“NO, NO SOY GUAY»

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«NO, NO SOY GUAY»

MARÍA ROBLES, -Psicóloga Clínica
Co-directora en Essentia, Psicología y Bienestar-

Tengo la extraña costumbre de comer todos los días y también tengo la extraña costumbre de tomarme mi trabajo muy en serio. Es por esto que no hago terapia gratis en los bares ni doy consejos exprés en “un aquí te pillo y aquí te mato”, es por eso que no tolero que nadie de por hecho, que por la simple razón de “caernos bien”, le voy a pasar consulta mientras tomamos un café y es por eso que si me llamas o me escribes pidiéndome un consejo milagroso para una situación de la que no tengo ni la décima parte de los datos… no te lo voy a dar… entre otras cosas porque, para dar buenos consejos, ya están las madres y las abuelas….lo mío es otra cosa bastante más complicada. Una cosa es mi faceta amiga y otra cosa es mi faceta psicóloga. Si me llamas como psicóloga no te voy a hablar como una amiga y si me llamas como amiga no te voy a hablar como una psicóloga. Algunas personas que no “entienden” esto, me han dejado de saludar, o de seguir por las redes y sinceramente…me parece G E N I A L.

No tengo ninguna intención de que en mi epitafio💀ponga algo así como:
“MARÍA ROBLES FUE UNA PERSONA GUAY….DEDICÓ TODA SU VIDA A HACERLE LOS CAPRICHOS A TODO EL MUNDO Y POR ESO TODO EL MUNDO LA QUERÍA. DESCANSE EN PAZ…AHORA QUE PUEDE”
Sinceramente….no tengo la intención de que me quieran tanto…
Pero, oye, con todo lo chulilla que te pueda parecer😎, no siempre he sido así. Yo también tengo un pasado…y a mí también me costaba decir que no.
¿Qué cómo salí de ahí?
Verás, el truco está en entender que no se trata de que no sepas o no puedas decir que no….

  • A ver, por quinta vez…repita conmigo: “NO”.
  • ……” Si”
  • Uffff…lo siento, pero usted no tiene remedio…

Se trata de que NO TE APETECE sentir lo que sabes que vas a sentir al decir que no: ansiedad, vergüenza, culpa, etc.¿Te das cuenta? En realidad, no es una imposibilidad, es una elección. Tú decides decir que sí porque quieres estar cómodo, punto.
El problema es que sólo estás cómodo un rato, a largo plazo acabas achicharrado como el tío de la peli “Un día de furia” …un día te lías a tiros con todo el barrio y alguien dice por las noticias de las tres: “con lo bueno que era…no podemos entender lo que le ha pasado…”
Sinceramente, creo que el problema es que vivimos en una sociedad, en general, muy infantilizada. Los niños se comportan como bebés, los adolescentes como niños y los adultos como adolescentes.Creemos que podemos vivir en los mundos de yupi, esquivando eternamente el tener que pasar por sensaciones y emociones desagradables…y la verdad…es difícil construir una vida mínimamente madura con esta actitud.
En el mundo real, los adultos se miran a los ojos mientras sostienen su incomodidad, se toman su tiempo y tranquila y respetuosamente dicen lo que piensan…la primera vez puede que cueste, la siguiente también. Pero a partir de ahí, todo empieza a ir como la seda…TODO.
Da igual si la razón por la que te cuesta tanto decir lo que piensas es el miedo al rechazo, tu obsesiva necesidad de aprobación o el atascamiento cerebral que tienes de comer tantos bollos de pan con mantequilla y azúcar en la infancia…en serio…da igual. Deja de darle vueltas a las cosas porque la solución no está ahí, no está en la mente…está en la vida. O te mojas o no te mojas.
Si aún teniendo claro esto, hay alguna situación especialmente difícil para ti en la que te encuentras atascado, puedes practicar durante varios días seguidos el siguiente ejercicio: cierra los ojos, tómate tu tiempo para visualizar la escena en cuestión con todo lujo de detalles, intentando traer al presente las emociones y sensaciones desagradables que te va a generar. Observa cómo son esas sensaciones (¿nudo en la garganta?, ¿cosquilleo en la barriga?, ¿ligera presión en el pecho?…) Y ahora, imagínate “sosteniendo” esas sensaciones, es decir, imagínate actuando cómo quieres hacerlo, diciendo lo que quieres decir, aún con esas sensaciones en ti. Y una vez que te encuentres en la situación recuerda:Mira a los ojos de tu interlocutor y “observa” tus ganas de salir corriendo y terminar cuanto antes con la situación…y aún así…quédate. El premio es ganar en respeto y autoconfianza.

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