EMANCIPARSE CON ANDADOR

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Emanciparse con andador

Agustín Martínez -Periodista-

En los últimos días hemos escuchado hasta la saciedad la palabra “emancipación”, que para que nos situemos en un contexto correcto, viene a referirse a toda aquella acción que permite a una persona, o a un grupo de personas, acceder a un estado de autonomía personal, por cese de la sujeción a alguna autoridad o potestad, fundamentalmente parental.

Aunque la figura jurídica de la emancipación significa liberar a un menor de edad del cuidado y control de sus padres, en esta columna me voy a referir a otra emancipación, la que permitiría a un joven marcharse de la casa familiar, para iniciar un proyecto autónomo e independiente de vida.

El pasado martes conocíamos el último informe del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, según el cual la emancipación juvenil en nuestro país, se produce con una de las edades medias más altas de Europa, nada más y nada menos, que a los 30,3 años y solo 16 de cada 100 jóvenes españoles han conseguido vivir fuera de la casa de sus padres.

El estudio centrado en la población de entre 16 y 29 años –7.088.690 personas–, muestra que el problema estructural de vivienda en España, es la causa principal de tan inusual edad para abandonar el nido parental, ya que el resto de indicadores han mejorado sustancialmente y en los seis primeros meses de 2023, el paro juvenil descendió hasta el 20,1% –la cifra más baja desde mediados de 2008– y el salario medio aumentó un 5%.

El alquiler de una vivienda, forma más habitual de emancipación para los jóvenes, se ha convertido en poco menos que misión imposible, ya que sus precios se han disparado, subiendo mucho más de lo que lo hacen sus salarios, no siendo nada extraño comprobar como en las ciudades ya es más caro pagar un alquiler que una cuota hipotecaria. Las cifras son elocuentes: el salario medio de un joven alcanza los 1.005,22 euros netos al mes, mientras que el precio medio del alquiler es de 944 euros.

Alquilar una vivienda compartida parece haberse convertido en la única opción posible, aunque ello suponga pagar una media de 375 euros al mes por una habitación, o lo que es lo mismo, el equivalente al 37,3% del salario de un joven, cuando los expertos sitúan en el 30% del sueldo el máximo aceptable para dedicar a la vivienda.

De comprar mejor ni hablamos, ya que en el primer semestre de 2023, la primera mensualidad de una hipoteca correspondería al 65,9% del salario de un joven, que para pagar la entrada de una vivienda, tendría que ahorrar 53.796 euros, o lo que es lo mismo, el equivalente a cuatro años y medio de su sueldo.

En Granada las cosas no están mucho mejor, ya que según los precios que se han dado a conocer en los últimos días, El precio medio de la vivienda en alquiler es de 980 euros mensuales, un siete por ciento más que el año anterior, mientras que el metro cuadrado en venta supera los 2.000 euros de media.

Estas cifras suponen que el precio de los arrendamientos haya aumentado más de un 60% en diez años, cerca del triple de lo que lo han hecho las rentas salariales, mientras que el precio de venta ha subido un 5,3% durante 2023, o lo que es lo mismo casi el doble del IPC.

Con precios de alquileres y ventas en máximos históricos en Granada y con una presión nada desdeñable de las viviendas turísticas, a los jóvenes granadinos, solo les queda para su tan ansiada emancipación, buscarse la vida en el área metropolitana, algo que cada día se está poniendo más difícil, ya que, la presión de los precios en Granada capital, también empujan al alza los de las viviendas metropolitanas.

Así las cosas, si emanciparse en España es difícil, en Granada se ha convertido en un auténtico milagro, con lo que ello supone de frustraciones, tanto en los jóvenes que no pueden iniciar un proyecto autónomo de vida, como también de sus padres que asisten impotentes, a como sus hijos, más formados y preparados que nunca, no tienen más remedio que seguir en la casa paterna pasada la treintena.

Porque al final esta situación conlleva a que los jóvenes granadinos no hipotequen viviendas, sino que hipotequen proyectos personales de vida.

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