El Sábado Santo da por clausura la penitencia en la Semana Santa motrileña

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      Domingo A. López Fernández/EL FARO

Fotos: EL FARO

EN EL FARO, ECOS DE NUESTRA SEMANA SANTA: Yacente y Soledad ejercitan su procesión de fe pese a la pandemia del Covid-19

Desde la reorganización de la Semana Santa de Motril, el Sábado Santo ha sido el día en el que finalizan los desfiles procesionales en la ciudad. Así ha sido al menos desde 1948, aunque ahora, con la incorporación de la procesión del Dulce Nombre de Jesús, la clausura tiene lugar el Domingo de Resurrección. Y ello a modo de colofón y de expresión popular de lo que es el auténtico significado de la Semana Mayor, el de la muerte de Cristo, sí, pero también el de su gloriosa resurrección. Este sábado santo es, igualmente, el tercer día del Triduo Pascual, jornada en la que el pueblo devoto recuerda especialmente a la Virgen María en su advocación de la Soledad tras haber sido descendido su Hijo de la cruz. Por tanto, igualmente jornada de luto y de reflexión a la espera de ese día grandioso que rememora que Cristo no se encuentra en el sepulcro porque ha resucitado. Fiel a la liturgia, la iglesia sigue sin celebrar la eucaristía, solo la Vigilia Pascual en la noche en espera de la Resurrección del Señor.

El Sábado Santo ha sido también una jornada extraordinaria desde el punto de vista climatológico. Una temperatura propiamente veraniega y sin viento ha animado a los motrileños a acompañar a la procesión del día, que es organizada por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santísimo Cristo Yacente. Es, por así decirlo, la última manifestación de fe en la calle con sentido de duelo, pues por tradición ha de estar clausurada antes de las 0:00 hrs del domingo, en el que ya se ha de rememorar con alegría la resurrección de Cristo.

El ejercicio penitencial del día tenía prevista su salida para las 19:30 hrs de la tarde, momento en el que uno de sus antiguos hermanos mayores, Rafael García-Luján Sánchez, procedía a dar los tres consabidos toques en el portón de su casa de hermandad para llamar a la procesión a salir a la calle. Así se ha verificado mientras el cortejo ya se encontraba desplegado en la calle Santa Ana. La salida de los pasos ha tenido igualmente un momento de emotividad, pues por causa de la pandemia se ha obviado en este año la monumentalidad de sus dos tronos, de forma que el Cristo Yacente ha vuelto hacia sus orígenes para ser procesionado en sus antiguas angarillas y, en esta ocasión, portado por cuatro Guardias Civiles en su calidad de hermanos mayores honorarios de la cofradía. E, igualmente, la Virgen de la Soledad, que lo ha hecho en andas a cargo de su propio cuerpo de hermanas portadoras, así como otras venidas desde Granada, donde ejercen de costaleras en el paso de la Virgen de la Soledad que verifica su salida en la noche del Viernes Santo.

Fiel a la tradición, la salida procesional del Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad se ha visto ensalzada por la tradicional “petalada” que se les ofrenda desde la parte alta de su casa de hermandad. Iniciado el tramo, abre su marcha la cruz guía escoltada por tres faroles de frente de procesión, al que sigue una representación del grupo joven. Marchan revestidos de hebreos y en traje penitencial con caperuza abierta, portando sobre sus hombros pequeñas cruces de madera y los típicos elementos de la pasión. Le siguen las dos banderolas representativas del tramo del Cristo Yacente, tras las que se disponen ya las dos filas de hermanos de luz, que este año portan cirios de cera roja en sus manos en lugar de los característico farolillos que tradicionalmente han representado a la cofradía. En su centro, la figura de la “Chía” escoltada por dos bocinas. “La Chía”, es un personaje que se muestra cubierto totalmente de negro y una larga capa con estrellas que se encuentra enraizado en la tradición de anunciar la llegada de un cortejo fúnebre. Su figura precede al estandarte de la sección cristífera y la representación oficial de invitados, en la que se encuentran presentes la alcaldesa de la ciudad, Luisa María García Chamorro, el Cuerpo de la Guardia Civil, Protección Civil, Agrupación de Hermandades y Cofradías  y la hermandad de Jesús de Pasión. Finalmente, el cuerpo de acólitos con incensarios da paso a la imagen del Santísimo Cristo Yacente, que va sobre rústicas angarillas que portan miembros del destacamento local de la Guardia Civil. Impresiona ver la imagen del Yacente a pie de calle, aspecto que no es habitual en ejercicios anteriores por la dimensión de su paso y la altura sobre la que es mostrado públicamente.

La sección mariana de Nuestra Señora de la Soledad se dispone a continuación con sus dos banderolas al frente, tras las que se disponen los hermanos de luz, el estandarte mariano flanqueado por dos mazas, y el cuerpo de camareras de la Virgen. Tras ellos, la representación oficial de la sección, con el consiliario de la cofradía, D. Antonio Rodríguez Hervás, junto al hermano mayor, Reinaldo Tarragona, y la propia de las Camareras Mayores de la Virgen. A continuación, el cuerpo de acólitos con ciriales e incensarios que ya da paso a las andas en las que se porta a la Virgen de la Soledad, que es comandada por primera vez por su capataz, Pablo Córdoba Salmerón. Sorprende, por otro lado, esta forma no habitual de procesionar a la titular mariana, que ha podido ser  contemplada muy de cerca por el público presente. Su belleza ha sido realzada así, aunque también gracias a las manos de su vestidor, Abraham Ortega, que la ha ataviado para la ocasión con un tocado típico a “tabla” y una tela brocada en tonos de color beis dorados, figurando sobre su cuerpo el antiguo manto de la Virgen del Mayor Dolor que ha sido cedido por la hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, juntamente con las andas. Otros estrenos a destacar han sido el del corazón plateado que muestra en su pecho la Virgen con los siete puñales clavados, el de un fajín de general y un rosario de amatistas, ofrendados todos por varios hermanos de la cofradía.

Es indicativo destacar que el recorrido procesional ha quedado marcado por bellas estampas que rezuman emoción y sentimiento en numerosos lugares del itinerario. Así se puede señalar la salida de los pasos desde su casa hermandad, momento en el que ambos han sido rociados de pétalos de flor desde su planta alta. Igualmente, el momento en el que el paso del Cristo Yacente pisaba la calle, pues un devoto se ha acercado a la imagen para dejar caer sobre ella pétalos de rosas rojas. También el tránsito de la procesión por la calle Pío XII, instante en el que las andas de la Virgen de la Soledad han sido enfrentadas a la puerta de la residencia de San Luis para ofrecer a sus residentes la inmediatez y cercanía de su titular mariana. Además, junto a la iglesia de Capuchinos, sede canónica de la cofradía, se ha dispuesto una representación de la junta de gobierno de la hermandad de la Divina Pastora para rendir pleitesía a la Patrona del lugar y ofrecerle un ramo de flores. También, el paso serio y solemne por tribuna oficial, que ha estado marcado por la gran afluencia de público, aunque en general, ambos pasos han estado arropados por vecinos del barrio de Capuchinos y fieles durante todo el recorrido procesional.

El itinerario marcado para este año por la junta de gobierno que preside Reinaldo Tarragona ha dispuesto sensibles diferencias con respecto al de otras ediciones, sobre todo por la incorporación de un nuevo tramo de tribuna oficial junto a la plaza de España, lo que le ha obligado a transitar por él. De esta forma, la procesión ha partido desde la casa hermandad, para continuar por calle Santa Ana, Manuel de Falla, Pio XII, Rambla de Capuchinos, Ramón y Cajal, Nueva, Teatro, Plaza Bustamante, Plaza Cruz Verde, Gaspar Esteva, Emilio Moré, Díaz Moreu, Romero Civantos, Plaza España, Plaza de la Trinidad, San Rafael, Catalanes, Plaza Burgos, Marques de Vistabella, Milanesa, Seijas Lozano, Nueva, Ramón y Cajal, Capuchinos, Cáceres, Santa Ana y desde aquí proceder a su encierro en la casa hermandad. Acierto sin duda el de su junta de gobierno, sobre todo a la hora del encierro, pues se ha abandonado la calle Cuevas, que es demasiado amplia y hace perder la sobriedad del cortejo, para centrarla en la calle Cáceres, mas recatada y cercana para el público.

Minutos antes de las 0:00 hrs de la noche el cortejo del Sábado Santo clausuraba la procesión de penitencia de este año de 2022, en el que la devoción ha primado sobre la ostentación y, de nuevo, los dos señeros pasos del Sábado Santo, han vuelto a desplegar fervor entre sus vecinos de barrio, aunque la pasión ha sido generalizada para todo el pueblo de Motril, que despide así la festividad de la Semana Santa en un año que ha marcado historia tras dos años de suspensión por causa de la pandemia del Covid-19.

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