EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

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Antonio Gómez Romera

Domingo, 7 de julio de 2024

SIETE DE JULIO, SAN FERMÍN. ORIGEN DE LAS FIESTAS PAMPLONICAS A LO LARGO DE LOS SIGLOS

Cartel de San Fermín 2024.

En el día de hoy, domingo, 7 de julio de 2024, la ciudad de Pamplona festeja a San Fermín. Las fiestas de San Fermín (o Sanfermines) se celebran siempre en las mismas fechas, en la primera quincena de julio. El “chupinazo” que da el pistoletazo de salida a las fiestas se celebra cada 6 de julio, a las 12 de la mañana, y entre el 7 y el 14, se llevan a cabo los tradicionales encierros de San Fermín, uno cada día, a las 8 en punto de la mañana. Yo siempre había creído, error por mi parte, que San Fermín es el Patrón de Pamplona, pero no es así. El Patrón de Pamplona es San Saturnino, un misionero que durante el siglo III evangelizó las tierras paganas de Navarra. Según la tradición, San Saturnino, obispo de Toulouse, visitó Pompaelo (Pamplona), antigua ciudad fundada por

los vascones en un promontorio junto al río Arga, donde llegó a bautizar a 40.000 personas con agua del pozo existente frente a la iglesia de San Cernin, hoy, San Saturnín, conocido como el “pocico de San Cernin”. Y un texto escrito, en la tapa que cubre el pozo, nos da evidencia: “Aquí está el pozo con cuya agua según tradición bautizó San Saturnino a los primeros cristianos en ésta ciudad”.

Cartel de Fiestas de San Fermín.

Los testimonios históricos fiables de su culto en la capital navarra datan de finales del siglo XI, y es en ese momento cuando se construye la iglesia. Según cuentan, en tiempos de los emperadores romanos Diocleciano (244 – 311) y Maximiano (250 – 310), el presbítero Honesto llega a Pompaelo (Pamplona) para evangelizarla, enviado por San Saturnino, obispo de Toulouse. Un senador romano llamado Firmo, se interesa por sus palabras. Por esto, Honesto vuelve a Toulouse a contarle a Saturnino lo que ha pasado y el mismo obispo acude a Pamplona a predicar. La visita de San Saturnino produce muchas conversiones, entre ellas Firmo, su esposa Eugenia y toda su familia, incluido su hijo Fermín. Honesto se queda con Fermín enseñándole y evangelizando.

Encierro en San Fermín.

A los 24 años Fermín es consagrado obispo por Honorato. Con 31 años, Fermín marcha a predicar a lo que entonces son las Galias (Aquitania, Auvernia y Anjou). Un 10 de octubre llega a la ciudad de Amiens, donde consigue muchas conversiones, pero es encarcelado y un 25 de septiembre sufre martirio por decapitación. Su cuerpo es sepultado por los cristianos en secreto y encontrado el 13 de enero del año 615 en el Episcopado de San Salvio (Abladene, en las proximidades de Amiens), siendo trasladado a Amiens. Unos magníficos relieves góticos del siglo XV, labrados en el trasaltar de la catedral que conserva los restos del santo, narran esta historia. El hecho también es representado por el pintor Alejandro Ferrant y Fischermans (1843 – 1917) en su óleo de 1865, “Invención del cuerpo de San Fermín, obispo y mártir, suceso del 13 de enero del 614”, colgado hoy sobre el dintel de una de las puertas del Salón del Trono del Palacio de Navarra (Av. de Carlos III el Noble Etorbidea, 2).

El encierro a pie de calle.

Hacia el año 250, San Saturnino es martirizado en Toulouse (29 de Noviembre) atado mediante una soga a un toro y arrastrado hasta ser descuartizado. El 26 de noviembre de 1611, el pleno del Ayuntamiento / Regimiento pamplonés hace “Voto a San Saturnino”, en consideración al arraigo popular del santo por la labor evangelizadora en la capital Navarra. Entre 1626 y 1644, San Saturnino pasa a ser patrón de la ciudad. La talla del Santo que sale en procesión es una escultura, datada en el segundo cuarto del siglo XVIII, en madera policromada de 1,39 metros de altura y atribuida al taller de los Ontañón, dinastía de escultores cántabros asentados en Navarra. La policromía es algo posterior, obra del pintor local, Marcelino Arteta, posiblemente realizada entre 1864 y 1865.

San Fermín es en realidad co-patrono del Reino de Navarra junto con San Francisco Javier, y ello no sin polémica. En el siglo XVII, Navarra se ve envuelta en una crisis que dura 3 décadas y en la que se divide el pueblo navarro en 2, los que quieren que San Fermín sea el patrón del antiguo Reino de Navarra y los que prefieren a San Francisco Javier, cuya canonización motiva esta disputa. Las posturas de ambos bandos son totalmente opuestas e irreconciliables. El Cabildo Central y el Ayuntamiento de Pamplona quieren que el Patrón de Navarra sea San Fermín; los jesuitas y la Diputación de Navarra, que lo sea San Francisco Javier. Una decisión salomónica, tomada por el papa Alejandro VII (1599 – 1667) en 1657 es la que zanja la crisis: San Fermín y San Francisco Javier compartirán patronazgo.

El encierro tomando una curva.

A lo largo de la historia, un hecho bastante frecuente es la aparición de santos apócrifos, personajes elaborados a partir de leyendas hagiográficas, hechos históricos manipulados, sin base real alguna, pero que cuentan con biografías y semblanzas lo suficientemente atractivas y estimulantes como para despertar la devoción del pueblo. Uno de estos santos pudo ser San Fermín. Esa fue, al menos, la conclusión de las investigaciones realizadas por separado que llevaron a cabo en 1970 varios historiadores navarros y un arqueólogo de Amiens, donde se asegura con rotundidad que la historia de San Fermín no tiene base histórica alguna. José Goñi Gaztambide (1914 – 2002), docente e historiador eclesiástico español, bibliotecario de la Catedral de Pamplona, después de investigar sobre el tema llega a la conclusión de que la historia de San Fermín es «legendaria e inverosímil», ya que no dispone de base histórica alguna. Así lo confirma también el riguroso estudio realizado por el historiador Roldán Jimeno Aranguren (Pamplona, 1973), catedrático de Historia del Derecho de la Universidad Pública de Navarra, hijo del prestigioso historiador pamplonés José María Jimeno Jurío (1927 – 2002), que forma parte de su tesis doctoral, donde revela multitud de datos inconsistentes, incongruencias y falsedades referentes a la leyenda: “a la hora de elegir el santo que cristianizaría a la ciudad, era muy normal escoger un personaje extranjero que diese cierto toque exótico y relevante a la urbe. En Amiens escogieron a Fermín, porque era vascón y romano a la vez y les resultó bastante atractivo. A partir de entonces, construyeron una historia que ha ido variando con el tiempo, a medida que ha sido transmitida de generación en generación (…) Uno de los datos clave que ha ayudado a ver que se trataba, como en otras ocasiones, de una leyenda sin base histórica ha sido situar la historia en los siglos I (Pamplona) y III (Amiens). En el caso de Pamplona, la Cristianización no llegó hasta el siglo III, y en Amiens tuvo lugar, incluso, algunos siglos más tarde. Además, hasta el siglo XII no hay en Pamplona ninguna referencia clara respecto al santo (…) No es lógico que un arzobispo de una ciudad como Pamplona no registre ninguna iglesia o ermita a su nombre hasta el siglo XVII. En Pamplona, la primera iglesia que lleva su nombre se construyó en la Milagrosa, en la década de los años 50 del pasado siglo, y las primeras ermitas datan del siglo XVII”.

El encierro a pie de calle.

Breves notas sobre San Fermín y sus Fiestas en Pamplona

El culto a San Fermín en Pamplona es instaurado conforme llegan diversas reliquias a la ciudad. La primera, un fragmento de la cabeza del santo en 1186, regalo del entonces obispo de Amiens, Teobaldo de Heilly, al obispo de Pamplona, don Pedro de París, también llamado «de Artajona» por su origen. Este estableció ese año la celebración litúrgica de San Fermín. En ese tiempo el núcleo urbano de la ciudad no excede de la zona de Navarrería.

La Fiesta de San Fermín se celebra el 10 de octubre, conmemorando su entrada a Amiens. Sin embargo, en 1590, los pamplonicas piden al arzobispo Bernardo de Sandoval y Rojas (1546 – 1618), que se cambie la celebración de San Fermín a julio, coincidiendo con la Feria de Ganado, por el mal tiempo de octubre.

Los primeros Sanfermines, con pregón, música, torneo, teatro y corridas de toros, duraron dos días y se celebraron en 1591. Las crónicas de los siglos XVII y XVIII hablan de actos religiosos junto a músicos, danzantes, saltimbanquis, encierros y toros, mostrando cómo las fiestas siempre han bailado entre lo profano y lo religioso.

Imagen de San Fermín.

La Capilla de San Fermín, de estilo barroco, se comienza a construir en 1696 y se termina en 1717, junto a la parroquia de San Lorenzo, al final de la calle Mayor de Pamplona. En el año 1800 se realizan reparaciones urgentes a cargo del arquitecto Santos Ángel de Ochandategui (1749 – 1803), que le dan el actual aspecto neoclásico. En 1823, la linterna de la cúpula de la capilla tiene que ser reconstruida tras la demolición e incendio posterior al bombardeo de Pamplona por parte de los ‘Cien mil hijos de San Luis’. Para acceder a la capilla, hay que entrar por la puerta de la parroquia o por la calle San Francisco.

La “Corte de San Fermín” es una asociación religiosa que se funda en 1885, en gratitud a los favores de San Fermín, quien según la tradición católica, protege a la ciudad de Pamplona de varias epidemias que merman las poblaciones cercanas. Tiene su sede en el despacho parroquial de San Lorenzo, en la calle Mayor 74 de Pamplona. Su objetivo principal es mantener el culto cristiano católico y promover la devoción a San Fermín, y, para ello celebra: el segundo domingo de enero, la “Fiesta de las Reliquias que conmemora el traslado desde Amiens a Pamplona; el 6 de julio, las Vísperas de San Fermín; el 7 de julio, el Día del Santo, con procesión y la posterior celebración religiosa en la Capilla de San Fermín; El día 14 de julio a las 11.00, la Octava, siete días después del día del Santo, a la que asiste el consistorio como cierre religioso de fiesta de San Fermín. Además, el día 25 de septiembre festeja el día del Martirio de San Fermín, que va precedido desde el día 17 de una novena dedicada al Santo.

El Archivo Municipal de Pamplona conserva la mejor fototeca sobre la fiesta y el encierro que existe, especialmente tras los legados fotográficos de Javier “Paco” Zubieta (1904 – 1998) y Andrés Retegui (1911 – 1987) “Foto Estudio Zubieta y Retegui” o José Joaquín Arazuri Díez (1918 – 2000), médico e historiador local. También conserva la mayor colección de carteles y programas de mano de San Fermín, los planos y documentos relacionados con la Capilla del Santo y el registro de toda la actividad municipal en relación con la fiesta. La Casa de Misericordia de Pamplona no tiene ánimo de lucro y explota la Plaza de Toros.

Según el auto de la ciudad del 9 de abril de 1706, por el que se establece la Casa de Misericordia, su fin es, en un principio, recoger pobres de ambos sexos para darles cobijo, formación y trabajo. Desde 1793 hasta 1980, da cobijo también a menores huérfanos o desprotegidos y, actualmente, atiende prioritariamente a ancianos sin recursos ni familia, o en situación de exclusión social. Pertenece a la Fundación de la Meca, por la abreviatura Mca, de Misericordia, empleada ya desde 1716, y para financiarse ha administrado una fábrica de paños (1706 – 1922), explotado un frontón de pelota (1777 – 1910) y gestionado el Ferial de San Fermín (las Barracas, 1882 – 2008). Y, ante las necesidades crecientes de financiación, aceptó construir la Plaza de Toros de Pamplona, que desde entonces ha organizado todas las ferias taurinas. En sus archivos se custodian 300 años de información que van desde facturas por instalar el vallado en 1920, hasta todos los carteles de la Feria del Toro, entradas, programas, fotografías, carteles privados.

Juanito Etxepare Aramendia (1880 – 1936), estanquero de la calle Mayor, republicano y gran animador de las fiestas, fue el primer lanzador del “Chupinazo”, en 1931. Pidió permiso al Ayuntamiento para lanzar unos cohetes a pie de calle para anunciar al mediodía del 6 de julio el inicio de las fiestas, en la plaza del Castillo, y lo hizo vestido a la moda de la época con su pajarita y su sombrero de paja, rodeado de chiquillería. El cometido de prender la mecha del cohete, todo un orgullo para cualquier pamplonica, correspondía a personas vinculadas al Ayuntamiento. En 1964 se hizo una excepción con el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne (1922 – 2012). Actualmente, el “Chupinazo” se lanza desde el balcón del Ayuntamiento y, tras su explosión, comienza el delirio con lanzamiento de huevos, harina y agua desde los balcones y a pie de calle comienzan los sanfermines. La canción popular “Uno de Enero”, con letra del abogado y compositor Ignacio Baleztena Ascárate (1887 – 1972) y música de Silvanio Cervantes Íñigo (1891 – 1972), primer director de La Pamplonesa, ha dado lugar a la “escalera saferminera” y desde 2009, “cada día peldaño”: “Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril, cinco de mayo, seis de junio…”. Aparte de celebrarse con comidas, cenas y misas, los fieles, reunidos en la Capilla de San Fermín, entregan al Santo el tradicional “pañuelico” rojo. Según la tradición, el pañuelo rojo era un símbolo del martirio de San Fermín y fue anterior a la indumentaria blanca que se incorporó después. Sin embargo, no hay datos concretos que nos digan con seguridad por qué una hipótesis dice que viene del color rojo de la bandera de navarra, y otra que viene por el degollamiento de San Fermín. El historiador Francisco Javier Caspistegui Gorasurreta (Pamplona, 1966) afirma que sobre el origen de la vestimenta ‘oficial’ de San Fermín, de blanco con el pañuelo rojo, el fajín del mismo color y las alpargatas “Tenemos referencias de que, en 1931 la peña de obreros ‘La Veleta’ comenzó a vestirse así como una manera de distinguirse de otras, y también por ser un uniforme más barato, sufrido y llamativo”. A partir de 1970, el ‘pañuelico’, como se llama en la ciudad, se convirtió en todo un símbolo.

San Fermín pañuelos arriba.

El origen de los encierros fue el traslado de los toros desde el campo hasta el coso taurino de la ciudad. Según el periodista Javier Solano Suñer: “Ese paso del ganado a pie por los campos se hacía a través de la puerta de la amurallada ciudad de Pamplona (…) Entraban de madrugada y a la carrera hasta llegar a la plaza correspondiente para ser luego toreados. Ese paso a la carrera comenzó a unirse gente poco a poco hasta devenir en lo que hoy en día conocemos”. Hoy en día, durante el encierro, se recorren 848,6 metros desde el corral de Santo Domingo, popularmente conocido como “Los Corralillos”, hasta la Plaza de Toros. Desde las 5 de la madrugada y hasta las 7:30, los Servicios Municipales de Limpieza, con máquinas barredoras y de riego, se esmeran en limpiar, abrillantar, pulir y aplicar un líquido antideslizante a los adoquines y losetas de Santo Domingo, Ayuntamiento y Estafeta para  que la torada y los cabestros no resbalen. Los participantes deben encontrarse en el punto de partida media hora antes de que el cohete marque el inicio de la carrera a las 8 en punto de la mañana, y los mozos/as deben cumplir una serie de requisitos para poder correr, entre ellos: no estar bajo los efectos del alcohol y llevar puesto el pañuelo rojo. En los días de encierro de los Sanfermines 2023, corrieron 16.730 mozos/as, un 28% más que en 2022, y unas 30.000 personas presenciaron “en directo” el paso del encierro que no suele durar mucho más de 2 minutos. 20.000 lo hicieron en la Plaza de Toros y 10.000 desde el doble vallado y los balcones que la gente alquila a través de una aplicación de Internet. Lo más habitual es que la gente vea en el aparato de televisión la transmisión en directo que TVE hace del encierro y cuando los toros van a pasar por el lugar donde se encuentren salgan al balcón a verlos pasar, que es cuestión de segundos: La asistencia sanitaria, perfectamente coordinada, siempre está a punto para atender a cualquier mozo/a, magullado, herido o corneado durante los encierros.

El “Riau – Riau” se incorpora a principios del siglo XX de la mano de un grupo de carlistas, encabezados por el abogado, escritor y político pamplonica Ignacio Baleztena Ascárate (1887 -1972), también conocido como “Premín de Iruña” y “Tiburcio de Okabio”, para con un tono festivo, “incordiar” a los ediles liberales a su paso por la calle Mayor. Tiene lugar durante el primer acto religioso de las fiestas, las “Vísperas cantadas en honor al Santo”, en la tarde del 6 de julio, desde el Ayuntamiento hasta la Capilla de San Fermín. Mientras, la Banda de Música “La Pamplonesa” interpreta las notas del “Vals de Astráin”, obra del músico Miguel Astráin Remón (1850 -1895) titulada realmente “La alegría en San Fermín”, en la década de 1890, mientras la muchedumbre canta la tonadilla escrita en 1928 por María Isabel Hualde Redín (1907 – 1939), añadiéndole un «¡Riau – Riau!» final a cada estrofa.

Con la publicación de la novela «Fiesta» («The sun also rises»), escrita por Ernest Hemingway (1899 – 1961) en 1926, se da a conocer a lectores de medio mundo las interioridades de los Sanfermines. Según sus palabras: “Todos los carnavales que conocía yo, empalidecían con aquella Fiesta (…) Pamplona es el lugar más divertido que jamás se haya visto”. Hemingway pudo vivir de cerca la primera muerte por asta de toro en los encierros, la deEsteban Domeño Laborra, joven albañil de 22 años, natural de Sangüesa, que pasaba lasfiestas trabajando en el Real de la Feria, que el 13 de julio de 1924 fue corneado por untoro de Santa Coloma en el callejón que da acceso a la plaza, provocándole una herida demás de 20 centímetros de la que falleció al día siguiente.

El día 14 de julio, a las 12 de la noche, en la Plaza del Ayuntamiento, tiene lugar el acto de cierre de los Sanfermines. En la década de 1920, el pintor pamplonica Julián Valencia y unos amigos recorrían las calles de la parte vieja de Pamplona en procesión de doble fila, con velas encendidas, entonando “pobre de mí, pobre de mí, que se han pasado las fiestas sin divertir”; ese fue el inicio del “Pobre de mí”. Hoy en día, los mozos/as cantan, contristeza y esperanza a la vez: “Viva San Fermín” ¡Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín!”, agitando sus “pañuelicos” al aire y gritando “Ya falta menos, pa San Fermín”.

Justo antes de comenzar cada día el encierro, los mozos/as, se encomiendan ante la imagen del Santo en la hornacina y entonan la canción: “A San Fermín pedimos / Entzun arren San Fermin, por ser nuestro patrón / zu zaitugu patroi, nos guíe en el encierro / zuzendu gure oinarrak, dándonos su bendición/ entzierro hontan otoi. ¡¡Viva San Fermín!! ¡¡Gora San Fermín!!”.

San Fermín pañuelos arriba.

Colofón

Es un hecho incuestionable que hoy en día San Fermín es un personaje que despierta la simpatía general de toda la ciudadanía, creyente o no, ya sea por afición o por devoción, lo cierto es que, además de darle el nombre a los Sanfermines, su figura es todo un icono asociado a las fiestas basadas en una pluralidad de componentes y funciones antropológicas. El diseñador Ángel Blanco Egoskozabal en el cartel anunciador de las Fiestas de San Fermín 2024, ha plasmado la alegría y la algarabía de la multitud en la Plaza Consistorial, después del chupinazo, a la salida de los gaiteros para interpretar la música bullanguera tradicional.

A San Fermín se le dedica una procesión muy bonita el día de su onomástica y él, en agradecimiento, hace de “doblador” en los encierros protegiendo a los corredores: es lo que llamamos el famoso “capotico de San Fermín”.

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