La última salida del Coyote

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FRANCISCO GUARDIA MARTÍN

Nada puedo decir que el lector no conozca sobre Cátedra, la editorial que desde su fundación en 1997 nos viene ofreciendo lo mejor de la literatura en sus dos colecciones estrella: Letras Hispánicas -identificable por su tapa negra-  dedicada a los autores en lengua española y Letras Universales -tapa blanca- que comprende todos los restantes. Ahora ha tenido el acierto de lanzar una nueva colección: Letras Populares.

En un totum revolutum se confunden en el habla coloquial literatura popular, literatura de género, pulp y novelas de kiosco (desde hace años la expresión deja de valer pues en los kioscos podemos encontrar obras de Cervantes, Dostoievski y cualquier escritor mientras que han desaparecido -o casi- las antiguamente llamadas «novelas de a duro»). No voy a entrar en qué es lo que debemos llamar con propiedad «literatura popular» y particularmente, pues es lo que hoy me interesa, «novela popular», ya que hasta la presente lo que se está publicando en la colección antes citada son novelas. ¿Qué les parece si quedamos de acuerdo en que sería aquella en que predomina lo apasionante de la trama sobre cualquier planteamiento estético? Podía ser una definición tan artificiosa y chunga como cualquier otra.
Pues bien en la nueva colección, que viene  a ser la hermana menor de Letras Hispánicas y Letras Universales, nos viene ofreciendo Cátedra desde 2011 una selección de lo mejorcito de esa novela divertida que se lee con agrado sin necesidad de hacerla digerir con bicarbonato. Lecturas que encajan en lo que un eminente crítico literario y selecto degustador de letra impresa definió como «Libros contra el aburrimiento».
Tal como es tradición de la casa se trata de ediciones cuidadas en la traducción, con estudios preliminares a cargo de especialistas y notas cuando se consideran necesarias. Las esperanzas que el excelente resultado del número 1, «En las montañas de la locura» de H.P. Lovecraft, a cargo de Juan Antonio Molina Foix nos hizo concebir a los diletantes de una lectura en que aventura y fantasía van de la mano, no han quedado defraudadas con los títulos siguientes… hasta ahora.
Digo «hasta ahora» porque  una de su últimas entregas nos presenta, con motivo del centenario de su nacimiento, un ejemplo del buen hacer de José Mallorquí Figuerola, que aunque escribió novelas de ambiente deportivo, policiaco y hasta ciencia ficción (en su versión «space opera») es recordado en especial por las magníficas que nos dejó ambientadas en el Oeste, pero el resultado no es el que hubiéramos deseado.
Pienso que no exagero al afirmar que los años cuarenta del pasado siglo fueron la época dorada del pulp español, si no en cantidad -que no estaba la economía para alardes- al menos en la calidad de las series. Fue entonces cuando creó Mallorquí su personaje más conocido: El Coyote.
Como la serie en cuestión es de sobra conocida -excepto quizá por las generaciones más jóvenes – ya que ha sido objeto de distintas reediciones, no me entretengo en exponer de qué va la cosa. Recordar sólo que se trata de un Oeste con raíces hispanas y que el protagonista aunque inspirado externamente en el Zorro de Johnston McCulley y otros héroes literarios de doble vida como la Pimpinela Escarlata, puede considerarse también un epígono de los caballeros andantes al estilo de Amadís o Lancelot.
En España los autores de novela popular han sido pobremente valorados en comparación a los extranjeros -angloamericanos y franceses principalmente- por ese complejo cateto de considerar lo foráneo mejor a lo propio. Por fin una editorial «seria» apuesta por ellos, y aunque no es el primer caso en los pocos números de que hasta ahora consta la serie –ya figuraban Pilar Pedraza y José María Merino- nos alegra el reconocimiento a Mallorquí pues los otros por su condición de profesora universitaria y académico de la RAE respectivamente se alejan bastante  de la imagen ya evanescente del escritor a destajo para un público de escaso poder adquisitivo. Confiamos que esta edición de Cátedra sirva para contemplarlos con otros ojos.
Los libros de Letras Populares tienen unas dimensiones de 20 x 13 y el que hoy comento, que lleva el número 10 de la colección, tiene 428 páginas. Su título – «El Diablo en Los Ángeles. Don César de Echagüe. El Coyote»- engloba los de las dos entregas que incluye y el general de la serie.
Difícil tarea ha tenido el encargado de la edición al verse obligado a elegir dos episodios entre los 192 que escribió Mallorquí para Ediciones Clíper y seguro que habrá lectores que habrían preferido otros. Quizá haya más consenso con «Don César de Echague» que en la publicación primitiva aparecía clasificado fuera de numeración como «Extra Especial», con más páginas que ningún otro y por el que parece que el autor sentía una especial complacencia.
En el platillo positivo de la balanza hay que señalar los dos excelentes prólogos de César Mallorquí -hijo del escritor- y Luis Alberto de Cuenca así como la introducción de Ramón Charlo. En el negativo el descuido con que se ha efectuado la transcripción de los episodios. Para una vez que podemos leer a Mallorquí en buen papel y con una letra que no daña la vista, los errores -que no erratas- invaden las páginas. Parece como si se hubiera pagado mal al transcriptor y éste se hubiera vengado elaborando adrede un trabajo defectuoso en el que se alteran palabras (por ejemplo «también conocía a las mujeres» por «tan bien conocía a las mujeres», en página 136) y otras veces faltan adverbios y conjunciones lo que cambia el sentido de la frase, de manera que quien desee leer un texto tal como lo redactó el autor tendrá que volver a las viejas novelillas que guarda en el trastero. En cuanto a las notas las hay que pecan de farragosas y alguna francamente innecesaria como la número 6 de la segunda novela donde se nos explica en once líneas algo tan obvio como que «la siesta es una costumbre española consistente en dormir unos minutos después de almorzar».

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