La inmortalidad

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CONCHA CASAS

 El foro de Concha

 Decía Benjamín Disraeli que cuando somos jóvenes creemos que, no sólo nosotros, sino todo cuanto nos rodea es inmortal.

Uno de los recuerdos ligados a mi juventud, tiene sin lugar a dudas, sabor a Ron Pálido. Pero no a cualquier ron pálido, sino al de Motril, que a fuerza de ser especial, se convirtió en el único.
Cuando me instalé en esta maravillosa tierra, mi casa se convirtió en improvisado hotel de los innumerables amigos y amigas que hicieron de esta zona un poco la suya también.
La calidez del clima, la proximidad del mar, el azul del cielo y el ron pálido (ron pa, para nosotros), hicieron de esos primeros tiempos, una continúa fiesta.
Todavía hoy, cuando los vapores de aquellos excesos hace tiempo que se diluyeron entre las brumas de los recuerdos, la sola evocación de ese ron, los hace retornar en una suave y cálida oleada que inevitablemente, dibuja una sonrisa en mi rostro.
Nuestra comarca, de la que injustamente sólo se conocen sus plásticos y el impacto medioambiental que estos provocan, siempre olvidada y relegada de los grades fastos, ha sabido mantener, quizás gracias a eso, ese sabor de lo auténtico que la hace única y que le aporta una calidez tan envolvente como la del propio ron.

Después de él, descubrí y paladeé otros sabores, tan diferentes y tan propios, que su sola mención me otorga el don de la ubicuidad, ya que esté donde esté, me trasladan a este paraje único y singular, lleno de azules etéreos y montes rotundos.

El vino costa es otra de nuestras joyas, y aunque no soy enóloga para aplicar los adjetivos adecuados a este caldo, sí puedo decirles que en él se combinan el calor de nuestro sol y la belleza de nuestros paisajes. Es un vino que te habla y lo hace de las manos que cultivaron sus vides, de la sequedad de las tierras que las vieron crecer y de la luz que le confirió ese tono rosado.

Son vinos que se han hecho mirando muy de cerca al mar, en laderas imposibles, rotas por barrancos que las quiebran sin piedad, en una naturaleza extraña, de la que hasta el agua se esconde bajo la tierra y que sin embargo da lo mejor de sí misma, apenas se pone un poco de cariño en ella.

Por eso creo que la inmortalidad no es exclusiva de la juventud, sino que es el conjunto de sensaciones, sabores y recuerdos, que convierten en eterno, lo aparentemente frugal.

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