EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

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Domingo, 5 de diciembre de 2021

FALLECIMIENTO DEL GENIAL COMPOSITOR WOLFGANG AMADEUS MOZART                                                                   

Antonio Gómez Romera

Hoy se cumplen 230 años (lunes, 1791) del fallecimiento del genial compositor Wolfgang Amadeus Mozart, autor de 626 composiciones, incluyendo 23 óperas, 20 misas, 49 sinfonías, 66 arias, conciertos para piano (27), para violín (5), para trompa (4) y un largo etcétera de otras obras musicales (serenatas, divertimentos, marchas, danzas, oratorios, letanías, sonatas…). Fallece a las 00:55 hrs, después de una corta pero intensa enfermedad, a la edad de 35 años, 10 meses y 8 días.  A lo largo del tiempo transcurrido desde entonces, mucho se ha especulado y escrito sobre las causas de su fallecimiento, pero nunca se hizo una autopsia a su cadáver y, a día de hoy, hasta se desconoce el lugar donde fueron enterrados sus restos mortales en el cementerio vienés de San Marx.

Retrato póstumo de Mozart, realizado por Barbara Krafft (1764-1825) en 1819 a partir de retratos preexistentes.

Notas biográficas para un final

Mozart tiene problemas de salud a lo largo de toda su corta su vida, sufriendo por épocas la viruela, amigdalitis, bronquitis, neumonía, fiebre tifoidea, reumatismo y periodontitis. Su enfermedad final comienza a manifestarse durante una visita a Praga cuando parte desde Viena el 25 de agosto de 1791 para supervisar la representación de su nueva ópera “La clemencia de Tito». La visita es exitosa en términos profesionales, pero Mozart comienza a sentirse seriamente enfermo. Uno de sus primeros biógrafos, su gran amigo checo, Franz Xaver Niemetschek (1766-1849), escribe que “Estaba pálido y tenía una expresión de tristeza, aunque a menudo mostraba su buen humor con bromas a sus amigos”.

Litografía “Un momento en los últimos días de Mozart” (1857), de Eduard Friedrich Leybold.

Después de su vuelta a Viena, el estado de salud de Mozart empeora gradualmente, pero por un tiempo todavía puede trabajar. En particular, y a instancias del clarinetista Anton Stadler (1753-1812), termina su “Concierto para clarinete”; trabaja para completar su “Réquiem KV 626”, un encargo anónimo del Conde Franz von Walsegg (1763-1827), que quería hacerlo pasar como una composición propia, recibido por un mensajero misterioso cuyo nombre era al parecer Franz Anton Leitgeb (1744-1812), y dirige el estreno de la representación de “La flauta mágica” el 30 de septiembre. Pero está cada vez más alarmado y abatido por su estado de salud, probablemente incluso desilusionado. En la biografía de Niemetschek se relata una anécdota que le comenta la esposa de Mozart, Constanze (1762-1842): “En su vuelta a Viena, se incrementó visiblemente su indisposición y lo hizo estar terriblemente deprimido. Su esposa estaba realmente apenada por ello. Un día iba paseando por el Prater con él, para darle una pequeña distracción y entretenimiento y, estando sentados, Mozart comenzó a hablar de la muerte y afirmó que estaba escribiendo el Réquiem para sí mismo. Las lágrimas comenzaron a caer por los ojos del sensible hombre: “Siento definitivamente”, continuó, “que no estaré mucho más tiempo; estoy seguro de que he sido envenenado. No puedo librarme de esta idea”. Constanze consulta con el médico de Mozart, el doctor Nicolaus Closset, quien le aconseja que le retire el “Réquiem” a su marido por una temporada. Así lo hace Constanze y lo anima a que termine la cantata “Elogio de la amistad” (“Laut verkünde unsre Freude”, K. 623”),compuesta para celebrar la inauguración de un nuevo templo masónico de la logia de Mozart. Esta estrategia funciona durante un tiempo, pues termina la cantata, que es estrenada el 18 de noviembre con gran éxito. Le dice a Constanze: “Sí, ya veo que estaba enfermo cuando tuve la idea absurda de haber sido envenenado, devuélveme el Réquiem y lo terminaré”.

El 19 de noviembre, aún puede vérsele en su habitual cervecería de la calle de Karntner, “La Serpiente de Plata». Sin embargo, los peores síntomas de Mozart vuelven pronto, junto con el fuerte sentimientode que está siendo envenenado. Cae postrado en la cama el 20 de noviembre, sufrehinchazón, dolores y vómitos. Los síntomas de la muerte de Mozart son descritos por uno de sus primeros biógrafos, Georg Nikolaus von Nissen (1761-1826), el segundo marido de Constanze, quien toma muchos de los detalles de las explicaciones dadas por la hermana de Constanze, Sophie Weber (1763-1846). Nissen escribe: “[la enfermedad] comenzó con la hinchazón de las manos y los pies, que estaban casi inmovilizados por completo, seguido de vómitos repentinos. …Hasta dos horas antes de su partida estuvo plenamente consciente”. Su cuerpo se hincha tanto que no puede levantarse de la cama o incluso moverse por sí mismo. Mozart es cuidado por los miembros de la familia de su esposa con quienes tiene una estrecha relación, y por el doctor Nicolaus Closset. Su suegra, Cëcilia Weber, y su cuñada Sophie, le hacen una chaqueta de noche “que se podía poner por encima, ya que, debido a su estado de hinchazón, no podía girarse en la cama”.

El domingo, 4 de diciembre de 1791, aproximadamente a las 12 de la noche, llega el doctor Closset de la ópera y ordena que se le pongan compresas frías sobre la frente para bajarle la fiebre. Poco después, Mozart pierde el conocimiento y no lo va a volver a recuperar. Según Sophie, los últimos suspiros de Mozart fueron «como si hubiera querido, con la boca, imitar los timbales de su Réquiem».

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“Mozart en su lecho de muerte, atendido por su esposa Constanze”, Óleo de William James Grant (1829-1866).

A la una menos cinco minutos de la madrugada del 5 de diciembre, Mozart fallece en Viena en su apartamento de la Rauhensteingasse, 10, en el primer piso del ala de la esquina, siendo amortajado según el ritual masónico del manto negro con capucha. Por desgracia, este edificio fue demolido en 1847 por el mayorista y mecenas de arte, Pietro di Galvagni (1797-1868). Sobre las dos y media de la tarde del día de su muerte, el cadáver es trasladado en un coche fúnebre a la Catedral de San Esteban, “Stephansdom”, principal Iglesia Católica de Viena y sede del arzobispado de la ciudad donde aguarda el cortejo fúnebre. En el lado norte, al aire libre y debido al avanzado estado de putrefacción del cadáver, se coloca el ataúd sobre un catafalco y el sacerdote lee las frases del “recibimiento del difunto”, mientras Salieri dirige la orquesta que interpreta música fúnebre. Después, el cortejo entra en la catedral por la puerta del Sacristán, y allí tiene lugar la “bendición eclesiástica”. Acabada la ceremonia, la procesión sale de nuevo al lado Norte de la Catedral, junto al púlpito de San Juan Capistrano, donde el coche fúnebre aguarda para trasladar el féretro al cementerio de San Marx, a extramuros y hoy en día distrito 3, en Leberstraße 6-8. Llueve a la salida y el frío es penetrante. Los amigos se dispersan y sólo algunos van a calentarse y a recordarle a “La Serpiente de Plata».

Tumba de W. A. Mozart (antes de su restauración, en 2005).

Mozart es inhumado sin cruz, seguramente por su filiación a la masonería, tan perseguida por el nuevo emperador Leopoldo II. En el acta de defunción oficial consta que Mozart ha fallecido a causa de una “hitziges Frieselfieber” (“fiebre miliar aguda”), una descripción demasiado amplia e inexacta para poder identificarla la medicina moderna. Un artículo publicado en la revista científica “Annals of Internal Medicine” (18 agosto 2009) y firmado por Richard Herman Carel Zegers, Andreas Weigl y Andrew Steptoe, parece haber dado una respuesta definitiva: Mozart, podría haber fallecido de un síndrome nefrítico agudo, una complicación derivada de una infección epidémica por estreptococos, algo que hoy en día es fácilmente curable con un tratamiento con antibióticos. Aconsejada por sus asesores y debido a su precaria situación económica, Constanze aceptó un entierro de tercera categoría con un coste de ocho florines con cincuenta y seis kreutzer más un suplemento de tres florines para el coche fúnebre, lo usual para miembros de la burguesía media. Hay que hacer notar que los entierros de primera y segunda categoría estaban reservados a la nobleza. El modesto ataúd de pino que contiene los restos mortales de Mozart es trasladado en un coche de caballos hasta el cementerio de St. Marx y una vez allí es enterrado en una tumba simple, compartida junto a otros cinco cadáveres. El sitio exacto no se conoce. Sus amigos el conde Deyni y el barón Gottfried van Swieten, sólo se limitaron a dar las condolencias y el biógrafo Otto Jahn afirma en 1856 que al entierro asistieron Antonio Salieri (1750-1825), Franz Xaver Süssmayr (1766-1803), Gottfried van Swieten y otros dos músicos.

Como colofón hemos de recordar las palabras que refiere Benedikt Schack (1758-1826), amigo íntimo de Mozart, sobre las últimas horas del compositor, al relatar que “En la víspera misma de su muerte, Mozart tenía la partitura del Réquiem sobre su cama y él mismo (eran las dos de la tarde) cantó la parte destinada al alto; Schack, amigo de la familia, cantó la parte del soprano, como había hecho en anteriores ocasiones, Hofer, cuñado de Mozart, la parte del tenor, Gerl, que sería posteriormente bajo en el teatro de

Mannheim, la del bajo. Estaban en los primeros pentagramas de “Lachrymosa” cuando

comenzó a llorar amargamente, dejó la partitura a un lado y, once horas después, a la 1 de la madrugada (del 5 de diciembre de 1791, como es conocido), abandonó la vida”.

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