COFRADÍAS INSACIABLES

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COFRADÍAS INSACIABLES

Agustín Martínez -Periodista-

Aún no me he recuperado de la impresión que me produjeron las palabras con que el flamante presidente de la Federación de Cofradías de Granada, Armando Ortiz, contestaba a una de las preguntas del compañero, David García Trigueros, en la entrevista que aparecía en el diario Granada Hoy, el pasado día 19.

Leyendo la entrevista en la que el nuevo responsable de las cofradías granadinas, repasaba algunos de los proyectos del mandato que está estrenando, me encontré de sopetón con una frase que me sumó en un estado casi catatónico: «La ciudad está en deuda con la Semana Santa…» asegura el doctor Ortiz sin anestesia, para a renglón seguido, exigir, doblar o triplicar el dinero público que la ciudad destina a esta manifestación religiosa.

En el primer momento de mi síncope, me sumergí en una especie de delirio que me llevó al pleno franquismo, cuando España era una unidad de destino en lo universal y al igual que la Iglesia, que tanto amparo y cobijo dio a aquella dictadura, también era una tierra «católica, apostólica y romana», por imposición obvia de un gallego bajito que se autoproclamó «Caudillo de España por la gracia de Dios», que entraba en iglesias y catedrales bajo palio y dormía con el brazo incorrupto de Santa Teresa en la mesilla de noche de su dormitorio. Sí, el titular del presidente de la Federación de Cofradías de Granada, parecía encajar perfectamente en aquellos tiempos de «rutas imperiales caminando hacia Dios».

Tras volver poco a poco en mí mismo, lo primero que hice fue buscar la fecha de la entrevista, por si por un extraño azar se tratara de algún ejemplar de los años cincuenta, extraído de la hemeroteca de la Casa de los Tiros. Cuando comprobé que la fecha era la del 19 de marzo de 2023, casi vuelvo a sucumbir al patatús del que me estaba recuperando.

A pesar de que vivamos en un Estado aconfesional, según nuestra Constitución, los sucesivos gobiernos nacionales, autonómicos y locales, que hemos tenido desde la recuperación de la democracia, han sido extraordinariamente generosos, permisivos y benévolos, con todo lo que tiene que ver con la Iglesia Católica, lo que lejos de ser agradecido por ella, la ha envalentonado, animándola a mantener pulso tras pulso con el poder civil y lo que es peor, haciendo creer a sus seguidores que tienen «derechos» que no tienen y prerrogativas de las que se han ido apoderando, ante la permisividad impresentable del brazo seglar.

Puede que este estado de cosas tuviera un cierto sentido durante la Transición y los primeros años de la democracia, cuando la importancia de la ciudadanía católica era incuestionable en nuestro país. Ese panorama ha cambiado radicalmente y a día de hoy, ese peso específico se ha reducido muy notablemente.

A pesar de ello, la Iglesia Católica, sigue contando en este país con privilegios absolutamente injustificados, debido en buena parte a una sucesión de gobiernos pusilánimes, que no han tenido la gallardía de hacer realidad la «aconfesionalidad» que se consagra en nuestra Constitución, que tanto dicen respetar.

Las sotanas insaciables de este país siguen sin pagar impuestos, continúan beneficiándose de centenares de millones de la caja del IRPF, se han apropiado de 35.000 templos, monumentos y fincas, por las impresentables inmatriculaciones y no contentos con ello, siguen ocupando con total impunidad los espacios urbanos de nuestras ciudades, que se supeditan un día sí y otro también, a procesiones, traslados, ensayos, coronaciones y cualquier otro tipo de manifestación «capillita» que se les ocurra.

Su voracidad no conoce límites, por la sencilla razón de que nadie se los ha impuesto en los últimos 45 años y no contentos con todo ello, ahora nos dicen que «la ciudad está en deuda con la Semana Santa». Pues no, respetados cofrades. Como ciudadano que paga sus impuestos religiosamente en Granada, no creo que haya deuda alguna con una Semana Santa que pone la ciudad patas arriba durante dos semanas, convirtiendo su casco histórico en invivible y provocando la «huida» de buena parte de los granadinos que son incapaces de soportar tanto cirio, incienso, cornetas, tambores, cortes de tráfico, supresión de líneas de autobuses y demás parafernalia.

Me dirán que gracias a la Semana Santa, miles de personas visitan Granada durante esos días. Estaría por ver. Juntar cuatro días de asueto, sea por el motivo que sea, y que Granada cuelgue el cartel de no hay billetes en hoteles y restaurantes, es algo absolutamente automático.

No seré yo quien propugne la supresión de la Semana Santa, manifestación cultural y estética que respeto profundamente, aunque sí desde luego tendríamos que hacernos mirar el abuso que a su calor se hace del espacio público, pero lo que bajo ningún concepto puedo admitir es que esta ciudad esté en deuda con ella.

No leí en la entrevista al máximo representante de las cofradías de Granada, exigir a hoteles, bares, restaurantes y comercios, que contribuyan económicamente al sostén de la Semana Santa, siendo como son los principales beneficiarios de los ingresos económicos que se generan durante esos días y que, insisto, creo que se producirían de igual forma, con, o sin procesiones.

De tener alguna responsabilidad en el Ayuntamiento, Dios no lo quiera, enviaría a las cofradías las facturas por la ocupación de vía pública, horas extraordinarias de la Policía Local, bomberos, protección civil, montaje de tribunas, limpieza de cera en las calles, desvío de líneas de autobuses, etc., etc. Lo haría sin ánimo recaudatorio, simplemente a título informativo. Estoy convencido de que el síncope que servidor sufrió, leyendo eso de que «la ciudad está en deuda con la Semana Santa», se convertiría en una epidemia cofrade y seguramente moderaría sustancialmente sus exigencias a las instituciones.

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