✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 1 de febrero de 2026
En el XLVIII aniversario del fallecimiento de Jorge Cafrune, cantor del pueblo argentino
Hoy domingo, 1 de febrero, festividad de San Cecilio, mártir y primer obispo de Ilíberis y Patrón de Granada y su archidiócesis (siglo I), en la que ya es quinta semana de 2026, se cumplen 48 años (miércoles, 1978) del fallecimiento en Pacheco (Buenos Aires, Argentina) de Jorge Cafrune (Jorge Antonio Cafrune Herrera, apodado “El Turco”, 1937 – 1978), el cantor del pueblo argentino. Una de las personalidades más magnéticas del folclore y el trovador que popularizó canciones como la «Zamba de mi esperanza”; «Virgen india», «Mi luna cautiva», «Santafesino de veras», «Chiquillada», «No te puedo olvidar», “Hombre con H” y «Resolana».

Antecedentes
Desde 1973, Cafrune disfruta de gran proyección internacional. Ha tocado en escenarios de prestigio como el “Carnegie Hall” y el “Lincoln Center” de Nueva York. Con la guitarra y las zambas ha dado prácticamente la vuelta al mundo llegando hasta el África y Medio Oriente. El control del repertorio y la persecución a los cantantes en Argentina comienza durante la presidencia de Isabel Perón (María Estela Martínez Cartas de Perón, 1931) en 1974, donde la “Triple A” ejerce un poder siniestro. A partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la aplicación de la censura a cantantes y canciones se cumple a rajatabla.
El contenido político de buena parte del repertorio de Cafrune, el magnetismo que ejerce su figura entre la juventud de la época, su conocida adhesión al peronismo y la frase que dijo José López Rega (1916 – 1989) en 1973: “Cafrune es más peligroso con una guitarra que un ejército con armas”, es una señal de alarma para la dictadura militar, que busca socavar todo espíritu de libertad.

Vive en la localidad madrileña de Loeches junto a su nueva pareja, la joven Lourdes López Garzón. Visita a su familia, que vive en Santa Fe. Su hija, Yamila, recuerda que “Mis padres estaban ya separados. Él había formado otra familia con su segunda compañera, Lourdes, con la que había tenido a Juan Facundo y Macarena. Estuvo apenas unas horas. Fue la última vez que lo vi”.
Después, vuelve a Buenos Aires para preparar lo que va a ser una gira épica a caballo. Viajar hasta Yapeyú, (Corrientes), para conmemorar el bicentenario del nacimiento del General San Martín (José Francisco de San Martín y Matorras, 1778 – 1850), “Libertador de la Argentina, Chile y Perú”, recorriendo unos 750 kilómetros en 25 etapas, lo que importa unos 35 km por día: “La significación de este homenaje surge cuando yo me entero que van a reunirse en Yapeyú ocho o diez mil hombres de a caballo de todo el país. Llevarán sus caballos en camiones, y entonces yo inmediatamente me dije: Pues yo voy a ir en caballo, ya que tengo el tiempo y tremendo gusto…”. Tiene pensado actuar en los pequeños poblados mientras realiza su gira hasta Yapeyú.

Inicio de su última Gira
El martes, 31 de enero de 1978, acude a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Lleva consigo un pequeño cofre de madera que contiene tierra de Boulogne Sur Mer, la ciudad francesa donde falleció el General San Martín. Va acompañado de su compadre Fermín José “Fino o Chiquito” Gutiérrez.
En la Capilla de Nuestra Señora de la Paz, presentan sus respetos ante el mausoleo (1880) que contiene los restos del Libertador, obra del escultor francés Albert-Ernest Carrier-Belleuse (1824 – 1887). A las 11 de la mañana y luego de escuchar una oración y recibir la bendición de Monseñor Daniel José Keegan (1929 – 2007), rector de la Catedral, inician su gira a caballo desde la bonaerense Plaza de Mayo. Jorge, que lleva en su regazo a su hijo Juan Facundo, de casi 2 años, monta un caballo bayo de gran alzada, de nombre “Quebracho”. Su compadre, un alazán oscuro. En la logística de la gira van a utilizar un coche de apoyo, un Chevrolet, conducido por el empresario hostelero Pedro Vallier y en el que también viaja Lourdes López Garzón, la compañera sentimental de Cafrune que está embarazada de 8 meses de su hija Macarena, y su hijo Juan Facundo.

Ésta primera etapa va a finalizar en Belén de Escobar, en el “Rancho de Don Pedro”, propiedad de Vallier y famoso por su “Pollo al Barro”. Durante 10 kilómetros los acompañan otros jinetes de Centros Tradicionalistas del “Círculo Criollo El Rodeo”, de El Palomar. Después siguen solos por el arcén de la Ruta Provincial 27. Se detienen en un bar de carretera, una parrilla asador, donde han quedado con Pedro y Lourdes para comer juntos. Es la última vez que van a ver con vida a Jorge. Se despiden. Pedro y Lourdes van en el Chevrolet hacia Escobar. Jorge y Fermín, continúan por la Ruta Provincial 27 hacia la barrera de Benavidez.
El cielo se ha cerrado completamente pero no llueve. Aprieta el calor y la oscuridad es casi total. Encendé el farol -pide Jorge a su compadre. “Fino” Gutiérrez saca de sus alforjas un farolito de mecha y lo enciende sin detener el caballo. Cada vez que en la distancia brillan los faros de un automóvil, Gutiérrez alza el farol y lo mueve, de un lado al otro, para señalar la presencia de los dos jinetes en el camino.

El “Accidente” mortal
Al llegar al cruce de la Ruta Provincial 27 con la calle Tirso de Molina en General Pacheco, una camioneta, marca Dodge modelo 1977, conducida por el joven Héctor Emilio Díaz, de 19 años de edad, embiste por la parte trasera al caballo de “Fino” Gutiérrez, que cae sobre el capó del vehículo y rueda sobre el asfalto aturdido, pero ileso y, después, golpea el costado izquierdo del caballo de Jorge. Éste sale despedido unos 20 metros, golpea duramente contra el asfalto y queda malherido, pero sin perder el sentido. “Fino” Gutiérrez corre hacia él y Jorge, con un hilo de voz, le dice: Me muero, hermano. Cuídame al hijo.
El Libro de Guardia del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Benavidez dice, en la hoja del martes 31 de enero: “A las 21.15 se presenta en este cuartel el señor Kombolá para avisar que en la ruta 27 se había producido un accidente del que habían resultado heridas dos personas. Inmediatamente sale hacia el lugar una dotación a cargo de Julio César Nery e integrada por los voluntarios Carlos Grande, Ricardo Cóppola y Carlos Rivadaneira, acompañados de algunos colaboradores”.

Cuando llegan los Bomberos al lugar del accidente, Jorge está acompañado por “Fino” Gutiérrez y los miembros de la familia Ruiz, que viven en una casa cercana. Deciden llevar a Jorge a la casa del doctor Eduardo Mocoroa, que vive en la calle Pacheco de Benavidez, para que le preste los primeros auxilios. El médico diagnostica (21:45): “Fuerte shock. Presión muy baja. Evidente traumatismo cerrado de tórax”. Le aplica un analgésico intramuscular y aconseja trasladarlo, inmediatamente, al Hospital Municipal de Tigre. Durante el traslado al Hospital, Jorge pierde el conocimiento. Cuando llegan (23:00), los médicos diagnostican: “Traumatismo de cráneo, traumatismos varios de tórax y deficiencia respiratoria”. Urge operarlo, pero no pueden hacerlo allí porque no disponen de neurocirujano ni de especialista en pulmón. Con 10 costillas rotas e incrustadas en el pulmón izquierdo, serias heridas internas en el abdomen y el cráneo dañado, Jorge es trasladado en una ambulancia desde Hospital Municipal de Tigre hacia el Hospital Especializado en Agudos y Crónicos “Dr. Antonio A. Cetrángolo”, de Vicente López. Según Roberto R. Córdoba, chofer de la ambulancia del Hospital de Tigre, “Iban tres médicos con él. Al pasar por la comisaría de Tigre, para obviar los trámites policiales, un agente subió a mi lado en la ambulancia y nos acompañó en el viaje. Cafrune estaba totalmente inconsciente. A la altura de la Panamericana y la calle San Lorenzo los médicos me avisaron que había entrado en coma. Llegamos a destino y en la guardia del Hospital comprobaron que había muerto. Pusimos otra vez su cuerpo en la ambulancia y volvimos a Tigre para dejarlo en la morgue del Hospital. Eso fue todo”.
Jorge Antonio Cafrune Herrera, apodado “El Turco”, tiene 40 años de edad. Lourdes López Garzón y su hijo, llegan al hospital donde fueron trasladados sus restos mortales. Dolor y estupor por la noticia en todo el país. La “causa oficial”: “muerte en accidente”. El conductor de la camioneta, un joven de 19 años, se entregó al otro día del accidente, acompañado por su padre que había realizado trabajos para el Ministerio de Bienestar Social dirigido por López Rega. No se tomó en cuenta que huyó del lugar de la escena. Al ser menor de edad fue absuelto, luego que declarara que los caballos iban sobre la calzada.

El “accidente” de Jorge Cafrune, genera dudas y empieza a crecer el mito. En uno de los capítulos del libro “¿Quién mató a Cafrune? Crónica de la muerte de la canción militante”, de la escritora e investigadora Jimena Néspolo (Buenos Aires, 1973 – Editorial Tinta Limón, 2018) asegura: “Fue una muerte política, y no un mero accidente de tránsito. Eso supone pensar el «mito» o la «leyenda», o ese magma de significaciones que rodearon a su muerte y que con fervor fueron creídas por sus seguidores, sobre un sustrato cierto de verdad. Alguien podrá decir, u objetar, que mi crónica inyecta en la era de la «Posverdad» una dosis de su propia medicina… y puede que no se equivoque. En todo caso, mi investigación se asienta sobre un imperativo ético y moral: no nos podemos permitir, como sociedad, desoír testimonios de víctimas del terrorismo de Estado”.

Colofón
Yamila, Victoria, Zorayda Delfina y Eva Encarnación Cafrune Gallardo son hijas del matrimonio entre Jorge Cafrune y Marcelina Amalia Gallardo. Yamila recibió ese nombre en homenaje a Djamila, se pronuncia Yamila, Boupacha, heroína de la revolución argelina contra el opresor francés; Victoria a la esposa del caudillo federal Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza; Zorayda Delfina a la mujer del caudillo entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez, y Eva Encarnación fue llamada Eva por Eva María Duarte de Perón, y Encarnación por la esposa de Juan Manuel de Rosas.

Casado en segundas nupcias con Lourdes López Garzón, Cafrune tuvo a su primer hijo varón, Juan Facundo, bautizado así en honor a Facundo Quiroga. Y, finalmente, a Macarena. El 28 de marzo de 1978 nace Macarena López, a quien luego se le reconoce el derecho de llevar el apellido Cafrune. Cuentan que Jorge pretendía bautizarla con el nombre de Nadima Matilde, en honor a su abuela y a su madre, pero que Lourdes le puso Macarena porque Jorge quería hacer una visita a ese santuario sevillano.
Yamila Cafrune Gallardo afirma que “Creo que un cantor popular como era él no querría nunca otro reconocimiento que el que le da el pueblo. Y eso lo tiene, de punta a punta del país: pueblo al que voy, pueblo en el que la gente me habla de él. No sé si le hubiera gustado tener un monumento o algo así, lo que sé es que lo hubiera hecho feliz saber que la gente lo recuerda y lo reconoce. Esa gente que lo escucha a las cinco de la mañana tomando un mate o en el tractor, porque ahora se puede poner CD, Spotify y todas esas cosas. Una vez, mientras hacía Cafruneando en un pueblo de 1700 habitantes, terminé de cantar “El orejano”, célebre canción de Jorge Cafrune, y, en lugar de aplaudir, se levantaron tres paisanos, se sacaron el sombrero y se lo pusieron en el pecho en señal de respeto. Ese es el reconocimiento del que mi papi diría: “Esto es lo que yo quise”.

La de Jorge Cafrune es una voz que vuelve una y otra vez, que no ha podido acallar el tiempo ni siquiera el olvido de la muerte. Por mi parte, ocupa en mi memoria un lugar muy especial, aquel cantor gaucho, de pobladas barbas y sonrisa en la cara, de letras hondas y sentidas…





