RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

✍Manuel Domínguez García

Cronista Oficial de la ciudad de Motril

Profesiones y salarios de los motrileños a mediados del siglo XVIII

Manolo Domínguez García -Historiador-

Es dificultoso construir una cuantificación más o menos exacta de la población activa de Motril según las referencias que aparecen en el Catastro de Ensenada, ya que los datos a veces no aparecen adecuadamente reflejados como en el caso del trabajo de la mujer, de los niños y el de los pobres de solemnidad que, aunque fuera del mercado de trabajo, bastantes de ellos con seguridad formarían parte de las personas que podrían integrarlo. En propiedad, siguiendo el censo, incluiríamos a los vecinos masculinos comprendidos entre los 18 y 60 años, lo que nos daría una población activa, excluyendo a los pobres de solemnidad y los eclesiásticos que se encargarían de atender “salud espiritual” de los habitantes, de 2.291 personas, de un total de 6.961 personas que conforman el estado seglar, lo que significa que aproximadamente el 32,9% de la población motrileña de 1752 sería considerada como activa.

El sector primario lo formarían 1.290 trabajadores (566 jornaleros del campo, 734 jornaleros de la ciudad), el 43,13%, mientras que en las actividades del sector secundario trabajarían 501 personas (albañiles, trabajadores de los ingenios de azúcar, alfareros, molineros, carpinteros, tejedores, herreros, etc.), el 16,75%, y en sector terciario, sin incluir a los eclesiásticos y militares, 500 (cargos y oficios públicos, comerciantes, administradores, oficiales de pluma, confiteros, coheteros, barberos, médicos, cirujanos, maestros, arrieros, etc.), es decir, el 16,71 % de la población activa.

“Juan Ruiz.

Primeramente una casa en la calle de Monsu, que tiene de frente nueve baras y de fondo onze y alinda por la parte de arriba con casa de Jacinto López y por la de avaxo con casa del Salbador Ruiz, es propia de Juan Ruiz y vive en ella Agustín Guerrero que paga de arrendamiento anual sesenta reales. El dicho Juan Ruiz es jornalero del campo, por cuio travajo personal se le regula el jornal diario de 3 reales, que al año hacen 360 reales”.

Declaración de un motrileño para el Catastro de Ensenada. 1752.

Pero esta composición de la población activa motrileña según el censo del Catastro no es suficiente para entender la estructura socio-económica de la ciudad. Podría parecer que estamos en una ciudad altamente dependiente del sector primario; en cierta manera eso es cierto ya que la agricultura cañera es la base de toda la economía local, pero el fin último de este tipo de cultivo es la transformación del jugo de la caña en azúcar, lo que presenta una más que obvia correlación entre los avatares de la agricultura y el desarrollo de la industria del azúcar, que posee una problemática específica de carácter socio-cultural, laboral y económica propia; aunque en este siglo en ningún momento totalmente separada del mundo de los cosecheros de cañas y de los jornaleros del campo. Se trata, pues, de un sistema económico interdependiente ya que el ingenio o el trapiche azucarero aparece indefectiblemente unidos al campo y viceversa. Uno sin el otro, indudablemente, no tiene razón de existencia.

Los ingenios regulaban en gran medida la dinámica laboral de Motril y su entorno, ya que recurrían a la utilización de un gran número de mano de obra asalariada durante los seis o siete meses que duraba la zafra cañera y la manufactura del azúcar, puesto que, en las labores a realizar por el ingenio (roza de leñas para los hornos, trasporte de leñas y cañas, zafra y fabricación del azúcar en prieto), se podía dar empleo estacional a un número de trabajadores que rondaría fácilmente los 1.000 en cada uno de ellos. Por ejemplo, en 1779 se consideraba que solamente en las labores manufactureras del azúcar en cada uno de los seis ingenios motrileños se ocupaban unos 300 hombres y en la zafra una media de 18 trabajadores por marjal de cañas. A esta cifra habría que añadir los cortadores de leña para los hornos de los ingenios y los trabajadores del transporte de las leñas y cañas a las fábricas.

Ante esto, lógicamente, los ingenios se convirtieron en los rectores de la situación laboral no sólo de un gran número de trabajadores motrileños, sino también, de una importante cantidad de obreros precedentes de la cornisa mediterránea entre Málaga y Almería e incluso venidos desde el interior de la provincia de Granada, Córdoba, Jaén y Murcia. Ya en las reales cédulas de concesión por la Corona de título de ciudad a Motril en 1657, se afirmaba que acudían a las labores del campo en la zafra y en los ingenios unas 6.000 personas de la gente más inquieta de toda Andalucía.

Pero el proceso de la manufactura del azúcar no terminaba con la producción del “azúcar en prieto” en los ingenios, sino que, durante otros seis meses, las labores continuaban, en las llamadas “Casas de Blanqueo”; blanqueando los pilones, refinando el azúcar prima y obteniendo los segundos azucares y “otros procedidos” como eran los azúcares “quebrados y mascabados”, y las mieles. En estas operaciones industriales secundarias se empleaban aproximadamente otras 1.000 personas, parte de ellos trabajadores no vecinos de Motril.

Parece evidente que sería el sector secundario el predominante en la estructura económica motrileña, situación bastante singular en la Andalucía del siglo XVIII en donde preponderaba con gran ventaja el sector primario.

Por otro lado, el comercio era a la vez el objetivo final del proceso productivo y la razón esencial de la importante industria azucarera motrileña, al añadir, a los beneficios del cultivo y de la transformación azucarera en el ingenio, las ganancias de la venta de un producto cuyo destino final era la exportación. Por citar un ejemplo, en 1752 se produjeron en los ingenios motrileños aproximadamente 800.000 kilos de azúcar, la mayor parte se destinaría a la exportación por vía marítima o terrestre. Es lógico pensar que el sector de transporte también estaría muy desarrollado en Motril y que ocuparía a una gran cantidad de trabajadores locales y forasteros, cosa que tampoco aparece recogida en el Catastro, donde solamente están incluidos unos 30 arrieros, número muy escaso para el volumen de azúcar que se sacaría de la ciudad por vía terrestre. Gran parte del trasporte azucarero lo harían arrieros provenientes de la capital y de los pueblos vecinos. No aparecen estibadores, ni marineros y solo un patrón de barco cuando sabemos que gran parte del azúcar se cargaba en barcos para su transporte desde el siglo XVI. Un documento de 1611 cita que “lo prinçipal de esta villa es los inxenios de açúcar y el trato y contrato que ay por la mar”.

Medalla de Motril conmemorado la subida al trono de Carlos IV.

Tampoco el censo recoge nada sobre trabajadores dedicados a la pesca ni al transporte del pescado. En las repuestas a un interrogatorio enviado al Concejo por Francisco Zamora en 1793, se dice que “el pescado que se saca del mar es abundantísimo y de regular calidad, se consume en su población y se extrae para Granada y otros pueblos de la inmediaciones”.  Esto se debe, seguramente, a que la mayor parte de las actividades marítimas relacionadas con la pesca y el transporte la realizaban barcos catalanes, levantinos y extranjeros. “No ay vecino que tenga embarcación de ningún porte y para el abasto de pescado se surten de los barcos catalanes y barcas de pescar que bienen todos los años por temporadas en distintos tiempos de él”.

Por último, el número de militares, que no hemos incluido en ninguno de los sectores económicos, era de 88; de los cuales 83 eran de caballería e infantería y 5 torreros encargados de la vigilancia del mar en las torres de la costa, el resto hasta los 170, están contenidos en otros trabajos como jornaleros, artesanos e incluso cargos públicos o inválidos y retirados.

El grupo más bajo de esta sociedad del Antiguo Régimen, los constituirían los llamados “pobres de solemnidad”, gran parte de los cuales serían viudas, ancianos, impedidos, enfermos, mujeres sin recursos y menores, y en menor medida individuos en situación de trabajar, pero que ni siquiera de forma temporal entraban dentro del circuito económico-laboral de la época. Lo constituía un total de 919 personas, aproximadamente el 13,20% del total de habitantes, cifra muy elevada la que compone ese estrato social que vivía, en terminología actual, muy por debajo del umbral de la pobreza.

“Yo Nicolás López, jornalero, y en cumplimiento de lo mandado por el señor gobernador hago la relazión y digo que:

Yo el dicho, soi de edad de 30 años y estoi casado con Andrea Millán de 28. Tengo una hija llamada María de 4 años y otro Thomás de 1 año. No tengo otros bienes algunos más que mi jornal y por lo zierto de la verdad hago esta relazión y por no saber firmar, lo firmó un testigo”.

Los ingresos considerados para cada uno de los oficios son ilustrativos de la calidad y medios de vida. A los jornaleros, tanto del campo como de la ciudad, se les consignan unos ingresos de entre 360 y 540 reales de vellón anuales, lo que traducido en jornadas de trabajo, a una media de 3 reales de salario diario, serían 120 y 180 respectivamente al año. A los labradores propietarios de tierras no se les regula ninguna utilidad como trabajo personal, sólo los ingresos y rentas procedentes de los bienes que tuviesen. La ausencia de rebaños importantes justifica que sólo aparezcan cuatro pastores a los que se les considera 540 reales de ingresos anuales.

Por el censo podemos conocer claramente todos los oficios que había en el sector secundario. La disparidad de ingresos anuales considerados es muy grande, por ejemplo a los maestros de tejer lienzo se le consideran 1.620 reales, parecidas cantidad para los maestros carpinteros, herreros, herradores, alpargateros, molineros, tejeros y sastres. A sus oficiales 540 rls. A un maestro fundidor 810. A un maestro calderero 540 rls. A los seis maestros zapateros se le regular 4.300 reales anuales y a sus 18 oficiales un total de 9.720 rls.

“Joseph Morales. Maestro de calderero

Primeramente una casa en la calle de Zipres, que tiene diez baras de frente y onze de fondo y alinda por la parte de arriba con casas de Joseph García y por la de avajo casas de D. Gregorio Monteser.  Es propia de Joseph Morales quien la vive y puede ganar ziento y vente reales. Paga por una memoria diez reales anuales al convento de la Victoria de esta ciudad. Al Real Zenzo de Población dos reales y dos maravedíes.

Por el oficio de calderero que tiene Joseph Morales, se le regula el jornal diario según la respuestas generales de tres reales vellón que al año hacen 540 reales.”

1.750 reales a cada uno de los siete maestros albañiles y un maestro cerero a 810 reales, en cambio para un maestro cenachero sólo se le estiman 270 reales, incluso por debajo de un jornalero. Al maestro blanqueador de azúcar se les estiman 2.200 reales, a cada uno de los treinta y uno blanqueadores de azúcar unos ingresos de 1.032 reales a cada uno y a los mayordomos de los ingenios 540 rls. A los panaderos se les consignan 710 reales anuales y al carbonero 540. A un maestro turronero 1.080 rls y a un maestro confitero 1.100 rls anuales de sueldo.

“Félix Palomares. Maestro de carpintero y agrimensor.

Primeramente una casa en esta ciudad en la calle Nueva, que tiene doze baras de frente y veinte y ocho de fondo y alinda por la parte de arriba con casas de los herederos de Joseph Trujillo y por la de avajo con las de Sebastián de Valle. Es propia de Félix Palomares quien la vive y puede ganar ziento y ochenta reales.

Es el referido Félix Palomares agrimensor en esta ciudad, por quia yndustria se le considera la utilidad anualmente según las respuestas generales resulta de quinientos y zinquenta reales de vellón.

Así mismo, tiene el oficio de carpintero y por dichas repuestas se le considera el jornal diario de tres reales, que hacen al año 540 reales”.

El sector servicios está constituido también por una amplia gama de actividades y es donde incluyen los cargos públicos y los asalariados de la Iglesia. A los treinta arrieros existentes en la ciudad se les computan a cada uno 540 reales de benéficos anuales, a cada uno de los tres médicos 2.200, cinco boticarios a 1.500, a los cinco cirujanos y sangradores 1.200; a los oficiales de pluma 540, maestro platero 540, maestro escultor 450, igual para el maestro tallista; al maestro peluquero 540 y a cada uno de los 13 barberos 1.100 rls.

Esquilador de Motril. Litografía de 1825.

“D. Josph Garbaio. Voticario.

Primeramente una casa en esta ciudad en la plazuela de Postiguillo que tiene nueve baras de frente y veinte de fondo y alinda por la parte de arriba con calleja que va a la del Malagueño y por la de avajo dicha plazuela. Es propia de D. Joseph Garbaio que la vive y puede ganar trezientos reales.

Una casa en el Camino de las Cañas que tiene onze baras de frente y las mismas de fondo y alinda por la parte de arriba con dicha calle y por la de avajo con la de Joseph Antúnez, la vive Nicolás de Pineda, jornalero, paga de renta ciento y quarenta y quatro reales.

Otra casa en la calle del Grillo que tiene nueve baras de frente y doze de fondo y alinda por la parte de arriva con dicha calle y por la de avajo casas de D. Esteban Ruiz. La vive Joseph de Alcántara, oficial de albañil, y paga de renta 96 rls.

Otra casa en esta ciudad en la calle de la Grilla, que tiene doze baras de frente y diez de fondo y alinda por la parte de rriva con herederos de Alcántara y por la de avajo con dicha calle. La vive Pedro de Martos, pintor, y paga de renta ziento y veinte reales.

Tierras de secano puestas de viñas: Primeramente una pieza de tierra de secano puesta de viña, en el pago de los Higuerales, de ocho obradas. Las sinco de segunda calidad y las tres de tercera. Linda por poniente con tierras de la Compañía de Jesús, por levante y norte las de D. Joseph de Belluga y Vasco. Por el exerzizio de boticario que tiene dicho D. Joseph Garbaio, se le regula por las repuestas, la utilidad a el año de tres mil y trecientos reales de vellón”.

 Para los tres maestros de escuela solamente 420 reales a cada uno y menos aún, 180 reales, para el maestro de primeras letras del colegio de los Jesuitas. Para los mesoneros se les estiman 1.100 rls, cantidad igualmente estimada para bodegoneros y taberneros. Para los tenderos de verduras 1.025, 3.000 para los de paños y lienzos, 2.550 para los de mercería, 660 rls. para los de quincalla y 540 para los factores de tiendas. En lo que se refiere a los cargos y oficios públicos citemos, entre otros, a cada uno de los veintiséis oficios de regidores en uso, 59 reales; al gobernador político y militar que se le computan 8.800 rls. anuales, al alcalde mayor 4.400, alguacil mayor, 1.100, a cada uno de los doce escribanos 1.520, al fiscal de la Real Justicia 1.100 rls., a los cuatro oficios de procuradores del número 963 rls., procurador sindico general 600, al alcaide de la cárcel 1.377, almotacén 550 rls., al contador de Propios 600 reales, al pregonero 330, al clarinero 120 y al tambor 45 reales de vellón anuales. Por último, a los asalariados de la Iglesia Mayor Colegiata se le estiman las siguientes cantidades según sus profesiones: notario eclesiástico 1.100 rls, sacristán, 1.100, teniente de sacristán 810, pertiguero 1.100 reales, caniculario encargado de expulsar a los perros de la iglesia, 540, a cada uno de los dos campaneros 550 reales y al enterrador 540 reales anuales.

Tras esta escueta visión sobre los trabajos y los salarios, se puede establecer algunas consideraciones sobre las posibilidades que brinda el Catastro de Ensenada para conocer los modelos y habilidades laborales de los motrileños del siglo XVIII. Aunque queda mucho por hacer, este pequeño artículo es una mínima aproximación a la importancia de considerar cuidadosamente los marcadores de género, clase social, propiedad, entre otros, para estudiar los diversos elementos socio-económicos presentes en el Catastro. Estos elementos, combinados con un profundo conocimiento de otra mucha documentación de la época, nos proporcionarán una sólida base para poder trazar en un futuro, un panorama laboral completo de Motril en 1752.

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