UN TRECE DE ENERO REPUBLICANO

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En el día de hoy, 13 de enero, Motril celebra el voto de la ciudad, aunque de forma muy especial, pues por motivos de la pandemia la procesión con la que culminan los cultos no se puede celebrar. Volviendo la vista atrás, pero salvando las distancias, el hecho que motiva la suspensión y las propias circunstancias políticas, en el año de 1932 se dio en Motril una situación muy parecida que solo la devoción del pueblo pudo solventar a costa de demorar en días la tradicional procesión del voto. He aquí el conciso detalle de los hechos en aquel aciago año de 1932.

Domingo A. López Fernández

-Cronista Oficial de la Ciudad de Motril-

UN TRECE DE ENERO REPUBLICANO

No había transcurrido ni un año desde la instauración de la II República en España cuando ya se habían decretado algunas disposiciones contrarias al estamento eclesiástico. La iglesia católica no recibía ya la asignación que el estado libraba para el sostenimiento del culto público nacional y, para contrarrestar esta medida, los prelados habían determinado la creación de juntas parroquiales por todo el territorio nacional. Estas comisiones, formadas por seglares, eran las encargadas de confeccionar listas de fieles que voluntariamente desean entregar sus cuotas para favorecer la práctica del catolicismo.

ANTIGUO NAZARENO DE MOTRIL…

En este estado de medidas, uno de los primeros acuerdos de la Junta Parroquial de la Iglesia de la Encarnación es la de no interrumpir la celebración del voto del día 13 de Enero. Esta fiesta, de gran tradición en Motril, hundía sus raíces en la promesa que sus antepasados habían acordado con motivo de los terremotos acaecidos en 1.804, voto que será renovado años más tarde con la serie de movimientos sísmicos que acontecen en la Navidad de 1884. La fiesta del voto siempre ha sido solemne en Motril. Sus prolegómenos principian el día 25 de diciembre con una procesión religiosa que parte desde la Iglesia Mayor con la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. La comitiva se dirige hasta el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza para recoger a su titular y trasladarla a la iglesia parroquial, donde será colocada en un altar portátil para presidir los cultos. El día 13 de enero, ambas efigies vuelven a salir en procesión para reintegrar en su ermita a la Patrona de Motril. El Ayuntamiento tradicionalmente asiste a ambos actos en lugares de honor, así como a los cultos y, es más, siempre ha subvencionado sus gastos con la correspondiente consignación presupuestaria. Pero ahora, las nuevas disposiciones de la República han provocado cambios sustanciales. La comisión organizadora ha requerido al alcalde de la ciudad el apoyo institucional, pero éste les ha comunicado que el Ayuntamiento se desliga de su compromiso. No obstante, con arreglo a sus facultades, autoriza la salida de las dos procesiones. Tras la insistencia de la comisión, ha dispuesto que la banda de música municipal participe en el acto del día 13 sin costo alguno. Con esta dificultad se celebra la procesión del día 25 de diciembre, que como recoge la crónica de «El Faro» del día 2 de enero de 1.932, «fue la manifestación más solemne de religiosidad y de cultura que puede ofrecer un pueblo; hasta la naturaleza pareció asociarse a la grandiosidad del acto con su calma y suave temperatura…».

En Motril, el nuevo año tiene un comienzo turbulento. El paro tiene sumido en una difícil situación a varios centenares de familias que no encuentran ningún tipo de ayuda para subsistir. Es más, una comisión de obreros ha visitado al alcalde para impetrar su mediación en la búsqueda de algún tipo de trabajo. En estos momentos la institución municipal se encuentra imposibilitada para darles ocupación, pero les promete hacer gestiones para emplearlos en obras del estado. Aun así ha arbitrado una solución satisfactoria para que un buen número de trabajadores puedan ser contratados en la construcción de los caminos de la vega.

La situación se complica en los primeros días del mes de enero. En Salobreña, unos desagradables acontecimientos han desembocado en la prisión de algunos miembros del Partido Socialista. Por solidaridad, en Motril ha sido declarada una huelga general para el día 12. Narciso González Cervera tiene orden de no moverse de la ciudad hasta en tanto no se aclare si se lleva a cabo la jornada de protesta. No obstante, se traslada a Granada y acude ante el gobernador civil para interceder por sus compañeros de partido. A su salida también es detenido, y sólo una orden telefónica del ministro de Gobernación logra ponerle en libertad. En la noche del día 11, por orden gubernativa, son detenidos los integrantes del comité de huelga. Inmediatamente ingresan en prisión el concejal y Presidente de la Agrupación Socialista local D. Juan Cuellar Chica, el Presidente de la Juventud Socialista D. Francisco García Contreras y D. Victoriano Melgarejo. Ya nada puede parar la jornada de protesta.

La huelga general tiene lugar el día señalado y se cumple con total normalidad. El comercio abre sus puertas y no se entorpecen las compras a sus clientes. Numerosos obreros recorren las calles en actitud pacífica, mientras que la Guardia Civil patrulla para prevenir incidentes.

Tal como estaba fijado, el día 13 de enero tiene lugar en la parroquia de la Encarnación la función conmemorativa del voto de la ciudad. A las diez y media de la mañana la iglesia se encuentra ya totalmente abarrotada de fieles. Oficia el acto el párroco, D. José Puertas Bueno, asistido de diácono y subdiácono. El tradicional sermón ha quedado este año a cargo del sacerdote de Orgiva, D. Francisco Gómez Polo. Por la tarde, horas antes de que se verifique la procesión, ésta es suspendida por la primera autoridad municipal. El alcalde justifica la medida en la previsión de incidentes por parte de incontrolados, ya que el día anterior había sido prohibida una manifestación obrera para protestar por los incidentes acontecidos en Motril y la vecina ciudad de Salobreña. La comisión organizadora decide entrevistarse con Narciso González Cervera para persuadirle en su decisión. Le es solicitada una gestión de concordia con los organizadores de la huelga general para prevenir cualquier alteración del orden, pero la decisión es firme. Ante la insistencia del grupo de devotos, el alcalde, en uso de sus facultades prohíbe la procesión para ese día 13. La noticia se extiende rápidamente por Motril y las censuras hacia Narciso González Cervera no tardan en llegar.

El periódico local «El Faro» se convierte en la tribuna de denuncia pública. Desde sus páginas se afirma que «el alcalde sabe muy bien que esta procesión tiene una significación local tan elocuente que es consuelo para los labradores, porque en el Santuario de la Patrona el brazo místico del Nazareno bendice en unos momentos de emoción inenarrable los campos de Motril, esos campos llenos de frutos y de vida que en estos días les amenaza momentos de peligro y de ruina. El alcalde también no duda de que aquí en Motril, católicos y no católicos, saben respetar los sentimientos ajenos, y precisamente es el pueblo humilde el que con más fervor hubiese orado el día 13 ante las imágenes del Nazareno y la Virgen de la Cabeza, con esa fe recóndita que palpita en la conciencia popular…». Narciso González Cervera será señalado como la cabeza visible de este atropello a los católicos que acaba por incumplir el voto de sus antepasados. Ante ello, y con duras palabras se le responde que «el orden público se garantiza cuando hay interés en garantizarlo…, un alcalde tiene el indiscutible deber, apartando a un lado ideas confesionales, de respetar un voto de la ciudad tan solemne como el del 13 de enero, ofreciendo todas las garantías de seguridad necesarias para la celebración de un acto que a nadie ofende ni molesta. Garantías de orden que por lo que vemos, se dan sólo cuando convienen». Para acallar el clamor popular el alcalde se ve en la obligación de efectuar públicamente una serie de puntualizaciones que son remitidas para su difusión en el periódico local. Narciso González Cervera justifica su medida en la agitada situación social de la ciudad; afirma que existían razones suficientes para esperar incidentes desagradables durante el trayecto procesional. Así le fue informado por parte de la policía y por una comisión de obreros que acudió a la alcaldía para protestar por esa celebración religiosa. En su nota, el alcalde defiende que «es cierto que podían adoptarse medidas para garantizar el orden, pero como ante la ley, ambas manifestaciones son iguales por no gozar ninguna de privilegio, era necesario haber permitido la primera para consentir la segunda. Además, en ésta no era posible impedir que cualquier niño o algún intransigente faltara a los respetos debidos a toda creencia, dando una nota de incultura y de impiedad contraria a los sentimientos de los católicos…». Finalmente, el alcalde hace saber que en ningún momento prohibió la procesión, sino que solicitó al párroco de la Encarnación su aplazamiento por cinco o seis días, tiempo suficiente para calmar los ánimos de los obreros. Esos eran sus argumentos, y así se les hizo saber a la comisión organizadora de la procesión. Narciso concluía su carta con unas palabras que pretendían mediar en la agitada situación del momento. Y así afirmaba que «quiero deshacer terminantemente el equívoco de que el Socialismo es contrario a la religión. Todas las personas medianamente cultas saben que esto no es cierto y que el socialismo no es incompatible con la religión, ya que se puede ser un gran socialista y un gran creyente de cualquier religión, incluso la católica. El Socialismo es enemigo, sí, de toda intransigencia y precisamente por ello no va a incurrir en lo que combate. Yo como alcalde, debo y quiero guardar mis mayores respetos para todos y ampararé a los católicos en su derecho a manifestarse, como a cualquier otra idea, en tanto no pueda producirse, a mi juicio, un mal que después todos lamentaríamos. Conste pues que no ha habido prohibición y sí sólo un ruego atendido de aplazamiento por cuatro o cinco días…». La calma y el sosiego parecen reinar en los días que siguen al 13 de enero, aunque el comentario general sigue siendo la suspensión de la tradicional procesión de los terremotos. Días más tarde, concretamente el domingo 24 de febrero, la manifestación pública de fe consigue verificarse por las calles de la ciudad con el masivo acompañamiento de los motrileños. A su regreso, como era tradicional, la oración sagrada  se hizo sentir con fuerza en el centro de la entonces Plaza de la Republica –hoy plaza de España-, en un instante sublime en el que la emoción prendió en los corazones de todos los presentes, pues como bien recoge EL FARO, “miles de criaturas se hincaron de rodillas…, y el pueblo arrodillado ante la imagen repitió unánime con grandioso fervor… En aquel momento el voto de nuestros abuelos acababa de cumplirse”.

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