RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

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EL CONFLICTO DE MOTRIL CON GRANADA POR SU INDEPENDENCIA MUNICIPAL ENTRE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Manolo Domínguez García -Historiador y Cronista Oficial de Motril-

Motril, villa costera del reino de Granada, desde los últimos meses de 1500 hasta 1657 se vio inmersa en un importante conflicto con la Corona y la ciudad de Granada por la recuperación de la independencia jurisdiccional del Concejo motrileño que le había sido otorgada seguramente en la capitulaciones de 1489 y confirmada en las nuevas capitulaciones otorgadas por los Reyes Católicos en septiembre de 1500, jurisdicción que le fue arrebatada a fines de este mismo mes por la merced otorgada a la capital del reino granadino, por la que se incorporaban a su corregimiento las villas y ciudades de la costa granadina y de la Alpujarra.

A lo largo de gran parte de la Edad Moderna la institución jurisdiccional local, el Concejo municipal, intentó por medios legales conseguir que la Corona le permitiese ejercer totalmente su soberanía con respecto al corregimiento granadino, lo que le llevó a continuos enfrentamientos con el Concejo granadino y un largo pleito que, con interrupciones, concluiría con la merced concedida por Felipe IV en 1657 donde definitivamente emancipa a Motril del control granadino. A partir de este momento el Concejo motrileño regirá libremente los destinos de la ciudad costera.

Del sistema de gobierno municipal musulmán motrileño anterior a la ocupación castellana, tenemos muy poca información, da la impresión de que se trataba de núcleo de población en estrecha relación con la fortaleza Salobreña cuyo alcaide, conjuntamente con un cadí nombrado por el cadi mayor de Granada, tenían jurisdicción sobre toda la costa , aunque el gobierno efectivo de la comunidad musulmana motrileña lo ejercían directamente el alguacil y los viejos honrados.

Los Reyes Católicos nombran como regidor de Motril al mudéjar Hamete Fotote. 1500. (Archivo General de Simancas).

A raíz de la ocupación castellana el modelo tradicional de gobierno local, reconocido de facto por los cristianos, se trastocó fundamentalmente por la presión ejercida por los militares establecidos en el castillo de Salobreña y sus alcaides, especialmente en estos primeros años por Francisco Ramírez de Madrid , que ejercen un importante control político y económico sobre la zona, además de los corregidores de Vélez Málaga y Granada; que dejan sentir su peso sobre un débil gobierno municipal mudéjar que incluso llegó a suplicar a la Corona que se mantuviese en la villa la tenencia de la vara del alguacil mayor, oficio que, decían, se había usado siempre “en tiempos de moros” y que entre ellos era el más preeminente.

En estos años finales del siglo XV, Motril era una villa abierta, desprovista de toda defensa y actuó como polo de atracción de los mudéjares expulsados de otros lugares vecinos, lo que hizo que la población de origen musulmán fuese una mayoría aplastante al contrario de lo que ocurría en los vecinos lugares de Salobreña y Almuñécar donde sabemos que la población autóctona fue expulsada y dispersada por sus alfoces, para evitar una más que posible sublevación, como así efectivamente ocurrió el 1500.

Tras la finalización de la rebelión mudéjar se establecen algunas medidas para mejorar la convivencia como fue que los cristianos asentados en Motril se fuesen a vivir a la villa de Salobreña y a la ciudad de Almuñécar para evitar enfrentamientos y especialmente la capitulación otorgada por los Reyes Católicos en Granada a 3 de septiembre de este año de 1500.

Esta nueva capitulación tiene un doble objetivo. Por un lado, el incorporar definitivamente la villa de iure a la corona castellana y por otro constituir formalmente el Concejo motrileño.

Así en el articulado de la capitulación, además de los capítulos que hacen referencia al nuevo sistema impositivo, justicia, cargos, etc.; se recogen expresamente en varios artículos, todos los elementos que conforman la plena autonomía municipal.

De todas maneras lo concedido en esta capitulación sobre la privativa jurisdicción municipal de Motril, no fue impedimento para que el 23 de septiembre de ese mismo año los reyes otorgaran a Granada, en virtud de merced de donación, la ciudad de Almuñécar y las villas de Motril y Salobreña, además de las poblaciones de las Alpujarras; configurando definitivamente la tierra granadina y cuyos concejos quedaron bajo la jurisdicción de corregidor de Granada que actuará como titular de un “señorío colectivo” de un dilatado dominio que alcanza hasta el mar.

A partir de este momento es el corregidor granadino el que preside el Concejo motrileño, ejerce un importante control y nombra tenientes de corregidor y alcaldes mayores, no sin resistencia de los regidores motrileños que inician un larguísimo pleito para lograr la independencia jurisdiccional de la villa.

De todas maneras, el verdadero poder local reside en los regidores y en los jurados que son los que realmente ejercen el control efectivo sobre la población gracias a las amplísimas competencias municipales y que no dudaban de usar muchas veces en beneficio propio.

Orden para que se trasladen a Salobreña los cristianos que viven en Motril. 1500. (Archivo General de Simancas).

En principio, por los documentos que conocemos, el primer teniente de corregidor de Motril fue el bachiller Pedro de Alcocer que sería nombrado prácticamente en la misma fecha de la merced a Granada, pero se conservan algunos oficios concejiles para los moriscos, como es el caso del nombramiento vitalicio de Hernando de Castilla, antes llamado Mohamad Mogrib, como alguacil mayor y que ya había detentado el cargo en tiempos anteriores a la conquista; o los cargos de regidores perpetuos para Lorenzo Chacón, llamado Hamete Fotote, y para Pedro de Miranda que antes de su conversión se llamaba Yusuf Zaharori; ambos pertenecientes a unas de las familias más importantes e influyentes de los nuevamente convertidos. Igualmente nombran para el almotacenazgo Fernando de Zafra Manjón que también lo había ostentado con antelación. Posiblemente en estos primeros años del siglo XVI no hubiese regidores cristianos viejos.

Ya en 1505 el cabildo municipal se congregaba con dos regidores cristianos nuevos y otros dos cristianos viejos, junto con los ancianos más respetables de los moriscos y el beneficiado de la Iglesia Mayor.

En 1507 un nuevo acontecimiento vino a modificar la estructura del concejo motrileño. A mediados de noviembre de este año el alguacil Hernando de Castilla y algunos vecinos moriscos habían huido a Berbería y la noche del 3 de diciembre la villa fue atacada por un número indeterminado de musulmanes que provenientes del norte de África y posiblemente dirigidos por el mismo Hernando de Castilla, desembarcaron en la playa y llegaron hasta la población donde quemaron casas, mataron y secuestraron algunos cristianos y saquearon el arca del concejo rompiendo el documento original de la capitulación de 1500. Al amanecer se retiraron yéndose con ellos gran parte de los habitantes moriscos. Como consecuencia de este ataque la vara de alguacil mayor fue incorporada al corregimiento granadino y hubo que realizar una repoblación con cristianos viejos que se materializó a fines 1510 , no sin antes y para facilitar el asentamiento de los nuevos pobladores en una tierra peligrosa frontera de un África hostil, la reina doña Juana concediera diversos privilegios a los vecinos, el más impórtate de ellos fue la franqueza de pagar el impuesto de alcabalas.

Sobre esta última fecha debió comenzar el pleito que el concejo motrileño sostuvo por su libertad de jurisdicción con respecto a Granada. El concejo de Motril debió pedir a la Corona la confirmación del privilegio otorgado por los Reyes Católicos en la capitulación y a esta demanda parece corresponder dos provisiones de la reina doña Juana en las que se ratifica la libre disposición por el concejo de sus propios y rentas y sobre la autonomía jurisdiccional, otorgadas respectivamente el 9 de febrero y el 24 de diciembre de 1513.

A pesar de estas dos cartas de confirmación de la creación y privilegios del concejo motrileño, nada cambió y seguramente debió aplicarse el tradicional principio “obedézcase, pero no se cumpla”, porque la situación de dependencia de la villa con respecto a Granada siguió siendo la misma y el pleito continuó su curso en la Real Chancillería granadina.

Así el 24 de abril de 1517 en el cabildo se acordó tomar prestados 6.000 reales del caudal de la acequia para que dos regidores, Antonio Román y Fernando Alfaquí, fuesen a Granada para proseguir con el pleito y el 16 de mayo de ese mismo año se produce un fuerte enfrentamiento en el cabildo al presentarse dos caballeros veinticuatros de Granada comisionados por el corregidor para ver las cuentas de los propios y las ordenanzas realizadas, que no estaban confirmandas por el Concejo granadino. Los regidores motrileños se negaron, afirmando que solo se las darían al corregidor por tener pleito entablado con Granada. Tras duras acusaciones de malversación de fondos, los regidores motrileños aceptan darle las cuentas exclusivamente al alcalde mayor. A lo largo del año se sucederían diversas actuaciones en pro de seguir el proceso: en 3 julio se da carta de poder al alcalde Pedro de Plasencia para que represente al concejo en la Chancillería ; el 8 del mismo mes se comisiona al regidor Antonio Román para que vaya a la Corte y pida al rey favor para Motril; incluso nuevos enfrentamientos con los granadinos como sucedió cuando en el cabildo del 20 de diciembre se presentó Miguel Pérez de Tudela con dos mandamientos del regimiento y de los alcaldes ordinarios de Granada destituyendo a los dos alcaldes que el concejo motrileño había elegido, nombrando al portador para dicho cargo. Los regidores vuelven a rechazar la aceptación de las órdenes, alegando para ello que la villa tenía merced de los reyes para nombrar alcaldes cuando no hubiese corregidor en Granada y que no accederían a otra cosa hasta que sus altezas determinasen lo contrario.

El pleito continuaba en 1518. La Chancillería requiere a Motril que presente la capitulación original para probar la merced otorgada en ella sobre la jurisdicción. Como el documento había sido quemado en el ataque de 1507, los jurados de la villa solicitan al teniente de corregidor que, como no pueden presentar dicha capitulación, se hagan probanzas con diferentes testigos del suceso para certificar que efectivamente los documentos habían desaparecido y que por lo tanto no podían aportarlos en el proceso. A fines del año el tribunal falló a favor de los motrileños, pronunciándose por carta ejecutoria de que el concejo de la villa costera quedara “libre en sí y sobre si con facultad que la pudiese visitar el corregidor que fuere de la dicha ciudad hablándola por requisitoria”.

Ya había seis regidores en 1518, cuatro cristianos viejos y dos nuevos , número que se mantiene hasta 1564 cuando nos encontramos con ocho regidores, todos cristianos viejos , cifra acrecentada en un oficio más en 1567 . En el cabildo de 14 de septiembre de 1581 se lee una real provisión con el nombramiento de regidor acrecentado de la villa en Hernán Pérez de Vargas. El concejo acordó solicitar de la corona que no se acrecentara más el número de regidores ya que había un alférez mayor, dos fieles ejecutores, un jurado, dos escribanos de cabildo y nueve regidores, cantidad excesiva de oficios municipales para una villa que se consideraba muy pobre y escasamente poblada con 350 vecinos . En 1582 se nombran regidores a Diego Hernández de Baena, Juan de Medrano y Díaz Sánchez de Quesada en sustitución de otros caballeros capitulares por renuncia o muerte y a Juan Garcés de Valverde y Diego Alonso para dos nuevos oficios acrecentados en el regimiento , con lo que el número se elevaría a doce. Al año siguiente se ampliaría otro oficio de regidor más en la persona de Juan Fernández de Córdoba . Por último, en el año de 1657, en que por fin se concede título de ciudad y separación del corregimiento granadino había 16 regidores.

En cuanto al pleito por la jurisdicción, los motrileños no se conformaron con la ejecutoria de 1518 y en los libros de actas de cabildos nos seguimos encontrando referencias que se continuaba la demanda en la Chancillería para obtener la independencia total de Granada. Así por citar algunos ejemplos de los muchos que aparecen en las actas del siglo XVI y primera mitad del XVII, mencionaremos que en 1538 se acuerda librar 3.130 maravedíes a Antonio de Berrio por los gastos de viaje a Granada, realización de probanzas aportación de testigos en el pleito con Granada. El 3 de enero 1539 el corregidor granadino, Antonio Pérez de Navia, preside el cabildo y los regidores le exponen los inconvenientes que tenía para Motril la sujeción a Granada y le expresan que había una sentencia de la Chancillería por la que se le prohíbe dar mandamiento alguno, salvo nombrar teniente en su lugar y se le pide que derogue la orden por la que nombraba al alguacil de la alquería de Pataura por ser competencia exclusiva del concejo de Motril . Proseguía el litigio en 1545, acordándose escribir al regidor Gil González de Quesada que estaba en Granada, dándole carta de poder para que concertase un letrado que defendiese en el tribunal la jurisdicción de la villa . En la segunda mitad del siglo, 1566, y en el cabildo de 15 de febrero se da comisión al regidor Gaspar de Dávila para preparar con los concejos de Salobreña y Almuñécar una petición al rey solicitándole que les conceda la merced a estas poblaciones de la emancipación de Granada y que queden libres totalmente sus concejos del corregimiento de la capital y, por último, en 1567 una nueva e importante victoria para los motrileños: una reciente ejecutoria por la que se prohíbe al corregidor granadino que pueda nombrar regidores ni jurados de Granada para la visita de los términos de las poblaciones costeras, con lo cual el titular granadino únicamente podía ya nombrar a sus sustitutos en el Concejo y visitar la villa acompañado de los regidores locales.

A partir de estos años no tenemos más noticias sobre el pleito en los libros de actas del siglo XVI. En la primera década del siglo XVII encontramos un nuevo dato sobre que había abierto un nuevo contencioso con Granada, esta vez para evitar que el corregidor la pudiese visitar y pedir las cuentas al concejo. El corregidor anunció su visita a la villa en 1606 y el Concejo le respondió que mientras que no se resolviese la demanda puesta en la Chancillería para que no la visitase como tal cargo, tenía vedado hacerlo.

El siglo XVII es una de las épocas más importantes de la historia motrileña, ya que significó su aparición en la historia de la costa granadina como el más importante núcleo de población, precisamente en un ciclo de decadencia nacional. En este siglo y a través de sus diversos avatares, Motril se fue recuperando del trauma demográfico y económico provocado por la expulsión de los moriscos y al mediar la centuria surge muy pujante superando ampliamente a Almuñécar, ciudad que había ostentado tradicionalmente la capitalidad de este sector costero de Granada.

El crecimiento urbano y demográfico fue muy acelerado, como se deja ver claramente en las numerosísimas peticiones de vecindades que aparecen en los libros de actas de cabildos. Esto se debió a que las condiciones económicas fueron bastante más favorables, especialmente por el gran aumento del cultivo de la caña de azúcar y el amplio desarrollo de la industria azucarera, para cuyas labores en el campo y en la manufactura del azúcar en los ingenios, se van a necesitar cada vez más hombres.

Es un tiempo en el que la villa se convierte en uno de los lugares más prósperos del reino de Granada y con una poderosa y enriquecida oligarquía que posee prácticamente el monopolio de la economía cañero-azucarera, muy bien situada directa o indirectamente en los principales cargos del gobiernos municipal, con lo cual tienen bajo su control la mayor parte de las decisiones administrativas y de gobierno de Motril, muchísimas de las cuales están dirigidas a incidir sobre la estructura de la caña y el azúcar, que les proporcionaban pingües beneficios.

Título de regidor del Concejo de Motril. 1587. (Archivo Histórico de la Nobleza).

Esta potente e influyente oligarquía, consideró que en este siglo XVII era el momento más adecuado para presentar una definitiva actitud de fortaleza contra Granada y conseguir de una vez por todas, la independencia jurisdiccional definitiva del concejo motrileño.

En 1640 consiguen que el rey –“por servicio particular que me hicisteis” –, derogase la ejecutoria que tenía Granada para que el corregidor pudiese visitar la villa y su término como tal cargo. Granada puso pleito en el Consejo de Castilla, pero lo ganó Motril, quedando reducido el poder del corregidor granadino sobre el Concejo motrileño solamente a poder nombrar alcalde .

Finalmente en 1657 la autonomía municipal se consolida incuestionablemente al obtener del Felipe IV tres mercedes y privilegios por los que se le otorga a Motril el título de ciudad, la facultad para poder usar dosel con las armas reales y las creando el corregimiento motrileño, separándolo totalmente de la jurisdicción granadina.

Después de estas mercedes, la primera vez que en las actas capitulares se encabeza con la formula “En la Ciudad de Motril”, es en el cabildo de 16 de junio de 1657, donde Ramírez de Vargas da cuenta a los regidores de las prerrogativas otorgadas. El Ayuntamiento acordó realizar en acción de gracias una fiesta solemne a la Virgen de la Cabeza, patrona de la ciudad, y comunicar las buenas noticias a las villas y ciudades vecinas.

El último peldaño en esta escalada del poder municipal de Motril sería el de pretender voto en las Cortes de Castilla, ofreciendo la importante cantidad de 60.000 ducados si el rey le concedía la señalada y significativa merced. La oferta no fue aceptada al parecer por la oposición de Granada.

A este primer corregimiento letrado, se le añadiría en 1689 el corregimiento militar o de capa y espada, posiblemente debido a los abusos, tropelías y resistencias a la justicia ordinaria de que se hizo culpable al comandante militar de la plaza Miguel Ramón del Campo, lo que motivaron las protestas del Ayuntamiento y la real cédula de 11 de abril de 1683 por la que se suspendía el fuero militar en cuanto a la percepción de rentas reales. No se conseguiría con esto la tranquilidad de la ciudad, por lo que, en la fecha arriba mencionada de 1689, se unieron ambas jurisdicciones en la persona del maestre de campo Luís Ramón de Moncada. De esta forma se evitaron los conflictos jurisdiccionales pero el poder municipal se concentró de nuevo en las manos en una sola persona, quedando los regidores en un segundo plano político, casi como auxiliares o subordinados del omnipotente nuevo corregidor.

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