EFEMÉRIDES DE FIN DE SEMANA

✍Antonio Gómez Romera

Domingo, 15 de febrero de 2026

En el CXXI aniversario de la muerte del escritor Lewis Wallace, autor de la célebre novela ‘Ben-Hur’

Foto del general Lewis Wallace.

Hoy domingo, 15 de febrero, festividad de los Santos Faustino y Jovita (siglo II), hermanos mártires de Brescia (Italia), que fueron decapitados por orden del emperador Adriano,  y Patronos de los solteros, en la séptima semana de 2026, se cumplen 121 años (miércoles, 1905) del fallecimiento de Lewis Wallace en su casa de Crawfordsville (Indiana – EEUU), de un cáncer de estómago cuando contaba 77 años de edad. Abogado, militar, político, diplomático y, sobretodo, escritor, es autor de “Ben-Hur: Novela de la época de Jesucristo” (“Ben-Hur: A Tale of the Christ” – 1880), la más vendida del siglo XIX. Lewis Wallace es enterrado en el Cementerio de Oak Hill (Montgomery County), donde su tumba está marcada con un obelisco de 9 metros de altura diseñado por Sidney Allen Speed (1846 – 1923) veterano de la Guerra Civil, alcalde de Crawfordsville y reconocido cantero.

Lew Wallace en 1903.

LEWIS WALLACE

Además de ser Héroe de la Guerra Civil Norteamericana, Gobernador del Estado de Nuevo México y, posteriormente, embajador en Turquía, este nativo (1827) de Brookville (Indiana, EEUU), fabrica y toca sus propios violines, dibuja y pinta con maestría, y posee 8 patentes para diversos inventos, incluyendo un carrete retráctil oculto en el mango de una caña de pescar. Pero es en la Literatura donde Wallace realmente deja huella.

Portada de «Ben-Hur A Tale of the Christ».

“BEN-HUR: UNA HISTORIA DE CRISTO”

En septiembre de 1876, Lewis sube a un tren en Crawfordsville con destino a una reunión de soldados de la Unión en Indianápolis. Viaja, en el mismo tren, un antiguo conocido, Robert Green Ingersoll (1833 – 1899), abogado, veterano de la Guerra Civil, líder político, orador y un reconocido agnóstico. Durante el viaje, ambos inician una conversación sobre la divinidad de Cristo y otros temas religiosos. Ingersoll, intenta convencerle con sus opiniones agnósticas. Wallace, que cree tener una base cultural sólida, se siente profundamente avergonzado al no poder defender el cristianismo de forma convincente  y según dijo, “Me avergoncé de mí mismo, y me apresuro a declarar que la mortificación del orgullo que sufrí entonces… me llevó a la resolución de estudiar todo el asunto, aunque solo fuera por la satisfacción que pudiera proporcionarme tener convicciones de un tipo u otro”. Esta conversación le impulsa a estudiar por sí mismo la vida de Jesucristo. No para escribiruna novela, sino para comprender.Así comienza el viaje mental de Lewis al mundo de la Judea del siglo I. Al más puro estilode un abogado, se dedica a los libros: primero la Biblia, y luego todos los libros dereferencia sobre el antiguo Oriente Medio que puede encontrar. Lo hizo todo, menos ir aJerusalén. Años más tarde, cuando visitó Tierra Santa, puso a prueba su investigación y dijocon orgullo: “No encuentro ninguna razón para hacer un solo cambio en el texto del libro”.

Investiga y escribe la novela durante algo más de 3 años. Realiza la mayor parte de su trabajo bajo un haya de su residencia en Crawfordsville. “Examiné catálogos de libros y mapas, y pedí todo lo que pudiera ser útil. Escribía siempre con un diagrama ante los ojos: una publicación alemana que mostraba los pueblos y aldeas, todos los lugares sagrados, las alturas, las depresiones, los pasos, los senderos y las distancias”.

Lewis Wallace enmarca la historia a través de los ojos de un joven noble judío, Judá Ben-Hur, quien sufre traición, injusticia y brutalidad, y anhela que un rey judío derrote a Roma. El estilo literario de la novela es una combinación de romanticismo y espiritualidad, que es común en las novelas sentimentales del siglo XIX. Lewis dijo que escribió “Ben-Hur” como una manera de interpretar sus propias creencias acerca de Dios y de Cristo. También se ha asegurado que él, antes, había sido incrédulo y fue precisamente a través de sus estudios en documentos de la época para redactar su novela cuando llegó a la conclusión de que realmente existió Jesús de Nazaret.

Póster de 1899 del estreno en Broadway.

Lewis entrega en mano el manuscrito terminado a Harper & Brothers (Franklin Square – New York); está escrito en tinta púrpura y Joseph Harper lo elogia como “el manuscrito más hermoso que jamás haya llegado a esta casa. Un audaz experimento para convertir a Cristo en un héroe que se ha intentado a menudo y siempre ha fracasado”. Es publicada el viernes, 12 de noviembre de 1880. Muchos miembros del clero que son opositores de las novelas en general, a partir de “Ben-Hur”, cambian de parecer y su aprobación ayuda a que se convierta en una de las novelas “best seller” de su tiempo. La novela convierte a Lew Wallace en toda una celebridad; es solicitado para dar conferencias, conseguir apoyo político y ofrecer entrevistas periodísticas.

Un cartel de 1901 para una producción en el Teatro Illinois de Chicago.

La misma mañana en que el vigésimo presidente de los EEUU, James Abram Garfield (1831 – 1881) termina de leerla, escribe una nota de agradecimiento a Lewis y, en menos de un mes, le ofrece la Embajada en Turquía. El ex-presidente Ulysses S. Grant (1822 – 1885) confesó que estaba tan absorto en la historia que la leyó durante 30 horas seguidas. Y, la novela se hace tan popular, que es adaptada por el escritor William W. Young (1847 – 1920) como obra de teatro (“Ben-Hur”), estrenada el miércoles, 29 de noviembre de 1899, en el Broadway Theatre de Nueva York (calle 41). Es dirigida por Ben Teal (Benjamin Moses Teal, 1857 – 1917), y producida por Marc Klaw (Marcus Alonzo Klaw, 1858 – 1936) y A. L. Erlanger (Abraham Lincoln Erlanger, 1859 – 1930). El personaje de Cristo no es interpretado por ningún actor y es “representado como un rayo de luz de 25.000 bujías”. El espectáculo clave de la función de 1899 recrea la carrera de carros con caballos vivos y carros reales corriendo sobre cintas de correr contra un fondo rotatorio. La función, de 3 horas y 29 minutos de duración, es representada en su primera temporada 194 veces, hasta el jueves, 10 de mayo de 1900, y se convierte en un espectáculo de éxito que vende miles de entradas cada semana. Hasta abril de 1920 se representa en Broadway durante 18 temporadas no consecutivas. Las versiones internacionales del espectáculo se presentan en Londres (Inglaterra) y en Sídney y Melbourne (Australia) y a esa dramatización le siguen producciones cinematográficas en 1907, 1925, 1959 y 2016. Ben-Hur también ha sido adaptado a varios dibujos animados y un musical. Se considera que “Ben-Hur” es el libro cristiano más influyente del siglo XIX.

Cartel de la película Ben-Hur de 1959.

En el año de 1900, ya han salido de las imprentas 36 ediciones en inglés y se ha traducido a otras 20, incluyendo indonesio y braille. Llega a ser la novela más vendida en Estados Unidos, superando en ventas a “La cabaña del Tío Tom” (1852), de la escritora abolicionista estadounidense Harriet Beecher Stowe (1811 – 1896). Permanece como la novela más vendida hasta la publicación de “Lo que el viento se llevó” (1936), de Margaret Mitchell (1900 – 1949). “El odio, mantiene vivo al hombre”. Esas “famosas” palabras no aparecen en la novela del general Lew Wallace, pero sí en la película de la Metro – Goldwyn – Mayer, “Ben-Hur” (1959). Hubo una disputa sobre la atribución del guion, pero Karl Tunberg (1907 – 1992), Christopher Fry (1907 – 2005) o Gore Vidal (Eugene Luther Gore Vidal, 1925 – 2012) ponen esa frase en labios del patricio romano Quinto Arrio, interpretado por Jack Hawkins (1910 – 1973) cuando se enfrenta al esclavo de galeras Judá Ben-Hur, interpretado por Charlton Heston (John Charles Carter, 1923 – 2008).

La película cuesta a MGM 15 millones de dólares; le vale al Estudio un récord de 11 premios Óscar y es vista por 98 millones de personas en cines de Estados Unidos. Es la única película de Hollywood que figura en la lista oficial del Vaticano de películas religiosas aprobadas. El director de la MGM, Louis B. Mayer, quería autenticidad para la carrera de carros y ofreció un premio en efectivo de 100 dólares al conductor ganador. Por supuesto, ese final tendría que acabar en la sala de montaje y en su lugar se insertaría la victoria de Ben-Hur.

Escena de la película Ben-Hur de 1959.

William Wyler fue asistente de dirección en esa carrera de cuadrigas. Treinta y cuatro años después, dirigiría la versión sonora protagonizada por Charlton Heston, aunque Burt Lancaster, Rock Hudson y Paul Newman fueron los primeros en ser contactados para interpretar el papel principal. Newman declinó, alegando que no tenía las piernas para ello y Heston estaría tan estrechamente identificado con Judah Ben-Hur durante el resto de su vida que mantuvo décadas de correspondencia con el personal del Estudio Lew Wallace, intercambiando tarjetas de Navidad y cumpleaños. Finalmente, visitó el Estudio en 1983, sin pompa ni prensa. El Estudio exhibe con orgullo una foto tomada durante su visita; reposa frente al glorioso traje que Heston lució en la carrera de cuadrigas, en la que como es bien sabido, condujo él mismo y, según el guion, ganó con facilidad.

Estatua de Wallace en el Capitolio.

Colofón

La Sociedad Histórica del Estado de Indiana rinde homenaje a Lewis Wallace el martes, 11 de enero de 1910, con la inauguración de una estatua de mármol en la Colección del Salón Nacional de Estatuas del Capitolio de Estados Unidos en Washington D.C., obra del escultor Andrew O’Connor (1874 – 1941). Una copia en bronce de la estatua se encuentra instalada en los terrenos del Estudio de Wallace en Crawfordsville,

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