Bajas temperaturas

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Begoña Ramírez Joya

Nunca sabemos lo que ronda dentro de nuestras pensantes cabezas. Por eso los hechos de la vida nos parecen a veces sorprendentes, y lo verdaderamente sorprendente es el poco interés que ponemos en conocernos y en conocer a los demás.

Casi siempre por esa premura que se ha convertido en existencial y que hace que concibamos el tiempo como un bien de consumo más, en este caso «escaso», con lo que hay que emplearlo a fondo.

Diríase que la poesía ha muerto .Que la matamos cada día un poco, que acudimos a su entierro cada vez que permitimos o mejor que nos permitimos cometer una injusticia. Y no las injusticias del mundo. Resulta fácil esconderse detrás de eso que llamamos mundo, o sociedad, o lo que fuere. Me refiero a que matamos la poesía cada vez que esa injusticia la cometemos nosotros. Sí, cada uno de nosotros. Cada vez que permitimos que nos venza ese egoísmo a ultranza que sólo ve el dolor que nos causan, no el que causamos.

Como el día apunta lluvia otra vez mis pasos se han encaminado solos hacia el mercado. Allí puedo ver a la gente ir y venir en su trasiego diario. El solitario que compra muy poquito de todo. La madre de familia que en el polo opuesto llena el maltrecho carrito hasta arriba, pues hay que alimentar muchas bocas y la que viene de camino que ya ha empezado desde el fondo de su mar amniótico a reclamar alimento para el cuerpo.

Pronto empezará a llenarse todo de un bullicio peculiar. A veces los improvisados tenderos cantan sus mercancías al paso de la gente. Todo parece a mi alrededor una danza, una coreografía estudiada en la que cada uno sabe cuales son sus pasos en este baile. Por qué no un baile, mejor una danza cualquiera que un trágico escenario en el que perpetuar nuestro equivocado guión. Porque también estamos dotados para eso, para construir si queremos el mejor de los mundos posibles con nuestros pensamientos.

Creo que necesito tomar algo caliente, las bajas temperaturas pueden congelar incluso el ánimo. Como decía, necesito que entren en calor mis pensamientos, no vaya a ser que cojan algún virus, de esos que nos convierten en nuestros peores enemigos. Podríamos decir incluso que todo son ficciones, invenciones de nuestra mente. Por eso me empeño desde hace algún tiempo en que todos mis pensamientos sean positivos. No resulta nada fácil con todo lo que nos cuentan que acontece a diario en el mundo, y ya se sabe las buenas noticias no son noticia.

Porque las palabras crean como un nebulosa invisible que puede ser liviana o espesa. Si esa espesura se hace demasiado gruesa, puede asfixiarnos. Asfixiados de palabras, porque cada una de ellas es el reflejo de un pensamiento, que puede ser a su vez vital, es decir que invite a la vida o denso, en cuyo caso nos arrastrará hasta las capas del subsuelo.

Las palabras pueden ser también como luciérnagas que nos alumbran en la noche de los tiempos, palabras que otros ya dijeron antes que nosotros y que pueden delimitar un camino, ayudar al navegante en las noches sin luna a encontrar tierra firme.¿Dar sentido a existencia? No, la existencia tiene sentido en sí misma, por sí misma, para sí misma.

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