EL ÚLTIMO VIAJERO ROMÁNTICO

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LA VIGILIA DE COLÓN

IÑAKI RODRÍGUEZ -Escritor-

Sólo un loco como yo,

piensa que el mar es su vivienda.

Princesas me esperan

en lujosos palacios para quererlas.

En gigantescos castillos,

duquesas anhelan mi presencia.

¡Reinas rodeadas de almenas!

¡Cuellos envueltos en perlas!

Sin embargo, aquí faeno, en un océano que desespera.

Descubrí las Indias…

Con cien valientes marinos y tres carabelas.

Dicen que fui el más grande y alcancé las más altas metas.

De pronto apareció ella ¡La tormenta perfecta!

¡Arriar las velas marineros! ¡Despejar cubierta!

La Niña flotando parecía una muñeca.

Olas tremendas golpeaban sin cesar contra la madera.

Sólo pude arrodillarme y rezar.

Orar al cielo en medio del vendaval

e implorar a Dios clemencia.

Alcé los brazos en cruz.

La nao se movía como una marioneta.

El golpe al caer fue tan fuerte que sentí crujir el barco entero.

Pedí misericordia revolcándome en el suelo.

¡Misericordia señor! Vociferé con todas mi fuerzas…

Entonces sucedió que el mar se calmó

y alguien a bordo gritó: ¡España a estribor, Almirante!

Llenando a todos de una fe inconmensurable.

En la playa besé la arena y mientras,

la tripulación se despidió con mirada serena.

Anduve el hermoso caminito que lleva a Moguer

y  Santa Clara me abrió sus puertas.

Permanecí de rodillas, en oración,

dando gracias a Dios, un día y una noche entera.

Después de aquella vigilia,

salí a una pequeña huerta

y al alzar la vista y ver el muro

(que me separaba del resto del mundo)

dudé si todo fue verdad o tan sólo una quimera.       

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