ESTIGMATA

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ESTIGMATA

María Robles -Psicóloga Clínica, Co-directora de Essentia, Psicología y Bienestar-

Estigma: marca o señal en el cuerpo, especialmente la impuesta con un hierro candente, como signo de esclavitud o de infamia.

¿De qué hablo cuando estoy hablando de algo que en las sociedades primitivas se atribuía a fuerzas sobrenaturales y para tratarlo se recurría a los hombres-medicina (chamanes) con sus brebajes alucinatorios, cánticos y danzas?

¿A qué me refiero cuando hablo de algo que en Mesopotamia se entendía como un castigo divino y se intentaba redimir mediante rituales místicos?

¿De qué hablo cuando digo que es algo que en las culturas precolombinas se explicaba por la invasión de espíritus malignos y se curaba trepanando el cráneo, o que para la tradición judía era causa de impureza moral, o que para los hindúes era influencia de siete demonios enfurecidos?

¿A qué me refiero cuando digo que era algo que los griegos explicaban como una afección histérica que se trataba mediante incubaciones de sueño, o que en la Edad Media era concebido como una posesión demoníaca que se curaba mediante exorcismos?

Hace solo 300 años, entre los siglos XVI, XVII y XVIII, el punto de vista médico sobre lo que se denominaron “enfermedades mentales” era considerarlas como taras orgánicas incurables, peligrosas y socialmente indeseables, y se ocultaban en manicomios, casas de locos o asilos…lugares sórdidos, escalofriantes y oscuros en los que, según testimonios de la época, los pacientes carecían de los detalles humanos más elementales…. y en los que se practicaban lobotomías, se administraban descargas, y se aplicaban terapias tan penosas como las inmersiones en agua helada, la suspensión de agua y comida, o las sangrías.

¿Sabías que, hasta mediados del siglo XIX, hace sólo 200 años, casi cualquier síntoma psicológico femenino que no tuviera fácil explicación, se estuvo diagnosticando de “histeria femenina”? Por cierto, la palabra histeria se deriva de la palabra griega hysteron que significa útero, y para tratarla, los médicos realizaban lavatorios vaginales o masajes púbicos hasta que la paciente llegaba al orgasmo.

Con este panorama histérico…digo…histórico, ¿quien no va a tener prejuicios hacia los problemas psicológicos o hacia el hecho de acudir a un profesional de la salud mental?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el estigma en salud mental sigue siendo un problema global y la lucha para erradicarlo tiene que ser una prioridad en cualquier sociedad democrática y libre”.

Si todavía nos cuesta aceptar que tenemos problemas psicológicos leves y más aún reconocerlo públicamente, en el caso de convivir con un problema psicológico más severo, ya ni te cuento. La sociedad suele atribuir a las personas diagnosticadas de ellos, etiquetas como: peligrosas, débiles o inútiles, lo que genera actitudes y actos discriminatorios de rechazo.

Y para corroborar un poco esto, piensa en lo siguiente:

Imagina que caminas de noche por una calle casi desierta, sólo ves dos personas más caminando delante de ti, una por la acera izquierda y otra por la derecha. Ahora supongamos que tienes la información de que la de la derecha tiene un diagnóstico de “trastorno mental” y la de la izquierda no tiene ningún tipo de diagnóstico.

¿Por qué calle seguirías?

No cabe duda de que el prejuicio hacia los problemas psicológicos es a veces más grave que los propios problemas psicológicos. Un ejemplo de ello son los interesantes y sorprendentes resultados de numerosos estudios realizados por la OMS que demuestran que la esquizofrenia tiene mejor pronóstico en países menos desarrollados que en los más desarrollados, paradójicamente aquellos que gozan de mejores tratamientos. Resulta que el porcentaje de remisiones completas es significativamente mayor en los países menos desarrollados, y esto teniendo en cuenta que en estos solo el 16% de los pacientes toma regularmente medicación antipsicótica, frente al 61% en occidente.

¿Cómo puede ser esto?

Por supuesto con este dato no estoy alentando a las personas a que abandonen su medicación, pero es cierto que hay factores psicosociales más importantes que la propia medicación, que están siendo determinantes en estos resultados. Algunos de los factores que se han asociado al mejor pronóstico de la esquizofrenia incluyen:

  • Que el diagnóstico no suponga una pérdida de los papeles sociales anteriores.
  • Que se pueda disfrutar de las características intrínsecas de las sociedades tradicionales como el apoyo social, el medio familiar, la pertenencia al grupo, la normal aceptación y mayor tolerancia de la persona enferma.
  • Que se viva en una sociedad con mayor apoyo comunitario general y menos individualista.

Es decir… menos estigma y más apoyo, menos medicación y más sentido de pertenencia y de valía.

Esto viene a corroborar lo que muchos psicólogos y algunos psiquiatras postulamos, y es que la tradicional visión biomédica de entender el origen de los trastornos psicológicos como algo genético o neurológico, olvidando el contexto vital en el que se han desarrollado, es una forma más de favorecer la estigmatización y la cronicidad. Es poner una etiqueta sin la posibilidad de poder despegarla.

Pero los prejuicios que tiene la sociedad acerca de la “enfermedad mental” no solo tienen que ver con el oscurantismo que la ha rodeado durante siglos y con las etiquetas, también con una flagrante falta de información sobre estos aspectos básico de la salud, con el uso sensacionalista que de ella se hace desde los medios de comunicación y con la asociación creada desde la gran pantalla y otras formas de comunicación y arte entre ciertos trastornos y la agresividad, violencia y asesinatos.

Cuando una persona con diabetes comete un asesinato, a nadie se le ocurriría subrayar que era diabético, sin embargo, vemos como normal que en las noticias se hagan apreciaciones del tipo de: “estaba pasando por una depresión, tomaba medicación psiquiátrica”, etc.

El hecho de que una persona con un trastorno mental cometa un acto de violencia grave no convierte a todas las personas con trastornos mentales en potencialmente peligrosas, de hecho, hay alrededor de 21 millones de personas en el mundo que han recibido un diagnóstico de esquizofrenia y 45 millones que conviven con el trastorno bipolar, sin embargo ¿Quién comete la mayor parte de asesinatos y/o violaciones? ¿Son personas con esquizofrenia o con bipolaridad?

Esos padres/madres que asesinan a sus propios hijos para hacer daño a su ex ¿son “enfermos mentales” ?, esos jóvenes que violan en grupo, ¿son “enfermos mentales” ?, esas personas que prenden fuego a indigentes o apalean a homosexuales, ¿son “enfermos mentales”?

¿Hay que estar “loco” para llevar a cabo esos comportamientos atroces?

¿Qué pensarías si te dijese, por poner un ejemplo, que la agresividad en pacientes de esquizofrenia es poco frecuente y, en contra de lo que pueda parecer, suelen ser ellos los agredidos?

¿Qué pensarías si te dijese que los “enfermos mentales” son más vulnerables ante el resto de población que la población “normal” ante ellos?

Demasiados prejuicios para algo que convive tan cerca de nosotros….

Cerca de 1.000 millones de personas en el mundo lidian con un trastorno de salud mental. La depresión es el problema de salud mental predominante en todo el mundo, seguido de la ansiedad, la esquizofrenia y el trastorno bipolar. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cuatro personas podría sufrir un trastorno mental a lo largo de su vida y el suicidio es la segunda causa de mortalidad entre jóvenes de 15 a 29 años en España.

Pero de todo esto es feo hablar… menos mal que esto va cambiando…

Sin ir más lejos, hace poco menos de un mes el mediático presentador y humorista Ángel Martín ha sacado un libro llamado “por si las voces vuelven”. En el narra, entre humor y seriedad, su experiencia después de haber sufrido un brote psicótico en 2017. Creo que hay que ser muy valiente para contar esto y creo que es muy importante que personas conocidas lo hagan. Supone humanizar el problema, ponerle voces y caras, en lugar de presentarlo como una estadística abstracta.

Nosotros, desde nuestra pequeña burbuja de influencia también podemos hacer cosas para que el estigma vaya desapareciendo. Te dejo algunas ideas por si te parecen interesantes:

  1. Infórmate un poco más sobre depresión, ansiedad u otros problemas psicológicos más severos. Hazlo en fuentes fiables.
  2. Intenta normalizar el acudir a un profesional de la salud psicológica. No esperes a estar muy mal, o a que otros lo estén, para pedir ayuda.
  3. Desecha la creencia errónea de que tu problema es un signo de debilidad personal o que deberías poder controlarla sin ayuda.
  4. Evita identificar a las personas con sus dolencias: “es depresivo”, “es bipolar” y en su caso utiliza expresiones como “tiene un diagnóstico de depresión” “convive con un problema de bipolaridad”.
  5. Abre el diálogo sobre salud mental con la gente joven de tu entorno y escucha sus puntos de vista.
  6. Posiciónate en público contra el estigma.

En definitiva, los prejuicios casi siempre provienen de una falta de comprensión o información más que de hechos reales y objetivos, así que informarte, reconocer que este es un problema de salud como cualquier otro, buscar ayuda cuando creas que la necesitas y ayudar a educar a otros, puede marcar una gran diferencia.

Por cierto… de la vergonzosa escasez de psicólogos en la red sanitaria publica ya si eso…hablamos en otro momento…

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