✍Domingo A. López Fernández
Cronista Oficial de la ciudad de Motril
Historiador, colaborador de EL FARO y motrileñista de pro en su querencia a la ciudad

En la mañana del pasado sábado, 3 de enero de 2026, fallecía en la ciudad de Estepona el historiador Francisco Guardia Martín, colaborador que fue de EL FARO, medio en el que dejó buena huella de los trabajos de investigación que llevó a cabo y que fueron publicados en la sección de “Recuerdos del Motril que fue”. Tras la supresión de la edición en papel, Francisco Guardia continuó su colaboración en EL FARO DIGITAL, esta vez en una sección propia que llevaba por título “Finis Africae”, y que el mismo adopta para parangonarle con la biblioteca secreta que el escritor Umberto Eco cita en su novela “El nombre de la Rosa”. Un canto, desde luego, a su gran afición a la lectura, pues su casa era, salvando distancias, otra biblioteca en pequeño.
Francisco Guardia contaba 87 años de edad y ya menudeaban sus aportaciones históricas y de actualidad en su perfil de Facebook, aunque últimamente se encontraba trabajando en la obra de Manuel Rodríguez Martín, el cronista oficial de Motril fallecido en la ciudad de San Fernando (Cádiz) el día 29 de enero de 1914. En su labor investigadora supo localizar su legado, que pudo adquirir en un anticuario de la ciudad de Barcelona del que forman parte numerosas obras escritas que por el momento no han llegado hasta nosotros.
Nacido ocasionalmente en la localidad de Cuevas de Almanzora (Almería), Francisco Guardia siempre se consideró motrileño de adopción, pues toda su infancia y parte de la adolescencia la pasó en nuestra ciudad, donde tuvo grandes amigos y realizó sus estudios primarios. Tras su jubilación, Francisco Guardia fijó su residencia en la ciudad de Estepona, desde donde habitualmente, varias veces al año, visitaba Motril y recreaba su memoria en las céntricas calles de la localidad en las que jugaba de pequeño con los amigos de su época.
Como ha quedado expresado, Francisco Guardia nace en la localidad de Cuevas de Almanzora el día 28 de marzo 1938, localidad en la que su padre ejerce como carabinero en el control y guardia de la línea de costa. Nace en el seno del matrimonio que han establecido Manuel Guardia Molina, natural de Motril, y Elvira Martín Gómez, natural de Salobreña, siendo Francisco el menor de los cuatro hijos habidos de esa unión que encabeza el mayor, Manuel, y al que siguen Salvador y Elvira.

Manuel Guardia Molina, fue un claro ejemplo de lo que significa amor al cuerpo de carabineros, pasión que trasmitirá a sus hijos cuando el cuerpo quede unificado en el mes de marzo de 1940 con el de la Guardia Civil. Siendo un niño, con 12 años, Manuel había ingresado en el colegio de educandos de dicho instituto el día 1 de julio de 1900 sin derecho a abono de ninguna clase. El 11 de marzo de 1901 continúa en el mismo establecimiento en calidad de carabinero de infantería, donde permanece hasta finales de junio de 1903. Su primer destino será la comandancia de Granada, donde queda adscrito hasta final de octubre de 1908, alcanzando entonces el rango de cabo y desde donde irá rotando por distintas comandancias, a la vez que asciende en graduación. Así es elevado al cargo de sargento en el mes de mayo de 1919, al empleo de suboficial con antigüedad de 1 de noviembre de 1924, al de alférez por promoción en mayo de 1926 y, tras el cambio de régimen de monarquía a república, será en julio de 1931 cuando logre la graduación de alférez de la escala activa del cuerpo por su fusión de la reserva. Será en marzo de 1933 cuando ascienda al cargo de teniente del cuerpo por antigüedad. Tras su destino en Algeciras volverá a depender de la comandancia de Granada, siendo trasladado a la 8ª comandancia a final de julio de 1937 y, poco tiempo después, pasará a la comandancia de Almería.
Al momento del nacimiento de Francisco Guardia, Manuel está presente en el puesto de Cuevas de Almanzora, del que va a ser separado del servicio acusado de desafección al régimen,por lo que obligatoriamente ha de presentarse en la comandancia de Almería, donde queda anulada su ficha militar. Un amigo de izquierdas le comunica que hay un sector revolucionario que lo va a detener por su filiación de carabinero, por lo que le pedirá que le traslade hasta La Mamola, su anterior destino, donde gozaba de grandes amistades que podrían preservar su seguridad. Por la peligrosidad de esta zona que es frontera con la del bando nacional, dicho amigo le dice que solo podría llevarle hasta la capital almeriense. Allí llegará con su familia y venderá algunos enseres para sobrevivir, aunque pasado un tiempo pudo alquilar unos carros que le trasladan definitivamente a La Mamola. Posteriormente, acabada la guerra civil, será depurado por un tribunal militar, siendo defendido por un abogado en Sevilla que le libra de los cargos y consigue que el gobierno le reconozca toda la paga atrasada a partir de su separación del servicio.
Manuel Guardia pasa en pocos meses a la reserva y marchará a Motril, donde establece su domicilio en la calle Milanesa, casa cuya fachada sigue actualmente igual que cuando la habitó y a la que Francisco Guardia siempre procuraba una visita obligada durante su estancia en la ciudad.
Al momento de su nacimiento, y ante las circunstancias de la guerra en un sector republicano cuyos sacerdotes han huido para salvar la vida, su padre le bautiza personalmente. Varios años después y estante ya en Motril, hablará con el párroco, D. Salvador Huertas Baena, quien le comunica que el bautizo es válido, pero que si necesitase alguna partida de bautismo no podría ofrecérsela. De este modo, ya andado en años, el entonces niño será bautizado nuevamente por el párroco en la iglesia de Nuestra Señora de la Visitación, pues la parroquia mayor había quedado destruida tras la explosión del polvorín ubicado en la cripta de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores. En su mente siempre quedaron guardados los latinajos pronunciados en el ceremonial por D. Salvador que él nunca supo descifrar.
Francisco Guardia pasa su infancia en el entorno de la Plaza de Gaspar Esteva y cursa sus estudios primarios en diversos colegios de párvulos hasta que el día 15 de septiembre de 1947, cuando cuenta 9 años de edad, formaliza su matrícula en el colegio “San Emigdio” que regenta D. Federico Gallardo del Castillo. Fue ésta una etapa que siempre guardó intensamente en su alma por los momentos pasados junto a su preceptor, al que por su trato, respeto y saber siempre tuvo en gran estima. Tal fue así, que Francisco Guardia formará parte de la Asociación de Antiguos Alumnos de D. Federico que quedó organizada en la ciudad en el año de 1982 y que desde entonces ofrecerá una misa en recuerdo del preceptor y los alumnos fallecidos, así como una comida de hermandad donde todos departían las anécdotas vividas en el colegio.

Por razones de enfermedad de D. Federico Gallardo del Castillo, la escuela se ve obligada a cerrar sus puertas el día 21 de marzo de 1950, pero él, un año antes, ha decidido ingresar en el colegio-seminario “Virgen del Carmen” de la ciudad de Córdoba, institución que es regentada por la Orden de los Carmelitas Descalzos. En este colegio consigue terminar el bachillerato, donde por su buen aprovechamiento será gratificado con el libro “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz. Más en plena adolescencia, decide abandonar el seminario y seguir la senda familiar en la Guardia Civil, donde sus dos hermanos se encuentran ya integrados en el cuerpo. Con nostalgia y gran pesar, Francisco Guardia recordaba como al momento de marchar del seminario le fue requisado el libro de San Juan de la Cruz, gesto que le creó un gran desasosiego. Tal es así, que años más tarde, decidió buscar esa misma edición en librerías de viejo, donde pudo conseguirlo y saciar así el resquemor causado con la requisa de aquellos versos del santo que le llegaron al alma.
Con 17 años de edad, Francisco Guardia ingresa en el colegio de huérfanos de la Guardia Civil de Valdemoro (Madrid) el día 15 de agosto de 1955 y, tras cumplir el periodo de formación, en fecha de 30 de junio de 1957 es declarado apto con título de Guardia 2º. Así, con fecha de 1 de julio de 1957, es destinado a la 337 Comandancia de Algeciras, teniendo encomendada la labor de vigilancia de la línea de costa y el control del contrabando de la línea de costa de Tarifa (Cádiz), desde donde será trasladado a Guadiaro (Cádiz). Ya ha conocido a una joven natural de Marbella, Antonia Ravira Ruiz, con la que tras varios años de noviazgo contrae matrimonio el día 12 de febrero de 1962 en la pequeña iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Torreguadiaro, localidad en la que residen los padres de la novia. Este mismo año, tras haber terminado con aprovechamiento el plan de estudios vigente en la Academia de Ascenso de Cabos es ascendido a dicho empleo con fecha de 1 de diciembre, en la que ya es la XXII promoción de ascensos. Estando ya destinado en el cuartel de Pelayo, ubicado entre Tarifa y Algeciras, nacen sus dos hijas gemelas, Elvira y Antonia, el día 25 de noviembre de 1963, hecho que les colma de extrema felicidad pero que complica el quehacer diario de la madre al tratarse de dos pequeñas que necesitan de grandes cuidados en unos momentos en los que por el actual destino del padre se encuentran alejados de la familia materna.
Tras aprobar las correspondientes oposiciones, es ascendido a cabo, ejerciendo su puesto en la 337 comandancia de Algeciras, y un año más tarde, logrará el ascenso a cabo 1º estante en la citada comandancia. De aquí, en 1964, es trasladado a la 138 comandancia de Sevilla, siendo ascendido a sargento en calidad de agregado en 1973, rango que va a desempeñar en las labores de control del aeropuerto de Sevilla. Elevado al rango de sargento 1º, es trasladado a la 221 comandancia de Badajoz con fecha de 27 de julio 1977. Francisco Guardia realizará provechosamente el curso de Aptitud para el Ascenso a Oficial de la XL promoción y, con ello, le será expedido el correspondiente título en fecha de 12 de junio de 1979, desempeñando el cargo de Brigada en la citada comandancia.

En su carrera profesional ingresará en la academia de oficiales para conseguir la graduación de teniente, puesto que va a desempeñar en la 221 comandancia con destino en Almendralejo (Badajoz). Es aquí donde se plantea cursar la carrera de Historia a través de la Universidad Nacional de Educación y Distancia (UNED), organismo que le permite compatibilizar los estudios con el desempeño de su puesto en la Guardia Civil. Francisco Guardia se tomará su tiempo y se presentará a los exámenes en los diferentes centros asociados de la UNED por los que pasa, entre ellos, Almendralejo, Mérida y, finalmente, Cervera (Barcelona), donde obtiene la licenciatura en Geografía e Historia en el año 1991. Dicho título le será expedido en fecha de 14 de febrero de 1992, año en el que igualmente obtiene el Certificado de Aptitud Pedagógica que realiza en el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona.
Con el rango de teniente Francisco Guardia pasará igualmente por diversos destinos profesionales, entre ellos Olivenza y Santos de Maimona, ambos en la provincia de Badajoz, y Archidona (Málaga). Estando en Olivenza va a nacer su tercera hija, Laura, el día 20 de marzo de 1980, aunque por cuestiones médicas lo hace en el hospital de Badajoz. Conseguido destino en Estepona, asciende al empleo de capitán como agregado con efectividad de 19 de noviembre de 1986. El ascenso le implica un traslado forzoso que se cumplimenta en fecha de 6 de mayo de 1987 en la 412 comandancia de Manresa, teniendo como destino la localidad de Igualada (Barcelona). Estante en ella, en fecha de 17 de abril de 1989, le es concedido por Real Cédula el título de Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo con categoría de Cruz y antigüedad de 21 de octubre 1987, gozando de todas las prerrogativas y beneficios que le corresponden por ello. Y, dos años después, el 23 de mayo de 1991, le es concedida la categoría de placa por dicha Real y Militar Orden con antigüedad de 15 de marzo de 1990. Tras varios años de empleo en Igualada, será convocado para hacer el curso de comandante, aunque decide renunciar a ello por los años de servicio y, andando el tiempo, consigue su pase a la reserva en fecha de 19 de enero de 1995 con su rango de capitán.

Con residencia ya en Estepona, Francisco Guardia frecuenta en numerosas ocasiones su visita a Motril y toma contacto con el Grupo de Estudios de la Costa Granadina y EL FARO, donde dará rienda suelta a su gran labor como investigador. Al margen de ello, Francisco Guardia se integra como socio en la Fundación Española de Historia Moderna, lo que le permite interactuar en las numerosas actividades que programa la institución, sobretodo, sesiones, congresos y conferencias. Así, participa en la IXª Reunión Científica de la señalada Fundación que organiza la Universidad de Málaga en el mes de junio de 2006 bajo el título de Población y Grupos Sociales en el Antiguo Régimen. En ella, Francisco Guardia presenta una comunicación que lleva por título “La difícil repoblación del señorío del Cehel”, extenso y documentado trabajo que trata la repoblación con cristianos viejos de esta zona lindante a Motril y Adra, circunstancia que dará lugar a un pleito entre los señores de Cehel, la familia Zapata, y el cabildo motrileño. Años después, vuelve a participar en la que ya es XIª Reunión Científica de la Fundación que se organiza bajo el título genérico de “Conflictividad y violencia en la Edad Moderna”. En ella, Francisco Guardia presenta una nueva comunicación que lleva por título “No solo de las armas vive el soldado. Los otros afanes de los militares de la Costa de Granada. El caso de Benito del Campillo”, publicación que quedará integrada en las correspondientes actas escritas que ven la luz pública en el año 2012.
Su labor investigadora sobre temas motrileños se abre igualmente a los círculos editoriales que se mueven entre los grupos culturales de la ciudad. Es así como en el mes de junio de 2006 publica en la revista Qalat el artículo que lleva por título “Aproximación a la figura de D. Gerónimo Santoyo”, profundo trabajo de investigación que trata la biografía de este personaje que fue gobernador militar de Motril y que tuvo la dicha de editar en 1849 el opúsculo que lleva por título “Memoria descriptiva de la ciudad de Motril y de sus Castillos y Torres de la costa”. Años más tarde, concretamente en 2013, interviene en el contenido del primer y único número de la revista “Azucenas” que edita la Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza. Lo hace con una curiosa historia sobre la Patrona de la ciudad que titula “Nuestra Señora de la Cabeza como reclamo publicitario en unos pliegos de cordel”, cuyo documento base pudo adquirir en una librería anticuaria. En este mismo año participa, igualmente, en los contenidos de la revista “Sel Silvanus” que edita la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Salobreña con un fin benéfico-social. Lo hace con el artículo “Salobreña y el Año Santo Mariano de 1954”, que trata la participación de la titular de la villa, la Virgen del Rosario, en la concentración mariana que tiene lugar en Granada en 1954 para conmemorar el primer centenario del dogma de la Inmaculada Concepción. Y, en 2014, vuelve a participar en la misma revista con un nuevo trabajo de investigación histórica que lleva por título “Una jornada festiva en 1928”, donde trata el acto de la bendición de la bandera del somatén de Salobreña, además de adentrarse en el origen y desarrollo de esta milicia que con origen en Cataluña se extiende por toda España para colaborar en la seguridad de las poblaciones. Asimismo, interviene en la revista “Motril Cofrade” del año 2014 con un artículo que trata la figura de “Rosario Spínola y Maestre, motrileña cofundadora de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón”. Y, un año después, lo hace en la misma revista con el artículo que lleva por título “El siervo de Dios, Antonio Heredia Bazo, un motrileño camino de los altares”, que trata la vida de este sacerdote en proceso de beatificación que fue fusilado en el mes de agosto de 1936 en la localidad sevillana de Sierra de Yeguas.

Más la trascendencia de las investigaciones de Francisco Guardia tienen como protagonista al semanario EL FARO. Se inicia esta colaboración en una época en la que está a punto de clausurarse la sección “Recuerdos de Motril que fue”. La periodicidad de la misma tenía totalmente colapsado a su redactor y, en vista de esta circunstancia, solicitó ayuda a sus dos grandes amigos, Francisco Guardia y José López Lengo. Ambos, al unísono, se prestaron a colaborar dando una nueva proyección a la sección semanal que ganó en variedad de temas e intensidad de personajes que tenían que ver con Motril. Así, en 2004, Francisco Guardia comienza a colaborar en EL FARO con artículos de temas locales, entre los que hay que destacar el dedicado a la figura del Beato Marcelo Spínola, obispo auxiliar que fue de Sevilla, de Coria y de Málaga, así como arzobispo de Sevilla y, finalmente, cardenal en 1905, personaje que sale a la luz pública por su estancia en la ciudad de Motril durante su niñez. Otros personajes tratados por él fueron Juan Luminati y el licenciado Salguero Manosalbas, personaje éste bastante extravagante por la serie de hechos sorprendentes y milagrosos que se hacen consustanciales a su biografía. En 2005 destacan trabajos como el dedicado a Miguel de Cervantes en su oficio de recaudador de alcabalas en el partido de Motril, la vida del gobernador político y militar D. Jaime Moreno, o la del que fuera alcalde de Motril en la II república, D. José del Rosal y Caro. Su prolífica obra siguió poblando las páginas de EL FARO, siendo de destacar un tema de honda raigambre motrileña como es el que lleva por título “Algunas precisiones y conjeturas en torno a la Caramba” que publica en 2006, junto a otros que rescatan biografías de gobernadores militares de la ciudad y otros personajes como Francisco de Zamora, quien va a dar una concisa descripción de la ciudad de Motril, además de reseñar la importancia económica de la ciudad en el siglo XVIII.
Como gran conocedor de los archivos militares, Francisco Guardia se va a consumar en EL FARO como el más reconocido experto en la vida y obra de los gobernadores que desempeñaron su labor en la ciudad de Motril. De su mano van a desfilar personajes que tuvieron su relevancia en siglos pasados como José Strauch y Vidal, José Alcalá Olmo y otros, además de tratar temas muy variados que confieren una gran trascendencia a la ciudad como pueden ser “La epidemia de peste en Motril de 1679. Una visión desde Málaga”, “Los efectos del terremoto de Lisboa en Motril, según un manuscrito de la Real Academia de la Historia”, o “Motril y el cuerpo de Carabineros”, éste último como un canto a la vida que le toco vivir en familia y un homenaje a su padre, quien estuvo ligado al cuerpo durante toda su etapa laboral.
La obra de Francisco Guardia en EL FARO es bastante profusa y muy continuada en el tiempo hasta el punto que podríamos estar relacionando títulos y personajes sin recato alguno. En todos sus artículos siempre ha dado la impresión de ser un investigador serio, muy riguroso en su metodología, muy perfeccionista en su redacción y muy constante en sus visitas a archivos y librerías de viejo. Además, en todos ha destacado por conferirles el sello de su ferviente motrileñismo. Andando el tiempo, su labor “periodística” ha continuado hasta el año de 2021 en esa sección que el mismo tituló con el nombre de “Finis Africae”, dando a la letra títulos como “La misteriosa muerte del coronel Santoyo”, “Las dos muertes de Don Manuel Vázquez Alfalla”, “Rodríguez Martín y el Duque de T´Serclaes”, “Manuel Rodríguez Martín y el almirante Cervera”, “En el tercer centenario de Sabatini. Un artículo de Manuel Rodríguez Martín sobre el arquitecto”, “Puntualizando: Manuel Rodríguez Martín no fue Auditor de la Armada. Unas notas sobre Juan Ortiz del Barco”, “Unas breves notas sobre el voto de la Inmaculada”, o “Los incumplidos votos de Motril”, entre otros muchos más artículos. La serie, desde luego, resulta interminable y da buena cuenta del gran historiador que fue, así como la de un consumado articulista de temas candentes de la actualidad que igualmente trató en su sección. Su obra, pues, se encuentra olvidada entre las páginas de EL FARO y no estaría mal que la institución municipal o alguna editorial privada rescatara sus artículos y los condensara en una publicación que nuevamente pusiera de manifiesto la trascendencia de todos los personajes que trató y los hechos históricos que han marcado relevancia en la ciudad. Sería a modo de homenaje al historiador que fue, que siempre estuvo ligado a Motril y que en todo momento se sintió como un motrileño más. Rememorando las palabras del escritor José López Rubio cuando afirmó que “me nacieron en Motril”, él lo hizo circunstancialmente en Cuevas de Almanzora, lugar del que nunca renegó pero que en lo más profundo de su corazón fijo espiritualmente en Motril. Al fin y al cabo, siguiendo la tradición, fue bautizado por segunda vez en su vida con el agua de la acequia motrileña, sacramento que en su fuero interno le dio carta de naturaleza en Motril y de cuyos encantos pudo disfrutar en su niñez.

Los años no perdonan y Francisco Guardia ha pasado en este último año momentos difíciles por cuestiones de salud. Su estado se agravó en el mes de diciembre, lo que le llevó a ser ingresado en el hospital de Marbella. Tras remontar en su estado, así lo hacía constar en su perfil de Facebook el día 16 de diciembre, su última comunicación, refiriendo que “Nos organizamos la vida persiguiendo objetivos contingentes, relegando lo fundamental a un rincón donde se carcomen los recuerdos, hasta que llega el momento y descubrimos que lo primordial estaba allí y aquellos empeños que nos parecían importantes no son otra cosa que vacuas puerilidades. Y recuerdas las palabras del Cohélet: “¿Qué provecho saca el hombre de todo por cuanto se afana debajo del sol? Vanidad de vanidades. Todo es vanidad y apacentarse de viento”. Pues de pronto llega el hachazo y se quiebra la salud y comprendes que tu único tesoro está en la familia y los amigos, quienes en las horas ásperas te prestan su apoyo”. Esa leve recuperación le servía, igualmente, para dar las gracias a todas las personas que se habían preocupado por su salud, a su mujer, a sus hijas y a sus familiares y amigos que, sin prever el final, “les trasmitía que los llevaba en su corazón”. Tras unos días de remonte en su estado físico, Francisco Guardia volvía a ser ingresado en el hospital para no salir ya y dejaba este mundo terrenal a las 9 de la mañana del sábado, 3 de enero de 2026. Allí quedaba la persona que fue, plena de bondad, de saber estar y de suma educación, aspecto que heredó de su maestro, D. Federico Gallardo del Castillo, que en sus tiernos años todos los días le hacía recordar que “el hombre bueno y honrado es querido y respetado”. La verdad, me ha costado mucho redactar estas notas de recuerdo a mi buen amigo Paco, a quien con familiaridad me dirigía como D. Francisco, al igual que él lo hacía conmigo con el don por delante. Sirvan, pues esta líneas para recordar a un buen hombre, a un buen motrileño de adopción, a un excelente historiador y, sobretodo, a un buen amigo y mejor persona. Hasta siempre D. Francisco.





