RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

✍Manuel Domínguez García

Cronista Oficial de la ciudad de Motril

UN PROYECTO DE NUEVOS REGADÍOS EN EL MOTRIL DE MEDIADOS DEL SIGLO XVII

Manolo Domínguez García -Historiador-

Entre las grandes aspiraciones de los motrileños a lo largo su historia en la Edad Moderna, tenemos que destacar el mantenimiento y la ampliación del espacio agrícola que se consiguió poniendo en cultivo amplias zonas de la vega que eran montuosas y colmatando las zonas inundadas y pantanosas, creado un sistema de conducción de agua para poner en regadío en máximo posible del territorio del término de Motril.

La única red hidrográfica de importancia que pasa los límites del término municipal y surte a la población y a la vega con sus aguas es el río Guadalfeo y los motrileños, desde hace siglos, han intentado y logrado, no sin dificultades; el aprovechamiento adecuado de las aguas de este río, construyendo un método de regadío artificial que cubriese la carencia en precipitaciones y que permitió mantener el desarrollo agrícola motrileño.

El agua del Guadalfeo se lleva desde tiempo inmemorial a la vega agrícola por medio de acequias y se distribuye por toda ella mediante una red muy irregular de pequeños canales y balates, fertilizando una tierra que de otra manera hubiese sido de una bastante más baja productividad agrícola y, seguramente antes de la construcción  de este sistema de regadío, sólo serían regables zonas de las orillas de río con lo que el poblamiento debió ser muy escaso, pudiéndose afirmar que el desarrollo poblacional y económico de Motril estuvo muy ligado a la creación de las acequias para conducir el agua a toda la planicie litoral, hasta entonces escasamente productiva desde el punto de vista agrícola, por lo que el agua y las obras hidráulicas se convirtieron en una de las grandes preocupaciones de generaciones de motrileños, que realizaron un enorme esfuerzo por aprovecharla convenientemente y por mantener las acequias y balates y así asegurar su persistencia en el tiempo.

La construcción inicial de la Acequia Principal parece muy antigua, remontándose con seguridad a época musulmana, Iniciaba su trayecto en una presa de derivación o azud construida con troncos y mampostería en el azud del Vínculo en las cercanías del Tajo de los Vados y proseguía su curso faldeando los montes del Magdalite en dirección S-SE, regando la pequeña vega de la alquería de Pataura y continuaba atravesando la llanura aluvial por su borde Norte junto al núcleo urbano siendo al principio su longitud más corta, puesto que desembocaría hasta el último tercio del siglo XVI por la pucha de Monfoto en la rambla de los Álamos. A finales de los años 80 de este siglo, siendo alcalde mayor el licenciado Salguero Manosalbas, se amplió hasta Torrenueva y se puso en cultivo cañero el gran pago Paterna; antes dedicado a olivos, higueras, viñas, panizos y prados.

Las vegas de regadío de Motril en el siglo XVIII.

El trazado de la acequia principal también hubo que modificarlo en 1686 en la zona de Panata y Pataura elevándola a una cota superior e introduciéndola más hacia las laderas de los montes, debido a que se había variado la madre del rio por las avenidas y se cegaba el canal.

Existían, además, dos acequias, derivaciones de la Principal, eran las denominadas Acequia Chica y Acequia Vieja o del Deire. El agua de la primera se tomaba originariamente de la Acequia Principal en las cercanías de la alquería de Pataura y recorría el pago de Minasierra en una cota más elevada que la Principal, hasta las inmediaciones de la huerta de San Francisco, próxima a la Casa de la Palma, donde volvían a unirse. En el siglo XVIII también este canal había variado su trazado y ahora tomaba sus aguas de la Principal pero en la zona de Santa Isabel próxima al pago de los Bates, variación que con toda probabilidad, se haría también como consecuencia del nuevo trazado de la Acequia Principal en 1686. De esta Acequia Chica partía, embovedada, una más pequeña que, desde las proximidades la ermita de San Sebastián, llegaba a la Huerta del Cenador donde se volvía a unirse mediante un pequeño acueducto, denominado Arco del Cenador, a la Principal. También otra pequeña acequia llamada “Sangraderilla”, derivación también de la Principal, regaba la zona norte del pago de las Fuentes.

En cuanto a la Acequia Vieja o del Deire, su origen también parece datar de época musulmana y recibía el nombre de Acequia de Motaihanit. Poseemos muy pocos datos sobre su trazado y zona de distribución de aguas, aunque conocemos que en el siglo XVI tomaba sus aguas de la Principal en la pucha de Monfoto y que irrigaba algunas tierras de la zona de levante de la villa que quedaban fuera de la zona regable, hasta desembocar en la Rambla del Puntalón. En algún momento que no conocemos del siglo XVI esta acequia dejó de usarse, hasta que por los años de 1703 o 1704 el conde de Bornos solicitó al Concejo de Motril que se le permitiese abrir de nuevo esta acequia para poner en regadío unos mil marjales de su propiedad en el pago del Deire, autorizándosele por la Junta de Aguas que abriese un ojo con el diámetro de un octavode vara castellanaen la en la pucha de Monfoto de la Acequia Principal.

Además de estas acequias que existían en el siglo XVIII, habían desaparecido la acequia vieja de Pataura y otra antigua acequia que debía tomar aguas en la Principal en algún lugar que desconocemos por encima del molino de Beas en las cercanías de los Bates y que llegaba, embovedada, hasta Motril y que se unía finalmente con la Acequia Principal en la zona del puente de Castil de Ferro al final de la calle de la Muralla. En 1611 algunos vecinos pedían al Concejo que se volviese a sacar este ramal de la acequia por encima del molino de Beas detrás de un monte y que se trajese por alcantarilla hasta la parte alta de la ermita de San Roque, hoy iglesia del Carmen, donde se podía hacer un arca y otra junto a la plaza de la villa y mediante cañerías se pudiese repartir a las casas. El Concejo lo concedió  con la condición que solo se utilizase para el servicio de casas e ingenios azucareros y no para riegos.

Motril desde el norte en los años 50 del siglo XX.

A mediados del siglo XVI se considera que la vega cultivable era de 15.000 marjales.  En 1630 conocemos la extensión de las tierras de cultivo motrileñas con motivo de una información realizada por el contador Juan de Hervás al Consejo de Hacienda. Según este contador las tierras de regadío eran de 22.886 marjales y 35.308 marjales de secano.

De todas maneras, la extensión de la zona pantanosa no aprovechable para el uso agrícola debió ser considerable. En 1575 había dos grandes albuferas situadas a ambos lados de la desembocadura del río, ocupando gran parte de los pagos de la Algaida, Trafarramal y Rioseco. Había, además, otra gran zona pantanosa entre la desembocadura de la rambla de las Brujas, llamado pago del Habul en época musulmana, y el pago de Balabarca en las cercanías del Guadalfeo y prácticamente todo el sur de la vega entre el camino de Patria y el mar estaba en la misma situación.

Parte de estas zonas inundadas se colmataron entre 1600 y 1790 debido al cultivo cañero y a las avenidas del río y ramblas que se hicieron casi continuas motivadas por el aumento de las precipitaciones en la segunda mitad del siglo XVIII, que inutilizaron no menos de 5.000 marjales de tierras de labor en la vega de Pataura y suroeste de la de Motril, manteniendo una gran mancha pantanosa en el pago del Jaúl muy difícil de colmatar y cuya desecación no se realizó hasta la segunda mitad del actual siglo XX.

Pero además, existía una importante zona llana o de suave pendiente a un nivel más elevado que el dominado por la Acequia Principal, que hizo pensar a los motrileños de la época, que se podría ampliar con el riego adecuado otras nuevas 2.000 hectáreas situadas al norte y este de la ciudad, consideradas como tierras de secano.

Este fue un proyecto largamente meditado por todos los motrileños a lo largo de tiempo, que veían en esas tierras la posibilidad de ampliar el cultivo de la caña al ser zonas resguardadas y poco sometidas a los fríos vientos de norte.

Además, existía la posibilidad, prolongando aún más la Acequia Principal, de poner en cultivo los llanos de Carchuna que eran muy poco productivos por la falta de agua.

En 1647 es presentado ante el Consejo Real de Hacienda, un proyecto firmado por Pedro Jurado, vecino de Córdoba, y otros señores que formaban compañía, en el que mostraban su intención de poner en regadío una amplia zona de terrenos al norte y al este de Motril.

El proyecto consistía en construir dos nuevas acequias más elevadas que la existente y tomando el agua del río Guadalfeo, llevarla hasta estos terrenos.

 Una de las acequias serviría para poner en cultivo de regadío una gran extensión de tierras al norte y levante de la población, que hasta entonces eran improductivas hasta tal punto que un “cortijo de noventa fanegas solo renta catorce reales”. El cultivo pensado para esta nueva zona de regadío era por supuesto, en una época de gran auge azucarero, la caña de azúcar

La otra acequia tendría el objetivo de llevar agua a los llanos de Carchuna, para lo cual tendrían que hacer “una mina de más de mil baras de largo”, poniendo en regadío y cultivo de cañas, una enorme extensión de tierras que nada producían y que eran refugio, durante el verano, de piratas berberiscos.

Como las sumas de dinero para la realización de estos proyectos eran tan grandes, los citados señores, solicitaban de la Corona que le concediese una serie de privilegios y franquezas, con el fin de poder recuperar, aunque fuese a largo plazo, la inversión realizada. Pedían la propiedad del aprovechamiento de las aguas de las dos acequias que se sacasen del rio, imposición de censos o hipotecas perpetuas a los labradores que fuesen los propietarios de las nuevas tierras en regadío, que el rey les concediese las tierras baldías que pudiesen ser regadas y libertad durante 30 años de pagar impuestos y derechos reales.

Conocida la petición por el Consejo de Hacienda, se envía al Ayuntamiento de Motril una real provisión en la que se explica al cabildo lo propuesto por Pedro Jurado y se le ordena que reúna a los interesados en el proyecto para que remitan un informe sobre la utilidad que tendría para la población este nuevo plan de regadíos.

Rápidamente la Diputación de Aguas de Motril que era  la institución que tenía el control sobre la acequia y los riegos, presentó recurso ante el Consejo de Castilla, alegando que ella era la única que tenía real facultad para el aprovechamiento de la aguas del Guadalfeo y que solamente a ella, se le podría autorizar la construcción de nuevas acequias.

Los Llanos de Carchuna a mediados del siglo XX.

Por otro lado, el Consejo de Hacienda no estimó lo suficientemente rentables los impuestos que percibiría la Corona al ampliar la zona de nuevos regadíos en Motril y presionó al Concejo de Castilla para que no se le concediese licencia a la compañía representada por Pedro Jurado para hacer las obras.

Con el paso del tiempo el proyecto cayó en el olvido  y unos años después ya nadie lo recordaba. De este propósito en el siglo XVII de ampliar regadíos de Motril y llevar agua a Carchuna, solo queda constancia porque la real provisión que citamos, se encuentra copiada en el libro de cabildos de 1648 que se conserva en el Archivo Municipal.

La idea la volvió a recoger el gobernador político y militar de la ciudad Jaime Moreno en 1804 y en 1899 lo intentó el empresario Emilio Moré, pero ninguno de los dos tuvieron éxito.

Con la construcción de los nuevos regadíos en la segunda mitad del siglo XX, se  hizo una nueva acequia que permitió poner nuevas tierras en cultivo y se llevó el agua hasta Carchuna. Prácticamente el mismo planteamiento que había hecho en 1647 Pedro Jurado, nada más que tres siglos más tarde.

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