EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

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Autor: Antonio Gómez Romera

Domingo, 12 de noviembre de 2023

En el LXXVIII aniversario de la concesión del premio nobel de literatura a la escritora chilena Gabriela Mistral

Gabriela Mistral saludando tras recibir el Premio Nobel.

Hoy, domingo 12 de noviembre, festividad de San Cristian, ermitaño de la Orden Camaldulense y Mártir (1.005), cuadragésimo quinta semana del año 2.023, se cumplen 78 años (lunes, 1.945), de la concesión del Premio Nobel de Literatura a la escritora chilena Gabriela Mistral (Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, 1.889 – 1.957), una de las poetas más importantes del siglo XX, maestra rural y educadora. La motivación para entregarle esta distinción es “su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”.

La noticia de que ha ganado el Nobel la recibe en Petrópolis, la ciudad imperial brasileña, donde desempeña la labor de cónsul desde 1.941. “Estaba sola en Petrópolis, en mi cuarto, escuchando en la radio las noticias de Palestina. Después de una breve pausa en la emisora se hizo el anuncio que me aturdió y que no esperaba. Caí de rodillas frente al crucifijo que siempre me acompaña y bañada en lágrimas oré: «¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a ésta tu humilde hija!…”

Telegramas de felicitación a Gabriela Mistral.

Antecedentes

La candidatura de Gabriela Mistral al Premio Nobel de Literatura data de 1.939, año en el que surge un movimiento de opinión que nace en Ecuador y que se propaga por toda América, reclamando el premio para la escritora chilena. El movimiento es apoyado por la prensa de todo el continente, por las instituciones literarias de Chile y la casi totalidad de los países americanos, así como las Academias de Letras oficiales, entre ellas la española.

Gabriela Mistral, recuerda: “Voy a contar cómo surgió mi candidatura para el Premio Nobel. La idea nació de una amiga mía, Adela Velasco, de Guayaquil, quien escribió al extinto presidente de Chile, señor Aguirre Cerda, que fue compañero mío, y sin consultarme presentó mi candidatura. En este momento tengo también que recordar a Juana Aguirre, esposa del Presidente”. Pero para ello es indispensable cumplir ciertos requisitos exigidos por la Academia Sueca en su Reglamento. Así, los Académicos deben conocer a la autora por sus obras traducidas al sueco o, por lo menos, al inglés y al francés. Y, el camino no es fácil porque, como señala la propia Gabriela: “el poeta, es la persona literaria menos traducida en el mundo en forma de libro (…) y yo… no me doy ninguna diligencia en ayudarlos, aunque agradezco mucho su generosidad. Jamás haré el papel de vocero de mi nombre literario ni de mi obra misma (…) nuestra literatura hispanoamericana es conocida en Europa sólo por los especialistas y por los que leen español”.

Gabriela Mistral junto al Ministro Enrique Gajardo Villarroel durante la Ceremonia de entrega de premios.

La candidatura continúa impulsada por el político, abogado y educador chileno Pedro Aguirre Cerda (1.879 – 1.941), y sus poemas comienzan a ser traducidos al francés, por los escritores Francis de Miomandre (1.880 – 1.959), Georges Pillement (1.898 – 1.984), Mathilde Pomes (1.886 – 1.977) y Max Daireaux (1.883 – 1.954). El abogado y político chileno Gabriel González Videla (1.898 – 1.980) planea la publicación de estas traducciones y obtiene un prólogo del escritor y filósofo Paul Valéry (1.871 – 1.945), pero Gabriela lo rechaza, ya que, en su opinión, Valéry no posee un cabal conocimiento del español y, por tanto, “no podía juzgar con efectividad sus versos”. Gabriela sí acepta un prólogo de Francis de Miomandre, poeta de menor altura que Valéry, mayormente conocido como traductor del español.

El conflicto de la IIª Guerra Mundial, impide la publicación del libro, y la Academia Sueca decide suspender a partir de 1.940 la concesión de sus premios. Esto, no impide la continua llegada a Estocolmo de peticiones, provenientes de las más diversas instituciones y personalidades a favor de la candidatura de Gabriela Mistral. Ese interés desmedido, despierta la curiosidad del Secretario de la Academia Sueca, Hjalmar Gullberg (1.898 – 1.961), quien traduce al sueco algunas poesías de Gabriela, formando una pequeña Antología, titulada “Poema del hijo”, publicada en Bonniers Littera Magasin (1.941). La poesía de Gabriela comienza a ser conocida por los suecos.

Gabriela del brazo de un miembro de la Academia Sueca.

La entrega del Premio Nóbel

La noche del domingo, 18 de noviembre, embarca en el vapor sueco “Ecuador”, acompañada por María Ana de Terra, esposa del sobrino del ex presidente Terra del Uruguay. Gabriela tiene 56 años y se encuentra en muy mal estado de salud. Acuden a despedirla numerosas autoridades. El “Ecuador” llega al puerto de Göteborg el sábado, 8 de diciembre y, al día siguiente, Gabriela y María toman el tren con destino a Estocolmo. A su llegada, la esperan el ministro de Chile, Enrique Gajardo Villarroel (1.899 – 1.994), el presidente de la Fundación Nobel, Ragnar Sohlman (1.870 – 1.948) y el secretario de la cancillería sueca, Bill Hagen.

El escritor argentino Manuel Mujica Láinez (1.910 – 1.984), enviado especial del diario “La Nación” para cubrir esta noticia, relata: “Los periodistas la asediaban y ella accedía a sus solicitudes con la graciosa hidalguía que le es propia, dejándose retratar con el enorme abrigo que ha traído del Brasil, y que le prestó allí la esposa del ministro de Suecia, pues la poetisa no ha tenido tiempo materialmente para preparar un ajuar adecuado a los rigores de este clima”.

El rey Gustavo V de Suecia junto a otros miembros de la realeza y de la Academia Sueca durante la ceremonia de entrega de los Premios.

Recibe el Premio Nobel, que otorga la Academia Sueca, a las 17 horas del lunes, 10 de diciembre de 1.945, en el “Konserthuset”, Palacio de la Filarmónica, de Estocolmo. Al acto asisten más de 3.000 invitados, entre los que se encuentran los miembros de la Familia Real, el Cuerpo Diplomático y el primer ministro sueco, entre otras personalidades. La entrega del premio la hace el rey Gustavo V (1.858 – 1.950). Sobre aquel momento, Manuel Mujica Láinez, escribe en su crónica periodística:”Había comenzado a nevar. A las 17:00 horas en punto, el rey Gustavo V entró al Palacio de los Conciertos acompañado de su familia. Los premiados fueron apareciendo en el proscenio, precedidos por el anuncio metálico de los clarines. La escritora chilena, llegó del brazo del Secretario de la Academia de Letras. Entre los que habían obtenido el galardón se encontraban Fleming, Chain y Florey a quienes debemos la penicilina. Se ejecutó el himno sueco, se escuchó un breve discurso del Presidente de la Fundación y luego se procedió a presentar a los premiados. A medida que éstos eran proclamados, descendían del estrado y recibían de manos del Rey el diploma y la medalla. El monarca pronunciaba unas breves palabras y los aplausos se oían en la sala. Cuando le tocó el turno a Gabriela Mistral, los aplausos se hicieron más intensos, probablemente porque se trataba del primer escritor hispanoamericano que recibía el premio y la quinta mujer a quien se otorgaba esa recompensa”.

Gabriela Mistral junto al rey Gustavo V de Suecia, en medio de aplausos en la ceremonia de entrega.

La presentación está a cargo de Hjalmar Gullberg, Secretario de la Academia, quien luego de hablar en sueco a la concurrencia, se dirige en español a la escritora: “La historia de Gabriela Mistral es tan conocida de los pueblos de la América del Sur que, transmitiéndose de país en país, ha llegado a convertirse casi en una leyenda. Y ahora, cuando por encima de las crestas de la Cordillera de los Andes y a través de las inmensidades del Atlántico, se nos brinda el honor, finalmente, de que volvamos a contarla en esta sala, hela, pues, aquí, simplemente. En una pequeña aldea del valle de Elqui nació, hace algunas decenas de años, una joven maestra rural cuyo nombre era Lucila Godoy Alcayaga. Godoy era el nombre paterno, Alcayaga el materno, uno y otro de origen vasco. El padre, que había sido maestro, improvisaba versos con alguna facilidad. Este talento parece haber estado unido en él con la inquietud y la inestabilidad habituales de los poetas. Abandonó su familia cuando su hija, para la cual había construido un pequeño jardín, era todavía una niña. La joven madre, que debería vivir largamente, ha contado que a veces sorprendía a su pequeña hija solitaria trabada en conversaciones íntimas con los pájaros y las flores del huerto. Según una versión de la leyenda, fue rechazada de la escuela. Aparentemente, se la consideró poco dotada para desperdiciar en ella las horas de la enseñanza. Se instruyó por sus propios medios y llegó tan lejos que ocupó el puesto de maestra rural en la pequeña aldea de La Cantera. Fue allí que se cumplió su destino, cuando llegaba a los 20 años. Un empleado de ferrocarriles trabajaba en la misma aldea y entre ellos nació un amor apasionado. Conocemos pocos detalles de esta historia. Sabemos solamente que él la traicionó. Un día de noviembre de 1.909, se atravesó las sienes de un balazo. La muchacha fue presa de una desesperación sin límites. Como Job, elevó sus clamores al Cielo, que había permitido tal cosa. Desde el valle perdido en las montañas desérticas y requemadas de Chile se levantó una voz que los hombres en torno escucharon hasta muy lejos. Una banal tragedia cotidiana perdía así su carácter privado y entraba en la literatura universal. Fue entonces que Lucila Godoy Alcayaga se convirtió en Gabriela Mistral. La pequeña maestra rural de provincia, esta joven colega de mademoiselle Lagerlöf, de Marbacka, llegaría a ser la reina espiritual de toda la América Latina. En cuanto los poemas escritos en recuerdo del muerto dieron a conocer el nombre del nuevo poeta, la poesía sombría y apasionada de Gabriela Mistral comenzó a propagarse por toda la América del Sur. Sin embargo, fue sólo en 1.922 que ella hizo imprimir en Nueva York su grandioso conjunto de poemas, “Desolación”. Gabriela Mistral proyectó su amor maternal sobre los niños a los cuales instruía. Para ellos había escrito sus sencillas canciones y esas rondas reunidas en Madrid en 1.924 bajo el título de “Ternura”. En honor suyo, 4.000 niños mexicanos cantaron una vez esas rondas. Gabriela Mistral se convirtió en el poeta de la maternidad de adopción. Recién en 1.938 apareció en Buenos Aires y para beneficio de los niños víctimas de la Guerra Civil de España, su tercer gran volumen, “Tala”, título que puede traducirse por “Devastación”, pero que también designa un juego infantil. Esta poetisa nos ofrece ella misma en propia mano maternal su brebaje, que tiene el gusto de la tierra y que apacigua la sed del corazón. Ha surgido de la fuente que manaba para Safo en una isla de Grecia y para Gabriela Mistral en el valle de Elqui, la fuente de la poesía, que no se agotará jamás sobre la tierra”… Señora Gabriela Mistral: Habéis hecho un viaje demasiado largo para un discurso tan corto. En el espacio de algunos minutos, he contado, como un cuento, a los compatriotas de Selma Lagerlöf, la extraordinaria peregrinación que habéis realizado para pasar de la cátedra de maestra de escuela al trono de la poesía. Para rendir homenaje a la rica literatura iberoamericana es que hoy nos dirigimos muy especialmente a su reina, la poetisa de Desolación, que se ha convertido en la gran cantadora de la misericordia y la maternidad. Os suplico, señora, tengáis a bien recibir de manos de Su Majestad real el premio Nobel de Literatura que la Academia Sueca os ha otorgado”.

Gabriela Mistral junto a Gustavo VI Adolfo de Suecia.

A este respecto, Manuel Mujica Láinez, dice en su crónica: “¡Con qué señorío calmo bajó los escalones ella, a quien yo había visto poco antes tan inquieta! ¡Qué apropiada justeza hubo en su leve inclinación delante del Rey y en el lento movimiento de la mano con que agradeció la ovación del público!”.

Esa misma noche, en el Palacio del Ayuntamiento se realiza el banquete de honor para 610 invitados. Allí los premiados son presentados al príncipe heredero, quien va a presidir la fiesta. Es él quien conduce del brazo a Gabriela Mistral hasta el asiento que le corresponde, a su derecha. Luego de un discurso en inglés, donde se elogia a los premiados, estos últimos se dirigen a los presentes en su propio idioma. Gabriela Mistral, pronuncia las siguientes palabras de agradecimiento: “Tengo la honra de saludar a sus Altezas Reales los Príncipes Herederos, a los Honorables Miembros del Cuerpo Diplomático, a los componentes de la Academia Sueca y a la Fundación Nobel, a las eminentes personalidades del Gobierno y de la Sociedad aquí presentes. Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América Ibera para honrarla en uno de los muchos trabajadores de su cultura. El espíritu universalista de Alfredo Nobel estaría contento de incluir en el radio de su obra protectora de la vida cultural al hemisferio sur del Continente Americano tan poco y tan mal conocido. (…) Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarios (…) Mi patria, representada aquí por nuestro culto Ministro Gajardo Villarroel, respeta y ama a Suecia y yo he sido enviada aquí con el fin de agradecer la gracia especial que le ha sido dispensada. Chile guardará la generosidad vuestra entre sus memorias más puras”.

Gabriela Mistral junto al Ministro Enrique Gajardo Villarroe durante la Ceremonia de entrega.

El ministro chileno Enrique Gajardo Villarroel, recordaba, igualmente, que: “Gabriela Mistral fue la tercera en ser llamada. Acto seguido, se levantó de su asiento y, lentamente, con esa majestad de  sacerdotisa antigua, atravesó el proscenio y ascendió la pequeña escalera para ir a presencia del Rey. Todo el teatro se puso de pie. Resonaron las trompetas, llenando el ambiente de dulces armonías. El Rey saludó con mucho afecto a Gabriela, cuyo rostro se iluminó con esa suave sonrisa, que encantaba a los que la conocían. Sus ojos brillaban con una mirada afable y humilde, como si no fuera para ella el premio que en esos momentos se le entregaba. Mi emoción fue intensa. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y sentí que mis ojos se humedecían. Veía frente al anciano monarca a Lucila Godoy Alcayaga. La pobre profesora rural de los pequeñuelos del valle de Elqui. La campesina, la mestiza aimará que por su talento, sus virtudes, su exquisita sensibilidad, recibía el más alto galardón a que puede aspirar un escritor. Veía, también, a una chilena, genuina representante de nuestro pueblo, de nuestra raza”.

Gabriela Mistral, recibe el Premio Nobel de Literatura de manos del Rey Gustavo V de Suecia.

Colofón

Gabriela Mistral permanece un mes en Suecia, donde se le rinden toda clase de homenajes. Se gana rápidamente la simpatía del pueblo sueco, que ve en ella a otra Selma Lagerlöf (1.858 – 1.940) escritora sueca de fama universal y la primera mujer en obtener un Premio Nobel de Literatura en el año de 1.909. Aunque se la invita a quedarse en el país el tiempo que deseara, Gabriela continúa viaje a Francia, Italia y Gran Bretaña, países que no visita desde antes de la guerra.

Para honra y elogio de Gabriela, el escritor mexicano Octavio Paz, ha declarado: “Hoy se lee poco a Gabriela Mistral. Este olvido es un signo, uno más de la frágil memoria histórica de los hispanoamericanos. La poesía de Gabriela Mistral es un manantial que brota entre rocas adustas en un alto paisaje frío, pero caldeado por un sol poderoso. Olvidarla sería olvidar una de nuestras fuentes. Más que una falta de cultura es un pecado espiritual”.

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