✍Domingo A. López Fernández
Cronista Oficial de la ciudad de Motril
📸Fotografías: Manolo Barreras
Un gran cortejo penitencial recorre las calles para significar a Cristo en una de sus caídas camino del Monte Calvario

Se nota en el ambiente la fiesta sagrada que se conmemora en Motril en el día del Jueves Santo. La ciudad reporta una imagen de una gran urbe que acoge principalmente a los naturales en la vuelta al lugar de su cuna para asistir a unas cortas vacaciones y, por descontado, a la contemplación de las procesiones de semana santa, aquellas que en la niñez y la juventud marcaron época y dejaron su impronta en la memoria de todos ellos. El ajetreo se nota y se vive en las calles, se vive en los establecimientos de restauración, con auténticas colas para su acceso, y con unas playas igualmente concurridas dado el buen tiempo que ha reinado durante la semana. Sol y playa llaman la atención, pero, igualmente, a la noche, los desfiles procesionales son el complemento directo para disfrutar en la calle de unas manifestaciones públicas de fe que tienen siglos de existencia. Una imagen en la calle desprende unas sensaciones que son especiales en la vida de un cristiano que sabe, que comprende que el titular de la cofradía sale de su santa casa por una vez para gratificar la fe de los vecinos y que, en consecuencia, hay que hacer un alto en el camino para ofrecer un rezo frente a Él.
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a aglomeración de personas es más que evidente en Motril y se nota en el ajetreo de vehículos en los accesos a Motril, con numerosos visitantes que vienen a pasar unos días a la costa y, por supuesto, contemplar los pasos procesionales del día. Motril cuenta con una buena semana santa y excelentes imágenes de pasión, la mayor parte realizadas en posguerra, pero sean antiguas, sean recientes, el sentimiento cristiano llama a verlas en la calle.

La verdad es que no se recuerda una semana santa como la que estamos teniendo en este año de 2026, con una temperatura más que agradable, sin viento que perturbe los cortejos y sin amenaza de lluvia que ponga en peligro las salidas penitenciales. Es tiempo de pasión, es tiempo de oración, es tiempo de penitencia pero, igualmente, es tiempo de disfrute de una semana santa de lujo como es la motrileña. Como decía el desaparecido cardenal emérito de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo en una de sus visitas a Motril, hay muchas y muy brillantes semanas santas, pero la mejor semana santa es la de mi pueblo.
El jueves santo son tres las cofradías que ponen en la calle sus desfiles procesionales. La corporación más temprana en hacerlo es la hermandad de penitencia de Nuestro Padre Jesús de Pasión y María Santísima de la Amargura, cuya fundación data del mes de abril de 1985. Como acostumbra, su salida ha sido fijada a las 19:15 hrs desde su actual sede canónica, el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, pues en sus orígenes, la hermandad radicó primitivamente en la iglesia de San Isidro Labrador de Puntalón, desde donde se efectuaba el traslado unos días antes para ejercitar la estación de penitencia desde la ermita de la Patrona.

A temprana hora, los accesos al santuario de Nuestra Señora de la Cabeza muestran un ajetreo que no es nada habitual, con gentes accediendo a la ermita, pero, sobre todo, penitentes revestidos de hábito de color granate con el capirote en la mano. Y, como no, el gran número de miembros del cuerpo de policía nacional que suben la cuesta ya que han de figurar en el cortejo penitencial como hermanos honorarios de la cofradía. Hasta allí se desplaza igualmente la alcaldesa de la ciudad, Luisa María García Chamorro, para desear una buena jornada penitencial al cuerpo directivo de la corporación.

Desde primeras horas de la tarde, las puertas de la ermita permanecen escoltadas por dos soldados romanos que portan en sus manos las picas cruzadas que impiden su acceso. Llegada la hora de partida, el cortejo sacro sale en perfecta formación para desplegarse a lo largo de la cuesta a la ermita. Abre su cabeza la cruz guía, que es un auténtico estreno de este año y que va escoltada a muy corta distancia por dos faroles de frente de procesión. Impresionan sus dimensiones y el propio diseño, que es obra del escultor granadino Pablo Fernández Hurtado. Muestra la misma técnica mixta de pintura al óleo sobre pintura acrílica con fondo de color rojo. Tanto en el “estipes” como el “patíbulum” se detallan las armas de Cristo que se encuentran asociadas a la pasión y que simbolizan su sufrimiento. También aparecen las armas que hacen que Jesús pueda vencer a la muerte. Así se muestran símbolos pasionistas como la lanza, la caña, la esponja de vinagre, los tres clavos, dos escaleras, tres dados, la bolsa con treinta monedas de Judas, la barrena, el paño de la Verónica, la bofetada, el gallo, la columna, el martillo, los flagelos, las tenazas, la túnica…etc. Todo un corpus catequético de elementos que remiten a la pasión de Nuestro Señor.

Tras la cruz guía se despliega el Grupo Joven de la hermandad, que este año sorprende por el gran número de niños que participa y que van vestidos con el hábito de la hermandad de color granate y cíngulo de color amarillo sujeto a su cintura. Destaca el perfecto orden de la chiquillería que camina siguiendo a sus madres que actúan a modo de fiscales de fila controlando que todo discurra con normalidad. Los niños de mayor edad portan cestitas a través de las cuales reparten recordatorios del titular cristífero, existiendo igualmente una sección que porta pequeñas cruces de madera al hombro con sentido penitencial. Seguidamente se abre la sección que exhibe el emblema del “Senatus”, con el acrónimo “SPOR” bordado en oro sobre terciopelo de color granate. El símbolo viene a exponer a los fieles que la detención de Jesús se ha efectuado bajo dominio romano, y así efectivamente se deja ver con los dos soldados que escoltan el emblema y que van provistos de dos picas. A continuación se disponen las dos filas de penitencia que portan cirios de cera roja en las manos para significar el hecho de la pasión. En su centro, igualmente se hace destacar el libro de reglas escoltado por dos varas presidenciales, al que sigue la bandera pasionista y, posteriormente, el estandarte cristífero que lleva en su óvalo central el rostro del Redentor pintado al óleo. De extraordinaria belleza es, asimismo, el soporte textil que lo expone, con un intenso bordado en hilo de oro con motivos florales que está rematado con flecos dorados. Seguidamente, marcha la sección propiamente penitencial que porta sobre los hombros pequeñas cruces de madera, a cuyo término se ubica la “bacalá” corporativa que muestra el escudo pasionario en su centro y que igualmente va escoltado por dos varas presidenciales. Tras ellos marcha el Cuerpo de la Policía Nacional, que son hermanos honorarios y que dispone, igualmente, de una sección de veteranos que desfilan con sus trajes oficiales. Desde luego es importante resaltar la trascendencia que con los años ha alcanzado el cuerpo, que cada vez aporta un mayor número de policías; éste, en concreto, ha superado el número de la cincuentena.

Tras ellos se hace presente la representación de personas e instituciones invitadas por la hermandad. Lo hace en primer lugar la representación de la hermandad de la Divina Pastora, que comparte devoción con el hermano mayor de la hermandad de Jesús de Pasión, Sergio Segura Chamorro, en la iglesia de Capuchinos. Seguidamente, la propia de la cofradía de la Soledad en traje penitencial por el hermanamiento que mantiene vigente la cofradía desde hace más de treinta años, y la presidencia oficial que ostenta el diputado nacional Carlos Rojas García junto a la concejala de participación ciudadana Inmaculada Torres Alaminos y el comisario jefe de la Policía Nacional, José Luis Delgado Ortega, máxima representación del cuerpo que anteriormente ha desfilado en el cortejo. Tras ellos, la representación eclesiástica que ostenta el consiliario, D. Hermes Moreno Arias, acompañado del hermano mayor de la hermandad, Sergio Segura Chamorro en traje penitencial. Seguidamente, dos hermanos nazarenos portan sendas bocinas para recordar que en la antigüedad estos instrumentos de viento anunciaban la inmediatez de un cortejo sacro. Finalmente, el cuerpo de acólitos e incensarios precede al paso de misterio que muestra sobre su canastilla la imagen de Jesús de Pasión, obra del escultor granadino Antonio Barbero Gor. Le representa cargado con la cruz en una de sus caídas y es, sin duda, la más real y cercana de todas cuantas radican en la costa granadina. En ninguna otra se plasma el dramatismo en la forma que lo hace Nuestro Padre Jesús de Pasión, advocación que toma de la cofradía que le da culto y veneración. Desde el punto de vista artístico la imagen sigue fielmente los rasgos tipológicos que caracterizan la obra de Antonio Barbero Gor. Es una imagen de grandes dimensiones; supera incluso el tamaño natural y ha sido tallada en madera de pino de Flandes. Le representa caído, sujeto por la mano derecha a un risco elevado y por el mismo pie a una peña de menor altura. Ambos elementos actúan de soporte a la impresionante figura de Cristo que parece cobrar vida propia. Le muestra desnudo, aspecto que el artista ha cuidado en extremo dada la formación y la especialidad docente que ha impartido en la facultad de Bellas Artes de Granada. Resulta así una figura corpulenta, de aspecto vigoroso y, en cierto modo, atlético, dado el tratamiento de la musculatura en ambas extremidades y torso. Particular atención merece la disposición de su mano derecha, en postura forzada y en tensión para simular el esfuerzo sobrehumano que realiza el Nazareno para intentar levantarse. La imagen tan solo aparece cubierta con un pequeño paño de pureza que está anudado a su cadera derecha mediante un cordel natural. Antonio Barbero simplifica aquí este aderezo tomando en cuenta la recomendación de la hermandad ya que a pesar de su desnudez se tiene la intención de procesionarle vestido. El artista quiso así evitar las típicas deformidades que pudieran aparecer bajo la túnica plasmando, pues, un paño raso, aplastado y casi pegado a la piel. Por lo que respecta al rostro, muestra una marcada composición triangular cuyo vértice se encuentra en la barba, dispuesta sin partir y con abundantes rizos de profunda talla. Bajo el bigote, de volumen más superficial, se deja ver la boca entreabierta para evidenciar el sufrimiento del ser. En su interior se aprecia el fino trabajo del escultor al labrar la dentadura al completo así como el carnoso labio inferior. La nariz es recta y remarcada, quedando sobre ella el arranque de unas cejas pobladas y circunflejas que acentúan el patetismo de la figura. Los ojos, finalmente, se inscriben en unas orbitas muy pronunciadas. Están pintados, incluso al detalle, con pestañas de finos trazos policromados, remarcándose su sentimiento a través de una mirada baja, triste y melancólica. Porta asimismo el Nazareno corona de espinas naturales que se impone sobre una cabellera tallada a través de voluminosas guedejas que se abren y caen libremente sobre su espalda. Resalta igualmente la policromía oscurecida que le imprime el artista y el tono dramático que le confieren los restos de sangre en la frente y cuello. La imagen, en este ejercicio penitencial de 2026, ha sido revestida con túnica de color morado. Como es habitual, el paso de misterio es dirigido en labores de capataz por Pablo Alberto Rincón Correa. Cierra finalmente el cortejo del jueves santo la banda de cornetas y tambores “Flor entre Espinas” de Loja, que lo hace por tercer año consecutivo y que ha destacado por la brillantez de sus sones y la calidad en la interpretación de las marchas procesionales.

Momentos estelares de la cofradía en la calle han sido muy numerosos. En principio, la salida penitencial del paso de misterio a la salida de la ermita de la Virgen de la Cabeza, con ese esfuerzo sobrehumano que le lleva a ser sacado con la mitad de la cuadrilla de costaleros y a gatas. Con ello, igualmente todo el entorno del cerro de la Virgen, donde a temprana hora de la tarde y con sol se despliega medio Motril para contemplar la imagen sagrada de Jesús de Pasión. Con ello, el paso solemne y cadencioso por tribuna oficial que ha conferido el cuerpo de costaleros a las marchas que le ha impuesto la banda de cornetas con sus alegres sones. Igualmente, el paso por la calle Comedias, donde el paso de misterio, por sus dimensiones, casi roza con las paredes laterales, un tránsito que con el proyecto de nuevo paso que tiene en mente la hermandad será difícil de que pueda repetirse. Y, finalmente, el momento del encierro en la ermita cercana ya las 23:00 h de la noche, donde se da cita una inmensidad de fieles al momento en el que el cuerpo de la Policía Nacional se muestra formado para conferir a este instante la espectacularidad que merece su encierro en la iglesia.

Un cortejo, pues de Jesús de Pasión que ha destacado por su buena marcha y buen orden y que ha puesto en la calle a cerca de 160 nazarenos, 12 acólitos, 50 costaleros y 50 policías, muchos de ellos en prácticas y venidos expresamente desde la Academia de Ávila. Por tanto, un gran cortejo que ha superado las 300 personas, lo que suscita el buen hacer de la corporación, que cada año va ganando enteros en su seriedad, en su buena formación y en el sentido del deber para recordar por unas horas el misterio de la pasión que tuvo como protagonista a Jesús, hoy en día con la advocación de Jesús de Pasión.
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