FAMILIA

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FAMILIA

GABRIEL HERAS…

Los profesionales sonreímos descreídos cuando alguien nos califica como héroes, máxime cuando los aplausos de antaño se han convertido en reproches algunas contadas y dolorosas ocasiones. Se lo aseguro: somos los primeros que no queremos restricciones, toques de queda ni confinamientos. Somos los primeros que queremos la antigua vida, que no sé si era muy normal pero nos gustaba mucho más que este baile de máscaras.

Para muchos de nosotros, los verdaderos héroes han sido las familias. Ellos han sufrido la horrible separación de sus seres queridos, el estar pendientes del hilo telefónico y sus miles de horas de angustia. Y nuestras propias familias, las de los profesionales, han acogido nuestros miedos, han respetado nuestras jornadas extenuantes y nos han dado la fuerza y el sostén necesario para trabajar al 200%. Tu familia no elige que tú seas personal sanitario, lo acepta con amor. Son en cierto modo víctimas colaterales de nuestra elección de vida. Y están y estarán en lo bueno y en lo malo, como todas las familias, si les dejamos.

De todas las nefastas consecuencias de la pandemia, para mí la peor fue la soledad. Una soledad pesada y angustiosa, no elegida. Muchos somos amantes de esos espacios de estar con uno mismo, pero la cosa varía si es impuesta. Como lo han sido las restricciones en el acompañamiento familiar no solo en los hospitales, también en todos los centros sociosanitarios. Nunca una prohibición ha generado tanto sufrimiento. ¿De verdad era necesario?

Hablar de vida es hablar de muerte, y sobre todo, es hablar de tiempo. Mucha gente no ha tenido ese tiempo para estar con sus seres queridos, en decisiones generalistas no basadas en la ciencia. Y las personas mayores recluidas en las residencias no tienen ese tiempo. Debería estar prohibido prohibir. Debería ser la norma la flexibilidad y la adaptabilidad, no la restricción. Por desgracia nos toca seguir preparándonos para lo que pueda venir, y la buena noticia es que estamos a tiempo de mejorar las cosas. Ya no hay déficits de los equipos de protección individual como ocurrió en la primera ola. Los rastreadores funcionan y se hacen pruebas de detección masiva en la población.

Hagamos las cosas basadas en la ciencia, no en el miedo. En breve saldrá publicado en The Lancet un artículo multicéntrico internacional promovido por Proyecto HU-CI que señala la presencia y participación de las familias en la UCI como una medida necesaria en la reducción del delirio. Las familias son compañeros en el cuidado, siempre fueron parte de nuestro equipo. Solo por el hecho de estar, ya están cuidando y por tanto, curando. Y además así tendrán una oportunidad de aprendizaje para cuando los pacientes vuelvan a casa. No tenemos nada que ocultar, tenemos mucho que enseñar. Dejemos que el amor de las salas de espera inunde nuestro día a día.

Todos estamos necesitados de ese amor.

Por Gabriel Heras

Jefe de Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Comarcal de Santa Ana.

Director de Proyecto HU-CI

(gabi@proyectohuci.com)

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