NO APAGUEIS EL ESPIRITU Y OS INUNDARÁ LA ALEGRÍA

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NO APAGUEIS EL ESPIRITU Y OS INUNDARÁ LA ALEGRÍA

Manolo Velázquez Martín -Párroco-

Hoy se nos invita a repensar nuestra condición de criaturas limitadas pero con posibilidades infinitas… en un clima de verdadera alegría.

Y enseguida, alguien me preguntará: Pero ¿cómo podemos hablar de alegría rodeados, como estamos de tantos problemas… de tantas crisis económicas, ambientales y de convivencia?

Y yo le viresponderé que sí.

Porque la verdadera alegría se alimenta desde dentro aunque las circunstancias sean adversas.

La alegría que realmente perdura, se fundamenta en nuestro ser más profundo y no se puede apoyar en algo tan accidental como la riqueza, el poder, la fama… o en cualquier otra realidad que venga de fuera de nosotros mismos.

Tampoco la salud, la belleza, el culto al cuerpo… y todo eso que tanto se lleva… puede sustentar nuestra alegría porque son realidades efímeras, que antes o después, desaparecen…

En definitiva, ser felices o desgraciados no depende de las circunstancias que nos rodean… ni depende:

– de lo que tenemos hoy

– y podemos perder mañana…

Solo depende de lo que cada uno de nosotros somos ante Dios.

Y es en este marco en el que hay que situar la presencia de hombres como Juan el Bautista que tenía muy clara su misión y sabía muy bien quien era y quien no era.

– No era Luz… sino pantalla limpia que nunca se dejó empañar por su propia sombra…

– No era Palabra… sino simple voz para gritar las desnudas verdades por los desiertos del mundo…

– No era un usurpador, sino un simple testigo de la gran presencia de aquel a quien «no conocemos»: el Jesús picapedrero, que sin haber pasado por ninguna escuela técnica superior, fue ungido y capacitado por el Espiritu para:

– anunciar buenas noticias a todos los que sufren,

– vendar corazones desgarrados,

– liberar a las víctimas:

– del hambre,

– la guerra,

– el desamor,

– la incomprensión,

– la soledad…

Para anunciar un año de gracia, que ponga fin a todas las desgracias…

Y aquí está la clave y el sentido de la verdadera alegría que hoy se nos propone.

Porque solo se puede vivir verdaderamente alegre y solo se puede estar lleno del gozo del Espíritu, como lo estaba Jesús de Nazaret, si estamos en comunión con los que sufren intentando abrir caminos de justicia y de concordia en nuestro mundo.

Es más, podríamos decir, que solo tiene derecho a la alegría quien trabaja por hacerla posible entre los pobres y humillados de este mundo … y que sólo puede ser feliz, de verdad, el que se esfuerza por hacer felices a los demás.

Por eso, creo que es importante que recuperemos la dimensión festiva de nuestra vida… e incluso el «sentido del humor» que puede ser un buen signo de equilibrio humano y de salud mental.

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