todas partes a la vez, pues tan pronto se le encuentra en el Norte como en el Sur, al mando de su cuerpo de voluntarios, cuyas camisas rojas pronto adquieren celebridad.

Carlos Alberto I de Cerdeña (1798 – 1849) decide liderar la unidad italiana para frenar el republicanismo, e inicia la primera guerra de independencia atacando las regiones de Lombardía y Véneto, que controla el Imperio austriaco. Sin embargo, el rey fracasa y abdica en su hijo, Víctor Manuel II (1820 – 1878). El movimiento republicano de la Toscana y Venecia se extiende a la misma Roma. En febrero de 1849, en la capital de los Estados Pontificios, se establece un gobierno republicano y se expulsa al Papa. Entre los cientos de voluntarios que llegan a la ciudad se encuentra Garibaldi, que de inmediato asume el mando militar en la defensa de la república, una tarea que se hace imposible cuando Roma es atacada por un contingente francés de 35.000 hombres, llamado por el Papa Pío IX, que es repuesto en el trono en junio de 1849.

Garibaldi protagoniza una dramática fuga hacia Venecia, durante la cual fallece su amada Anita, que está embarazada, agotada por el trayecto. Garibaldi vuelve al exilio; primero se marcha a Tánger, después a Liverpool, a aquella Inglaterra que lo admiraba tanto y, finalmente, a Nueva York, donde se gana la vida trabajando en una fábrica de velas creada por Antonio Meucci (1808 – 1889), el inventor del teléfono. Allí vive años grises, sin proyectos, con pocas amistades y aún menos dinero.

Anita y Giuseppe Garibaldi, Porto Alegre, Brasil.

En 1854, el gobierno piamontés le permite volver a Niza, su ciudad natal, y después se establece en una propiedad suya en Caprera, una islita semidesierta en el nordeste de Cerdeña. Personalmente reconoce que “Si surgiera una nación de Satanás, luchando contra dictadores y sacerdotes, me alistaría en sus filas”.

En 1857, Giuseppe tiene 50 años y el reumatismo que padece le ocasiona intensos dolores al montar a caballo. Parece que sus generosos proyectos van a tener que detenerse ante la edad y su precaria salud. Pero, en 1859, se une a la segunda guerra de la independencia italiana para reunificar los territorios en el Reino de Piamonte y expulsar a los austríacos de la península. Al frente de un cuerpo de voluntarios, los Cazadores de los Alpes, Garibaldi ocupa Como, Bérgamo y Brescia, ciudades de Lombardía que pasan así a dominio piamontés. Pero la retirada imprevista de los franceses, aliados del Piamonte en julio de 1859, impide un posterior desarrollo político de la guerra. Al principio, el primer ministro de Víctor Manuel II, Camillo Benso, conde de Cavour, aprovecha la guerra franco – austriaca para firmar el tratado de Plombières con el emperador francés, Napoleón III. Piamonte ayuda a Francia con la condición de quedarse con Lombardía y el Véneto, pero París acuerda después con Austria contentarse con Lombardía, recién conquistada, mientras Viena conserva el Véneto. Así, Francia entrega Lombardía a Víctor Manuel a cambio de Niza y Saboya.

El 24 de enero de 1860 se casa con una mujer lombarda de 18 años, Giuseppina Raimondi. Poco después de la ceremonia se entera de que ella está embarazada de otro hombre y la abandona. Falta liberar el Sur, el reino borbónico de las Dos Sicilias y los Estados Pontificios. Víctor Manuel y Cavour necesitan un pretexto para reanudar la guerra y culminar la unidad italiana. Es entonces cuando Garibaldi propone su expedición a Nápoles. La “Expedición de los Mil” parte de Génova en mayo de 1860 rumbo a Sicilia. Garibaldi y su millar de voluntarios van armados con viejos fusiles y apenas tienen cañones, pero logran burlar a las fuerzas borbónicas para desembarcar en Marsala sin problemas. Aun así, el desequilibrio de fuerzas es excesivo; uno de sus lugartenientes aconseja a Garibaldi retirarse, a lo que éste contesta: “Bixio, aquí se hace Italia o se muere”.

Foto de Guiseppe Garibaldi.

Garibaldi se proclama dictador de Sicilia en nombre de Víctor Manuel y engrosa su ejército con nuevos voluntarios, con los que logra derrotar a los borbónicos. Pronto pasa a Reggio para dirigirse a Nápoles, abandonada a toda prisa por el rey Francisco II de Borbón. Allí Garibaldi es recibido por una multitud enardecida: un éxito inesperado que cambia radicalmente el panorama político. Unas semanas más tarde, 40.000 garibaldinos derrotan en Volturno a un ejército borbónico muy superior en número. Es entonces cuando Cavour, aprovechando el peso militar e internacional del estado saboyano, convence al rey Víctor Manuel II de que viaje a Nápoles con un doble objetivo: apropiarse del resultado político de la expedición garibaldina y frenar a Garibaldi y sus hombres, que desean marchar sobre Roma. Convencido ya de que la solución monárquica resulta inevitable, Garibaldi se entrevista con el rey y acepta hacerle entrega del reino de las Dos Sicilias. Entra junto a él en Nápoles, el 7 de noviembre de 1860; al día siguiente se retira a su residencia en la isla de Caprera, rechazando cualquier recompensa oficial. No acaba ahí la carrera de Garibaldi. En los años siguientes intenta conquistar Roma por dos veces para convertirla en la capital del nuevo estado italiano, y en 1870 combate en el ejército francés contra Prusia. Fatigado y acosado por el dolor, consigue ocupar Dijon con veinte mil voluntarios, el único éxito francés en aquel conflicto. Sus últimos diez años los pasa retirado en Caprera, entre recuerdos y amigos, y con el apoyo de muchos admiradores procedentes de todo el mundo. Durante 1880 se casa con su compañera de toda la vida, Francesca Armosino con la que es padre de otros cuatro hijos.

Giuseppe y Anita Garibaldi refugiándose en San Marino.

Colofón

Tanto en Brasil, como en distintas ciudades de Argentina, Francia, Ecuador, Hungría y Rusia hay estatuas y monumentos en su honor. A raíz de su viaje al Reino Unido se comercializó una galleta con su nombre y el recién fundado equipo de fútbol del Nottingham Forest decidió adoptar el rojo para sus camisetas, en honor a las tropas del general italiano.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre aquí