EL ÚLTIMO VIAJERO ROMÁNTICO

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POLARIS

Iñaki Rodríguez Martín-Feriche (escritor)

Hay un lugar muy lejano, donde cohabitan miles de soles y abismos insondables. Un punto del universo extremadamente saturado y de un desorden desorbitado. Sin embargo, este sitio recóndito no es, ni mucho menos, tan remoto. También existe dentro de nosotros. Es la región caótica de la mente, donde fulgor y obscuridad, se embarullan y el triunfo y la frustración, saltan al unísono al vacío. Si un cuerpo celeste, forma parte de una grandiosa masa nebular, nosotros lo somos de algo mucho más magnífico. Un todo, cuyos dominios se disipan en la inmensidad. Al igual que el sol, padecemos alteraciones. Como la luna, nos eclipsamos. Simulando a un planeta, pasamos por diferentes fases. Nos trasladamos a mundos lejanos, cual cometas. Cambiamos la perspectiva, como satélites…

Pero volvamos a esa región, donde reina la confusión. Hace miles de años, allí, entre luces y tinieblas y en medio del ímpetu y el sosiego, se apagó una estrella. Surgieron entonces centenares de torbellinos cósmicos e infinidad de incertidumbres. Los demás luceros le dieron de lado. No por sus carencias, sino porque veían en ella grandes virtudes y su verdadero potencial. Pero como el firmamento es inconmensurable, la Vía Láctea atrajo a la estrella en declive, acurrucándola en su seno (que era todo amor).

El universo astronómico aprendió a ser solidario con un prójimo en apuros y aquello constituyó un capítulo sin parangón en la astrofísica. Una vez restituido su centelleo, su gran luminosidad hizo que la galaxia en pleno, la animara a brillar por sí misma en una zona muy destacada de nuestro cielo. Así nació Polaris, la estrella polar.

Es la primera en vislumbrarse y la más estable y, por supuesto, la más grande esperanza del marinero. Si alguna vez, observas que te falta chispa y unas nubes espesas se aglomeran a tu alrededor o te sientes como el único tripulante de un cohete sin trayectoria y en cuyo interior solo se escucha un “blues” resquebrajando la bóveda celestial … Acuérdate de Polaris, que pasó de estar perdida a guiar a los demás.

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