PREGONERO

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PREGONERO

Agustín Martínez -Periodista-

Si tienen ustedes ocasión no se pierdan esta noche a las nueve, el pregón que Luis García Montero, pronunciará en el centro cívico del Zaidín con motivo de sus fiestas. Si escuchar a Luis siempre me ha parecido un lujo, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en todo un privilegio

Sin ir más lejos, esta misma semana, el director del Instituto Cervantes, presentaba su último poemario, «Un año y tres meses», libro en el que proyecta, los últimos días de vida y el adiós de Almudena Grandes, su gran amor y como consecuencia de ello granadina de adopción.

Confesaba Luis a Angels Barceló en una entrevista radiofónica de hace unos días, que estaba bien y que el tiempo pasa y poco a poco se le encuentra un nuevo sentido a la vida. Le decía que hay motivos por los que pensar, los amigos íntimos, la familia… «Poco a poco -reflexionaba Luis- lo que era una convivencia con la pérdida y el dolor, se ha ido convirtiendo en una convivencia con una tristeza más llevadera”.

El titular de la Cátedra García Lorca de la Universidad de Granada recordaba en esa conversación, esos últimos meses de la vida de su compañera, como una “experiencia imborrable” en la que el cuidado “fue mutuo”. “Desde la otra ladera, al rememorar el año y tres meses de la enfermedad de Almudena lo recuerdo como una experiencia impagable. El haber podido cuidarnos, gratificarnos, en la intimidad del miedo, de la esperanza, es lo que da sentido a mi relación con ella».

Luis nos recordaba el regalo póstumo de Almudena: la novela que dejó prácticamente acabada a la que le faltaban solo unas páginas, que da continuidad a su celebrada serie de «Episodios de una guerra interminable» y que podremos disfrutar en cuestión de semanas. Una novela que Almudena pidió a Luis que terminara, de la manera que a ella le hubiera gustado acabar y, en la que dice nuestro paisano, «también hay esperanza”

Con esa sensibilidad y con el recuerdo a flor de piel de la autora de «Inés o la alegría», Luis García Montero, pregonará esta noche las fiestas del Zaidín-Vergeles, las mismas que en 2005 yo tuve el honor de pregonar. Hablamos de un barrio que no es un bario cualquiera; un barrio que si tuviera entidad administrativa propia, sería la segunda ciudad más poblada de la provincia; un barrio nacido de aluvión de gentes llegadas de los cuatro puntos cardinales, primero de Granada y más recientemente de todo el mundo; un barrio mezcla de pueblo y ciudad, rompeolas de colores, sabores y aromas de los cinco continentes.

Luis pregonará unas fiestas que hasta 1977 se celebraban en honor a Santa Adela, Santa que, como todo mérito tenía el de ser el nombre de la señora madre del excelentísimo gobernador civil que las puso en marcha en la década de los cincuenta. Unas fiestas que pronto se convirtieron en un auténtico dolor de muelas para las autoridades, debido a su carácter reivindicativo y que por méritos propios, se han convertido en la segunda gran cita festiva de Granada.

Son las fiestas de un barrio cuyas gentes han dado lecciones magistrales de solidaridad, generosidad, trabajo y esfuerzo y por supuesto de movimiento vecinal, como lo demuestra y lo ha demostrado desde su nacimiento, la asociación de vecinos más activa de esta ciudad.

A pesar de su origen de pueblo el Zaidín-Vergeles, el barrio de los barrios de Granada, es también el Nueva York de García Lorca, La Habana de Carlos Cano, el Marrakesch de Goytisolo, o el Madrid del pregonero de este año. Barrio de sustancia y de elementos simples que ha sabido interpretar como ninguno, la riqueza que aporta el crisol de culturas que conviven en sus calles.

Es fascinante observar como, sin alharacas de ningún tipo, en los bancos de cualquier calle del barrio, se dan cita zaidineros de pura cepa y zaidineros de primera generación llegados de países lejanos y «adoptados» por sus vecinos, con la naturalidad de quien sabe lo difícil que es renunciar a las raíces de cada uno, para buscarse la vida lejos de la familia y del hogar.

Un barrio que no precisa de intérpretes, porque es un universo sin aranceles, como lo demuestran los muchos estudiantes, granadinos y foráneos, que duermen en sus pisos, apoyándose en la almohada de no sentirse diferentes.

En el Zaidín se habla en castellano, en árabe, en francés o en rumano; se reza en católico, evangélico, o en musulmán. A todo esto se le llama mestizaje y yo me atrevería a decir que estamos en el barrio mestizo por excelencia de Granada, el que hace de la hospitalidad una de sus señas de identidad.

Boticas, caracoles, tornillos, bollos, pucheros sin penas y política vecinal, coloquio directo sin parlamentos con escaños, salvo los de los bancos de las plazas, donde a menudo descansan, abuelos y padres con bebés; chinos, senegaleses, colombianos, marroquíes, ecuatorianos, argentinos, ingleses, italianos, intercambian opiniones haciendo la verdadera política del barrio de los barrios. Un teatro abierto a todos los papeles, a todos los intérpretes, a todas las opiniones y en todas las lenguas.

Seguramente de todo ello nos hablará esta noche Luis, con la sensibilidad, el magisterio y el amor que le caracteriza. No se lo pierdan, como tampoco deberían perderse el Zaidín Rock, considerado el festival de rock más antiguo de Europa de carácter gratuito, que celebrará su 40 cumpleaños con La Guardia, Ilegales, Boikot, Miguel Campello y el Canijo de Jerez. En definitiva un lujazo de cartel, un lujazo de pregonero y un lujazo de barrio.

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