RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

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 LAS APARICIONES DEL FANTASMA DEL CURA FONSECA EN EL MOTRIL DE 1608

Manolo Domínguez -Historiador y Cronista Oficial de Motril-

Se ha escrito mucho en la literatura religiosa sobre el Purgatorio y de las almas en pena que allí se encuentran de manera transitoria por los pecados que han cometido las personas a lo largo de la vida; sus castigos no son eternos pero necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza.

Sin embargo, la idea del Purgatorio se haya también ligada a la propia responsabilidad individual, al libre albedrío del hombre, culpable por naturaleza en razón del pecado original, pero juzgado de acuerdo con los pecados cometidos a lo largo de la vida bajo su plena conciencia.

Aunque el culto a las ánimas se da ya en la Edad Media, es a partir del concilio de Trento (1545-1563) cuando se expande por toda Europa, en España especialmente, con la creación de hermandades, cofradías, capillas, retablos, pinturas, etc. A los fieles les empezó a preocupar mucho la idea de como salir del Purgatorio y conseguir la salvación definitiva y la Iglesia incidió en la necesidad de realizar determinados sufragios a favor del alma de los difuntos que podrían estar penando sus culpas en el Purgatorio. Los familiares y la comunidad cristiana debían rezar y decir misas para acortar el tiempo en que las almas permanecían en este estado. El más efectivo de todos los sufragios por las ánimas del Purgatorio era la misa, a mayor número de misas, menor sería en tiempo de condena; por eso inmensas cantidades de dinero a lo largo de la Edad Moderna se destinaron por particulares y cofradías a decir millones de misas por la alma de los difuntos e incluso en los propios testamentos se recogían miles de misas que habría que decir,  por si un caso el  testador fallecía con algunos pecados menores y su alma iba al Purgatorio.

Lógicamente los motrileños de esta época no fueron una excepción en este desmesurado temor a ir al Purgatorio y a incluir en sus testamentos las misas que creían necesarias para que ellos o sus familiares pudiesen penar lo menos posible.

Se funda una cofradía de las Ánimas Benditas en el siglo XVII y en casi todos los testamentos que conocemos de los motrileños de los siglos XVI al XVIII, se recogen las misas que se debían decir por el alma de los difuntos. Por ejemplo, entre otros muchos y en una fecha tan temprana como 1520, el alcaide Pedro Victoria pide en su  última voluntad que se le digan por su ánima y la de sus padres difuntos un “treintanario de misas cantadas” o Juliana Serrano que en 1725 dejó ordenado en su testamento que se dijeran por su ánima y de todos sus antepasados 1.000 misas. Solamente entre 1700 y 1730 se dijeron en nuestra ciudad  70.834 misas por las ánimas de los difuntos. Una enorme cantidad de misas y de recursos económicos invertidos en intentar acelerar al máximo el paso de las ánimas benditas por el Purgatorio.

Pero también las ánimas del Purgatorio tenían la capacidad de interactuar con sus parientes y descendientes vivos, es decir se creía que poseían la facultad para volver al mundo de los vivos y pedir alguna ayuda o pagar alguna deuda o exigir el cumplimiento de alguna manda, se aparecían a los vivos para advertirles  lo que iban a sufrir si no enmendaban sus pecados y para pedirles que rezaran por ellas.

Bula de Difuntos o de Ánimas…

En 1608 vivía en Motril Miguel de Valdeiglesias y García, era cajero en el ingenio de Lucas Palma, este personaje decía que los muertos se le aparecían con frecuencia y que tenía la facultad de hablar con ellos, pero no quería que nadie lo supiese. Uno de los que se le apareció fue el licenciado Fonseca, que había sido cura beneficiado de la Iglesia Mayor de la Encarnación y que, según parece, no fue muy querido en vida por los motrileños. Valdeiglesias afirmaba que el fantasma de Fonseca, que vivió en una casa de la calle Curucho, ya se le había presentado dos veces; la primera de una forma muy abominable y que le dio mucho terror verlo y no le quiso hablar y la segunda ya se le mostró con su forma normal en vida y que ahora le había hablado, contándole que andaba en “penas derramadas” y que estaba en el Purgatorio y que con él había otra persona muy conocida de Motril pero cuyo nombre no le quiso decir.

Asustado, el cajero, se lo contó  a dos mujeres amigas y una de ellas le dijo que si volvía a ver el fantasma del licenciado le preguntase si él o la otra persona de la que le había hablado necesitaban alguna cosa. A los tres o cuatro días retornó a  manifestársele espectro de Fonseca y le expresó que le estaba muy agradecido por el interés que se había tomado en ayudarlo y que, por favor, tomase una bula de ánimas en su memoria ya que estaba sufriendo mucho en el Purgatorio y eso le aliviaría y que buscase a una cierta persona para pedirle que no le echase más maldiciones y que le perdonase, por caridad, lo que le había hecho en vida. Porque si seguía maldiciéndolo estaría mucho más tiempo sufriendo y sin poder acceder al cielo. También le manifestó que el ánima del otro motrileño del que le había hablado, estaba penando mucho y que le faltaban solo cuatro años para entrar en la Gloria y que se le podía aligerar este tiempo con rezos y misas.

A final una de las mujeres denunció a Valdeiglesias a la Santa Inquisición en la visita que el inquisidor Juan de Salcedo realizó a Motril y a los otros pueblos de la costa y se le abrió proceso seguramente por hechicería. No conocemos como terminó el auto inquisitorial contra este personaje que podía ver muertos, pero seguramente no se le debió condenar a mucha pena porque en esta época estaba muy asumido que las ánimas se manifestaban con cierta asiduidad a los vivos, aunque la Iglesia siempre fue muy cautelosa, no negaba la apariciones de ánimas pero las restringía mucho a casos especiales.

Este es otro curioso episodio de nuestra intrahistoria local muy desconocida en estos aspectos de la historia de las creencias y mentalidades, ya que los documentos que se han conservado son muy escasos.

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