ABRAHAM: UNA VIDA INOLVIDABLE QUE SE NOS HA IDO

✍Opinión.-

Lo pasé muy mal cuando conocí la noticia y lo sigo pasando mal con su recuerdo

Vicente Fernández Guerrero -Editor de EL FARO-

Estoy otra vez delante del ordenador y no sé por donde empezar. Lo he intentado varias veces.

Es difícil poder razonar y transmitir cuando afloran tantos sentimientos marcados por recuerdos de quien ya no está con nosotros porque nos ha dejado mucha huella.

Leí «Justicia para Abraham» en El Faro Motril -que te recomiendo, querido lector- y podría pensarse que lo escribe su tía, Elisabeth; pero puedo asegurar, sin ser familiar suyo, que Abraham era todo lo que de él dice.

Soy 47 años mayor que el fallecido en accidente irresponsable de tráfico el pasado 4 de junio, y reconozco que el impacto que me produjo la muerte de Abraham no lo había tenido nunca.

Cuando lo conocí, para encargarle la hemeroteca de EL FARO, me dio buena impresión junto con su socio y amigo Manu.

Abraham Ferrer (Foto: Álbum familiar)

Pasados unos días y entrados en faena, en la relación que manteníamos era tan competente, generoso y resolutivo en su comportamientos y soluciones, que me llevaron a pensar que era el interés por quedar bien ante un encargo profesional.

Pasado un tiempo, llegué a la conclusión de que no era esa la motivación para una conducta tan excepcional por su bondad, su sonrisa, su buena disposición para afrontar todo lo que se le planteara, sin excusas y actitud agradable, además de otro cúmulo de virtudes; sino que estaba tratando con una persona joven extraordinaria.

Por eso, Elisabeth, estoy totalmente de acuerdo con los valores que le atribuyes a tu sobrino.

Lo pasé muy mal cuando conocí la noticia y lo sigo pasando mal con su recuerdo.

Hasta ahora había desistido de publicar lo que yo he venido escribiendo por su muerte porque, a pesar de mi experiencia por los cientos de artículos publicados y el trabajo desempeñado en EL FARO, entendía que los sentimientos hacia Abraham eran para mí y no para hacerlos públicos; pero he estado equivocado, la obra y el ejemplo de un joven con 29 años que pierde la vida por una irresponsabilidad, -que las autoridades competentes tienen que juzgar- me obligan a compartir contigo, querido lector, la pena y el dolor que me ha producido no poder seguir disfrutando de la cercanía de Abraham.

Elisabeth, como te he dicho antes, comparto lo que dices de tu sobrino y por eso he recomendado al lector que me esté leyendo que lea tu escrito.

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