VERVA VÓLANT

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FOCOLARES OSCUROS (*)

TERESA MARTÍN -Escritora-

Vaya por delante que no voy a usar el “presunto” en este artículo, primero, porque no me da la gana, y segundo porque ya llueve sobre tan mojado, que no albergo la más mínima duda al respecto de lo que voy a decir.

Cuando se produce un abuso de una persona hacia otra u otras, mi primera sensación es de una impotente tristeza. Siempre piensas en cómo hubiera sido posible evitar tal acto tan inhumano y tan desgraciadamente “humano” al mismo tiempo.

Cuando el abuso es además, perpetrado hacía menores, estallo de ira. Mi sangre se revuelve ácida y furibunda y albergo deseos de otro aspecto más de la condición humana, que es la venganza.

Les hablo, como habrán podido suponer del nuevo escándalo de pederastia dentro de la, ya no tan intocable, Iglesia Católica.

Un joven granadino ha denunciado nada menos que ante el Papa romano, los abusos de los que fue víctima, desde los once años hasta casi los dieciocho, por parte de tres sacerdotes a los que estaba unido por sus convicciones religiosas. Y es el propio Papa Francisco quien destapa el escándalo al instar al joven a presentar denuncia ante los tribunales de los hombres.

He de confesar que hasta el momento, el pontífice de Roma, me había parecido un señor con un discurso cercano y coherente con los tiempos y con lo que de verdad proclama el evangelio que defienden, pero que aún no había impulsado acción alguna.

Hoy, merece mis respetos sin ambages y no estoy hablando de religiones ni creencias, estoy hablando de catadura moral como ser humano, que además hace valer su autoridad sobre sus fieles, para poner cada cosa en el lugar que corresponde.

Dicho esto, el asunto no puede ser más repugnante.

Una docena de personas, entre ellas, diez sacerdotes, pertenecientes a una especie de fraternidad o club “macabro” que se hacen llamar “los romanones” son los abusadores y encubridores de este asqueroso caso de abusos sexuales a menores.

Los “socios” dado su alto nivel económico, tan impropio de los servidores de dios y de los tiempos que corren, utilizaban sus propiedades inmobiliarias en la capital granadina y en la costa, para llevar a cabo los abusos ocultándolos bajo el velo de convivencias religiosas.

Según el chico, hay más víctimas que no han denunciado los hechos, seguramente por miedo a tener revivir la terrible experiencia que está sufriendo el, hasta el momento, único afectado.

El arzobispo de granada, Francisco Javier Martínez, ha intentado tapar, como viene siendo habitual, el asunto, dando escasa credibilidad a las declaraciones del joven ante el tribunal eclesiástico.

Todo es oscuro y aberrante.

Siempre he pensado que las personas que cometen abusos contra niños, debían tener algún tipo de enfermedad mental, que sus cerebros no regían con normalidad. Hoy simplemente pienso que la maldad existe y punto. Que hay gente, en sano juicio, que es mala, que es cruel, que se creen en una posición superior muy por encima del bien y del mal.

Cuando estos abusadores, maltratadores, amputadores de la inocencia de los niños, son además, hombres de fe que deben responder a unos mandamientos “divinos”, cualquier justificación de sus actos, se va al cubo de la basura.

Hay mucha fruta podrida dentro de esta institución y por coherencia, por sanidad y por imperativo moral, debieran ser ellos y no otros los que limpiaran a conciencia su casa.

*Corriente de espiritualidad centrada en el amor evangélico.

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