SEMANA SANTA EN MOTRIL: Una mirada atrás

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Domingo A. López Fernández -Cronista Oficial de la ciudad de Motril-

Fotos: Paulino Martínez Moré -Cronista Gráfico Oficial de la ciudad de Motril-

SEMANA SANTA EN MOTRIL: Una mirada atrás

Terminó la celebración de la semana santa motrileña y se hace preciso analizar las circunstancias que han acontecido en este año de 2024. Ha sido un año anómalo, desde luego, pues hemos asistido al mayor número de suspensiones de los ejercicios penitenciales de toda su historia, así como recortes en los itinerarios y clausuras anticipadas de los cortejos. Nunca antes, hemos padecido unas circunstancias tan insólitas en la comarca, pues el hecho ha sido generalizable a todas las poblaciones de la costa granadina. Eso, por lo que se refiere a las celebraciones en la calle, pues las propiamente eclesiales han tenido su liturgia y ritos habituales en la iglesias de la localidad.

En verdad, nadie podía pensar lo que tristemente ha acontecido en la ciudad. En uno de los años más secos de la historia, en el que numerosos municipios andaluces y de toda España preveían ya cortes y restricciones de agua, ha llegado la lluvia constante y persistente, que ha aliviado en parte la situación. El agua es vida, de forma que, en su otra vertiente, ha solucionado momentáneamente la cuestión y el campo suspira con alivio “bienvenida sea”. Pero a ojos vista, el mundo cofrade comenta en sus círculos más cercanos que bien podía haberse dado una semana antes, u otra después, y haber mantenido la tradición de una ciudad que vive en la calle las escenas más representativas de la pasión, muerte y resurrección de Cristo con ese rico patrimonio artístico y religioso que recibe culto en los templos motrileños. En realidad, así es, pues en circunstancias normales se pueden ver en la calle a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén, la Última Cena de Cristo, el pasaje del Huerto de los Olivos, el Prendimiento, el Nazareno camino del Monte Calvario, la Crucifixión, Cristo Yacente y Descendido de la Cruz, la Virgen María en su Soledad y Cristo Resucitado. En esos días, las imágenes sagradas reconfortan la fe de los vecinos y visitantes en unos momentos irrepetibles que hacen despertar sensaciones, olores y sonidos que son únicos en Andalucía y, por supuesto, devoción y fe. Sí, desde luego, la Semana Santa es una fiesta grande y de gran tradición que ha ido creando escuela en las generaciones pasadas, en las presentes y en las que están por venir. Y, desde luego, lo va a seguir haciendo, no hay más que ver esas singulares “paveras” en las que niños en edad infantil acompañan a sus titulares en esa especie de catequesis a pie de calle que crea, ratifica y dispone la esencia cofrade que años más tarde van a poder desarrollar en cada una de las cofradías de la ciudad.

Ha sido, desde luego, un año anómalo, en el que el trabajo de las corporaciones se ha visto obstaculizado por causa de la lluvia, y ello, con todo el esfuerzo económico que les supone para organizar sus cortejos penitenciales. También, el sentimiento de los penitentes, que ofrecen su momento de paz espiritual a Cristo en sus diferentes advocaciones y escenas de la pasión, sensación que por las causas aludidas se ha visto diezmada según el día de la salida penitencial. Y, como no, las vivencias y gratas emociones de fieles, vecinos y visitantes, que no han podido disfrutar del soberano paso de la imagen de pasión que tienen prendida en su corazón.

En una vista atrás hemos de significar que llevamos tras de sí una secuencia histórica que ha marcado para siempre el desarrollo externo de nuestra Semana Santa. La anomalía ya se dejaba ver en el año de 2020 con la aparición de la pandemia del Covid-19, incidente que  motivaba a la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa a difundir un comunicado en el que se suspendían los pasos procesionales del año. Los motivos aludidos recaían en el estado de alarma que vivía el país y las prescripciones dictadas por Arzobispado de Granada para decretar la suspensión en aras a garantizar la seguridad y la salud de las personas en ámbitos donde se podían concentrar personas y facilitar así el contagio del virus.

En 2021 volvía a continuar la misma tónica; la iglesia celebraba en su intimidad la liturgia de los días con la asistencia de fieles que tomaban todas sus medidas de seguridad. EL FARO, en consideración a la situación que se vivía al momento, quiso solidarizarse con las corporaciones penitenciales de la ciudad y puso a disposición de sus lectores una entrevista a cada uno de los hermanos mayores de las cofradías de la ciudad, en la que pudieron poner de manifiesto el sentimiento que a todos afligían por las circunstancias del país. Así pues, otro año en balde en lo que se refiere a contemplar los cortejos penitenciales en la calle.

En 2022, la ciudad volvía a la normalidad tras dar vigencia en el mes de octubre del año anterior a la derogación del decreto arzobispal que prohibía las procesiones de fe en la calle, tras la flexibilización de las medidas de control por parte de las autoridades sanitarias, decisión que venía a autorizar de nuevo los actos de culto en la vía pública. Ese año se cumplieron todas las expectativas de las corporaciones cofrades motrileñas y las propias del pueblo, que volvía a ver a sus titulares en procesiones de penitencia. Y así volvió a repetirse en 2023, en una situación de por sí ya normalizada.

En este año de 2024, incidencias de otra índole se han vuelto a cernir sobre la celebración externa de nuestra semana santa. Su puesta en escena no ha podido ser más desangelada y con un balance triste en lo que se refiere a la contemplación de los pasos procesionales en la calle. Así, el sábado de pasión, efectuó su salida penitencial la hermandad de la Santa Cena y María Santísima del Amor, que pudo realizar todo su itinerario sin incidencia alguna, aunque lo hace fuera del circuito oficial de carrera oficial. El domingo de ramos, la hermandad de Nuestro Padre Jesús en su Triunfal Entrada en Jerusalén y Nuestra Señora del Rosario, acortaba su recorrido procesional para evitar la lluvia que se preveía, pero, finalmente, se vio obligada a suspender su estación de penitencia. El lunes, la Oración de Nuestro Señor de la Humildad en el Huerto de los Olivos y María Santísima de la Victoria hacía frente a las adversidades climatológicas y organizaba su cortejo desde la iglesia Mayor, una secuencia histórica que se hacía totalmente innovadora. Más la situación se tornaba compleja en la noche y se veía obligada a anticipar el regreso al templo por causa de la lluvia. El martes santo, igual situación, pues el cortejo de Nuestro Padre Jesús del Perdón y María Santísima de la Misericordia tuvo que modificar su recorrido procesional y anticipar el regreso a su templo. El miércoles santo, los dos cortejos del día, el Santísimo Cristo de la Salud y Nuestra Señora del Mayor Consuelo y Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor, suspendían sus salidas penitenciales en vista de la persistencia de las precipitaciones. El jueves santo, afortunadamente, el tiempo daba una tregua y podían salir a la calle las tres procesiones programadas en el día, Nuestro Padre Jesús de Pasión, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Esperanza y el Santísimo Cristo de la Buena Muerte. El viernes santo, tuvo un resultado ambiguo, pues la hermandad de la Santa Vera Cruz y María Santísima del Valle recortaba su itinerario y anticipaba el encierro en la iglesia sin ningún problema, mientras que la cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de los Dolores, tenía que anticipar su clausura por el fuerte aguacero que descargaba en pleno tránsito por carrera oficial. El sábado santo, la historia volvía a repetirse, pues tras las intensas precipitaciones en el día la junta de gobierno de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santísimo Cristo Yacente intentaba salir a la calle retrasando su hora de partida desde la casa hermandad, pero finalmente se veía obligada a suspender su estación de penitencia.

Llegado el domingo de Resurrección, fiesta solemne de la iglesia en la que se conmemora el triunfo de Cristo sobre la muerte, tenía prevista su salida procesional el Dulce Nombre de Jesús, imagen de Jesús Niño que fue tallada por el imaginero Miguel Ángel González Jurado en el año 1992. Su iconografía plasma al Hijo de Dios en su concepción humana, pues ha resucitado a la vida de entre los muertos y desde entonces se va a hacer presente en la eucaristía. Su apostura es clara y en sintonía con lo que representa, su salida triunfante del sepulcro para toda la humanidad, por lo que sostiene en la mano derecha el orbe cristiano, mientras que la izquierda se alza en actitud de bendecir. En Motril, esta festividad está declarada de interés turístico nacional desde el año de 2003 y en ella los niños son los protagonistas del día al tañer las campanillas con las que celebran la resurrección de Cristo.

El día, de nuevo, volvía a ser protagonista con una incesante lluvia en la mañana y, aunque en jornadas precedentes la archicofradía  del Dulce Nombre de Jesús había adelantado la hora de su salida desde el templo de la Encarnación, se veía obligada a suspender finalmente la procesión. Aun así, la fiesta de la Resurrección de Cristo se hizo grande en el interior del templo Mayor, ya que la pequeña imagen del Niño Jesús Resucitado pudo realizar una procesión claustral a través de la nave central de la iglesia para presidir la santa misa que tenía lugar a las 12:00 hrs. Finalizada la misma, el paso del Dulce Nombre era finalmente trasladado hacia su capilla en nueva procesión claustral.

Así finaliza  esta mirada atrás de nuestra fiesta Mayor y las circunstancias que este año de 2024 han incidido en su desarrollo externo. Ánimo, pues a las cofradías y hermandades motrileñas que han sufrido sus consecuencias por causa de la lluvia y que han podido sobrellevar la situación con verdadero espíritu cristiano. En su seno, son conscientes que sus titulares les esperan en el año 2025 para conmemorar, de nuevo, las fechas de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en una secuencia espiritual que no tendrá nunca fin y en la que volverán a renovar su estación de fe en connivencia con lo que marcan sus reglas constitucionales.

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