POPULAR: CUANDO EL COMPÁS SOSTIENE LO QUE LA EMOCIÓN NO ALCANZA

✍Carlos Romero/Opinión.-

 Yerai Cortés presenta en el Generalife una propuesta escénica eficaz y accesible, pero de discutible profundidad flamenca

Yerai Cortés en el Teatro Generalife (Gabinete)

El Teatro del Generalife acogió dentro del Festival Internacional de Música y Danza de Granada una de las citas más esperadas de la programación flamenca: ‘Popular’, la propuesta escénica del guitarrista Yerai Cortés. La expectación era comprensible. El músico alicantino se ha convertido en uno de los nombres más visibles de la nueva generación flamenca y su creciente proyección ha despertado interés tanto dentro como fuera de los círculos especializados.

Sin embargo, el resultado deja una sensación ambivalente. ‘Popular’ es un espectáculo inteligente en su concepción, atractivo para públicos amplios y dotado de una estética contemporánea cuidadosamente diseñada. Pero también plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la modernización de las formas puede sustituir la intensidad emocional que tradicionalmente ha constituido el núcleo expresivo del flamenco?

 Un espectáculo construido desde la escena

Desde los primeros minutos queda claro que ‘Popular’ no está planteado como un recital de guitarra flamenca al uso. Aunque Yerai Cortés ocupa formalmente el centro del proyecto, el verdadero protagonismo escénico recae sobre un conjunto de seis intérpretes femeninas cuya presencia articula buena parte del desarrollo dramático.

Sus desplazamientos constantes por el escenario, la utilización de la percusión corporal y el trabajo colectivo de palmas configuran una arquitectura visual dinámica que busca llenar el amplio espacio del Generalife. La sensación es la de una coreografía permanente, diseñada con precisión y ejecutada con disciplina.

En ese sentido, el espectáculo funciona. Existe un evidente trabajo de dirección y ensayo detrás de cada movimiento. El grupo mantiene una cohesión notable y demuestra un profundo conocimiento del compás flamenco. Más que como cantantes, las intérpretes destacan precisamente por esa capacidad para construir ritmo, sostener la tensión colectiva y convertir el cuerpo en herramienta musical.

Un coro eficaz, aunque limitado vocalmente

El apartado vocal constituye una de las paradojas de la propuesta. Las seis mujeres cumplen con solvencia la función coral asignada, pero difícilmente pueden considerarse el principal atractivo musical del montaje.

Las voces generan atmósferas agradables y ofrecen un sonido compacto, aunque raramente alcanzan momentos de verdadera intensidad expresiva. El resultado es un coro correcto, incluso hermoso en determinados pasajes, pero insuficiente para provocar ese estremecimiento que el aficionado suele asociar al cante flamenco cuando aparece el quejío, la grieta emocional o la personalidad irrepetible de una voz.

La impresión es que el espectáculo encuentra mayor fortaleza en la organización rítmica que en la profundidad de su discurso vocal.

 Yerai Cortés: técnica deslumbrante, emoción más discutible

La figura de Yerai Cortés genera probablemente el principal debate de la velada. Nadie puede poner en cuestión sus facultades instrumentales. Los rasgueados poseen una potencia extraordinaria y la alzapúa aparece ejecutada con una limpieza y velocidad que confirman la categoría técnica del guitarrista.

No obstante, la excelencia mecánica no siempre desemboca en una experiencia emocional equivalente.

A medida que avanza la función, Cortés parece crecer sobre el escenario y algunos pasajes permiten vislumbrar al guitarrista flamenco de gran personalidad que muchos admiradores reconocen en él. Sin embargo, durante buena parte del espectáculo la impresión dominante es la de un músico más preocupado por la construcción formal que por la transmisión emocional.

Existe incluso una cierta tendencia al exhibicionismo técnico en algunos momentos, especialmente en determinados desarrollos de rasgueado, donde la brillantez instrumental parece imponerse sobre la necesidad expresiva.

Resulta significativo que una parte del público acudiera atraída precisamente por la figura de un guitarrista flamenco y terminara encontrando el principal motor del espectáculo en elementos escénicos ajenos a la propia guitarra.

Entre la modernidad y la pérdida de riesgo

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Popular’ reside en su voluntad de ampliar públicos. La propuesta posee cualidades evidentes para conectar con espectadores jóvenes o poco familiarizados con los códigos tradicionales del flamenco.

La iluminación introduce varios momentos de impacto visual. El vestuario apuesta por una contemporaneidad sobria sin caer en excesos vanguardistas. Yerai aparece vestido de negro, con una imagen elegante y contenida. Todo contribuye a construir un producto escénico accesible y perfectamente reconocible para sensibilidades actuales.

Sin embargo, esa misma búsqueda de eficacia genera algunas limitaciones.

La sensación de control absoluto sobre cada elemento termina reduciendo el margen para la sorpresa. Todo parece cuidadosamente calculado, ordenado y previsto. El espectáculo transmite profesionalidad, pero rara vez transmite riesgo.

Y ahí aparece una de las objeciones más relevantes desde una mirada flamenca. Falta esa impresión de verdad que surge cuando el intérprete parece jugarse algo en escena. Falta la sensación de peligro emocional. Falta el desgarro.

Por momentos, la precisión colectiva acaba produciendo una imagen casi militar. Los movimientos son impecables, pero también excesivamente uniformes. La disciplina sustituye a la espontaneidad.

Un espectáculo popular en el sentido más literal

Quizá la mayor virtud y, simultáneamente, la principal limitación de ‘Popular’ esté contenida en su propio título.

La propuesta posee todos los ingredientes para funcionar ante públicos diversos. Es visualmente atractiva, musicalmente accesible y suficientemente breve —apenas setenta y cinco minutos— como para mantener la atención sin excesivas exigencias.

Pero precisamente por ello parece quedarse a medio camino para quienes buscan una experiencia flamenca de mayor profundidad artística.

Hubo momentos interesantes, especialmente en el tema relacionado con los puertos italianos, donde la propuesta alcanzó una temperatura emocional superior. Sin embargo, no llegó a producirse ese instante verdaderamente memorable que redefine una función o permanece en la memoria tiempo después de abandonar el teatro.

Conclusión

‘Popular‘ confirma la inteligencia escénica de Yerai Cortés y su capacidad para dialogar con nuevos públicos. También demuestra que el guitarrista posee recursos técnicos extraordinarios y un equipo de intérpretes capaces de sostener una propuesta compleja desde el compás, la percusión corporal y el movimiento.

Sin embargo, la función deja la impresión de que la sofisticación escénica termina ocupando el espacio que debería corresponder a la emoción. Hay profesionalidad, hay diseño y hay talento. Lo que aparece con menos frecuencia es la verdad flamenca entendida como necesidad expresiva.

Como espectáculo contemporáneo resulta eficaz. Como experiencia flamenca profunda, deja más dudas que certezas.

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