✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 30 de agosto de 2026
En el CCXXIX aniversario del nacimiento de la escritora y ensayista británica Mary Shelley

Tal día como hoy, domingo 30 de agosto, festividad de San Pamaquio (345 – 410), senador romano que construyó junto a Santa Fabiola un hospicio en Portus, en la desembocadura del río Tíber, junto a Ostia, para los extranjeros pobres, y en la que ya es trigésimo quinta semana de 2026, se cumplen 229 años (miércoles, 1797), del nacimiento en el distrito londinense de Somers Town, de la escritora y ensayista británica, Mary Shelley (Mary Godwin Wollstonecraft, 1797 – 1851), autora de la novela “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818), clásico de la literatura llevado al cine en varias ocasiones.

Breves Notas Biográficas
Hija primogénita de William Godwin (1756 – 1836), escritor, político y filósofo de ideas muy liberales para su tiempo, y de Mary Wollstonecraft (1759 – 1797), escritora feminista y pionera de los derechos de la mujer (“Vindicación de los derechos de la mujer”, 1792); es la primera corresponsal en cubrir la Revolución Francesa.
Su vida está marcada por la pérdida, desde su nacimiento, pues nunca conoció a su madre, que murió de septicemia once días después del parto, concretamente el día 10 de septiembre cuando contaba 38 años de edad. Es más, cuando Mary tiene 4 años de edad (diciembre 1801), su padre se casa de nuevo con Mary Jane de Vial (1768 – 1841), escritora, editora y librera, una mujer a la que Mary detesta y a quien siempre culpa de haberle apartado de su padre. Precisamente, él describe el matrimonio como “un monopolio represor”, promociona las ideas feministas de su primera esposa y acepta, sin problemas, a Fanny Imlay (1794 – 1816) también conocida como Fanny Godwin y Frances Wollstonecraft, la hija que su esposa ha tenido en una relación extramarital, algo que a los ojos de la sociedad inglesa bienestante resultaba escandaloso. A pesar de esta reputación y de estar constantemente endeudado, puede procurar a Mary una buena educación, propiciada por un tutor, una institutriz y la rica biblioteca de sus padres.

Su madre, defensora de los derechos de las mujeres y de la libertad, fue siempre el espejo donde se miró Mary, que a menudo acude junto a su tumba en el cementerio de St. Pancras, para releer todos sus escritos y aprender muchos pasajes de memoria. Afirma que “El recuerdo de mi madre ha sido el orgullo de mi vida”.
En 1813, su padre la describe en su Diario, cuando Mary tiene 15 años: “Una chica singularmente valiente, un tanto imperiosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible”.

Entre el grupo de intelectuales de los que su padre se rodea está Percy Bysshe Shelley (1792 – 1822), un joven poeta romántico que considera a William Godwin, como un padre intelectual y que llega a ocuparse de sus deudas durante un tiempo. Es 1814 Mary tiene 16 años, 5 menos que aquel muchacho que se convierte en su primer y gran amor. La relación, desde el principio, tiene tintes escandalosos y para escapar de las miradas se dan cita en un cementerio, donde probablemente Mary queda embarazada de él. Shelley está en una posición delicada, puesto que está casado y, además, su esposa, Harriet Westbrook, también está embarazada y ya no puede seguir pagando las deudas de William Godwin. La solución que encuentran los dos amantes es fugarse y llevarse con ellos a Claire Clairmont (1798 – 1879), la hermanastra adolescente de Mary: ambas se llevan bien a pesar de la mala relación que hay con su madre. Viajan hasta la ciudad suiza de Lucerna, pero la aventura es breve, ya que carecen del dinero para subsistir y en menos de 3 meses están de vuelta en Inglaterra, donde les espera un fuerte rechazo, incluso por parte del padre de Mary, William Godwin. En ese tiempo, Mary sufre un duro golpe que se va a repetir varias veces a lo largo de su vida: la muerte de su hija, nacida de forma prematura, lo que la sumerge en una profunda depresión. La muerte la ha acompañado desde su nacimiento y, en su huida hasta Suiza, ha tenido ocasión de verla en primera persona, en una Europa devastada por las Guerras Napoleónicas.

En mayo de 1816, Percy decide llevar a Mary al pueblo suizo de Cologny, en las orillas del Lago Leman, convencido de que su soleado clima le va a ayudar a levantarle el ánimo que ha mejorado desde el nacimiento del segundo hijo de la pareja, William, en enero de ese mismo año. Son invitados a la elegante “Villa Diodati” por el poeta Lord Byron (1788 – 1824), que ha empezado una aventura con Claire, la hermanastra de Mary. Contrariamente a lo esperado, el clima de ese año es terrible, tanto que 1816 se va a conocer como “el año sin verano”: la lluvia les impide salir de la mansión, a menudo durante días enteros. Así, lo que debían ser unas divertidas vacaciones se convirtieron en una serie de veladas junto al fuego en las que el grupo se entretenía leyendo historias de fantasmas. Y fue en una de esas veladas donde nace el germen del monstruo que perseguiría a Mary el resto de su vida: Byron propone a los congregados, entre otros Mary y Percy Shelley, y su médico personal, John William Polidori (1795 – 1821), escribir una historia de terror. Una noche, la conversación deriva hacia la naturaleza de la vida y si esta puede ser generada de forma artificial. Cuando Mary se va a dormir, de repente tiene una visión que define como “un siniestro terror”: “Vi al pálido estudiante de las artes prohibidas arrodillado junto a la cosa que había creado. Vi el espantoso fantasma de un hombre tendido, y luego, por obra de algún potente mecanismo, mostró signos de vida y se agitó con un movimiento inquieto y antinatural. Espantoso como era; porque sumamente espantoso sería cualquier esfuerzo humano para burlarse del mecanismo estupendo del Creador del mundo”.Inmediatamente, Mary, empieza a trabajar en lo que suponía era un pasatiempo. Lahistoria crece alimentada por los propios fantasmas de Mary; el sentimiento de pérdida porla muerte de su madre y su primera hija y la separación de su padre da luz a una novelasobre la muerte y la vida, la responsabilidad de la paternidad y las consecuencias dedesafiar al orden establecido.

Polidori y Mary son los únicos en cumplir con el reto: alumbraron dos seres únicos, “El vampiro” (1819) y “Frankenstein o el moderno Prometeo”, la historia de un hombre atormentado que desafía a la propia Naturaleza. Crea un ser destinado a no tener lugar en el mundo, lo rechaza junto con su responsabilidad por haberlo creado y, finalmente, causa la muerte de sus seres más queridos y lo condena a la soledad.
La novela se publica por primera vez en 1818 y el hecho de que se hiciera anónimamente da una idea de lo escandalosa que resultaba incluso para su propia autora, que diría años después: “¿Cómo pude yo, entonces una muchacha joven, idear y explayarme en una idea tan horrible?”.

A pesar de ese sentimiento de horror, la segunda edición ya llevaba su nombre y en ediciones posteriores publicadas a partir de 1831, Mary somete su creación a una revisión profunda y la purga de algunos de sus pasajes más perturbadores.
A pesar de sus ideas liberales sobre el matrimonio, a su regreso de Suiza la pareja contrae matrimonio para contentar a sus familias; así, Mary Godwin se convierte en Mary Shelley, el nombre por el que va a ser recordada. El matrimonio supone un punto de inflexión agridulce: por una parte permite la reconciliación con su padre, pero por otro lado, es precedido por el suicidio de la anterior esposa de Percy. Y es que la muerte no da tregua a Mary: en 1816 se suicida su hermanastra Fanny Imlay.

En 1818, mientras los Shelley se encuentran de viaje por Italia, su hijo William enferma y muere. En 1819 lo hace también Clara, su tercera hija y, finalmente, en 1822, sufre un aborto en el que casi pierde la vida ella misma a causa de la hemorragia. El golpe final llega ese mismo año, cuando Percy Shelley desaparece durante una excursión en velero; tres días después, su cuerpo aparece en una playa de la Toscana, cerca de Viareggio, entre Livorno y Lerici y es incinerado en la playa por Lord Byron y otro escritor inglés residente en Italia, Edward Trelawny (1792 – 1881).
Esa serie de desgracias sumen a Mary en una profunda depresión de la que ya nunca se va a recuperar del todo. Abandona Italia, el país que le ha arrebatado a su marido y a dos de sus hijos, y regresa a Inglaterra en compañía de su cuarto hijo, Percy Florence Shelley (1819 – 1889), el único que llegará a la vejez. Desde entonces se gana la vida con la escritura, pero su situación es precaria, ya que no solo tiene que ocuparse de ella y de su hijo, sino que también ayuda a su padre a hacer frente a sus deudas.
Mary no se vuelve a casar, pero se sabe que recibe varias proposiciones de matrimonio. Entre sus pretendientes están el viejo amigo de Italia, Edward Trelawny, el político Aubrey Beauclerk (1801 – 1854) y el escritor romántico francés Prosper Mérimée (1803 – 1870). Al parecer, siempre repetía que, después de haber sido la esposa de un genio, sólo podría volver a ser la mujer de otro.
Mary escribe todo tipo de obras: novela histórica, diarios de viaje, bibliografías, historias cortas de géneros variados y ensayos. Al mismo tiempo se dedica a traducir y editar obras de otros autores -como Lord Byron- y a promocionar las que había escrito su marido, con más éxito del que él mismo había tenido en vida. La muerte de su padre aligera su carga económica y les proporciona una modesta herencia. Sin embargo, desde hace unos años, Mary sufre síntomas cada vez más frecuentes de lo que su médico sospecha que es un tumor cerebral. Cuando su hijo contrae matrimonio, ella se retira a vivir con él y su esposa hasta el sábado, 1 de febrero de 1851, fecha en la que, finalmente, también a ella le alcanza la muerte que la ha perseguido siempre. Cuenta 53 años de edad.

Colofón
Aunque en vida fue una escritora conocida, tras su muerte solo uno de sus libros va a permanecer en la memoria colectiva: “Frankenstein”, la historia en la que vuelca y refleja su dolor, soledad y sentimiento de pérdida ese verano lluvioso de 1816.Traducido a decenas de idiomas, la mayor parte del público se ha acercado al “monstruo” a través de sus múltiples adaptaciones teatrales o cinematográficas de las que se han contado hasta 150 versiones. La misma Mary Shelley afirma que “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”.

Según la escritora y biógrafa Emily Weisberg Sunstein (1924 – 2007), al año de la muerte de Mary, su hijo encontró en su escritorio “trozos de cabello de sus hijos perdidos, un cuaderno que había compartido con Percy Bysshe Shelley y una copia del poema de este titulado “Adonaïs”, junto con una página envuelta en seda, la cual contenía algunas de sus cenizas y los restos de su corazón”.