RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

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LA PLAZA DE LA TENERÍA. UN ESPACIO MOTRILEÑO DE ENORME VALOR HISTÓRICO

Manolo Domínguez García -Historiador y Cronista Oficial de la ciudad de Motril-

El espacio urbano motrileño que en la actualidad conocemos con el nombre de Plaza de la Tenería emerge como una entidad de naturaleza contemporánea que resulta de la confluencia de diversos factores históricos y urbanísticos, pero su origen alberga una historia que trasciende los siglos y sus contornos fueron modelados por los designios de la historia y las fuerzas de la transformación. Surge como resultado del embovedado de la acequia principal, del derribo de varios edificios y otras construcciones que desde época musulmana y a lo largo de la historia de Motril existieron en esa zona y que con el paso de los siglos desaparecieron, sin ser reconstruidos ni edificados de nuevo, ni construir nuevos edificios. La plaza, como tal, ha sido remodelada en varias ocasiones.

La plaza, casi triangular, tenía como límite meridional la abrazadora acequia, al este encontramos las edificaciones del convento e iglesia de la Victoria, pertenecientes desde el siglo XVI hasta la Desamortización de Mendizábal en 1836 a la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula; al norte colindaba con la plaza de la Victoria, conocida también durante siglos como plaza de las “Verduras o del Mercado”; y su límite occidental estaba definido por el antiquísimo pasaje cubierto de Horno Nuevo.

Zona de la Tenería en 1855.

Entre los vestigios históricos del sitio, la edificación más temprana de la cual se tiene conocimiento en la plaza de la Tenería es baño o “hammam” musulmán. El Motril de raigambre islámica, durante el último tramo del siglo XV, asumiría una estructura focalizada en un núcleo central con murallas, flanqueada por dos arrabales, Curucho y Manjón, junto con un área más limitada en la calle Pozuelo y una pequeña judería en la contemporánea ubicación del barrio de la ermita del Señor de Junes. Tenía cinco mezquitas, una alhóndiga, dos mesones, seguramente tres fábricas de azúcar, hornos de pan, algunas tiendas, un molino y, al menos, un baño. No podemos precisar el número de habitantes que tendría Motril en esta época de las últimas décadas del siglo XV, pero debería aproximarse a unos 400 vecinos, es decir, unas 1.200 personas.

Con el correr del tiempo, prácticamente todas las edificaciones islámicas de marcado significado serían objeto de demolición, siendo el baño el único edificio, que sepamos, que subsistió prácticamente intacto hasta mediados del siglo XIX.

Croquis de la zona de la Tenería en 1890.

El “hammam” o baño musulmán, un edificio de estampa característica en urbes islámicas, se distingue por la amalgama de lo privado y lo religioso. En su mayoría, eran estructuras emplazadas en las inmediaciones de mezquitas y zonas de tráfico denso como puertas, plazas y mercados. Numerosos “hammams” eran públicos, pero algunos, destinados a familias prominentes, se hallaban incrustados en las residencias principales. Constituían un componente integral del tejido urbano y la edificación de un “hammam” confería estatus a la localidad, apareciendo como un elemento central en la sociedad islámica por su valor higiénico y sus connotaciones religiosas.

El “hammam” del Motril islámico a finales del siglo XV estaba en posesión de la reina Aixa al Horra, madre del monarca Boabdil de Granada. Luego de la toma cristiana de Motril, los Reyes Católicos concedieron la propiedad del baño a Francisco Ramírez de Madrid en 1491, como reconocimiento a sus innumerables servicios prestados a la Corona.

La ubicación del “hammam”, conocido popularmente como el «Bañuelo», se encontraba al sur de la localidad, en las cercanías de la acequia y dentro del recinto amurallado, precisamente en la actual plaza de la Tenería. Para su abastecimiento de agua, utilizaba tanto una pequeña canalización conocida como «caño del agua» desde la acequia principal y una noria.

Zona de la Tenería en 1915.

Tomás de Aquino y Mercado, historiador de Motril de mediados del siglo XVII, describió el Bañuelo como una edificación de tres naves, «a lo morisco labradas», adyacente al hospital de Santa Ana, el cual se erigió en la misma plaza en 1517. Su estructura debió asemejarse a un hammam de tipo andalusí, constando de tres naves longitudinales abovedadas, destinadas a salas fría, templada y caliente.

Según el inventario de bienes de Diego Ramírez de Haro en 1580, se relata la presencia de una pequeña casa y un corral que en el pasado habían albergado un baño. La localización de esta edificación era en las proximidades de la muralla de la villa, con límites inmediatos con las propiedades de los herederos de Alonso de Quevedo, la acequia principal, el «caño del agua», y una calle. El inmueble contaba con un sistema de extracción de agua mediante una «rueda», además de una caldera grande para calentar el agua y 40 cubos.

Para 1600, el hammam estuvo bajo arrendamiento por parte de Diego Ramírez de Haro a Cristóbal de Ortigosa. El contrato de arrendamiento aludía a que el inmueble limitaba al sur con la acequia y en su fachada frontal colindaba con la plazuela que conducía al hospital de Santa Ana. En 1601, fue objeto de reparaciones y en 1606, el Ayuntamiento local solicitó a Luis Ramírez de Madrid que lo cediera al hospital, en vista de la insuficiencia del espacio en el mismo para albergar a los pobres necesitados. No obstante, la transferencia al Concejo no se materializó y la propiedad de los condes de Bornos fue conservada, aunque no se descarta que una de sus naves, posiblemente la que estaba contigua al hospital, fuese adaptada como sala para enfermos.

Zona de la Tenería en 1920.

En 1607 la casa y corral que habían sido baño en época musulmana, lindaban con la muralla, la acequia, el «caño del agua» y la calle del hospital.

En 1621 el alcalde mayor de Motril informaba a la Corona que la villa alindaba al mediodía con la acequia principal y estaban en esa zona un horno de Juan de la Fuente, las casas de Juan de Molina y Cristóbal de Ortigosa, el bañuelo de Diego Ramírez y las tapias y huerto del hospital.

De acuerdo con el Catastro de Ensenada de 1752, el edificio del baño aún estaba en pie y continuaba bajo propiedad de los condes de Bornos. Esta edificación, que ocupaba unos 60 metros cuadrados, limitaba al norte con la cochera de los herederos de Juan Ruiz de Castro, y al sur con un puente y la acequia.

El Diccionario de Pascual Madoz hace alusión a su existencia en 1842, pero para esa época, debido al abandonó en el que permanecía, la bóveda de uno de sus naves laterales se había derrumbado, lo que precipitó su demolición.

Zona de la Tenería en 1925.

Con la desaparición del Bañuelo de Motril, se disolvió una estructura de más de tres siglos que había ejercido un rol cardinal en las dimensiones públicas y cívicas del antiguo Mutrayil.

En el costado derecho este del edificio del hammam, se situaba el antiguo hospital de Motril. La génesis del único hospital en la ciudad de Motril a lo largo de la Edad Moderna se encuentra en la bula otorgada por el Papa Inocencio VIII a solicitud de los Reyes Católicos, facultando la erección de la Iglesia Metropolitana del Reino de Granada, así como de las iglesias parroquiales del Arzobispado, y los hospitales de Santa Ana en Granada, así como en Loja, Alhama, Almuñécar, Salobreña, y Motril. Estos hospitales eclesiásticos contaron, a partir de 1504, con una asignación de los diezmos de sus respectivas circunscripciones para su mantenimiento.

Estas instituciones sanitarias eran administradas por el arzobispo de Granada, quien nombraba al rector administrador, médicos, cirujanos, barberos y enfermeros. La construcción del hospital motrileño, conocido coloquialmente como «Hospitalicos», se atribuye al vicario Gonzalo Hernández de Herrera, y construido, como citábamos, en 1517 con un costo total de 49.552 reales, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz. Su propósito era asistir a enfermos desposeídos, excluyendo aquellos afectados por enfermedades epidémicas.

Zona de la Tenería en 1932.

La configuración primitiva del edificio, ubicado al sur de la villa en el sitio conocido como pucha del Patrón junto a la acequia, probablemente resultara modesta y de trazado interno sencillo: patio de entrada, salas para pacientes masculinos y femeninos, enfermería, almacén, cocina, áreas para el rector y el hospitalero, archivo, capilla, un pequeño huerto y espacio para un cementerio.

Para 1570, se consideraba que las dimensiones del hospital resultaban insuficientes, y en una visita pastoral efectuada ese año, se destacaba: «En Motril hay mucha necesidad de un nuevo hospital por la gran cantidad de gente pobre debido a las pesquerías y el comercio de caña. Hay muchos enfermos y heridos y no hay dónde puedan ser atendidos; muchos mueren en las calles y el campo sin confesión. Si algún pobre es llevado al hospital, muere sin remedio por no haber en él lo necesario, y así los pobres enfermos huyen y prefieren morir en las fogatas de los ingenios».

En 1591, una inspección del arzobispo de Granada, Pedro de Castro, reportó la construcción de un cuarto en la planta baja para albergar pacientes durante el verano. Además, se dispuso una sala, no muy amplia, con seis camas provistas de mantas y sábanas nuevas. Existía también una sala de paso hacia la cocina, así como un salón corrido con ventanas amplias cubiertas con esteras. Una habitación que albergaba una imagen de un Cristo servía de alojamiento para el hospitalero, mientras que, en una sala junto a una escalera, se colocaban las pacientes femeninas.

Zona de la Tenería en 1965.

Desde fines del este siglo XVI se hizo cargo de la administración de hospital y cuidado de los enfermos los Hermanos de San Juan de Dios que se fueron  en 1606, seguramente por la dificultades de realizar su labor en un espacio tan reducido a pesar que para remediar la situación el Ayuntamiento había librado 500 reales para ampliar algo el edificio y solicitaron al conde de Bornos una casa, llamada del Baño, lindante con el  hospital y así poder incorporarla a este y  poder acoger a más enfermos.

En 1607, ante las continuas necesidades del hospital, se acordó que, por el Ayuntamiento, se hablase con Juan Fernández de Córdoba para conseguir la administración de esta institución sanitaria y continuar con obras de ampliación. En 1612 aún seguía con problemas de falta de espacio y, seguramente, en este año se le incorporaría una pequeña ermita dedicada a Santa Ana que también estaba frontera con el edificio hospitalario. Es probablemente cuando empezará a llamarse hospital de Santa Ana.

Se volvió a reedificar y ampliar en los primeros años del siglo XVIII con un coste de 1.273 reales, estando las obras a cargo de maestro albañil Joseph de Voxos.

La Tenería en la actualidad.

En 1725 por parte de la cofradía de la Vera Cruz, cuya sede canónica radicaba desde 1603 en este hospital, se pidió al Arzobispado licencia para ampliar la iglesia y darle mayor amplitud a un cuarto que servía como capilla a la imagen del Santo Cristo de la Expiración y hacer una nueva sacristía. Se nombraron peritos para la obra a los maestros de albañilería Julio Méndez y Pedro Díaz de Losada que reconocieron el sitio y estimaron que lo más conveniente sería añadir al edifico una nueva capilla en la parte suroeste del mismo, adosándola a la pared maestra de la iglesia existente y cuarto principal de los enfermos, presupuestándose la obra en 6 o 7.000 reales.

La iglesia estaba formada por una pequeña nave principal rectangular con cubierta adintelada sobre dos dobles arcos de medio punto rebajando que apoyaban en una columna toscana de piedra. La capilla del Cristo era de planta cuadrada cubierta con cúpula de media naranja sobre pechinas, con una rica decoración de yesería policromada con motivos vegetales, ángeles y guirnaldas, todo a muy a gusto de la decoración sobrecargada del siglo XVIII. La imagen se situaba en camarín.

A partir de 1730 se hizo cargo de la asistencia de los enfermos la Congregación del Divino Pastor, formada por ocho hermanos y hermanas que ya realizaban una labor similar en el hospital Ugijar. En la segunda mitad del siglo XVIII la dotación económica del hospital, incluido lo asignado por el cardenal Belluga en su testamento, alcanzaba los 18.213 reales, lo que permitía el mantenimiento de 45 camas.

Construcciones en la zona de la Tenería a principios del siglo XX.

El edificio sufrió daños importantes en los terremotos de 1804 y 1884, y tuvo que ser abandonado definitivamente en 1888. El hospital fue trasladado al convento de Capuchinos, que había sido adquirido por el Ayuntamiento y que ya se había utilizado como hospital de emergencia durante los mencionados terremotos de 1884 y la epidemia de cólera de 1885.

Luego, el Hospitalicos, se utilizaría como almacén de enseres del Ayuntamiento y durante la Guerra Civil fue sede del Comité de Salud Pública y cárcel desde 1937 hasta el final del conflicto. En la década de 1940 se cedió al Ministerio de Educación para abrir el colegio de educación primaria «Cardenal Belluga». Además, se instaló en parte de sus dependencias el matadero municipal y finalmente fue derribado en 1980 para construir en su solar el aparcamiento que hoy configura la plaza de la Tenería.

Además de estos notables edificios, existieron, como mencionamos, algunas casas desde el Horno Nuevo de pan de Juan de la Fuente, como las de Juan de Molina y de Cristóbal de Ortigosa en los siglos XVI-XVII. En el siglo XVIII, hay constancia documental de que en esta zona estaban las casas de Antonio Campos y Luminati, de María Antonia Ruiz Zarreta, la del canónigo Francisco Fonseca, una casa perteneciente al convento de la Victoria y una casa dedicada a taberna.

Plaza del Mercado en 1909.

Para la segunda mitad del siglo XIX, todos estos edificios habían sido derribados, quedando solamente la casa que había pertenecido al convento de la Victoria, que en esa época se conocía como la «Romanilla», en la esquina de la plaza del Mercado, y el edificio del hospital. La acequia principal recorría todo el lateral sur de esta plaza. Siempre estuvo descubierta hasta los años 60 del siglo XX, cuando se embovedó bajo la gestión del alcalde Escribano Castilla. Este tramo de la acequia comenzaba en el puente del Manjón o de Horno Nuevo, continuaba hasta el pequeño puente del Hospital, que al menos existía desde 1528, pasaba por debajo del camarín del Cristo de la Expiración de la iglesia del Hospital de Santa Ana y seguía su curso por la calle Borde de la Acequia.

En esta pequeña sección de la acequia se encontraban el «Pilar de la Acequia», junto al puente del Manjón, el «Caño del Agua» o «Cañuelo del Hospital», donde se tomaba el agua para la noria del baño y para beber, y el lavadero de la villa, junto al hospital. También había dos puchas o tornas en esta zona de la acequia para suministrar agua a los balates del Patrón y Aguas de Hospital, que regaban los pagos con esos nombres y el del Fadín. Además, se proporcionaba agua a la tenería que estaba situada al otro lado de la acequia, en la zona actual de la avenida de Salobreña, y que en el siglo XVIII pertenecía a las propiedades del Santuario de la Virgen de La Cabeza. Después de pasar el hospital, la acequia tenía una derivación o partidor para llenar el aljibe subterráneo construido por el Concejo en 1540. Este aljibe estaba aproximadamente en el lugar que actualmente ocupa el cuartel de la Guardia Civil. En 1542, se construyó otro aljibe más pequeño junto al postigo del hospital, dentro del cercado.

Plaza del Mercado años 20 del siglo pasado.

En el aspecto defensivo, hay que mencionar que la muralla de Motril comenzó a construirse en 1528, desde el puente del hospital hasta la esquina de la huerta del Convento de la Victoria, en la calle hoy llamada de la Muralla. El vicario Gonzalo Hernández de Herrera estuvo a cargo de las obras. En otras palabras, recorría prácticamente la mitad sur de la plaza de la Tenería. Entre el hospital y la zona de Horno Nuevo, se construyó en 1616 una tapia de ladrillo de unos 20 metros de largo y unos 50 centímetros de grosor, con trece troneras. Este muro tenía un portillo por el cual se podía tomar agua de la acequia desde el interior del pasaje de Horno Nuevo en caso de asedio. Existía, al menos durante parte del siglo XVI, una torre conocida como la «Torre del Hospital», donde se hacían guardias cuando había amenazas de enemigos. Algunos autores afirman que esta torre era de origen musulmán. El tramo de muralla en la plaza de la Tenería tenía una puerta, llamada el «Postigo de Hospital», que estaba cerca del puente del mismo nombre.

Sorprende el hecho de que en este reducido espacio urbano de Motril confluyeran tantos elementos arquitectónicos a lo largo de la historia de la ciudad: portillo para tomar agua, murallas y postigos, torre, casas importantes, baño musulmán, hospital, iglesia, ermita, cementerio, acequia, partidores, puchas, aljibe, puentes, lavadero y fuentes públicas. El resultado es un enriquecedor mosaico histórico el que existió en la plaza de la Tenería

La acequia descubierta a su paso por la plaza de la Tenería. Años 60 del siglo XX.

Por último, cabe mencionar que el Ayuntamiento arregló la plaza para su uso como aparcamiento del Mercado Municipal en 1980, después del lamentable error del derribo del hospital de Santa Ana. Fue en este año cuando se plantaron los árboles que aún existen en la plaza. En este mismo año, la plaza recibió oficialmente el nombre de «La Tenería». Se realizó otra remodelación en el año 2000, aunque se mantuvo su uso como aparcamiento. En esa época, la Concejalía de Cultura intentó llevar a cabo las primeras prospecciones arqueológicas en la plaza, pero no fueron aprobadas por la Delegación Provincial de Cultura, que no valoró suficientemente la historia de esa zona. En 2020, promovidas por el Ayuntamiento de la ciudad y realizadas por la arqueóloga  Dª Loreto Gallegos, y documentadas por este autor, se realizaron sondeos preliminares en algunos lugares de la plaza. Estos sondeos confirmaron la existencia de restos de la muralla, el aljibe, la acequia y el baño musulmán, a la espera de una excavación sistemática que pudiese poner en valor el dilatado pasado histórico de este solar urbano motrileño.

La Plaza de la Tenería, un mosaico de destinos entrelazados, una síntesis de la historia de nuestra ciudad. Los susurros del pasado seguramente están enterrados entre las piedras y ladrillos de los cimientos de los edificios que en este reducido sitio existieron. Bajo el suelo de la plaza de la Tenería de Motril confluyen los recuerdos de un tiempo inmemorial, y los ecos del pasado resuenan en cada rincón de esta plaza, contándonos parte de la historia de una ciudad que ha dejado su huella en las páginas del tiempo.

Deberíamos descubrirla.

La acequia pasado por debajo de la capilla del hospital. Años 20 del siglo pasado.
La acequia bajo la capilla del hospital. 1929 .
En los años 50 del siglo XX, aún se conservaba el portillo para tomar agua de Horno Nuevo.
La plaza de la Tenería una vez embovedada la acequia. Años 60 del siglo XX.
La zona de la Tenería en una foto aérea de 1964.
La zona de la Tenería en una foto aérea de 1970.
Vista aérea del hospital de Santa Ana (Colegio Cardenal Belluga) 1970.
Exterior del hospital en 1975 (Foto Paco Peña).
Otra visión del exterior del hospital en 1975 (Foto Paco Peña).
Una de las salas de hospital en 1980 (Foto Paco Peña).
Iglesia del hospital en 1980 (Foto Paco Peña).
Derribo del hospital de Sana Ama en junio de 1980 (Foto Paco Peña, en El Faro).

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