¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN! FIESTA Y DEVOCIÓN MARIANA EN EL VARADERO A COMIENZOS DEL SIGLO XX

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Con motivo de las fiestas a la Virgen del Carmen, patrona del anejo de El Varadero, EL FARO reedita y pone a disposición de sus lectores un artículo que fue publicado en el mes de julio de 2008 en el que se pone de manifiesto el origen de la celebración en los comienzos del siglo XX, conmemoración festiva que sigue hasta nuestros días para perpetuar la fe y la devoción a la que es Reina Madre de los pescadores.

¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!

FIESTA Y DEVOCIÓN MARIANA EN EL VARADERO A COMIENZOS DEL SIGLO XX

                                                                                   Domingo López Fernández

El Varadero en fiestas, a comienzos del siglo XX.

Motril, ciudad ribereña del sur granadino, es tierra de hondo sentimiento mariano. En su término se encuentran arraigadas varias titulares que tienen a María como símbolo de su espiritualidad. La Virgen de la Cabeza, la de las Angustias, la Divina Pastora o la del Carmen son las cuatro advocaciones que confieren titularidad a las respectivas patronas de los barrios en que radican. La Virgen Morena es la que ostenta mayor antigüedad pues fue nombrada patrona en 1635 y se ha erigido en el centro devocional de la población. El siglo XVIII trajo consigo la entronización de dos nuevas advocaciones, la Virgen de las Angustias y la Divina Pastora de las Almas, antaño enraizadas en dos barrios enclavados a las afueras de la ciudad. Desde entonces ambas han conseguido perpetuar en el tiempo la procesión de alabanza que les ofrendan sus devotos. Nuestra Señora del Carmen es la más cercana en el tiempo y la patrona titular del barrio del Varadero y los anejos de Torrenueva y Calahonda. A esta soberana Madre se tienen por encomendados los pescadores, gentes sencillas y humildes que buscan el amparo y la protección de la que es Reina del mar. Las cuatro, en la medida que les toca, representan el sentimiento de todo un pueblo que refleja en María el ideal de su fe cristiana.

En estos días las poblaciones del litoral se encuentran inmersas en los preparativos de sus fiestas patronales. El santoral de la iglesia tiene fijado el 16 de julio como jornada de exaltación mariana para la Virgen del Carmen, nuestra Virgen marinera. Por ello, ante la cercanía de su onomástica, hemos creído conveniente adentrarnos en su historia y relatar a nuestros lectores sus orígenes en uno de nuestros barrios más cercanos, el Varadero. Estos son, pues, los comienzos de aquella jornada romera que se iniciaba en 1906 y que ha logrado pervivir hasta nuestros días adaptándose, como es lógico, al devenir de los tiempos.

Portada del periódico Vida Nueva de 1906 que anuncia las fiestas en el Varadero.

¡Viva la Virgen del Carmen! Viva la Reina del Mar¡ ¡Viva la Madre de todos los marineros! Este ha sido el grito exultante que desde comienzos del siglo XX han venido dedicando todos los pueblos comarcanos a la que es excelsa patrona del Varadero. Porque allí, en el humilde barrio marinero, todos tenían una cita que cumplir. Si hay un aspecto que destaca en sus orígenes éste es, sin duda, el de erigirse en centro catalizador de las idas y venidas de gentes procedentes de las localidades vecinas: Almuñécar, Salobreña, Molvízar, Ítrabo…, incluso, la misma Granada. Y, sin olvidar, por supuesto, a todos los motrileños que bajaban hasta la playa en los medios disponibles del momento: tranvía, caballerías o la más simple, el largo paseo a resguardo del sol abrasador. Era, por así decirlo, la romería mariana que despedía el estío, la que marcaba el fin de las vacaciones, la que disponía el regreso de las familias que pasaban sus jornadas de asueto en los “chambaos” levantados ex profeso para la temporada de baños. Porque aquellos inicios de la fiesta nos retrotraen hasta los últimos estertores del mes de agosto 1906, época en la que quedó institucionalizada, al menos, en las formas y maneras que nos ha legado la historia.

Ciertamente, en el Varadero las fiestas a Nuestra Señora del Carmen surgieron de forma espontánea. En su origen un grupo de personas pudientes de Motril maduraron la idea de organizar unos festejos en honor de la patrona del lugar en los que al margen de la religiosidad pudiese reinar el ocio y el esparcimiento. Como bien exponían, la idea era muy propia “de esta época y de estos sitios”. La intención se torna pronto en deber inexcusable, pues de seguida resulta designada una junta directiva que tiene el encargo de promover su autorización y perfilar un completo programa de actos lúdico-festivos. Durante la primera quincena del mes las reuniones de la comisión se suceden con inusitada rapidez. Se visita al alcalde de la ciudad, a las autoridades de Marina y al Jefe de la Comandancia de Carabineros, jerarquías todas que tienen el deber de velar por la seguridad y el buen desenvolvimiento de los festejos. La decisión de colaborar es unánime y el optimismo anida en todos los promotores. El día 17 de agosto la comisión organizadora vuelve a mantener una reunión en el propio Varadero, acto al que asiste el sacerdote D. Enrique Bermejo. Su presencia en este caso es obligada, puesto que pretenden definir las cuestiones propias del acto religioso, en concreto el itinerario de la procesión y el lugar en el que han de erigir un altar desde el que se cantará una solemne salve a Nuestra Señora del Carmen.

La ensenada del Varadero antes de la construcción del puerto.

Para el día 21 el programa de actos está ya perfectamente definido. Sus organizadores han contratado a una brigada de obreros que se encuentran llevando a cabo trabajos de limpieza y acondicionamiento en la calle que da a la ribera del mar. Simultáneamente, se dispone el adorno de la avenida principal con follaje, gallardetes, escudos y banderolas, lo que muestra ya la inmediatez de la fiesta. Se trabaja intensamente, de día y de noche, ya que como bien recoge el cronista del periódico Vida Nueva, “son las primeras fiestas que se ven” y se pretenden que dejen “grato recuerdo en cuantos concurran a presenciarlas”. Paralelamente, las familias de veraneantes que tienen desplegados los chambados en la playa habilitan igualmente sus adornos festivos. La predisposición es total y con ellos colaboran los jóvenes que costean el Chalet para los baños. Juntos han dispuesto la celebración de un baile para la noche del día 25 y han establecido como pista central los espacios acotados del presidente de la comisión organizadora, D. Amador Sánchez y la de sus estrechos  colaboradores.

La expectación del público es total el día del inicio de las fiestas, que ha sido fijado para el 25 de agosto. A la hora del ángelus todas las campanas de Motril repican al unísono mientras se quema un castillo de fuegos artificiales. Simultáneamente, en el Varadero, se repite la misma escena a la vez que la junta organizadora se presenta en casa del alcalde pedáneo para declarar oficialmente la apertura de los festejos. A la tarde, hacía las 16 hrs., hace su entrada triunfal la banda de música municipal, que marcha al compás de los sones de un alegre pasodoble. Mas tarde, en el “chambao” del presidente, ofrecen un pequeño concierto desde el que se trasladan a la tribuna para continuar amenizando los espectáculos programados.

Hacia las cinco de la tarde D. José Carabal, alcalde pedáneo, procede a prender la mecha del cohete que anuncia el comienzo del ejercicio de salvamento de náufragos, acto que se lleva a cabo ante un numeroso público que contempla la escena con expectación. Tras ello, tienen lugar las proyectadas cucañas de mar “abundando los chapuzones cómicos, las caídas al agua en posturas difíciles y otra porción de escenas que excitaron la hilaridad del numeroso público que las presenciaba”. Asimismo, hubo cucañas terrestres en las que ningún atrevido joven consiguió alcanzar el preciado triunfo que aparecía atado al extremo del listón.

Plano del anejo del Varadero a comienzos de XX.

Poco más tarde, hacia las siete, las autoridades prenden la iluminación oficial del paseo. Desde la entrada al Varadero los artilugios erigidos muestran a las claras lo que supone una población en fiesta. Multitud de arcos orlados con banderolas y escudos se reparten de extremo a extremo de la calle y en cada uno de ellos cuelga un farol sobre la cruceta de dos banderas nacionales. Esta soberbia iluminación, espléndida para la ocasión, da la bienvenida a todos cuantos pretenden honrar a la titular mariana. En su recorrido de norte a sur la calle principal da acceso a la playa, en cuya confluencia un espectacular arco divide las filas de luces en dos tramos, uno que alcanza hasta el llamado barrio de Salamanca y otro que finaliza en el del Progreso. En total más de ochenta faroles refulgen en las calles constituyendo un sugestivo y atrayente paisaje festivo. Ya en la noche tiene lugar el señalado baile que organizan los jóvenes del Chalet, que como es lógico goza de gran animación, la propia que deriva de los alegres sones que marcan los rigodones de la época. Tras la intensa jornada, a las 24 hrs., el cansancio hace mella en la mayor parte del público que deambula por el Real, lo que motiva que muchos busquen el acomodo en la playa para substraerse a los placeres del sueño. Aún así, durante toda la noche no cesan de quemarse cohetes y palmas reales. La nota anecdótica la pone una alegre comparsa de jóvenes que “cogieron instrumentos y previo el anuncio de un cohete rompían en la mas grotesca y genial sinfonía donde al lado de los trompetazos desacordes saltaban los compases de flautas de cañaveras y golpes horrorosos de platillos…”.

La jornada de exaltación mariana tiene lugar el día 26. A las cinco de la mañana la diana floreada de la banda de música municipal recorre las principales calles de la barriada motrileña. Como bien recoge el cronista de Vida Nueva, los vecinos salen a las puertas de sus casas para recibirlos y saludar la llegada del alba con estos alegres sonidos musicales. El Varadero se convierte ahora en un lugar bullanguero en el que es casi imposible dar un paso. Todo el mundo está en la calle y concurre con avidez a los variados puestos de mercancías que se exhiben en el Real: los populares tejeringos, los buñuelos, roscos, aguardiente, los dulces y las frutas rivalizan en el mercadeo para evitar que los más golosos queden sin probarlos.

Tal como está anunciado, a las siete en punto de la mañana tiene lugar la santa misa en honor de Nuestra Sª del Carmen. Previamente se ha dispuesto sobre el pórtico de la ermita una extensa lona que recorre ambos extremos de la calle para resguardar a los feligreses de los rigores del verano. La celebración de la eucaristía se verifica en el altar erigido en la calle y queda a cargo del sacerdote “D. Pedro González”, conocido popularmente como “Pa Pedro”. Allí, ante la Soberana Reina, los fieles se postran de rodillas y participan de la comunión general. Al finalizar la ceremonia religiosa la banda municipal se trasladó hasta la fábrica de San José, donde tuvo lugar un concierto que duró hasta las nueve de la mañana. A esta hora se nota ya la llegada de gentes procedentes de las localidades vecinas: Torrenueva, Salobreña, Almuñécar, Ítrabo, Motril…. En verdad, se hace difícil transitar por el camino del Puerto, donde el público debe extremar las precauciones y sortear el paso de los coches y carros que marchan a la romería. Según la prensa de la época, todos estos pueblos han quedado a esta hora ya desiertos. Para dar una visión fidedigna del ambiente festivo del barrio no hay mas que fijarse en las emotivas frases del cronista de Vida Nueva cuando refiere que “Abundaron  las moragas y las comilonas, se trasegaron muchos toneles de vino, la playa era un inmenso comedor donde millares de criaturas daban fin de cuantas viandas y provisiones habían preparado con objeto de acondicionar el estomago para el jolgorio, chumbos, sandías, melocotones, uvas, rosquillos, torraos…etc., todo sufría la briosa acometida de los dientes y todo iba mermando con gran alegría de los comerciantes…”.

Verificado el almuerzo, la comisión de fiestas ha dispuesto una competición de regatas que da comienzo a las cuatro de la tarde. Preside el acto el Comandante de Marina, que como máxima autoridad del lugar ha sido designado para entregar el premio a su vencedor. Tras las regatas prosigue el siguiente orden de los festejos con las célebres carreras de burros y sacos, atracción que supone el toque cómico del día.

La procesión de Nuestra Señora del Carmen tiene lugar a las siete de la tarde. Es la titular una imagen de vestir a tamaño natural que los expertos remontan al siglo XVII. Tal como se acostumbra, aparece majestuosamente vestida con el traje y manto que le donó en su día la Duquesa de Santoña. Componen su ajuar un vestido de terciopelo recamado en oro y manto de raso blanco que está bordado y sujeto por un cerco de oro. La titular luce en su testa corona de plata y pendientes de esmeraldas, portando en su mano un cetro de filigrana y un rosario de oro. Por lo que respecta al niño Jesús, también de vestir, luce túnica de raso blanco bordada, potencias de plata y escapulario de seda con lentejuelas de oro.

La ensenada y el ingenio San José a comienzos del siglo XX.

La aparición de la Virgen en el pórtico de la iglesia da lugar al desenfreno del público y a los continuos vítores a la Reina de los Mares. Siguiendo la tradición, la banda de música toca los sones de la marcha real mientras que el estruendo de una traca inunda el ambiente con un profundo olor a pólvora quemada. Puesta en marcha la comitiva, la procesión discurre hasta la fábrica de San José. Abren su marcha los dos estandartes de la Virgen, de color blanco y azul pálido, a los que siguen numerosas personas dispuestas en largas filas. A continuación, las andas de la Virgen, que son portadas por ocho jóvenes horquilleros y un capataz. Inmediatamente después siguen los padres agustinos Fr. Francisco de Orduña y Fr. Ricardo Imás, junto a numerosos sacerdotes llegados desde Motril. Asimismo, le acompañan las autoridades locales, el comandante de Marina, el alcalde de la ciudad y la comisión organizadora de los festejos. Ya en la playa y sobre el altar erigido se colocó la imagen de la Virgen, a la que se le ofreció el cántico de himnos de capilla y una salve. A la conclusión del sermón, otra salva de cohetes  inunda el ambiente de polvo mientras los fieles enjugan sus lágrimas. La procesión se pone nuevamente en marcha recorriendo el itinerario fijado hasta entrar en la iglesia, “momento hermoso en que la Virgen se despide de sus hijos delirantes de entusiasmo que la aclaman enloquecidos mientras infinidad de cohetes inflaman el espacio y la música entona acompasada marcha triunfal”. Pasados estos momentos, la gente regresa hasta la playa siendo imposible circular por cualquier rincón del Varadero. Según la visión del cronista de prensa, se dieron cita en las fiestas alrededor de doce mil personas, lo que da idea de la trascendencia alcanzada para ser la primera vez que se celebran. El punto y final a los actos programados lo ponía el pirotécnico contratado que dio principio a la quema de una completa colección de fuegos de artificio entre los que destacaron las bengalas y las coronas voladoras.

Así concluían las fiestas de ese emblemático año de 1906. Hoy, como ayer, los motrileños se preparan para asistir a la celebración religiosa que los mayordomos del año organizan en honor a Nuestra Señora del Carmen. De nuevo el barrio porteño verá transcurrir por sus calles el alegre y bullanguero paso de la Virgen del Carmen, patrona de los Marinos. De nuevo, surgirán los vítores y aclamaciones a la soberana Reina del Mar. De nuevo, el pueblo entero le acompañará en loor de multitudes para recoger sus plegarias y desplegar su manto protector sobre sus hijos pescadores. Es y seguirá siendo la Virgen del Carmen, el símbolo espiritual de todos los marineros. Por siempre y para siempre, ¡Viva la Virgen del Carmen¡

PROGRAMA DE FIESTAS EN HONOR DE LA VIRGEN DEL CARMEN

AÑO 1906

Día 25             A las doce repique de campanas y disparo de cohetes.

                        A las cuatro y media entrada en el Varadero de la Banda municipal

                        A las cinco practica de ejercicios de salvamento de náufragos.

                        A las seis cucañas de mar y tierra

                        A las ocho iluminación de acetileno en las orillas del mar, bailes populares y música.

Día 26             A las cinco de la mañana, diana y disparo de cohetes.

                        A las siete, función religiosa en honor de Nuestra Señora del Carmen.

                        De ocho a nueve concierto por la banda municipal en las arenas del mar.

                        A las cuatro de la tarde, regatas a remo o vela con premio de 25 pts, en la que tomarán parte cuantos botes se hayan inscrito hasta las doce del mismo día, cuyas condiciones para la inscripción y distancia a recorrer serán designadas por un jurado. Las inscripciones se harán en casa de Don José Carabal.

                        A las seis, carreras de burros con premios de 10 pts al que tarde más en recorrer la distancia que se señale.

                        A las seis y media, carreras en saco con premios de  5 pts

                        A las siete, procesión, saliendo Nuestra Señora del Carmen de la iglesia del Varadero siguiendo por la calle de San José a la playa, sobre cuyas arenas se levantarán arcos y entre uno de ellos un altar donde se cantarán himnos y salve por la capilla que dirige D. Cristóbal Rodríguez, predicando el elocuente orador sagrado y párroco de esta ciudad D. Enrique Bermejo Alemán, continuando después la procesión por los barrios de Salamanca y del Progreso.

                        A las nueve, divertidos y variados fuegos artificiales en el mar, bailes populares, iluminación de acetileno y música.

                        Al vecino que adorne mejor la fachada de su casa se le dará un premio en metálico.

                        Por la comisión de Fiestas:

                        El presidente, Amador Sánchez.

                        El Vicepresidente, José Carabal.

                        El Tesorero, José Torreblanca.

                        El Secretario Emilio Méndez de la Torre.

                        Vocales: Pedro Ortega, Enrique Ortega, Aureliano Prieto, Francisco Cobos, Pedro González, Manuel Garvayo, Juan Ramírez.

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