SOLO VIVE EL QUE PERMANECE UNIDO A LA FUENTE DE LA VIDA

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SOLO VIVE EL QUE PERMANECE UNIDO A LA FUENTE DE LA VIDA

Manuel Velázquez Martín -Párroco-

La alegoría de la vid explica la situación pascual de todos los bautizados que, unidos vitalmente a Jesús resucitado, participamos de su misma vida.

La resurrección ha introducido en el mundo: savia nueva y vino generoso.

Y si, permanecemos en su Palabra, saboreamos su Amor y dejamos que circule por nuestras venas el caudal de la Fraternidad, viviremos por él y seremos oferta de vida, para los demás.

En un mundo, como el nuestro, donde todo es muy rápido, pasajero y con fecha de caducidad, donde no se favorecen los compromisos fuertes, definitivos y «de por vida», donde no se lleva lo de ser fiel y constante a la propia vocación…

Se nos invita hoy a permanecer unidos, como los sarmientos a la vid, para poder florecer y dar frutos saludables.

Porque Jesús no quiere ser tronco desnudo sino planta frondosa y llena de sarmientos fecundos.

Y para eso, es fundamental que mantengamos la unión con él.

Lo mismo que el sarmiento vive de la savia que fluye de la cepa, nosotros, solo podremos vivir, en plenitud, si conectamos con el caudal de vida que fluye de Jesús resucitado.

Ser cortados de la cepa es quedar privados de toda posibilidad de vida.

Por eso, hasta siete veces se repite en este texto del evangelio de San Juan, el verbo «permanecer» indicándonos así, con este número simbólico de plenitud, que sin él «no podemos hacer nada».

Ser cristiano exige pues: una experiencia vital, un conocimiento profundo y una pasión absoluta por la persona y el proyecto de Jesús.

Y cualquier pretendida vida cristiana que carezca de esto, no subsistirá por mucho tiempo y quedará reducida a mero adorno, brillo superficial, pura rutina o simple folklore…

Por eso, es tan importante que nos dejemos podar, que descubramos la necesidad de cortar las ramas estériles y limpiar nuestra vida de tanta hojarasca inutil que hace que la savia nueva del resucitado se disperse y no produzca, en nosotros, los frutos necesarios de amor y de justicia que este mundo necesita.

Preocupados y distraídos por otras muchas cuestiones, a veces, nos olvidamos de lo esencial, que no es otra cosa que permanecer unidos vitalmente al eterno Jesús picapedrero que trasciende el tiempo y el espacio.

Lo cual supone: volver a su evangelio, alimentar el contacto con él y no apartarnos nunca de su proyecto liberador…

La poda duele, pero nos hace mucho bien… pues elimina de nosotros todo lo inútil y lo superfluo… todo lo que estorba… todo lo que impide que crezca y se expanda la verdadera vida.

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