✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 6 de septiembre de 2026
En el CV aniversario del nacimiento de la escritora Carmen Laforet

Hoy domingo, 6 de septiembre, festividad de San Eleuterio de Espoleto (siglo VI), abad del Monasterio de San Marcos Evangelista elogiado por el papa San Gregorio I Magno y conocido por su gran humildad, sencillez y los milagros que se le atribuyen, en la que ya es trigésimo sexta semana de 2026, se cumplen 105 años (martes, 1921) del nacimiento en Barcelona, de la escritora Carmen Laforet Díaz. Perteneciente al grupo de mujeres de la posguerra, deslumbra a su generación con su novela “Nada” (1944), ganadora de la primera convocatoria del Premio Nadal de la Ediciones Destino y que alcanza un gran éxito, arrasa en ventas, y se publican tres ediciones en el mismo año.
Carmen nunca imaginó que la historia que escribió en tan solo 8 meses en el nº 107 de la madrileña calle General Pardiñas del Barrio de Salamanca se convertiría en una de las Joyas de las Letras Españolas y que supondría una revolución tanto para la literatura del momento, como para su vida personal.

En 1947 se lleva al cine la versión de la novela “Nada”. El largometraje, dirigido por Edgar Neville (1899 – 1967), cuenta con actores como Conchita Montes (María de la Concepción Carro Alcaraz, 1914 – 1994) y Rafael Bardem Solé (1889 – 1972), entre otros. La película tiene problemas con la censura de la época, que recorta 30 minutos del metraje y hace desaparecer muchas de las escenas rodadas en Barcelona.

Breves Notas Biográficas
Carmen nace al mediodía, en el nº 36 1º, de la barcelonesa calle de Aribau, en la casa de sus abuelos paternos. Es la primera hija de Eduardo Laforet Altolaguirre (Castellón de la Plana), y de Teodora Díaz Molina (1900 – 1934). En la introducción del volumen “Mis páginas mejores” (Editorial Gredos, 1957), Carmen, casi siempre reacia a hablar de su vida privada, nos cuenta sus primeros años: “En 1923 –a punto de cumplir dos años-, fui con mis padres a Canarias. Mi padre era arquitecto y también profesor de la Escuela de Peritaje Industrial. Nuestro traslado a Canarias se debió a necesidades de este profesorado. Yo recuerdo a mi padre muy joven, bien constituido, muy deportista. Tenía la costumbre de fumar en pipa y usaba una excelente mezcla inglesa cuyo olor se ha quedado en mí ˗así como el de los encerados corredores de la casa de Las Palmas˗ como uno de los olores inconfundibles de mi infancia”.

En Las Palmas de Gran Canaria van a nacer sus hermanos Eduardo y Juan José.
Cuando Carmen tiene apenas dos años y medio y su familia reside en la calle San Pedro bebe accidentalmente aguafuerte de una botella. La pequeña se quema el esófago, lo que le lleva a estar varios años con dolorosas curas y a alimentarse únicamente con papillas y puré. Hasta los cuatro o cinco años no puede probar el pan. En “Mis páginas mejores” Carmen Laforet relata que “Mi padre era hijo de sevillanos, de origen nórdico (de origen francés mi abuelo, y vasco mi abuela). Mi padre se había educado en Barcelona. Era un balandrista notable y tenía un barco propio. Había sido campeón de tiro al blanco con pistola en su juventud, y también teníamos en casa copas obtenidas en carreras de bicicletas. Él nos enseñó a nadar a mis hermanos y a mí, a soportar fatigas físicas sin quejarnos, a hacer excursiones por el interior de la isla… y a tirar al blanco con pistola, cosa en que yo fui siempre más torpe que mis hermanos” (…) “Mi madre era toledana. Hija de una familia muy humilde, había hecho los estudios de primera enseñanza en la escuela de niñas pobres de unas monjas. Más tarde, obtuvo una beca para estudiar magisterio. Mi padre la conoció como alumna en una época en que él, accidentalmente, dio clases de dibujo en la escuela Normal de Toledo” (…) Yo la recuerdo como una mujer menuda, de enorme energía espiritual, de agudísima inteligencia y un sentido castellano, inflexible, del deber. Era una mujer de una elegancia espiritual enorme. Recuerdo también su bondad. Tenía el don de la amistad. En Las Palmas aún hay muchas personas que la querían y la recuerdan vivamente… Ella nos enseñó a mis hermanos (Eduardo y Juan) y a mí la valentía espiritual de la veracidad, de no dejar las cosas a medias tintas, de saber aceptar las consecuencias de nuestros actos”.

Manuel Herrera Hernández, miembro de la Asociación Española de Médicos Escritores (1932 – 2023), en su artículo “Carmen Laforet, un revulsivo de la literatura” publicado en La Provincia, Diario de Las Palmas, el jueves 4 de marzo de 2004, recuerda: “Ella se consideraba canaria y reconocía como un accidente su nacimiento en Cataluña (…) pasó la infancia y adolescencia en Las Palmas. El ambiente de su casa era de inquietud intelectual. Su padre se preocupó que sus hijos amaran la música y la lectura. Él mismo tocaba en el viejo piano por las noches, desde que eran pequeños ella y sus hermanos, y les servía de arrullo. Carmen era una mujer de belleza física y cualidades personales. Era reservada, tímida, delicada, de pocos amigos, pero muy íntimos, con un mundo interior muy rico y alejado de protagonismo, sencilla y modesta. Pero, a la vez, tenía un aura especial, diferente a sus amistades, con un gran amor a la naturaleza y a la libertad”.

Carmen queda huérfana de madre a los 13 años de edad por causa de una septicemia el día 11 de septiembre de 1934, cuando su progenitora tiene 33 años. Además del drama de la pérdida, hay que sumarle el hecho de que su padre, al poco tiempo de enviudar, se vuelve a casar. Carmen jamás tuvo una buena relación con su madrastra, Blasina La Chica, antigua peluquera de su madre y, más tarde, la califica como una «madrastra de cuento» que constantemente la amenaza de ingresarla en un correccional. Quizás por este ambiente familiar tóxico o por sus ansias de libertad, a los 18 años, justo al acabar la Guerra Civil, abandona la casa paterna con la idea de estudiar Filosofía y Letras, carrera que nunca terminó, y se marcha a Barcelona. En la citada obra “Mis páginas mejores”, Carmen refiere que “En el año 1939 -exactamente en septiembre- volví a Barcelona, donde viví tres años. Después de este período vivo en Madrid. He frecuentado -sin terminar ninguna de las dos carreras comenzadas- las Universidades de Barcelona y Madrid. He leído mucho. La vida me ha interesado en todos sus momentos, tanto en los malos como en los buenos. Cuando vuelvo la vista atrás, veo que todos esos años se han combinado para hacerme una persona capaz del difícil don de sentir la felicidad, y humildemente creo que hasta de derramarla en un círculo muy íntimo” (…) “En enero de 1944 -a los 22 años- empecé a escribir mi primera novela: “Nada”.

La noche del día de Reyes de 1945, Carmen, una joven desconocida de 23 años, obtiene el primer premio Nadal, en el curso de una cena celebrada en los salones del desaparecido Café Suizo de la Rambla. Según Carmen, “La novela desde su publicación obtuvo un éxito ruidoso que me sorprendió y sorprendió a todo el mundo. Creo que yo andaba aturdida. Me parecía que un éxito literario no debía incluir el interés por la persona de su autora, pero me llovían interviús y preguntas. Comprendí que no escribiría nada más hasta que se pasase todo aquello y dejasen de preguntarme “¿qué preparas ahora?”.
Carmen contrae matrimonio en 1946 con el periodista y crítico literario Manuel Cerezales González (1909 – 2005). A partir de ahí, tiene que conciliar crear y procrear, y tienen 5 hijos (Marta, Cristina, Silvia, Manuel y Agustín). El matrimonio acaba separándose en 1970. Recibe también el Premio Fastenrath, de la Real Academia de la Lengua Española en 1948.

De los recuerdos juveniles y de la amistad con sus amigos en Las Palmas: María Dolores de la Fe Bonilla (1921 – 2012), Pedro Lezcano Montalvo (1920 – 2002), Manuel González Sosa (1921 – 2011), y “Pancho Guerra” (Francisco Guerra Navarro, 1909 – 1961), entre otros, se inspira para la novela “La Isla y los demonios”, su segunda novela, publicada en 1950, que tiene como protagonista a una adolescente, Marta Camino; está basada en su propia experiencia juvenil en Las Palmas de Gran Canaria.
Como mujer, siempre defiende su libertad y su independencia: es una inconformista que se niega a aceptar el único papel que la sociedad franquista da a las mujeres, el de esposas y madres. Como escritora es una pionera que habla de su tiempo con una particular visión de la realidad española: describe como nadie el ambiente asfixiante de una España de posguerra, machista y autoritaria. Siente una devoción especial por Santa Teresa de Jesús, al igual que su admirado escritor y periodista Ramón J. Sender (1901 – 1982), con el que mantiene una relación epistolar publicada en 2003 con el título “Puedo contar contigo”, un total de 76 cartas en las que Carmen le cuenta sobre su vida familiar, los hijos, sus dificultades de ser y escribir como mujer, la inseguridad frente a su obra de la que se muestra muy crítica. Su narrativa breve es recogida en volúmenes como “La muerta” (1952), “La llamada” (1954) y “La niña y otros relatos” (1970). A sus novelas y cuentos hay que añadir “Paralelo 35” (1967), la crónica de su primer viaje a Estados Unidos invitada por el Departamento de Estado, así como sus asiduas colaboraciones en prensa.
Con “La mujer nueva” (1955) gana el Premio Menorca de Novela y el Premio Nacional de Literatura de 1956. En ella narra la aventura espiritual de la protagonista y su conversión al catolicismo.

En 1963 publica “La insolación”. Esta última novela formaba parte de una trilogía, “Tres pasos fuera del tiempo”, que no llega a completarse. El segundo tomo, “Al volver la esquina”, que ella no se decide a publicar, se edita póstumamente en el año 2004. El paulatino distanciamiento de la vida pública que mantiene se acelera debido a una enfermedad degenerativa que le afecta a la memoria y que la deja sin habla en los últimos años de su vida.
Carmen fallece en Majadahonda (Madrid) el sábado, 28 de febrero de 2004, a los 82 años de edad y es enterrada en la más estricta intimidad familiar en el madrileño cementerio de La Almudena.
Colofón
En 2009 su hija Cristina publica el libro “Música Blanca” en el que en un diálogo sin palabras con su madre emprende un recorrido por los senderos de la memoria en el que abundan detalles reveladores que permiten entender en profundidad su vida y su obra.

De niña, Carmen era una lectora voraz de los libros de Elena Fortún (María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo, 1886 – 1952), una gran admiradora de Celia Gálvez Montalbán, la protagonista de sus libros y el personaje infantil más emblemático de la Literatura Española. Ambas se admiraban y respetaban y aunque apenas se vieron en persona, sí que mantuvieron una bonita relación epistolar que afortunadamente ha sido publicada. “De corazón y alma” (2017) es el título del libro que recoge 46 cartas, que se escribieron entre 1947 – 1952 y que han sido recopiladas por las hijas de Carmen: Cristina y Silvia.
Carmen tiene el honor de ser la segunda mujer cuya imagen se colgó en la Galería de Retratos del Ateneo de Madrid. La primera mujer que tuvo ese privilegio es la gallega Emilia Pardo Bazán (1851 – 1921) y es que hasta 2021 solo estas dos féminas estaban representadas en esta insigne galería frente a los 188 retratos de personalidades ilustres masculinas. Posteriormente, se han incorporado las imágenes de Clara Campoamor, Carmen de Burgos y Almudena Grandes en 2022, María Zambrano y Rosa Chacel en 2024, y el año pasado, 2025, lo hizo el retrato de Victoria Kent.