LOS CUENTOS DE CONCHA

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LOS AMIGOS DE LUCIA

CONCHA CASAS -Escritora-

Desde pequeña tuvo relación con ellos, de una manera tan natural y cotidiana, que no llegó a comentar nada con nadie, al igual que no comentaba si bostezaba, o reía.

Tendría diez años cuando lo hizo por primera y última vez. Y no fue porque ella lo provocase, sino porque le preguntaron.

Ocurrió en aquella ocasión en que jugando cayó por el tajo. Ellos la sacaron. Alguien vio lo ocurrido y lógicamente se formó el típico revuelo a su alrededor.

Ella estaba tranquila, no temía nada ya que no tenía nada que ocultar, ni nada extraño le había ocurrido que no le viniese ocurriendo desde siempre.

-¿Cómo lo hiciste? ¿cómo subiste desde el vacío?

-Ellos me sacaron- contestó con la mayor naturalidad

-¿Y quienes son ellos?- preguntaron sus interlocutores pensando que la pequeña había perdido el juicio

Cuando contestó, fue como si un huracán de proporciones titánicas se desatase a su alrededor. Primero fueron las visitas a un psicólogo tras otro Los cuchicheos a su espalda se convirtieron en algo tan común, que incluso llegó a olvidar qué los había provocado. Sus padres iniciaron una sistemática y continua vigilancia sobre la pobre Lucía, que no llegaba a entender bien cual era el origen de su delito. Y sobre todo, una consigna de silencio, no volver a mencionar nunca nada de aquello.

Así en su proceso evolutivo de integración de los valores sociales, la adiestraron tan bien, que terminó eliminándolos de su pensamiento y de sus recuerdos.

Cuando cumplió 16 años, ese mundo, su mundo, había desaparecido de ella.

Su primera juventud, como casi todos los miembros de su generación, la vivió entregada a los excesos, conoció entre vapores etílicos y densas humaredas, las pasiones propias de su edad, disfrutó del amor, del sexo, de la erótica del coqueteo, y se entregó en cuerpo y alma a la diversión. Nada delataba en ella que en otro tiempo pudiera tener compañeros de juegos tan diferentes.

Su vida transcurrió por los cauces normales, fue a la universidad, encontró su primer empleo, y tuvo su primera pareja estable con la que decidió iniciar una nueva vida.

Cada noche, antes de dormirse, Luis la besaba en la frente y le apartaba esos mechones que se empeñaban en taparle los ojos.

Había creado un mundo a su medida en el que se sentía cómoda y satisfecha. Y gracias a Luís, feliz.

Hasta que un fatídico sábado , un coche que venía en sentido contrario, se empotró literalmente contra el que en ellos viajaban.

La consciencia se escapó de ella. Desde un plano más elevado veía a sus padres desesperados cuidando su cuerpo lleno de tubos. Le hubiera gustado decirles que estaba bien, que no se preocupasen… pero ellos eran incapaces de oírla. En cambio ella sí los podía escuchar.

Hablaban de que era un milagro que hubiese sobrevivido, que el coche quedó convertido en chatarra y de Luís decían que quedó igual que el coche, que tuvieron que recogerlo con palas… sin embargo esas últimas palabras no llegaban a tener significado para ella, al menos mientras estuvo en ese estado de flotación, como luego  se referiría a él

Tras diez  días debatiéndose entre la vida y la muerte, una mañana un grito desgarrador alertó a todo el equipo de la UCI, corrieron hacia ella y se la encontraron desesperada arrancándose los tubos y llamando a Luis.

Había recuperado la consciencia y como en la peor de las pesadillas, la realidad la golpeó con toda su dureza. Esas palabras que escuchó mientras estuvo inconsciente, volvieron a ella para destrozarla por dentro mucho más de lo que estaba por fuera.

Se sumió en el silencio. Durante meses no habló ni mucho ni poco. Dormía casi todo el tiempo, cuando despertaba era tal el dolor que sentía, que cerraba los ojos y milagrosamente el sueño la protegía de nuevo contra la tortura.

Poco a poco, los periodos de vigilia fueron aumentando, su mente gritaba en silencio buscando respuestas que no encontraba. Necesitaba algo que explicase el absurdo de esa muerte tan a destiempo.

En su desesperación intentó recuperar viejas creencias, pero su cerebro no quería responder. Aún así insistió en ello, recuperó su antigua costumbre de hablar consigo misma, dándose todas las respuestas posibles. Tardó mucho tiempo, semanas, meses… Había momentos en los que por décimas de segundo, creía vislumbrar la luz de una respuesta, pero a pesar de lo familiar de la sensación, se le escapaba de las manos. Sin embargo cada vez era más certera y más duradera.

 Llegó un momento en que incluso llegó a sonreír cada vez que la sentía, tan placentera llegaba a resultarle.  Fue algo gradual, cada ver era mayor la sensación y más plena. Había veces que incluso se instalaba de lleno en su corazón. Poco a poco, recuerdos sepultados en su memoria bajo gruesas capas de realidad, fueron abriéndose paso haciéndole recuperar momentos inolvidables de su infancia. Al principio sonreía moviendo la cabeza espantando algo que incluso a ella misma le parecía irreal. Pero cada vez los recuerdos eran más nítidos. Incluso últimamente no eran los recuerdos los que llenaban sus sentidos, eran sensaciones tan reales… pero no. No podía aceptar algo que su razón le negaba con tanta fuerza. Durante algún tiempo se debatió entre la lógica y ese algo que cada vez cobraba más intensidad. Hasta que esa noche ocurrió. Cerró su libro y apagó la luz. Se puso de lado, desde que Luis faltaba se abrazaba a la almohada  buscando un calor imposible. Ese mechón cayó sobre sus ojos y no pudo evitar que las lágrimas acudieran a ella. Y entonces pasó. De repente el grueso musgo que se establece sobre los sueños olvidados, se esfumó. Como en una caricia, un beso se depositó sobre su frente y el mechón fue llevado a su lugar liberando así sus ojos y su corazón. Ya no tuvo dudas, sus amigos habían vuelto.

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