✍Manuel Domínguez García
Cronista Oficial de la ciudad de Motril
MOTRIL ANTE LA INVASIÓN FRANCESA EN 1809. EL FRACASO DE LA ESTRATEGIA DEFENSIVA

Había comenzado la Guerra de Independencia.
Las noticias de los sucesos ocurridos el 2 de mayo de 1808 en Madrid se habían difundido rápidamente por todo el territorio nacional y ante la salida de Carlos IV y Fernando VII para Francia y la práctica disolución del poder central del Estado Español, el fenómeno del “Juntismo” hizo su aparición materialmente en todas la ciudades y pueblos de España.
En el reino de Granada también se había formado una Junta Suprema de Gobierno que desde principios de junio de 1808, había comenzado a ejercer funciones gubernativas en todo el territorio del reino granadino, planteándose, entre otras muchas acciones, la defensa ante una más que probable invasión por las tropas francesas.
Motril, en estos años de comienzos de siglo XIX, era una pequeña pero cada vez más prospera ciudad de algo más de 9.000 habitantes y que tras superar la crisis de la caña de azúcar gracias al desarrollo del cultivo del algodón, introducido y aclimatado en nuestra vega por Bernabé Portillo y Jaime Moreno, y junto con la nueva industria de despepitado e hilado algodonero, empezaba a despegar económicamente y cuyo dinamismo superaba en algunos sectores a la propia capital. Su importante puerto de Calahonda, era el centro del comercio algodonero y la salida natural de un hinterland que se extendía hasta Madrid e incluso se le había autorizado el comercio con América.

Ocupaba nuestra ciudad, por otro lado, una importante estratégica posición en el camino de penetración desde la costa hacia el interior.
En febrero de 1809 se recibe en el Ayuntamiento una orden del Capitán General del reino pidiendo informes sobre la situación y condiciones de defensa en las que se encontraba Motril, enviando, junto a ella, el reglamento aprobado por la Junta granadina sobre las circunstancias de defensa de los pueblos y ciudades.
La zona costera del reino de Granada, desde la época de la conquista cristiana, había ocupado una posición de frontera y para su defensa se habían construido a lo largo de tres siglos un rosario de castillos y torres costeras, pues casi siempre el peligro de enemigos provenía del mar.
Cuando el Cabildo motrileño comienza el estudio de la defensa del partido de Motril, que incluía desde Salobreña hasta Castillo de Baños, se dan cuenta de que las tropas son escasísimas para tal extensión de territorio: 4 oficiales, 5 sargentos, 8 cabos, 78 soldados y 29 torreros, todos mal armados y pertrechados.

Además, las defensas artilleras de castillos y torres eran más escasas aún:
- Castillo del Varadero: 2 cañones y 6 cureñas
- Castillo de Salobreña: 1 cañón y 2 cureñas
- Castillo de Castell de Ferro: 3 cañones y 6 cureñas
- Castillo de Carchuna: 4 cañones y 2 cureñas
- Torre Nueva: 1 cureña
- Torre de Cambriles: 2 cañones y 2 cureñas
- Puerto de Calahonda: 2 cañones y 8 cureñas
El resto de las torres carecían de artillería y solo se usaban como atalayas para dar avisos de enemigos.
Como se puede apreciar perfectamente, las defensas eran mínimas y más ante un ejército moderno y muy bien organizado como el francés. Los cañones eran viejos, con escasas municiones y las cureñas de corto alcance y poca precisión de disparo.
Ante esta situación el Ayuntamiento informó a la Capitanía General lo siguiente:
1.- Motril era difícilmente defendible, a excepción del paso del río Guadalfeo, en cuyos desfiladeros se podría establecer una eficaz defensa.
2.- Se debería nombrar un comandante militar a cuyas ordenes estuviesen todas las tropas y con facultad de reclutar civiles de las poblaciones de la costa.
3.- No se podía esperar que los vecinos sin armas y sin un ejercito bien pertrechado pudiesen defender, por si solos, las poblaciones.
4.- Se deberían formar partidas de voluntarios muy móviles y que en pequeños grupos atacasen a los invasores donde el terreno fuese más conveniente para ello.
5.- El comandante general tendría que dar instrucciones a cada una de las partidas sobre los objetivos a lograr, zonas de ataque, puntos de reunión, etc.
El planteamiento de la defensa que hace el Ayuntamiento de Motril esta muy bien expresado, ante una situación de inferioridad numérica y militar, pero la Junta de Granada y la Capitanía estimaron que las acciones militares solo las deberían llevar a cabo el ejercito regular sin la intervención de ninguna partida guerrillera de civiles y que los objetivos prioritarios eran la defensa de la costa y el paso desde el interior. En los siguientes meses no hubo apenas aumento de tropas ni se renovó el armamento.

Cuando a mediados de febrero de 1810, el ejército francés al mando del general Sebastiani procedente de Málaga llega a Salobreña, la guarnición del castillo se rinde sin resistencia. Los franceses vadean el río en su desembocadura, no hay ninguna resistencia. Las vanguardias de las tropas francesas llegan finalmente a Motril al mando del general Tracy el 16 de febrero de 1810, todas las familias de la oligarquía motrileña, el gobernador de la ciudad, teniente coronel Josef Juncar, y los regidores municipales los reciben amistosamente.
El día 20 de febrero el Ayuntamiento juraba fidelidad a José I y el general François Werlé, comandante la División del Gran Ducado de Varsovia, se hacía cargo de la ocupación francesa y del control militar de la ciudad y del partido de Motril.





