VIERNES SANTO EN LA VILLA CON TRES IMÁGENES DE PASIÓN EN LA CALLE

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   Domingo A. López Fernández

Sepulcro, San Juan y Virgen de los Dolores centran la piedad de los vecinos, aunque la lluvia hace su aparición y obliga a suspender la procesión de la Soledad

El viernes santo, segunda jornada del triduo pascual, es jornada solemne y de honda celebración en la villa de Salobreña. Para los salobreñeros, como para todo el orbe cristiano, es día de luto generalizado, pues se recuerda a Cristo desde el mismo momento de su prendimiento en el Huerto de Getsemaní, su muerte en la cruz y el traslado al sepulcro. Por supuesto, es día de meditación introspectiva por los tristes hechos que han acontecido al Hijo de Dios. Y, con ello, en el pueblo, se encuentra muy arraigada la tradición heredada de padres a hijos de practicar la vigilia, es decir, abstenerse de tomar carne y el ayuno voluntario por la muerte del Redentor. Por ello, la gastronomía de la tierra se hace presente en este día en casi todos los hogares, donde se come el tradicional potaje de bacalao, los típicos “voladillos” de gambas y bacalao,  leche frita, el arroz con leche o los roscos fritos del lugar.

Salobreña vive con pasión y sentimiento el día del viernes santo, sin duda. En esa jornada de luto general no se celebra misa, pero si la pasión del Señor en los templos y en jornada vespertina. En lo alto del pueblo, en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, se ha celebrado la “Hora Nona” a las tres de la tarde, y el sacerdote hijo del pueblo, D. Ignacio Fernández González, ha presidido el rito de la pasión del Señor. El párroco, D. Jorge Nieto, lo ha llevado a cabo en la iglesia de San Juan Bautista y el otro sacerdote salobreñero, D. José Ferrer, lo ha hecho en la iglesia de La Caleta. Además, en el anejo, se ha celebrado a las 19:00 hrs el santo Vía Crucis por sus calles que ha  presidido un pequeño crucifijo. Fiel a la conmemoración, en las tres iglesias, el altar mayor se muestra desnudo, sin ningún tipo de adorno y con el sagrario abierto. Siguiendo la liturgia del día, los sacerdotes se han postrado en el altar y se ha seguido el rito con ayuda de dos personas. El sacerdote ha leído el texto, mientras un narrador ha introducido la escena y el otro responde a las oraciones. Con posterioridad se ha verificado el rito de la Adoración de la cruz, que se muestra cubierta por un paño y es alzada mientras anuncia a los fieles: “mirad el árbol de la cruz en que estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo”, ello por tres veces, a la vez que se descubren cada uno de los lados del paño.

La solemnidad del día tiene su continuación en la noche, momento en el que  está prevista la salida de la procesión del Santo Sepulcro, San Juan Evangelista y María Santísima de los Dolores. En verdad, ha sido un día muy complicado, con lluvia durante toda la mañana, aspecto que ha llevado la intranquilidad a las tres corporaciones penitenciales que tienen previsto ejercitar su estación de fe de forma conjunta. Afortunadamente, la calma ha llegado al pueblo y, con la tranquilidad que dan los pronósticos meteorológicos, han podido salir a la calle. Ha sido solo un espejismo, pues la lluvia ha vuelto a hacer su aparición al momento de encerrarse el Santo Sepulcro, lo que ha hecho acelerar la marcha de los pasos de San Juan y la Virgen de los Dolores y, ya más tarde, suspender la procesión de la Virgen de la Soledad. Sin duda, un triste escenario de fe y penitencia para más de un centenar de mujeres que a la hora santa acompañan en silencio y vestidas de riguroso luto a la Virgen en su Soledad.

La solemne procesión del viernes santo tenía fijada su salida para las 20:30 hrs de la noche con el primer paso del día, el Santo Sepulcro, desde la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Con puntualidad, lo ha hecho, poniendo a su cabeza la cruz parroquial y dos ciriales, a los que ha seguido una nutrida “pavera” infantil que va tocada de habito penitencial sin capuz y con los colores típicos de su corporación, hábito de color negro y capillo, capa y fajín de color morado. Le siguen dos hermanos que dan escolta al estandarte corporativo confeccionado en terciopelo de color negro en el que se muestra a los fieles el lienzo pintado del Redentor tras haber sido desclavado de la cruz. En su parte inferior, el acrónimo JHS revela el sentimiento y significado de sus iniciales, Jesús Hombre Salvador.

Se dispone a continuación un cuerpo de tres jóvenes mantillas que portan el libro de reglas, y las dos filas de hermanos de luz con capillo y sin capirote, en cuyos ribetes se deja ver el escudo corporativo bordado y los típicos farolillos que son propios de este cortejo. A continuación, el cuerpo de mantillas dispuesto en dos filas y luto riguroso, que dejan ver en su pecho la medalla corporativa. En el centro de las filas, dos cojines de color morado muestran a los fieles los atributos de la pasión que le han sido retirados a Cristo tras ser bajado de la cruz: los santos clavos y la corona de su mortificación. Siguen, asimismo, las representaciones oficiales de las cofradías penitenciales de la villa, que presiden con sus varas presidenciales. E, inmediatamente después, dos acólitos revestidos de hábito penitencial con los incensarios, precediendo así el grandioso trono donde se muestra el cuerpo de Cristo en la urna sagrada.

La imagen de Cristo Yacente es de autor desconocido y se pudo salvar de la destrucción en la guerra civil. Se muestra cubierta con sudario de tul en la urna que tallara el imaginero granadino Domingo Sánchez Mesa a solicitud de una vecina del pueblo, Dolores González Valenzuela y la ofrenda tiene la particularidad de que las maderas nobles en que está realizada formaban parte de su propio mobiliario. El artístico sepulcro muestra bellos adornos en plata y cristales biselados que dejan ver el sagrado cuerpo del Redentor desde cualquier óptica en la calle. La configuración del paso de la urna es, igualmente grandiosa, pues se alza en altura para que todo el mundo pueda contemplar el cuerpo de Cristo con el dolor y la compasión que anida en sus corazones tras el suplicio y laceración a que ha que ha sido sometido y que ha terminado con su muerte en la cruz.

Marcha el impresionante paso portado por su propio cuerpo de hermanos en modalidad de varal malagueño, lo que le confiere un señorial porte en su tránsito por las estrechas calles del pueblo. Tras él, el párroco, D. Jorge Nieto, junto a la representación oficial de la institución municipal y los cuerpos de la Policía Local, Guardia Civil y Protección Civil, todos en traje de gala. Sin lugar a dudas, y por tradición, es la procesión oficial de la villa, aspecto que es muy característico en todos los pueblos, villas y ciudades del territorio peninsular. Cierra esta primera sección del cortejo la Banda de Música Municipal que dirige el maestro Jorge García Quirantes, que ha desplazado para la ocasión a 65 componentes. Inmejorable y magistral la interpretación del extenso repertorio de marchas procesionales que han seleccionado y que se ha caracterizado por un corte suave y fúnebre, tal y como corresponde a un cortejo sacro que rememora la muerte de Cristo. Así, entre ellas, se han podido escuchar “Al Señor de Sevilla”, “Mi Amargura”, “Hosanna in Excelsis”. “Getsemaní, “La Madrugá”, “Amargurás” o “A la Memoria de mi Madre”, original del maestro salobreñero Enrique Pareja Bosch que siempre se toca al paso por su casa natal.

Muy significativa ha sido, sin duda, la salida de la Sagrada Urna por el pórtico de la iglesia, momento en el que se ha dejado escuchar la “Marcha Real” interpretada por la Banda de Música de Salobreña que se ha desplegado en la escalinata que da acceso al templo. En ese momento, las representaciones oficiales han dispuesto una escolta de honor al paso de Cristo en su tránsito al Paseo de la Iglesia.

Tras la sección del Santo Sepulcro, y desde la misma escalinata, ha efectuado su partida el cortejo de San Juan Evangelista. Abre su marcha la cruz corporativa, a la que han seguido las dos filas penitenciales de luz que portan sus típicos farolillos y que van tocadas con hábito de color blanco y cíngulo y capillo sin capirote de color verde. A continuación, en el centro de las filas de hermanos, se muestra el estandarte titular, confeccionado en terciopelo de color negro que va escoltado por dos hermanas ataviadas de luto. Junto a ellas, una comisión de mantillas muestra sobre cojines el libro de reglas corporativo y los emblemas pasionistas que le son característicos en la procesión del jueves.  Da paso esta sección al cuerpo de madrinas, al que sigue el hermano mayor de la cofradía, Francisco Blanco, y la hermana en hermandad María José Pedrosa Ruiz, junto al resto de representaciones oficiales de las corporaciones de la villa. Seguidamente, el cuerpo de acólitos con ciriales e incensarios antecede a las andas de San Juan Evangelista en trono dorado que le deja ver ataviado completamente de negro en una imagen que no es habitual desde hace bastantes años. San Juan Evangelista es obra del escultor granadino Domingo Sánchez Mesa y se muestra a los fieles con su apostura tradicional, con el dedo señalando el camino a la Virgen para verificar el encuentro con el cuerpo de su Hijo y, en la otra mano, el pañuelo con el que ha de enjugarse  las lágrimas. El paso, a diferencia de su salida penitencial del jueves santo, es portado en exclusividad por hermanos de la hermandad en traje de luto,  y es dirigido por Olga Rodríguez Aguit, su tradicional capataza. Este tramo procesional del discípulo amado de Jesús no incorpora banda y da paso en sí al tramo final en donde figura la Dolorosa que es señera Madre del viernes santo salobreñero.

Con solemnidad, orden y concierto se ha desplegado finalmente el cortejo que acompaña a la Virgen de los Dolores. Ha partido éste desde la escalinata anexa a la iglesia, poniendo a su frente la cruz guía realizada en madera de carey con llamativos espejos y molduras doradas, que ha sido escoltada por dos faroles de frente de procesión que están confeccionados en orfebrería plateada. Abre este emblema las dos filas penitenciales de hermanos que van ataviados con los colores que le son propios a la corporación, hábito de color blanco, capa y capillo de color negro y cíngulo de color negro, portando en las manos velas de iluminación eléctrica. A continuación, el estandarte mariano bordado en oro sobre fondo negro que deja ver en su centro el rostro de la Virgen de los Dolores. Sigue, a continuación, el cuerpo de madrinas, que iluminan su paso con velas de cera blanca en sus manos. Impresionante resulta el extenso cortejo de estas “camareras de la Virgen” que este año han acompañado a la Dolorosa del viernes santo, casi cincuenta, en una grandiosa muestra de fe y de devoción a quien es titular de sus corazones. Y, tras el cuerpo de las mantillas, se ha dispuesto la representación oficial de las corporaciones penitenciales de la villa.

El trono de la Reyna Madre del viernes santo, Nuestra Señora de los Dolores, se dispone a continuación en el séquito procesional. La impresionante y bella Dolorosa es obra del escultor granadino Domingo Sánchez Mesa, que la pudo tallar en 1940 por encargo del vecino y amigo Antonio Díaz Molina. Es imagen de vestir, en la que resalta sobremanera el semblante  atribulado, triste y compungido de la Madre del Hijo de Dios al ser consciente que ya ha abandonado el mundo terrenal en cumplimiento de los designios del Padre.  Como Reina del Cielo ostenta corona imperial con doce ráfagas de estrellas en consideración  al sagrado texto del Apocalipsis  en el que se refiere que “una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida con el color del sol, una medialuna a sus pies y, en su cabeza, una corona de doce estrellas”. Bello y llamativo es el adorno floral, en el que se han hecho destacar rosas en tono pastel, gladiolos y claveles de color blanco virginal para remarcar el sentido de pureza de la titular mariana. Y, con ello, igualmente, la espléndida candelería con la que ha salido al exterior, toda encendida, que ha enaltecido y glorificado el rostro de la Virgen. El paso marcha en modalidad de varal malagueño, siendo cincuenta los hermanos portadores que le sostienen y que confieren esa apostura distinguida y señorial en su caminar por las estrechas callejas de la villa. 

Ha cerrado finalmente el tramo de la Virgen la Asociación Cultural Banda de Música de Fines (Almería), que lo hace por

primera vez y que ha interpretado un buen repertorio de marchas procesionales de corte serio y sones tristes en consonancia con el sentimiento de duelo del cortejo.

La salida del trono de la iglesia ha sido un momento de especial sentimiento y consideración ante la inmensidad de fieles que han abarrotado por completo la plaza de la iglesia y todos sus aledaños. Asimismo, la formación del cortejo que ha quedado constituido por 130 penitentes y 48 mantillas, sin duda, el más extenso de todos lo que han participado en la Semana Santa de Salobreña. Como es habitual, el paso ha hecho su aparición en el exterior sin el palio que le es característico y casi arriado al suelo para evitar el roce de la corona de la Virgen con la clave del arco del pórtico. Posteriormente, en el exterior, han sido montados los varales que sostienen el palio de la imagen que es Señora del viernes santo

La marcha del cortejo sacro del Viernes Santo ha transcurrido con mucho orden y con gran afluencia de público en todo el itinerario señalado, siendo de destacar el buen tiempo ofrecido hasta el mismo momento del encierre, que se ha podido verificar a las 23:00 hrs de la noche. Así ha sido, pues la entrada del paso del Santo Sepulcro se ha verificado sin incidente alguno, no así el de San Juan, pues en ese momento ha comenzado a caer una fina lluvia que ha arreciado por momentos, provocando su acelerada entrada en el templo y que el paso de María Santísima de los Dolores intensificara su marcha y no efectuara parada alguna para evitar el deterioro del palio. Sin duda, un esfuerzo titánico de los hermanos portadores que ya, en el ocaso de la estación de penitencia, dieron lo mejor de sí para que la Virgen titular no sufriera daño alguno. En palabras de Iván López, hermano mayor de la cofradía, “la estación de penitencia ha transcurrido muy agilizada, con paradas muy cortas y paso rápido debido a las probabilidades de lluvia, la cual hizo su aparición en el último tramo antes de la llegada de nuestra sagrada titular a su templo. Y en ello fue muy significativa la gran expectación de sus devotos y la gran acogida que le ofrecieron pese a la lluvia que caía en esos momentos”.

Como consecuencia del fuerte aguacero, el cabildo general de oficiales se pudo reunir en la iglesia con el párroco y consiliario, determinándose suspender la procesión de la Virgen de la Soledad que había de salir a la calle en la madrugada, momento que sumió en el desconsuelo al cuerpo de hermanas portadoras del paso. La decisión fue dura, pero acertada, viviéndose escenas bastante emotivas entre las vecinas de edad que todos los años, revestidas de luto riguroso y en completo silencio acompañan en su dolor a la Virgen, que lo hace ahora bajo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad.

Un momento muy significativo de la procesión del viernes santo se ha podido ver a la entrada de la calle Bóveda, donde se han realizado tres grandes “petaladas” a los respectivos pasos. Y destacar, igualmente, la impecable marcha que han tenido los tres cortejos, en los que se ha visto una mayor participación de penitentes y madrinas con respecto a años anteriores.

Con la incidencia reseñada y la suspensión de la procesión a la Soledad se daban por concluidos los desfiles penitenciales de la villa en una semana mayor que ha sido atípica en cuanto a la climatología, pero muy satisfactoria en cuanto a la respuesta del pueblo, que ha mostrado en todo momento el sentimiento y la piedad que las imágenes sagradas atesoran en el alma de los vecinos.

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