EL JARDÍN DE MINAS

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MARÍA ROBLES -Psicóloga Clínica, Co-directora de Essentia, Psicología y Bienestar-

Soy bajito, tengo los ojos verdes y la autoestima baja…es que yo soy así…siempre he sido así…algo va mal en mí.
Noooooooooooooo y mil veces no, la autoestima no es un don que unas personas poseen y otras no, no es algo que dependa de la genética ni tampoco de tu horóscopo.
La autoestima es un curro que empieza en la infancia y dura toda la vida. No es algo que se regale, es una conquista. Es una percepción, y como todas las percepciones, es subjetiva, cambiante y depende de las experiencias que hayas tenido anteriormente.
En su proceso de construcción se pueden dar una serie de situaciones que hagan que fluctúe, algunas de ellas escapan a nuestro control, pero la mayoría no.

EL JARDÍN DE MINAS

Imagina que tienes un hermoso jardín delante de tu casa, tú vas paseando distraída y alegremente por el, ajeno a que en algunos puntos hay enterradas sofisticadas minas 💣 que, si pisas, pueden hacer tambalear tu amor propio.
Cada vez que logras llegar al final del trayecto sin pisar ninguna, te embolsas una cantidad de auto-love-points❤️, y pasas de pantalla 😁, sin embargo, cuando pisas una de esas minas, pierdes auto-love-points y te quedas frustrado en la misma pantalla.
El juego consiste en que aprendas dónde están las minas y consigas esquivarlas. La parte chunga del juego es que, para aprender donde están, tienes que haberlas pisado al menos una vez.
Hay personas que no entienden bien la mecánica del juego y piensan que la mejor manera de no pisarlas será no saliendo al jardín. Y es cierto que evitarán el riesgo, pero tampoco se embolsarán los puntos de auto amor.
Hay personas que pisan una mina, se enfadan, y deciden no jugar más, rechazando la oportunidad de recuperarse de la última partida.
Hay otras personas (muchas), que aún pisando una mina varias veces, no acaban nunca de recordar dónde estaba y la vuelven a pisar una y otra vez.

EN CONSULTA

Estos últimos jugadores, a veces vienen a consulta y te dicen cosas como “es que no me permito que me vaya bien, me autosaboteo” y te lo dicen con la cara de terror del que tiene la certeza de que un ente maligno y burlón 🤡 les ha poseído y les está puteando la vida.

Lo siento, pero yo no estoy a favor, en la gran mayoría de los casos, de esas conjeturas martirológicas. No creo que nadie se levante por las mañanas con el propósito de arruinarse la vida.

  • Qué maravilloso día hace hoy…¡¡me lo voy a joder un poquito!!

🤔…no, no lo creo.

Más bien opino que:

  • No quieres hacer el esfuerzo de cambiar hábitos.
  • Sigues un mandato educacional recibido en la infancia del que no eres consciente.
  • Eres demasiado ingenuo/positivo y piensas que la próxima vez, incluso haciendo lo mismo, obtendrás resultados diferentes.
  • Estás obteniendo alguna ventaja secundaria de lo que te ocurre.

A veces, también, las personas verbalizan que creen que el origen de su malestar es su baja autoestima, pero yo les explico que tener la autoestima baja no es una causa, sino una consecuencia.

Remitiéndonos al ejemplo del jardín plagado de minas, el problema no sería que tengas pocos auto-love-points, esa es una consecuencia, un síntoma. El problema es que estás pisando determinadas minas que te hacen perderlos.

¿Y CUÁLES SON ESAS MINAS?

Yo suelo utilizar una técnica llamada la “Pregunta del Milagro” para que la persona me de pistas sobre el origen del problema, es esta:
“Imagina que mañana te levantaras y se hubiera producido un milagro. Imagina que tú problema de autoestima se hubiera resuelto. ¿Cómo sabrías que esto se ha producido? ¿Qué habría cambiado en tu manera de relacionarte contigo mismo o con los demás para saber qué tu autoestima ha mejorado?”
Y entonces te pueden responder cosas como: dejaría de dudar tanto para tomar cualquier decisión, me atrevería a dar más mi opinión, haría las cosas que me propongo, dejaría de meterme en relaciones en las que no me valoran, dejaría de sentirme tan culpable etc.

Y ahora, perspicaz lector, te pregunto… ¿Qué va antes, el huevo o la gallina? ¿Debo “arreglar” primero mi autoestima para, por ejemplo, empezar a poner límites a los demás? O quizás ¿debo empezar a poner límites a los demás para empezar a sentirme mejor conmigo mismo?

Yo lo tengo claro…

LAS MINAS

Hay una asombrosa variedad de formas en que podemos dinamitar la confianza en nosotros mismos, pero no quiero chupar mucha cámara y extenderme demasiado 😉, así que vamos a centrarnos hoy en tres que veo mucho en consulta:

COLECCIONAR AMULETOS DE CARNE Y HUESO

Si, todos necesitamos la ayuda de todos, pero dejar que otras personas por sistema resuelvan mis problemas y mis dudas, apacigüen mis temores y marquen el rumbo de mis decisiones…esto ya huele…
Este tipo de relaciones de codependencia se suelen dar con mucha frecuencia en relaciones entre padres e hijos y en relaciones de pareja.

Es muy probable que conozcáis la metáfora de la mariposa que es muy gráfica y habla por si sola:

“Un senderista observaba como la oruga de una crisálida de mariposa intentaba abrirse paso a través de una pequeña abertura del capullo. De pronto la mariposa se detuvo en su esfuerzo.

“Tal vez ha llegado al límite de su fuerza”, pensó el hombre.

Así que cogió una navaja de su mochila y ensanchó el orificio. La mariposa salió fácilmente, su cuerpo estaba blanquecino, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola, esperando que en cualquier momento abriera sus salas, las estirara y echara a volar, pero pasó el tiempo y nada de esto ocurrió. La mariposa nunca voló y las pocas horas que sobrevivió las pasó arrastrando lastimosamente su cuerpo débil y sus alas encogidas”.

Aquel caminante cargado de buenas intenciones, e intentando evitar el sufrimiento de la mariposa, no comprendió que el esfuerzo de aquel insecto para abrirse camino a través del capullo era absolutamente vital y necesario, pues era precisamente la manera en que la naturaleza había dispuesto que la circulación de su cuerpo llegara hasta sus alas y las preparara para volar.

PROSTITUCIÓN RELACIONAL

A casi todos nos echa para atrás la idea de cobrar por tener sexo, pero ¿qué pasa cuando lo que vendemos es nuestra propia alma? Estar siempre disponible, atento y servicial para con los demás, siempre dispuesto a hacer esfuerzos hasta el punto de anularse y olvidar los propios intereses, suele ser un guion que aprendemos a interpretar desde bien pequeños. La trampa está en que cuanto más seguimos este guion, más esperan los demás que lo hagamos, y más nos convencemos nosotros de que si no lo hiciéramos, nadie nos querría y valoraría. Con lo que cada vez nos cuesta más salirnos de ahí.

La paradoja está en que, cuanto más sigo este guion, en el fondo, más me infravaloran los demás.

De hecho, se me termina exigiendo este esfuerzo, que se deja de ver como algo extra a valorar, y se empieza a ver como algo a lo que estoy obligado.

Ni que decir tiene que esta forma de estar en la vida propicia que sufra todo tipo de relaciones de desequilibrio e incluso abuso.

DIME TU NIVEL DE DISCIPLINA Y TE DIRÉ CUANTO TE QUIERES

Esto de la disciplina tiene muy mala prensa, solemos relacionarlo con obediencia y obligación, pero el caso es que, aunque no nos guste, aprender a seguir instrucciones desde pequeños nos hará más fácil el que luego podamos seguirlas de nosotros mismos cuando seamos adultos. A veces nos justificamos diciendo “es que yo no tengo fuerza de voluntad”, como si esto, nuevamente, hubiese sido un error de reparto de la naturaleza al proveerme de mis cualidades personales.

Pero no se trata de eso, aquí la clave está, ni más ni menos, que en ir fortaleciendo el hábito de hacer coincidir lo que digo que voy a hacer con lo que hago. No se trata tanto de ir hoy al gimnasio, aunque no me apetezca o de sacar por fin la ropa de invierno y hacer el cambio de armario, no. Se trata de acostumbrarme a hacer lo que he dicho que voy a hacer…por eso hay que tener cuidado con lo que uno dice que va a hacer. Mis objetivos tienen que ser realistas, asumibles, tengo que facilitarme a mi mismo el poder cumplirlos, porque el coste de no hacerlo será ir perdiendo poco a poco la confianza y el respeto hacia mi mismo.  Y si no, piénsalo bien, ¿el tipo de persona a la que podrías llegar a admirar sería alguien que frecuentemente no hiciera lo que ha dicho que iba a hacer?

Si has llegado hasta aquí ¡me alegro!, porque quizás te haya parecido interesante el artículo, o por lo menos entretenido. Seguiremos ahondando en estas cuestiones. Me encantará que dejes comentarios, aportaciones y críticas (siempre que sean hechas con amabilidad y cariño 😉)

Y no olvides que, en efecto, y en palabras del psicólogo Gorgio Nardone:

“la desastrosa actitud que lleva al ser humano a complicarse la vida, tiene su contrapunto en la maravillosa capacidad de transformar los límites en recursos y los problemas en soluciones”.

¡¡Abrazos para todos!!

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