HOY TAMBIEN ES FIESTA NACIONAL

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HOY TAMBIEN ES FIESTA NACIONAL

Agustín Martínez -Periodista-

Hoy también es Fiesta Nacional. Si bien es cierto que la «celebración» de dicha fiesta fue el pasado miércoles día 12, la verdadera Fiesta Nacional debería ser la que cada día honra la ciudadanía de este país con su trabajo, su convivencia y su actitud constructiva… Todo lo contrario de lo que tristemente estamos viviendo en los últimos años, en los que esa «Fiesta Nacional» se ha convertido en una fecha más para la polarización y el enfrentamiento de los españoles.

Como con otros símbolos de este país, bandera, himno, Monarquía, Fuerzas Armadas o Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, un segmento de nuestra sociedad, se ha apropiado también de la Fiesta Nacional, provocando como con los anteriores el rechazo de otra gran parte de la ciudadanía.

Como cada vez que tenemos un presidente de Gobierno socialista, no ocurre así cuando el presidente es del PP, la celebración del doce de octubre se volvió a convertir el miércoles, en un espectáculo bochornoso, en el que un grupo de impresentables, que no acreditarían entre todos el cerebro del carnero que desfiló junto a la Legión, berreó a voz en grito los insultos más groseros y soeces contra el presidente del Gobierno, ataviados con toda la parafernalia del «team fachacayetano».

Con ser grave, que lo es y mucho, el hecho de que insultar a un presidente del Gobierno, se haya convertido en el deporte nacional del 12 de octubre, lo es aún más la procedencia de esos insultos, despreciables vengan de donde vengan, pero no de igual gravedad si quienes los profieren son borregos y borregas ultras, de los barrios aledaños al lugar donde se celebra el desfile, o si quienes los vomitan se sientan en las tribunas de invitados, reservadas a autoridades y familiares de quienes participan en ese desfile, o lo que es lo mismo, de tropa, oficiales, mandos y jefes de nuestras Fuerzas Armadas. Y ayer esos insultos cobardes se gritaron también desde esas tribunas.

No deja de ser un auténtico despropósito que quienes más dicen defender a nuestras FFAA, insulten gravísimamente al máximo responsable de un Ejecutivo, que el año que viene gastará en nuestro ejército, cerca de 2.000 millones más que este año, y eso solo en las partidas que no computan dentro del techo de gasto. Llamar «hijo de puta» al presidente de un Gobierno que ha presentado un presupuesto que contempla un aumento de hasta el 25,8 por ciento en el total del gasto militar, es propio de gentes maleducadas y groseras, cobardes y desagradecidos pero además muy cortitos.

Y es que además, el Ministerio de Defensa ha anunciado un aumento de un 6,5% en 2023, para hacer frente a la subida de los salarios del personal de tropa y marinería, cifra que se incrementa hasta el 8,4%, para que los 130.000 militares con destino vean incrementado su salario mensual en torno a 100 euros de media. Añadan además que, al ser funcionarios, los militares también se beneficiarán de la subida de sueldo del 3,5% al 4%, aprobado por el Gobierno para los empleados públicos, incluida en los Presupuestos Generales del Estado de 2023.

Está claro que ese refrán tan español de «De bien nacidos es ser agradecidos», no va con estos «patriotas» de pulserita, novio de la muerte y cabra o carnero de la Legión, lo que nos lleva a una reflexión aún más preocupante y que no es otra que la de que las protestas y los insultos, reiterados año tras año contra el presidente del Gobierno, no son cuestión de reivindicaciones profesionales o económicas, sino pura y dura ideología y que ese ecosistema que rodea a nuestras fuerzas armas, está preñado de elementos de ultraderecha cuasigolpistas, que como decíamos hace unas líneas, se han apropiado de esos símbolos, y el Ejército es uno de ellos, que deberían ser de todos y cada vez lo son de menos.

Muchos de esos y esas «patriotas», a los que ayer no les caía de la boca el «hijo de puta» dirigido al presidente del Gobierno y se les humedecían los ojos al paso del carnero de la legión, son quienes intentan evadir todos los impuestos posibles, los que cuando en este país morían mil compatriotas al día, daban pelotazo, tras pelotazo, forrándose con el material sanitario imprescindible para salvar vidas; son también quienes se oponen a que los españolitos que nada tienen, puedan cobrar el ingreso mínimo vital, o que se suba el SMI y las pensiones se adecúen a la inflación, para que nuestros mayores no pierdan poder adquisitivo; son los que presumen de controlar a la Justicia «por detrás» y quienes escriben en chats que habría que fusilar a veinte millones de españoles.

Por todo ello, hoy, mañana, pasado y todos y cada uno de los 365 días del año, son Fiesta Nacional. Sin desfiles, sin cabra, sin himnos, pero sí con los elementos que hacen grande y decente a un país, porque lo que deberíamos festejar es una sociedad cuyos integrantes pagan sus impuestos sin hacer trampas, defienden la igualdad, trabajan honradamente y pagan dignamente a sus empleados, no envenenan la convivencia diaria, respetan las ideas del prójimo, su orientación sexual, su raza, su religión y su lugar de procedencia. Esos hombres y mujeres sí que son la auténtica Fiesta Nacional de este país.

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