Domingo A. López Fernández
Cronista Oficial de la ciudad de Motril
EL GRAN BELENISTA DE LA CIUDAD DE MOTRIL (II)
Tras conocer los datos de su infancia y adolescencia, continuamos hoy con la trayectoria vital de Emilio González Carrillo, el gran belenista de la ciudad de Motril. En esta segunda parte de su biografía se trata, precisamente, ese particular hobby que atesora desde joven que le va a convertir en un conocido experto en Belenes y en el mejor proveedor de imágenes para los nacimientos de Navidad en la ciudad de Motril, figuras que concierta con reputados comerciantes de Murcia, Sevilla y Córdoba, en los que encuentra siempre la calidad que personalmente requiere y el marchamo de buenos artistas a la hora de crear sus obras. Se trata de imágenes en serie que, no obstante, en la mayoría de casos, aparecen firmadas por sus autores, lo que confiere una mayor reputación a estas obras de pequeñas dimensiones que se enmarcan en la tradición belenistica que hunde sus raíces en el siglo XIII en Italia. Desde aquí, en siglos posteriores pasará a España dando lugar a una floreciente industria de pequeñas imágenes conmemorativas del Nacimiento del Niño Dios y todas las figuras accesorias que componen su recreación histórica.
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Cerrada la librería en 1996, Emilio pasa a trabajar en el estanco de la calle Fina, donde va a continuar su labor como belenista, pues va a dedicar una habitación de la parte alta como taller en el que va a exponer los variados personajes y estructuras que caracterizan a los nacimientos. En el estanco de tabacos alcanzará la jubilación, lo que le va a permitir dedicar un mayor tiempo a este hobby que es su auténtica pasión. Emilio era un auténtico “manitas”, y otra de sus grandes aficiones era la de confeccionar tronos de semana santa en miniatura con detalles propios de los pasos que llamaban poderosamente la atención. Muchos de ellos eran adquiridos por cofrades que veían reflejados a sus titulares fidedignamente, razón por la cual deseaban tenerlos presentes en sus casas.
Tal como recoge la revista “Campanillas” en su primer y único número que es editado por la archicofradía de la Santa Vera Cruz, el grandioso Belén de la iglesia de la Encarnación surge en la navidad de 1998. Sus organizadores, entre los que se encuentra Emilio, tienen como objetivo incrementar las actividades de formación cristiana entre los más jóvenes, de modo que en el cabildo de oficiales de la corporación se aprobará la idea y se propondrá al párroco montar un Belén en el interior del templo. Dicha idea sería expuesta por el coadjutor de la iglesia al resto de cofradías y a la propia Agrupación de Hermandades, que en éste, su primer año, colaboraron en su gran mayoría aportando recursos económicos para adquirir las primeras figuras belenísticas y los materiales necesarios para recrear el Nacimiento del Niño Dios.

Al año siguiente, ya con menos participación de las cofradías, se pudieron adquirir nuevas figuras que engrandecieron el Belén, así como la realización de una estructura metálica que dio más consistencia al tinglado en el que se sustentaba la recreación histórica del Nacimiento. Esta vez en su montaje se volcó prácticamente toda la junta de gobierno de la cofradía, sobresaliendo José Luis Bosch Posadas o Fernando Guzmán, entre otros, así como personas que siempre daban el do de pecho en cuestiones cofrades como podían ser Paulino Chamorro o Francisco Puga. Desde entonces, la cofradía de la Santa Vera Cruz continuó ya en solitaria en este proyecto en el que Emilio González Carrillo se erige en su gran artífice. Así, la cofradía destina una parte de su presupuesto a esta actividad, que se sufraga, igualmente, con los donativos que se recaudan en la hucha petitoria que se ubica en el Belén y la cena que anualmente se pretende instaurar entre la asociación de “Amigos del Belén”. Es así como se va a ir mejorando en calidad, cantidad y grandiosidad el inventario patrimonial del Nacimiento, que por acuerdo corporativo va a ser donado a la parroquia para que todos los años pueda ser disfrutado por todos los motrileños. Emilio González Carrillo es su gran artífice, su diseñador, y como buen amante de los Nacimientos, cada año le da un toque de originalidad; nunca hay un Belén igual y cada año se va engrandeciendo en superficie y en el número de figuras, escenas y motivos ornamentales. La revista “Campanillas”, editada en el año 2001, reflejaba en sus contenidos que el Belén de ese año, según sus propias palabras, “será de estilo hebreo, situando el pueblo a la falda de una montaña, en cuya cima se situará el palacio de Herodes. El motivo principal, el pesebre, se ubicará en las afueras del pueblo. Un largo río bajará de la montaña y vendrá a desembocar a un lago. En los exteriores de la población e inmediaciones del rio, del lago y en la montaña se situarán otros elementos como la herrería, la alfarería, carpintería, serrería, campos de labranza, fuentes de agua, lavanderas, pescadores, leñadores…etc. Todo ello ocupando un área de 45 m2. Las figuras, de serie, son de estilo hebreo, confeccionadas en terracota cocida y lienzos encolados y todo ricamente policromado, procedentes de los afamados artistas de la escuela murciana”.
Esta navidad del año 2001, el misterio se compone del Niño Dios, la Virgen María y San José, juntamente con el buey, la mula y tres ángeles, figuras que tienen unas dimensiones de 25 cm. En cambio, los Reyes Magos subidos al camello y con pajes, junto con el resto de figuras secundarias son de 21 cm. Además, otras figuras de menor tamaño confieren una mayor visualización de las perspectivas y profundidades en su colocación sobre el Belén. Algunas figuras son de movimiento, tales como el herrero, el carpintero, el alfarero, cortadores de leña, pescadores, granjeros, pavos…, etc. Toda una recreación histórica que parece cobrar vida. Tal y como recoge la revista “Campanillas”, “las casas y demás construcciones, también al estilo hebreo son de fabricación propia, realizadas por distintos hermanos de la Archicofradía, en especial por Emilio González, principal artífice del montaje del Belén”. Como bien se refleja en el contenido de la revista, destacan por su elaboración artesanal con muy concisos detalles tales como techumbres de teja y azoteas o la grandiosidad del palacio de Herodes, con su riqueza de columnas y solerías de “mármol”. Y, como no, la delicada y conseguida ambientación que ofrece la iluminación eléctrica.

El Belén de 2001 representa solo tres escenas principales, la Anunciación a María, la Natividad y la caravana de los Reyes Magos, constando ya en la mente de Emilio añadir otras como la Visitación a la Virgen, el empadronamiento en Belén, la Posada, Camino del Establo, la Presentación del Niño en el templo, la Adoración de los Magos, el Aviso del Ángel a San José, la Huida a Egipto, la Estancia en Egipto, el Niño Jesús entre los Doctores del Templo y la Sagrada Familia. Una singular recreación histórica, sin duda, de unos hechos históricos que han marcado a la humanidad. El grandioso Belén de la iglesia Mayor se pretendía que quedara abierto al público desde el tiempo de Adviento, es decir, el último domingo de noviembre, que es el tiempo de espera de la venida de Cristo, hasta el inicio del tiempo Ordinario, el domingo siguiente a la Epifanía, en que se celebra el bautismo del Señor.
La grandeza del Belén de ese año de 2001 en la iglesia Mayor fue sublime, y como tal, fue referido en el artículo que bajo el título de “Belenes a pie de playa, la tradición no muere”, fue publicado en el Diario Ideal de fecha 24 de diciembre, en que se dice que “entre los Nacimientos más importantes se encuentra en Motril el de la iglesia de la Encarnación, una recreación de estilo hebreo, que se realiza este año por cuarta vez consecutiva y que ocupa una superficie de más de 40 m2. Emilio González, artífice principal de la obra, asegura que el Belén es una forma fácil y visual de acercar los misterios de la Navidad a los más pequeños, una idea que comparte el párroco de la iglesia y que justifica así el sentido originario de la obra”. Según la redactora de Ideal, Ana González, el Belén se había montado sobre vegetación natural procedente de Málaga y figuras de barro, juntamente con gran lago con correntía de agua que bajaba de un rio, colocándose en el mismo nenúfares naturales y pececillos. Una gran recreación histórica, sin duda, en la que Ideal quiso incidir, sobretodo, en “el numeroso público que cada año guarda cola para escudriñar todos y cada uno de los detalles de esta singular afición que se ha convertido en ·hobby para muchos de los vecinos de la costa”. Además, en este año de 2001, se le ha añadido movimiento a las figuras, lo que agrada mucho a los fieles que acuden a su contemplación. Ya lo decía Emilio, “Intentamos que el pesebre vaya creciendo a lo largo de los años hasta que consigamos representar todos los misterios”. De la misma forma, el diario provincial le hacía una extensa entrevista en la navidad de 2016, en la que se hacía constar que era el vigésimo año consecutivo que armaba el Belén y que en ese año llegaba a ocupar más de 40 metros cuadrados. Como era de prever, EL FARO, igualmente, le dedicaba una entrevista en el mes de diciembre de 2022 con el título de “La tradición del Belén vuelve a casa por Navidad”, donde refería las particularidades del Nacimiento de ese año, su pasión y su completa dedicación para engrandecer lo que para los motrileños constituía una autentica obra de arte religioso.

De mano de Emilio González, el Belén de la iglesia Mayor ha ido evolucionando con los años. Una vez se montó junto a la pila bautismal. Otra, en el brazo derecho del crucero y en un lugar muy cercano a la puerta lateral del mismo. En el trabajo de montaje tenía tres ayudantes que le facilitaban mucho su labor, concretamente Francisco Puga, hasta su fallecimiento, Daniel Lozano y Juan Luis González, al que se unirían posteriormente sus dos grandes amigos, Genaro González Hernández y José Juan Acien Palencia y su hija, Lourdes González Robles. Sobre su labor exponía que el mismo solía captar la idea de conjunto del Belén y ellos le ayudaban a ponerla en práctica. Según afirmaba, hecho el Belén, no paraba de pensar cómo iba a ser el del año siguiente. En la entrevista señalada afirmaba que para 2017 estaba “ideando un desierto grande, además de la cascada y el rio para el siguiente. Me subo arriba y lo veo con perspectiva. Mis ayudantes ya saben cómo me gustan las cosas y me proponen ideas acordes”. Según exponía, solían tardar unos diez días en montar el Belén y daba a conocer que algunas noches se encerraban en la iglesia hasta las 3 o 4 de la madrugada, pues “es una faena muy larga de hacer y además tenemos que dejar todo recogido porque a las pocas horas hay misa”. Todos los años, Emilio se mostraba orgulloso de su obra. Según decía “porque los críos disfrutan. Los traen del cole, los niños de comunión también lo ven. Vas por la calle y te dicen ¡Emilio este año te ha quedado precioso ¡”. Gratificación sin más en su ser.
El Belén se montaba todos los años para los primeros días de diciembre y se desmontaba siempre el día 13 de enero, festividad de los terremotos. Según afirmaba, desmontarlo no “me da pena. Para mí esto es como las fallas de Valencia. Sabes que se tiene que retirar y que lo vas a volver a montar meses después”.

La obra belenistica de Emilio González Carrillo terminó para siempre en los primeros días de 2025. Como siempre, las operaciones de desmontaje en la iglesia Mayor tuvieron lugar el día 13 de enero sin ningún tipo de desasosiego, pues sabía que un año más, habría de estar presente para erigir un nuevo pasaje del Belén con importantes novedades. Ese día, como buen motrileño, Emilio acompañó a la Virgen de la Cabeza y el Nazareno en su tradicional procesión votiva. Había notado ya algunas molestias en su pecho, pero no le dio ninguna importancia. El día 25 de enero el dolor fue a más y decidió ir al Hospital de Motril para que comprobaran su estado. Ya no salió de allí. Los médicos plantearon trasladarlo a Granada, pero no dio tiempo. Emilio dejaba el mundo terrenal en la madrugada del día 26 de enero de 2025, siendo muy numerosas las personas que le acompañaron en su funeral. En la homilía, el propio párroco de la iglesia de la Encarnación, D. José Albaladejo Hernández, tuvo palabras de consuelo para la familia y hasta se llegó a emocionar en su despedida recordando tantos y tantos años de colaboración plena y desinteresada en una obra cristiana como era la de trasladar a la feligresía la importancia del Nacimiento de Jesús y su relevancia como catequesis viva de unos hechos que trascendieron a la humanidad.
Emilio González Carrillo dejaba este mundo terrenal y lo hacía con solidaridad, pues tenía dicho que al momento de su fallecimiento se donaran los órganos que fuesen menester. Así lo cumplió su familia donando las córneas de sus ojos. Aquí se concluía su historia personal, una historia que le ha hecho ser considerado para hoy y para siempre como el “gran belenista de la ciudad de Motril”.







Memoria de aniversario (Parte I)




