Con él llegó el escándalo (A Pepe Molina Navarrete)

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Por FULGENCIO SPA CORTÉS

 

 

El 28 de Octubre del 1979, con el mismo titulo publique este artículo ante el nombramiento de alcalde de Motril de José Molina Navarrete. El día 11 de Mayo de 2011 falleció. Su multitudinario entierro reflejó de la calidad de alcalde y persona que fue. Mi sentido pésame.

La envidia se viste de gala, como corresponde el momento, se monta en la espada de la broma y desde su farándula se pone a herir a los triunfadores. Con frecuencia cabalga sobre el chiste, la caricatura o el ingenio para derramar su veneno y se marcha guardándose el frasco con su graciosa coartada.

Esta «virtud» se presenta de forma solapada y se convierte en cuerpo opaco difícil de distinguir su luz. Como nacida del pueblo tiene todas las facetas humanas y se manifiesta según cultura, posición, albedrío y otras. «Lo han puesto para servir a los mismos…» «Donde menos se piensa salta la liebre…» «Mucho arroz para un pollo…» «Cada pueblo tiene lo que se merece…» «No tiene talla social…» «Mucho barco para poca vela…» «No tiene estudios…» «Puede ser el mejor…».

Se levantó el telón. En escena los intérpretes nos rasgamos las vestiduras, derramamos el frasco del veneno y nos sentimos aliviados porque al profeta le hemos hecho justicia dejándolo malherido. ¿Quiénes hemos sido…? Los patriotas, los amantes del escalafón, los conservadores, los cultos y la masa que hoy nos sonreímos desde nuestras almenas de hipocresía.

¿Quiénes se sonríen…?: Las castas rancias que desde su alcurnia no fueron capaces de servir a nadie por si en el empeño perdían fama y herencia. La «nueva nobleza» que disfruta de riqueza fresca y pergaminos recién barnizados. La cultura sofisticada que sólo tiene tiempo de almacenar conocimientos. Los muleros y regadores porque creen que has dejado de ser su compañero. Sí Pepe, porque ten han nombrado alcalde de tu pueblo; se sonríen y critican en los Círculos y junto a las veredas. Los unos porque los has alcanzado, los otros porque ya no te podrán alcanzar. Pero entre estas escalas hay hombres que entienden bien el refrán de «A quien madruga Dios le ayuda…». Los que nos han olvidado que vistes muchas veces el alba para ayudar a los demás. Y que pisaste muchas veces la tierra con rocío, para sembrar temprano simpatía, dinamismo y servicio. Están los que no han olvidado que «el camino se hace al andar…» y que tú hiciste andando con tu macuto sin libros, pero con las mochilas llenas de sonrisas. Están los hombres que saben del valer de los hombres que les ha dado mucho el sol en la cara, pues en su campechanería llevan la ciencia y el saber natural.

Me gustaría poder coger las gotas de veneno y guardarlas en el frasco. Me gustaría poder enfundar mi espada farandulera. Me gustaría encarcelar a la broma.

Y todo esto me gustaría por un hombre llano del pueblo y por el pueblo llano.

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