PÁGINAS SUELTAS

✍Opinión.-

A solas con mi mente

Juan Fernando Martínez Atienza.

Debe ser aún muy de noche, no noto ninguna luz, está completamente oscuro, con la manía de apestillarlo todo, y no paro de decirle que no quiero que esté tan oscuro, que me gusta despertarme con una leve luz que entre por las ventanas, pero nada, se empeña en cerrarlas herméticamente, ni que fuera un vampiro que se va a disolver con la luz del sol. Mira que es agradable abrir los ojos por la mañana y ver un poco de claridad, te da seguridad, te permite ubicarte, porque cuando no ves absolutamente nada, te entra vértigo, es que casi no sabes si estás boca arriba o boca abajo. Y como tengas que levantarte para ir al baño, te vas pegando topetazos con las esquinas y las puertas, por eso voy siempre con las manos delante de la cara, no quiero darme en toda la frente con la hoja de la puerta entreabierta, eso duele mucho y hasta me puedo hacer una herida.

En fin, seguiré durmiendo un rato más, de todos modos, cuando no oigo nada, es que aún no se ha despertado nadie en la casa, así que será muy muy temprano.

Pues nada, no puedo dormirme, eso me pasa muchas veces cuando me despierto a deshoras, que ya no puedo volver a coger el sueño y el caso es que me resulta raro que no tenga ganas de ir al baño, pero ni las más mínimas, lo habitual es que cuando me despierto por la noche, al poco me dan ganas de orinar y tengo que levantarme, para luego echar solamente un poquito, que siempre me pregunto que por qué no puedo dormir con tan pocas ganas, si muchas veces cuando me despierto por la mañana estoy reventando y tengo que salir pitada para no hacérmelo encima y echo un litro.

Pues aprovecharé y seguiré durmiendo, o al menos intentándolo, se está tan a gusto metida en la cama que no dan ganas de salir al mundo exterior, allí hace frío y hay que trabajar. Está toda esa gente odiosa a la que hay que aguantar y encima poner cara sonriente. Está el mundo de la realidad, sin fantasías, que a veces es muy cruel. Bueno, tampoco hay que ponerse dramática, que también hay gente muy agradable andando por ahí, de esos que te alegran el día con dos frases que cruces con ellos. Y también hay momentos fantásticos en los que disfrutamos de la vida, de los amigos, de la familia y hasta del trabajo, porque hay que reconocer que en el trabajo también se puede disfrutar de momentos estupendos. Todo es cuestión de que no se te ponga en tu camino ese día con un loco que te lo amargue. Y es que parece que cada vez hay más locos sueltos. ¿O será que cada vez detecto con más facilidad a los psicópatas? O puede que los atraiga. No sé pero estamos cada vez más rodeados de piraos, en todos lados y muy especialmente en los políticos y cuanto más poder tienen, más psicópatas hay. Mira que es difícil no encontrarte con uno en cada esquina. Y vale, que estos locos no van matando a la gente por las calles, pero se encargan de amargarte la vida a cada momento.

Ya debe haber pasado mucho tiempo, y sigo sin ver ninguna luz. Tal vez debería levantarme y desayunar tranquilamente antes de que se levanten los demás. Disfrutar de un desayuno relajado es un lujo que te pone las pilas para media mañana él solito.

¿Qué ocurre? ¡Intento abrir los ojos pero no puedo! Ni siquiera siento los párpados, no sé cómo hacer para abrirlos, y sigo sin ver la más leve luz. Y ahora que caigo…, tampoco veo esas manchitas blanquecinas que siempre están aunque tengas los ojos cerrados y estés en completa oscuridad. Esas que hacen dibujitos en medio de la oscuridad. ¡Qué raro!

¡Tampoco puedo moverme! Le mando la orden a mis manos para que abran el edredón, pero no me responden, no las noto siquiera. ¡Qué cosa más rara! ¿Estaré soñando y todo esto no es más que un sueño como esos en los que te persigue un toro y no puedes correr? Pero no, si es que no siento nada, no noto el roce de las sábanas ni la presión de mi cuerpo sobre el colchón, ni el peso del cobertor. No siento calor ni frío, bueno, si es que no siento mi cuerpo, ninguna parte de mi cuerpo. No siento nada. No oigo nada. Me estoy empezando a asustar, me está entrando angustia. ¿Qué me está ocurriendo?

Intento gritar, pero la voz no sale de mi boca, está muda, completamente muda, ni siquiera un sonido gutural, ni ronquera, ni tos… nada, absolutamente nada.

¿Qué está ocurriendo? ¿Estaré muerta y no lo sé?

El caso es que si soy capaz de pensar, será que no estoy muerta, pero ¿por qué no siento nada, por qué no puedo manejar mi cuerpo? Ninguno de mis sentidos está funcionando, no puedo oír, ni ver, ni sentir. ¿Y oler? lo intento, pero tampoco siento mi pecho hincharse para coger aire y comprobar si puedo oler o no. Está todo paralizado, en silencio, quieto, tranquilo, eso sí.

Vamos a ver, ¿qué es lo último que recuerdo? Ayer… no sé, ¿hace un rato? No tengo noción del tiempo para saber cuánto llevo durmiendo. ¿Durmiendo? No sé si he estado durmiendo, no sé dónde estoy, no sé nada. ¡Quiero gritar! ¡Necesito gritar! y que vengan a ayudarme. ¡Necesito ayuda! ¿Dónde están todos? ¿Nadie me ve, nadie sabe qué me pasa? ¿Nadie se preocupa por mí? ¡Quiero llorar, pero no siento las lágrimas correr por mi cara! Ni tan siquiera siento esa sensación de angustia que tienes cuando quieres llorar. No tengo ninguna sensación de nada.

Sí, vamos a ver, vamos a analizar la situación: No me puedo mover y no me funciona ninguno de mis sentidos,  es como si estuviera ¡en coma! ¿Puede ser, estaré en coma en una cama de hospital? ¿Pero qué ha pasado? Lo último que recuerdo es que volvía a casa… y después nada, no recuerdo nada más. Ahí se acaba todo, recuerdo todo lo que hice por la mañana, me levanté y desayuné, me duché, me vestí y me fui al trabajo, eché toda la mañana, nada que destacar, un día como otro cualquiera, ni bueno ni malo, un día corriente.

¿Y después? Después me fui a almorzar al restaurante de la esquina con mi compañero. Volvimos al trabajo, terminamos y me fui para la casa. Y ya está todo, no recuerdo nada más, de pronto todo se vuelve negro, absolutamente negro en mi mente.

¡Tengo ganas de llorar, pero no puedo, no me salen las lágrimas, tengo ganas de gritar pero no me salen la voz, tengo ganas de que alguien me hable, pero no oigo nada!

¿Puede ser que esté en coma, que me sucediera algo inesperado, no sé, que me cayera una maceta en la cabeza? O un infarto. No un infarto no, porque recordaría el dolor en el pecho. ¿Me atropellarían? Tampoco, recordaría el dolor del golpe y no hay nada, no hay nada.

Lo extraño es que si estoy en coma ¿cómo es que puedo pensar? Tenía entendido que las personas en coma estaban con el cerebro «apagado», por así decirlo y por esa razón, al despertar no se acordaban de nada durante el tiempo que estuvieron en coma.

¡No! ¿Me habrán dado por muerta y estaré enterrada? ¡No! No puede ser, de nuevo quiero gritar y no puedo, quiero gritar a ver si hay alguien que me pueda oír. Pero es inútil, no existe para mí el sonido, estoy en un mundo de completo silencio, de absoluta nada. No hay nada, solamente mi mente y yo, aunque podría decir que no existe nada más que mi mente y esa mente es lo único que hay de mí, el resto ha desaparecido. Han desaparecido mis manos, mis piernas, todo mi cuerpo, los ojos, la boca… Nada existe ya.

Han desaparecido el hambre, las ganas de orinar, el dolor, la sed…, el roce de las sábanas, la sensación de peso sobre el colchón…

Y quiero llorar, y quiero gritar y no puedo. ¡Acabaré volviéndome loca! ¿Es eso posible, volverse loca en medio de la nada?

Aunque, si soy capaz de pensar, será que al menos existe mi cerebro y claro si existe mi cerebro, existe el resto de mi cuerpo, un cerebro no puede vivir sin que la sangre lo riegue y la sangre no riega si no hay unos pulmones que la oxigenen. ¿Pero por qué no siento nada? ¿Por qué soy capaz de pensar pero no de sentir? Tendré que pensarlo, porque lo que sí es seguro es no tengo ninguna otra cosa que pueda hacer, solamente pensar.

¿Qué será de los míos…, de mis hijos… de mi marido…? ¿Estarán cerca de mí y no puedo oírlos? ¿Me estarán acariciando y no puedo sentirlos? ¿Me estarán besando y no puedo notar su calor? Es desesperante, quiero sentir, quiero sentirlos, son míos, me pertenecen, no puede ser posible que estén tan cerca y no pueda decirles que los quiero. Quiero abrazarlos, estrecharlos contra mí, sentir sus latidos golpeando sobre mi pecho y que ellos sientan los míos en un diálogo secreto. Porque entre dos personas que se aman, no hacen falta las palabras.

Debo dejar descansar mi mente durante un rato, estoy muy nerviosa y desesperada…

Ahora que caigo, las técnicas de relajación que conozco se basan en la respiración, que no siento; en centrarme en ver imágenes en la oscuridad, que no veo; en hacerme consciente de mi cuerpo, que no sé siquiera si ya existe. De nuevo quiero gritar y quiero llorar, y no puedo. ¿O tal vez sí? ¿Será posible que yo no lo sienta pero mis ojos estén llorando y los vean? Si es verdad, sabrán que mi mente está activa, que soy capaz de pensar, que mi mente no ha muerto. ¡Hay esperanza! Sabrán que algo se puede hacer para recuperarme, no me desconectarán. ¡Hay esperanza!

Quisiera sentir algo, un simple roce en mi mano, aunque sea un leve pinchazo. ¡Algo!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre aquí