RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

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MISERIA, HUELGAS Y MANIFESTACIONES EN EL MOTRIL DE 1915

Manolo Domínguez -Historiador y Cronista Oficial de la ciudad de Motril-

Ya en mi artículo anterior sobre el Motril de 1914, decíamos que el siglo XX se iniciaba en nuestra ciudad con malas perspectivas económicas y sociales. La caña y el azúcar, única base económica, estaba pasando por un momento de profunda crisis debido a los bajos precios que la Sociedad General Azucarera pagaba por tonelada de cañas y la elevada competencia del azúcar de remolacha granadina.

Las fuerzas vivas locales hicieron numerosos escritos al Gobierno en los primeros años de la centuria para que se remediase la situación, pero el silencio fue toda la respuesta gubernativa a una ciudad que se ahogaba en la miseria y en la que la burguesía local pretendía resolver los problemas de los más menesterosos, a base de representaciones artísticas para recaudar fondos y acaballaba las protestas de los trabajadores en paro mediante la utilización de las fuerzas de orden público.

La durísima situación económica de 1914 se agrava más si cabe en 1915. El precio de la caña bajaba al igual que el del azúcar. La cosecha cañera fue muy escasa debido a las heladas de enero y febrero, perdiéndose también los cultivos tempranos. El trasporte de los productos motrileños era carísimo debido al desbordamiento del rio Guadalfeo y había que llevarlos Granada a través de Málaga. En marzo se suspendieron prácticamente las obras del puerto dejando en paro a 1.356 trabajadores y lo único que absorbía alguna mano de obra era la construcción de la carretera Calahonda pero con salarios muy bajos. La obra del trozo de carretera desde Motril a Torrenueva que había conseguido en octubre de 1914 Pablo Iglesias del ministro de Fomento, solo se habían hecho las expropiaciones de los terrenos, pero no había fecha para iniciar los trabajos. Los obreros locales pasaban días amargos y difíciles que no podía conjurar la escasa intervención municipal en las pocas obras públicas que se podían abordar con el exiguo presupuesto del Ayuntamiento. Los obreros cada día hacían más patente su malestar porque se estaban produciendo una hambruna y casos de muertes infantiles por desnutrición, a pesar de lo cual “El Motrileño”, periódico local dirigido por Antonio Rosales Villarreal, recogía sin ningún empacho en una de sus editoriales que existía  un cierto movimiento obrero perturbador de la paz y el orden y recomendaba a los patronos que contratasen primero a los obreros afiliados a la Sociedad Católica Obrera y a la Agrupación Católico-Obrera del Ave María, en vez de a los más necesitados.

Trabajadoras de la zafra, primeros del siglo XX.

También en Salobreña existía una gran agitación entre las clases obreras de la villa y corrían rumores de que pretendían quemar la fábrica de Agrela. La Guardia Civil de Motril desplazó a la vecina localidad algunos de sus efectivos, pero no hubo ninguna alteración del orden público.

La prensa granadina se hacía eco de la insostenible situación de Motril a fines de enero: “Reina un temporal crudísimo en la bella ciudad costeña, que, unido a la crisis que en todos los trabajos se viene notando, así como en las labores del campo, ha determinado una forzada huelga entre los obreros motrileños, que ya no saben de qué medios valerse para que ellos y sus familiares puedan mal comer. Hemos oído detalles horribles acerca de la miseria que se ceba en infinidad de honrados hogares, antes felices, y hoy entristecidos por la desnudez, el frio y el hambre; existen familias que ya no tienen objetos que empeñar, ni que vender y muchas para las que comer a diario es un lujo. Motril presencia un espectáculo jamás conocido, por las calles se venden, por mujeres famélicas, sillas, enseres de cocina, prendas de vestir etc”.

El 24 de enero las sociedades obreras pidieron permiso al alcalde para realizar una manifestación pública con el objeto de reclamar de las autoridades y de las clases pudientes pan y trabajo, pero no les fue permitida. A pesar de la sensatez y cordura de los obreros, la inquietud era general en la población. Para completar el complicado escenario, el precio del pan subió a 35 céntimos los 920 gramos, “se puede decir que el hambre es la dueña y señora de la triste situación por la que atraviesa Motril”.

Para intentar resolver la situación se reunieron el 30 de enero en la Alcaldía los hombres considerados más importantes de la ciudad y que más podían aportar ideas para resolver la crisis; a saber: el párroco de la Encarnación José de la Puerta Romero, el comandante militar de la plaza Enrique García, el comandante de Marina José Goicochea, el comandante de Carabineros Emilio Moreno, el registrador de la propiedad Antonio Maseda, el administrador de Adunas Vicente Mallol, el presidente de la Cámara Agrícola Francisco de la Torre, el vicepresidente del Círculo Mercantil Gerardo Esteva Sánchez, el presidente accidental de la Cámara de Comercio Enrique Terrón, por el Sindicato Agrícola Nuestra Señora de la Cabeza Francisco la Chica Mingo, presidente de la Sociedad Obrera Motrileña Miguel Díaz Tercedor, el presidente de la Sociedad Católica Obrera Francisco Valle, el director de la Escuela de Artes y Oficios Eduardo Cazorla, el director del periódico “Vida Motrileña” Lorenzo Ros Vallejo y el mencionado director de “El Motrileño” Antonio Rosales. Como una excepción especial, se invitó al secretario del partido socialista Democracia Social, Manuel Peña.

Por unanimidad de los presentes, con la excepción de Manuel Peña que abandonó tan sui generis reunión, se acordó pedir al Gobierno que se agilizaran las obras públicas, constituir una Junta de Socorros y, sobre todo, la realización de una fiesta o velada teatral en el Cinema Sexis donde actuarían las más bellas señoritas de las más distinguidas familias motrileñas, con el objeto de destinar los beneficios de la taquilla para paliar el hambre de las familias obreras y distribuir limosnas entres los indigentes. La velada se realizó en el ya citado cine en 8 de febrero.

La velada benéfica celebrada anoche resultó brillantísima, asistiendo numerosas personalidades y hermosas mujeres de lo más principal de Motril”.

Comenzó “tan culto espectáculo ante selecto público”, con una sinfonía tocada al piano por Alberto Rosales. Después se proyectaron dos interesantes películas. Continuaron las señoritas María Hernández Ortega, Carmen Jiménez Uyá y Carolina Cazorla que tocaron al piano escogidas piezas de música clásica. Las señoritas Carlota Jiménez y Carolina Multado cantaron unas romanzas, acompañadas al piano por Gaspar Esteva Ravassa. Isabel López Tros de Ilarduya interpretó un monologo titulado “Media Pava”. Dirigidos por los señores Moreu Gisbert y González Anguiano, se pusieron en escena tres cuadros platicos, titulados “Maja en el balcón”, ¿Cuál de las tres? y “La princesa encantada”, representados por la bellísimas señoritas María Díaz Pérez, María Teresa Morales, Trinidad Morante, Angustias Multedo, Consejo Díaz Gómez, Modesta Morales y Luz Moreu Gisbert. Por último, un gracioso monologo de Paso y Abatí titulado ¿……?, fue puesto en escena por el distinguido joven Vicente Peramos.

“En suma, una velada aristocrática, fina y de la que se guardaran gratísimos recuerdos”.

Los sucesos de Motril en la prensa granadina. El Defensor de Granada. 9 de marzo de 1915.

Otras de las cosas que se decidió por la Junta de Socorros para intentar paliar las terribles circunstancias de los trabajadores, fue la publicación de una revista extraordinaria titulada “Motril”, cuyo sumario fue el siguiente:

            . Motril, flor de un día, por Antonio Rosales Villareal

            . Macte ánimo, por Gaspar Esteva Ravassa

            . Caridad, por Antonio García Titos

            . Caridad (Poesía), por Antonio Rosales Pavía

            . Quien da a los pobres, presta a Dios, por José de Puerta Bueno

            . Esperanza a Motril (Poesía), por Fernando Navarro

            . Socialismo agrario, por M. González Retuerta

            . Cuartilla suelta, por José Cazorla Sevilla

            . Ayudemos al obrero, por Eduardo Cazorla

            . Dos palabras, por José Garcés Herrera

. Caridad Intelectual, por Salvador Ramón Benítez

. Motril, por Ramón Granados

. ¡Farsantes hipócritas!, por Angelito

. La Caridad, por A. Rivera

. La Humanidad, por Antonio Alonso Blasco

. Caridad, por Consuelo Soriano

. Fuerza y heroísmo, por Luis López Rojas

. Lo que es la escuela, por Leonor Saucedo Ceña

. Caridad y trabajo, por Julio Están

. La Caridad, por Francisco Fernández Nevado

. Los niños hambrientos (Poesía), por T.

. Verdades, por Federico Peramos

. Amaos unos a los otros, por Juan Rodríguez Pintor

. Caridad, por Aurora González Girela

. Sombra cruel (Poesía), por Silverio Medel

. Motril, por A. Führer Lozano

. Hacia la solución, por A. Maseda

. La Caridad y los toros, por F. H. Paquiro

La revista se vendería a 25 céntimos el ejemplar y su producto se destinaria a ayudar caritativamente a las familias más necesitadas.

Mientras tanto, numerosos grupos de obreros sin trabajo recorrían con desesperación a diario las calles de la ciudad, sin que hubiese nadie que los contratara.

A fines de febrero se constituía el Centro Artístico, nueva sociedad cultural, que había alquilado como sede el Cinema Sexi. Su presidente era Placido Jiménez Ruiz de Morales y tenían pensando poner en escena una obra de los Hermanos Quintero: “El Patio”, “para regocijo de las clases más distinguidas de la ciudad”.

El 27 de febrero el alcalde Esteva Ravassa dada una conferencia en el Círculo Mercantil y Agrícola. El tema de su disertación fue “El amor a Dios a la Patria y a la mujer”. Fue muy aplaudido por el numeroso público que asistió, entre el cual se distinguían “las bellísimas señoritas de la buena sociedad motrileña”.

Ese mismo día se enterraba a un obrero que había muerto por un desprendimiento en las canteras donde se extraían las piedras para las obras del puerto.

El 1 de marzo llegaba a Motril el diputado a Cortes Natalio Rivas, acompañado de los cultos escritores Luis de Tapia y Fernando Gallí, José de Góngora, Juan y Francisco Moré y los populares toreros José Moreno “Lagartijillo Chico” y Juan Belmonte. Fueron obsequiados en la playa por la sociedad taurina motrileña “Las Ánimas”, con un espléndido banquete en el acreditado restaurante de Ignacio Guerrero. Asistieron, además, José María Banqueri, Francisco Monferrel, Eduardo Sevilla, Fráncico Ruiz, Francisco Jiménez Cuevas, Gerardo Esteva Sánchez, Francisco Herrador, Ricardo Ortega Herrera, Emilio Moré y Antonio Rosales. Se hicieron fotografías.

En esos días Gaspar Esteva Ravassa, alcalde de la ciudad, volvía a dar una de sus conferencias en el Circulo Mercantil donde recogía las grandes aspiraciones de los motrileños: la subasta de las obras del ferrocarril, las obras del puerto, la terminación de la carretera a Calahonda y la margenación del Guadalfeo y explicaba que, por iniciativa municipal y para reducir el número de obreros parados, se habían empezado a arreglar los caminos del Varadero, Ventillas, del Rio y el camino de Patria.

La miseria por la falta de trabajo venia azotado ya muchos meses a los obreros motrileños, pero también los pequeños labradores estaban pasándolo mal. La cosecha de cañas se había helado, igual pasó con las patatas y se hallaba inculta la tercera parte de la vega

Los obreros empleados en la obras de la carreta de Calahonda eran pocos y los salarios bajísimos de unas 1.50 pesetas diarias con jornadas de sol a sol, cuando el salario medio se había establecido en ese año en 3.40 pesetas. El salario resultaba irrisorio dada la carestía de los comestibles. A primeros de marzo, los obreros de la carretera de Calahonda pidieron más trabajo y 2 pesetas de jornal, reivindicación que dio curso las Juventudes Socialistas de Motril. El Ayuntamiento convocó una reunión a la que asistieron los representantes de los trabajadores y de la empresa. Se aceptó el acuerdo de subir el salario y contratar más trabajadores, cuando se recibiesen las herramientas que se habían pedido.

Asistentes al banquete de la peña taurina motrileña “Las Animas”. 1915.

Y el tiempo pasó, las herramientas no llegaban y las obras siguieron casi paralizadas. El contratista de las obras, Rafael Montesinos, seguía excusándose diciendo que no tenía más herramientas y en las primeras horas de la mañana del 8 de marzo, los obreros en paro buscaron picos, palas y espuertas y se presentaron en el sitio de la obra. El encargado los despidió sin darles trabajo. Los obreros le replicaron que sino trabajaban ellos no trabaría nadie y los pocos obreros de la obra abandonaron el tajo y todos juntos volvieron a Motril, donde, al verlos llegar, fueron abucheados por sus mujeres, madres e hijas que los trataron de cobardes y les animaron a que protestaran enérgicamente en una manifestación convocada por el Centro Obrero. Enarbolando un astil con una tela roja, salieron a la calle más de diez mil personas pidiendo a gritos pan y trabajo. Se dirigieron primero a casa de Juan Moré, presidente de la Cámara de Comercio, para pedirle que cerraran tiendas y comercios. Como este aún estaba acostado, los manifestantes se desbordaron por las calles principales de la población y pronto todos los negocios cerraron. La manifestación era imponente. La policía municipal fue incapaz de disolverlos y se ordenó la salida de la Guardia Civil que quiso disolverlos. Los obreros, y sobre todo las mujeres, se negaron y hubo cargas, pedradas y disparos en la calle Nueva, resultando heridos un trabajador y el capitán de la Guardia Civil.

La manifestación acudió a la plaza de la Constitución, hoy de España, más enfurecida que nunca. Las fuerzas de orden público fuertemente armadas tomaron las bocacalles y la tragedia planeaba sobre la ciudad. El presidente de la Juventud Socialista Francisco Castro, habló con el alcalde accidental Hernández Ortega, ya que el alcalde Esteva Ravassa estaba en Granada ocupado en un tema electoral, y le permitió hablar a la multitud desde el balcón del Ayuntamiento, consiguiendo calmarlos y rogándoles que se disolvieran para evitar males mayores, como así hicieron. Se practicaron algunas detenciones y poco después la ciudad quedaba silenciosa y triste. Los obreros hambrientos en sus miserables hogares y la Guardia Civil, la policía municipal y los carabineros patrullando por las calles.

Pero pocos días después, el alcalde clausuró el Centro Obrero de la Democracia Social que estaba en la calle Nueva nº 46 y se detuvo a nueve asociados, además de otras 41 personas acusadas de desórdenes públicos, algunos de ellos puestos a disposición de las autoridades militares. Tres días más tarde ardieron intencionadamente unas hazas de cañas propiedad del alcalde y el incendio se relacionó con la manifestación del día 8 y se detuvo a más obreros, entre ellos a Castro y a Francisco Antúnez vicepresidente de la sociedad obrera “La Emancipación” por haber reprochado públicamente a un guardia municipal que se enfrentase a los manifestantes con sable y revolver en mano, y hubo una fuerte represión contra otros elementos obreristas. Se concentró en la ciudad una fuerza de 200 guardias civiles que patrullaban constantemente y disolvían cualquier grupo que se formaban en las calles.

La situación de la clase obrera era terrible, la miseria predomina por la falta de trabajo y por el encarecimiento de los alimentos de primera necesidad.  El diario “El Defensor de Granada” en su editorial del 19 de marzo, afirmaba que los obreros de Motril “no encontraron ocupación, encontraron otra cosa muy distinta. Encarcelamientos, persecuciones, el derecho de reunión encarnecido, eso es lo único que encontraron. ¿Trabajo? Dios le dé. Si huelguistas obligados había antes en Motril, huelguistas hay ahora; si miseria, la misma o peor allí se padece; si hambres, hambres se sufren”.

El día 21 el Centro Obrero convocó un “meeting” en la explanada frente al convento de Capuchinos. Acudió un inmenso número de obreros. El periódico “El Defensor de Granada” contaba que había una enorme masa humana, resultado un acto serio, ordenado e imponente. Hablaron los señores Leoncio Pérez, Carlos Castillo y el farmacéutico Garcés Herrera que fueron muy aplaudidos. Terminado el mitin, una comisión se dirigió al Ayuntamiento, siendo recibida por el alcalde Esteva Ravassa, al que solicitaron su intervención para que hubiese más trabajo en la ciudad.

Terminaba así, por el momento, un enorme episodio de estallido social que no sería el último en un Motril, donde cada vez era más difícil aguantar por los antiguos políticos de la burguesía a las masas de trabajadores en paro o con salarios de miseria que pedían únicamente pan y trabajo y no lo encontraban.

A primeros de abril durante la Semana Santa, la detención y apaleamiento del obrero Miguel Ruiz Parras, por diez policías municipales, por protestar por la carestía del impuesto de consumos, indignó a los trabajadores motrileños. El alcalde que tenía previsto un viaje a Granada, lo tuvo que suspender, visto el cariz que estaba tomando en la ciudad el problema obrero, que seguía agudizado por el hambre. El 10 de abril comenzaba la zafra y se esperaba que, por las diferencias entre obreros y patronos, ocurrirían nuevos desordenes. De nuevo el periódico “El Defensor de Granada”, clamaba contra el estado de injusta social que había en Motril, el día 8 de abril publicaba un artículo en el se decía refiriéndose a los sucesos de marzo: “Fueron promovidos por la falta de trabajo que se traduce en miseria, en hambre y desesperación. A esto se debe únicamente esas colisiones que costaron sangre, y que pueden constar más sangre aun si continúan desatendidas las justas aspiraciones de los obreros y si solo con el máuser, con la fuerza y con la represión se aspira a los que sin trabajo acallen sus gritos, enmudezcan y lleven vida tranquila, ordenada y satisfecha.(…). Los obreros de la costa necesitan trabajo para no morirse de hambre; y trabajo y nada más que trabajo hay que concederles. Con esta medida renacerá el orden y el sosiego, con las otras, vamos derechos al final a la tragedia, cuyo primer acto hemos presenciado con horror”.

Las obras públicas podían, en parte, paliar el problema, pero no se hacía nada. La ampliación del puerto podría dar trabajo a 700 u 800 obreros, pero el expediente no se había resuelto. La construcción de la carretera de Motril al Puerto también podría ayudar, pero la obra no se iniciaba, ya que no se habían aprobado los expedientes de expropiaciones de tierras y algunos propietarios no concedían permisos para que se trabaje en sus fincas. El alcalde había fracasado en conseguirlo. También, algunos propietarios impedían el inicio de la obras del ferrocarril minero de Motril a Notáez, que generaría una gran cantidad mano de obra. Lo que si se continuaban eran las obras de la carretera a Calahonda, donde únicamente trabajaban 95 obreros.

El 1 de mayo se celebró la fiesta del trabajo, a la manifestación acudieron unas 8.000 personas con seis banderas de las distintas agrupaciones socialistas de la comarca. El orden fue total.

El día 7 de mayo, se declararon en huelga los obreros cañeros, reclamando un aumento de jornal. Con objeto de solventar el problema que la huelga podía acarrar por estar en plena campaña cañera, se reunió un consejo de conciliación que comenzó a trabajar en el tema. También, los obreros del puerto y los de la cantera se pusieron en huelga hasta que no se le subiese el jornal y se les concediera dos horas de descanso más, quedando la jornada laboral en 9 horas. Por lo pronto, el contratista de las obras, Montesinos, no había aceptado la reivindicación.

El día 9 de mayo las mujeres que trabajaban en las cañas, llamadas “degolladoras”, se declararon en huelga, pero la Guardia Civil consiguió que volvieran al trabajo. La causa era que en este año se les pagaba el jornal a 60 céntimos, cuando en años anteriores se cobraba 1 peseta por la jornada del sol a sol. Las tahonas cobraban ya el kilo de pan a 50 céntimos. La situación obrera en la ciudad era angustiosa.

El 17 de mayo el presidente del Centro Obrero motrileño Eduardo Castro, acompañado del socialista granadino Manuel Yudes, visitaron en Granada al gobernador civil, con el ruego de que interviniese directamente pidiendo al contratista de las obras del puerto que aceptase la justa reivindicación de los obreros y así terminar con la huelga. No se hizo nada.

Salida de la cabalgata pública de la Feria de Octubre de 1915.

Se iniciaba un complicado mes de junio, los obreros seguían en huelga, la falta de trabajo era enorme y, para colmo, aumentó el precio del pan a 60 céntimos el kilo. El 7 de junio, llegaba a la ciudad el diputado a Cortes por este distrito Isidro Romero Civantos. Sus correligionarios del Partido Liberal le hicieron un gran recibimiento y se alojó en casa del anterior alcalde Francisco Pérez Santiago. Esa mañana se declaraban en huelga por los bajos salarios los trabajadores y descargadores del Varadero. El 8 visitó el Circulo Liberal, donde expuso sus proyectos políticos. Este día fue bastante difícil, no había en Motril harina para hacer pan y la amenaza de una revuelta se respiraba en el ambiente. Por suerte al amanecer del día 9 llegó al puerto un barco que traía harina. Ese mismo día Romero Civantos fue obsequiado con un gran banquete en la playa y con una becerrada en su honor organizada por el “Club Taurino Motrileño”, a la que concurrieron muchísimas personas y “bellísimas señoritas”, resultando “una fiesta lindísima”.

En julio se produce otra subida de los precios de los alimentos, el arroz había subido de 42 reales los 50 kilos a 50 y el kilo de bacalao había aumentado a 6 pesetas. Agosto y septiembre son meses más tranquilos, se resuelven las huelgas llegándose a acuerdos en horarios y subidas salariales. A primeros de octubre se reanudan las obras de puerto, las de las carreteras del Varadero y Calahonda, que dan empleo a muchos cientos de trabajadores, con lo que la situación social en Motril se tranquiliza.

Entre los días 10 y 17 octubre de nuevo se celebra la feria en un ambiente de sosiego y sin ningún tipo de alteraciones. De nuevo el Ayuntamiento intenta realizar unas grandes fiestas con cabalgatas de gigantes y cabezudos, veladas, kermeses, iluminación eléctrica en el ferial de Las Explanadas, teatro, música, corridas de toros, fuegos artificiales y procesión de la Divina Pastora e incluso, una exposición de arte antiguo, fotografías, postales, caricaturas y pájaros y flores. La feria es un éxito total, hasta tan punto que es prologada tres días más.

Terminaba el año con tranquilidad y trabajo. Los precios de las subsistencias se habían contenido y por el momento se habían resuelto los problemas de las huelgas obreras. Es verdad que la situación política de los partidos tradiciones seguía complicada, incluso se producían luchas de poder dentro de propio Partido Liberal motrileño donde había varios candidatos para ocupar la Alcaldía y la Diputación: Francisco Pérez Santiago, Juan More de la Torre, Gerardo Murillo Oliveros, Francisco La Chica Mingo y Francisco de Paula Rojas Herrera.

Había buenas noticias con respecto a la próxima temporada cañera. La Sociedad General Azucarera abriría una fábrica más y pagaría por las cañas un mejor precio que en campañas anteriores. Eso daría un respiro económico a los labradores motrileños.

Por último un informe del inspector provincial de Sanidad, Martín de Argenta, publicado a mediados de diciembre, consideraba a Motril como uno de los pueblo más insanos de España. La burguesía motrileña no tardó en responder, explicando que la ciudad, que tenía 18.000 habitantes, poseía un clima benigno, aire y aguas de calidad, sus principales calles adoquinadas, con aceras asfaltadas, bombas de riego, abundante arbolado, alumbrado eléctrico, canal de aguas potables, teléfono urbano e interurbano y “otros adelantos que solo se ven en capitales de importancia y se podría designar a este pueblo con el nombre de Costa Azul española”.

Se olvidaban de los barrios: Esparraguera, Varadero, Capuchinos, Barrio Nuevo…

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