✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 8 de marzo de 2026
En el LXXXIV aniversario del fallecimiento del ajedrecista José Raúl Capablanca y Graupera, la “maquina de jugar ajedrez”

Hoy domingo, 8 de marzo, festividad de San Juan de Dios (João Cidade Duarte, 1495 -1550), Patrono de los hospitales y los trabajadores de la salud, en la décima semana de 2026, se cumplen 84 años (domingo, 1942), del fallecimiento en Nueva York (EEUU), a la edad de 53 años, del ajedrecista hispano cubano José Raúl Capablanca y Graupera, Campeón Mundial de Ajedrez (1921 – 1927). Por su genio es llamado “El Mozart del Ajedrez’’ y por el aura de invencibilidad que tiene en su etapa de esplendor, “La Máquina de Jugar Ajedrez’’. Está considerado como uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos.
De amplia cultura y educación exquisita, maneras refinadas, muy elegante, cortés y atractivo, es la antítesis de la imagen tópica de un gran maestro del ajedrez. Así era José Raúl Capablanca y Graupera, un genio, con mayúsculas.

José Raúl Capablanca sufre de presión arterial alta. A las 9 de la noche del sábado, 7 de marzo, conversa amistosamente mientras analiza el final de una partida que acaban de sostener los aficionados C. Saxon y L. Konton, en el Club de Ajedrez “Manhattan” (1877 – 2002), situado frente al Parque Central. De pronto, se pone en pie y exclama angustiado: “Ayúdenme a quitarme el abrigo”. Se desvanece y cae desplomado al suelo. Es trasladado al Hospital “Monte Sinaí” (1468 Madison Ave), donde es atendido. Y fallece a las 6 am del domingo, 8 de marzo, tras sufrir un derrame cerebral masivo.
La noticia de su muerte genera consternación en el mundo del ajedrez y el deporte en general: fallece el más grande ajedrecista conocido hasta la fecha. La funeraria Cooke, sita en el 117 West 72nd Street, se hace cargo de su cuerpo para embalsamarle y de la celebración de un primer funeral. Al mismo, asisten los más destacados ajedrecistas, dirigentes deportivos y líderes políticos de la ciudad; todos consternados por el inesperado deceso.

Por disposición del Gobierno cubano que preside Fulgencio Batista Zaldíbar (1901 – 1973), sus restos mortales van a ser trasladados hacia La Habana. Después de resueltos los trámites consulares correspondientes, es transportado por carretera desde Nueva York hasta Miami, para después ser embarcado a bordo de un ferry con destino al puerto de La Habana. Al llegar a tierra cubana, a pie de la escalerilla, están sus dos hijos: José Raúl (1923 – 1984) y Gloria de los Ángeles Capablanca Simoni (1925 – 2007). Una comitiva liderada por Aurelio Concheso, embajador de Cuba en EEUU, su viuda Olga Chagodalf y su hermano menor Aquiles, son testigos –en la tarde del 14 de marzo- de la presencia de cientos de cubanos que muy callados, le esperan en el viejo puerto de La Habana y ante una gran bandera a media asta en señal de respeto y profundo duelo.
Horas después, y para un segundo funeral, su féretro es trasladado al “Salón de los Pasos Perdidos” del Capitolio Nacional, donde el artista y profesor José Florencio Gelabert Pérez (1904 – 1995), le hace dos mascarillas funerarias que muestran los rasgos de un hombre joven, fuerte, sereno y bien parecido. Allí, el Congreso de la República le otorga la Orden “Coronel caído en campaña“, por su trabajo en el Servicio Exterior y aportes en la divulgación del nombre y valores de Cuba en el mundo. El féretro se cubrió de flores.

Una vez más, ante él se dieron cita destacadas figuras del deporte, la cultura, la política y la sociedad en general, para ofrecerle un último adiós. El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (1929 – 2005), escribe en 1988: “La primera vez que vi a Capablanca fue la última. Mi madre me llevó a verlo. Mi madre, tengo que decirlo, no tenía idea de lo que era el ajedrez pero sí sabía quién era Capablanca. Una tarde casi a primera noche nos arrastró a mi hermano y a mí a ver a Capablanca. Salimos después de comer y llegamos a nuestro destino, el Capitolio Nacional, cuando casi era de noche. El enorme edificio blanco estaba iluminado para una fiesta, a la que íbamos. Subimos la alta, ancha escalinata de granito hasta el salón de los Pasos Perdidos (buen nombre, lástima que fuera prestado) y allí en medio estaba Capablanca en su posición de eminente jugador de ajedrez que ha sufrido un jaque mate. Cuando nos acercamos, con reverencia, pude ver todo lo que se podía ver de Capablanca: sólo su rostro. Estaba terriblemente pálido, gris más bien y en la nariz y en los oídos tenía torpes tapones de algodón. Capablanca se veía inmóvil y sin edad: estaba muerto, era evidente, aunque era un inmortal”.

En la mañana del día 15 y ante una multitud de miles de personas, su féretro es trasladado hasta la Necrópolis de Cristóbal Colón, ubicada en la intersección de la Calzada de Zapata y Calle 12, en el barrio de El Vedado, en La Habana. Una vez allí, pronuncian oraciones fúnebres el vicepresidente de la República, Gustavo Cuervo Rubio (1890 – 1978), el ministro de Educación, José Agustín Martínez Viademonte, y el profesor universitario Pablo Lavín. Pero lo más impresionante y espontáneo fue la despedida popular. Es enterrado en el Cuartel N.O., cuadro número uno.
Desde el sábado 19 de noviembre de 1988, fecha del centenario del nacimiento de José Raúl Fausto Capablanca y Graupera, su tumba está adornada con la escultura de un majestuoso rey de mármol blanco de Carrara, obra del artista cubano José Florencio Gelabert. A menudo, admiradores de todo el mundo visitan su mausoleo para rendir homenaje a su legado en el mundo del ajedrez.

Colofón
Capablanca ha sido el único gran maestro de ajedrez que jugó partidas simultáneas en la Cámara de los Comunes, en Londres. Ocurrió el 2 de diciembre de 1919 y el primer ministro, Sir Andrew Bonar Law (1858 – 1923), tuvo a su cargo presentarlo a los miembros del Parlamento inglés, 38 de los cuales fueron sus contrincantes.
Tras el torneo de Moscú de 1925, José Raúl Capablanca escribe un relato del acontecimiento, junto con propuestas para una nueva variante del ajedrez. Lo hace en la Revista Bimestre Cubana de la Sociedad Económica de Amigos del País, Tomo XXI, Número 2, marzo-abril de 1926, páginas 161-16). El “Ajedrez Capablanca” debía jugarse en un tablero de 10×8 con dos nuevas piezas: el “arzobispo”, que combinaba los poderes de un alfil y un caballo, y el “canciller”, que combinaba los poderes de una torre y un caballo.
En 1988 la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) proclama que el 19 de noviembre sea reconocido como “El Día Internacional del Ajedrez” en honor a José Raúl Capablanca Graupera (1888 – 1942), en el Centenario de su nacimiento. Maestros y aficionados estudian sus partidas en los cinco continentes y está consagrado en el mundo entero como el fundador genial del ajedrez moderno. Según el mismo José Raúl Capablanca Graupera, “El ajedrez es algo más que un juego, es una diversión intelectual que tiene algo de arte y mucho de ciencia y es, además, un medio de acercamiento social e intelectual”.




