✍Manuel Domínguez García
Cronista Oficial de la ciudad de Motril
La huella hispanomusulmana en la toponimia histórica de Motril: Algunos topónimos romanceados

La toponimia constituye una de las fuentes más valiosas para aproximarnos a la historia de los territorios que durante siglos formaron parte del mundo islámico peninsular. En numerosos lugares de la Península Ibérica, los nombres de ciudades, aldeas, pagos, caminos, fuentes, acequias, huertas, montes y espacios agrícolas conservaron, después de la conquista cristiana, una profunda huella de la lengua árabe y de las variedades romances habladas por las poblaciones andalusíes. Estos nombres, sin embargo, no llegaron hasta la actualidad necesariamente en su forma originaria. A lo largo del tiempo fueron adaptándose a nuevas circunstancias lingüísticas, sociales y administrativas, experimentando modificaciones fonéticas, alteraciones gráficas y, en determinados casos, reinterpretaciones por parte de los nuevos hablantes. De este proceso surgió un amplio conjunto de denominaciones que podemos definir como “topónimos hispanomusulmanes romanceados”.
El concepto de “romanceado” resulta especialmente útil para comprender este fenómeno. Después de la conquista castellana, numerosos nombres de tradición andalusí continuaron siendo utilizados oralmente por la población local. Cuando estos nombres pasaron a los documentos redactados por escribanos cristianos, fueron representados mediante las letras y las convenciones ortográficas propias del castellano. Al no existir una correspondencia exacta entre determinados sonidos árabes y los sonidos del castellano, la transcripción podía aproximarse de distintas maneras a la pronunciación que el escribano percibía.
El fenómeno adquiere una especial relevancia en el antiguo reino de Granada y, particularmente, en el territorio de Motril y su comarca. La incorporación de este espacio a la Corona de Castilla a finales del siglo XV produjo una profunda transformación política, administrativa y social, pero no significó la desaparición inmediata de la antigua nomenclatura territorial. Los nombres utilizados por la población musulmana continuaron formando parte del paisaje cotidiano. Muchos de ellos estaban vinculados a realidades esenciales para la vida económica, como las tierras de cultivo, los sistemas de regadío, las acequias, las fuentes, las huertas, los caminos y los pagos agrícolas motrileños.
La continuidad de estos nombres estuvo favorecida, precisamente, por la propia permanencia de las estructuras territoriales. Una acequia no desaparecía porque cambiara la autoridad política; una huerta continuaba siendo una huerta y un camino seguía comunicando los mismos espacios. Los nuevos propietarios y las autoridades encargadas de organizar el territorio necesitaban identificar las tierras, sus límites y sus aprovechamientos, por lo que recurrieron con frecuencia a las denominaciones tradicionales. De este modo, una parte importante de la antigua toponimia pudo sobrevivir al cambio político, aunque sometida progresivamente a un proceso de adaptación lingüística.
La documentación histórica de Motril posterior a la conquista constituye una fuente fundamental para estudiar esta transformación. Los libros de repartimiento, los documentos relativos a la venta y transmisión de bienes de los moriscos, los registros de habices, los apeos y deslindes, los protocolos notariales, la documentación concejil y otros registros de propiedades conservan numerosos nombres de lugares heredados de la época andalusí. En el caso de Motril, este conjunto documental permite reconstruir un paisaje histórico en el que la toponimia musulmana no constituye un elemento aislado, sino una parte integrada en la organización agrícola, hidráulica y territorial de la población y de su término.
El análisis de un topónimo debe comenzar, siempre que sea posible, por localizar sus testimonios históricos más antiguos. La comparación entre las diferentes grafías permite establecer una secuencia evolutiva y determinar qué modificaciones se producen con el paso del tiempo. También resulta fundamental conocer la ubicación del lugar, ya que el contexto geográfico puede aportar información decisiva. Un nombre relacionado con una acequia, una fuente, una huerta o un camino puede conservar el recuerdo de una función que tuvo especial importancia en el paisaje andalusí.
En este sentido, la toponimia hidráulica y agrícola de Motril presenta un interés excepcional. La intensa utilización del agua y la existencia de una compleja red de acequias favorecieron la conservación de numerosas denominaciones vinculadas al territorio. Las acequias, fuentes, albercas, norias, huertas y pagos no eran simples elementos aislados, sino partes de un sistema agrícola que estructuraba el espacio y condicionaba la ubicación de los asentamientos y las comunicaciones. La persistencia de algunos nombres relacionados con estos elementos permite aproximarnos a una organización territorial anterior a la conquista castellana.

Los topónimos hispanomusulmanes romanceados pueden considerarse, en este sentido, auténticos testimonios fósiles del paisaje histórico. En ellos permanecen fragmentos de una realidad que, en muchos casos, ha desaparecido físicamente. Un pago cuyo nombre ha sobrevivido puede recordar una antigua explotación agrícola; una denominación relacionada con el agua puede señalar la existencia de una acequia o una fuente; un nombre de camino puede conservar la memoria de una antigua vía de comunicación. El topónimo funciona así como una especie de archivo lingüístico del territorio.
La conquista castellana de Motril en 1489 supuso una ruptura política fundamental, pero la transformación del territorio fue necesariamente más lenta. Las estructuras agrícolas, hidráulicas y viarias continuaron funcionando, y con ellas sobrevivieron numerosas denominaciones. Los nombres podían pasar de una generación a otra mediante la tradición oral y, posteriormente, ser incorporados a la documentación escrita. De esta manera, la toponimia actuó como un puente entre dos períodos históricos y permitió que parte de la memoria territorial andalusí sobreviviera dentro de la nueva sociedad castellana.
En el caso de Motril, el estudio de estos nombres permite ir más allá de la historia política y acercarnos a la realidad cotidiana de la población. La toponimia revela dónde se encontraban las huertas, por dónde discurría el agua, qué caminos comunicaban determinados espacios, cómo se organizaban los terrenos agrícolas y qué lugares conservaron denominaciones heredadas de la época musulmana. Constituye, por tanto, una fuente especialmente valiosa para reconstruir el paisaje histórico de la ciudad y de su término.
Hay numerosos topónimos de origen musulmán en la historia de Motril; sin embargo, por razones de espacio, hemos seleccionado algunos de los más interesantes y representativos.
Balabarca: Pago situado al oeste de vega de Motril en las cercanías del curso bajo del Guadalfeo. Lindando con los pagos de las Peñuelas y Adrianos. En gran parte pantanoso hasta fines del siglo XVI, dedicado a la plantación de cañas de azúcar. Topónimo de origen musulmán: balāṭ al-birkah.
Su traducción podría ser el pago delCamino de la Alberca o de la Albufera. El topónimo se conserva en la actualidad.
Balate al Margen: Pago de tierras de regadío, situado a levante de Motril, limitando por el sur con el pago de Paterna. Se cultivaron cañas y antiguamente morales y cereales. En la documentación histórica también aparece escrito como Batalalmarge y Valatalmargen.
“Otra haça se setenta marjales en el pago de Balatalmargen con un tejar caído” (Testamento del vicario Gonzalo Hernández de Herrera. Motril, 1537)
Topónimo de origen musulmán: balāṭ al-maryayn. Pago del Camino de los Prados. El topónimo se conserva en la actualidad.
Trafarramal: Paraje situado al sur de la vega de Motril, lindando con el mar al sur, el camino de Patria al norte, camino de Pescadores a poniente y balate del Hocinillo al levante. Hoy ocupa gran parte de la zona sur de Playa Granada. Fue zona de albuferas y anéales, montuosa y sin cultivar hasta bien entrado el siglo XVI. En este lugar existió una torre atalaya, seguramente de origen musulmán, que estaría situada al final del camino de Pescadores, que era muy buena zona para hacer aguada los barcos y una de las vías más importantes de acceso hacia el interior, en una zona de charcas y pantanos de difícil tránsito a no ser por el citado camino que llevaría, por un lado, hasta el camino de Patria que daría acceso a Motril y, siguiendo el curso del rio, hasta Lobres y Pataura.
Había que proteger este paso ante un posible ataque enemigo, pero por la situación de la torre es posible que su obra estuviese sometida a las continuas avenidas de rio y a los embates del mar y prácticamente para 1567 debía estar en ruinas y sin guarnición. En 1571 visitan la costa el capitán Antonio de Berrio acompañado del ingeniero militar Luis Machuca, considerando ambos que en Trafalrramal era necesario construir una torre para los guardias y así impedir que los enemigos saquearan la vega y las vecinas poblaciones. La obra es encargada al maestro albañil Pedro Bonilla que la termina en 1575 con un costo total de 650 ducados. En el último tercio del siglo XVII ya no existiría la torre.
En 1593 Alonso de Contreras compra en esta zona a la Corona 321 marjales y en 1614 adquiere otros 700 marjales colindantes pertenecientes a Isabel Pinelo, viuda del genovés Juan María Sauli. Conseguía así, Alonso de Contreras, una enorme propiedad al sur de la vega motrileña, constituida por un total de 1.036 marjales en una única parcela y que dedicaría, tras desecar la zona pantanosa, casi en su totalidad para el cultivo de la caña de azúcar, con las que abastecer sus dos ingenios azucareros.
El antiguo pago de Trafalrramal se convertiría ahora en el pago de la Casa de Contreras, la mayor hacienda de regadío de toda la historia del Motril de la Edad Moderna.
“(…) luego está la playa que va como media legua pequeña hasta el rio de Motril y pasado del, entre el mar y la Algaida, está la estancia que llaman Trafa el Ramal, adonde hay dos hombres ordinarios de guardia. Desde esta estancia hasta la torre del Varadero, habrá una legua pequeña, y es todo playa, adonde hay junto a ella una gran cantidad de eneares, que como tengo dicho le llaman la Algaida que es todo pantano”. (Visita del maestre de campo Antonio Moreno a la costa del reino de Granada, 1567)
Topónimo de origen musulmán: Tarafal-Ramla. Punta o Cabo de las Arenas

Rambla del Maçerol: Nombre musulmán de las llamada posteriormente rambla de las Brujas, que nace en la vertiente oriental de los montes del Magdalite, en el cerro de Hacho. En sus inmediaciones estaba una fuente de agua potable llamada igualmente fuente del Maçerol.
Hernando Maçerol fue habitante morisco de Pataura.
“Una haza de riego en el pago de Majar que fue de Hernando Maçerol de dos marjales de tierra de riego poco más o menos de tierra dispuesta para plantar cañas dulçes, alindando por la cabeçada con el balate y el descansadero del rio que llaman del Majar (Apeo de Pataura, 1573)
Es un antropónimo de origen musulmán: Ramla al Maçerol
Fadin Çoltán: Pago de tierras de regadío de la vega vieja de Motril, situado al sur y al este del Cerro de la Virgen de la Cabeza, limitando al norte con la Acequia Principal, al este por el balate del Henchidero y por el sur llegaba hasta aproximadamente el Camino del Ramblado y de Sarrazín. Tierras de primera calidad, ocupando prácticamente todo el territorio de lo que después se conoció como el pago del Cercado de la Virgen o pago de Nuestra Señora de la Cabeza. En las ventas realizadas por la Corona a partir de 1578 de las tierras expropiadas a los moriscos, el precio por marjal situado es este pago alcanzaron las elevadas cifras de 22 ducados.
En los documentos históricos aparece, también como Fadin Alçoltan
“Dos onzas de hojas de moral en la haza que fue de Diego Abuluçei que alinda con el cerrillo y con haza de Gaspar de Ávila y con tierras de don Diego Ramírez y es en el pago de Fadin Çoltan” (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
“En Cristóbal Serrano vezino de la dicha villa, un haça en el término de ella que fue de Diego Aboloçei en el pago de Fadin a Çoltan, que alinda con el castillejo de Nuestra Señora de la Cabeça e tierras de Jerónimo el Malehe e de don Diego Ramírez de Haro” (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
Topónimo de origen musulmán: faddīn al sulṭān. La tierra del sultán.
En este pago tenían parte de las numerosas propiedades que poseían en Motril los reyes de Granada y, especialmente, la reinaAisha al-Hurra,madre de Boabdil el Chico.
Herragan: Pago de tierras al oeste de vega de Motril, lindando con Rio Seco y por encima del camino de Motril a Salobreña. Situado entre los pagos del Jaril y Balabarca, lindado al sur con una laguna y al oeste con el término de Salobreña. Se regaba con la Acequia Principal. Tierra de poco aprovechamiento y que durante un largo periodo del siglo XVI una parte importante de las tierras de este pago estuvieron montuosas, de aneales y carrizos y sin cultivar. Es a partir del último tercio del siglo XVI, tras las ventas de tierras de moriscos efectuadas por la Corona, cuando este pago se introduce al cultivo de la caña de azúcar. En su término estaba el llamado Molino del Pan o de Ubeit.
“En Pedro de Castro vezino de Granada, un haça en el término de la villa de Motril en el pago de Herragan que fue de Lorenço el Tagarí morisco, que alinda con haças de Lorenço el Hadid y de Diego de Llerena y con haça del Arbí, en preçio de onze reales cada marjal” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1577)
El pago de Herragan constituye uno de los topónimos menores de origen andalusí conservados en la vega de Motril. Aunque aparece citado desde el siglo XVI, su etimología permanece incierta. Es probable que derive de un término árabe alterado por la castellanización posterior a la conquista, sin que hasta el momento haya podido identificarse con seguridad su forma original. Podría provenir de ḥarrāq significa «el que quema» o «quemador». Si esta hipótesis fuera correcta, Herragán podría significar originalmente el pago de las quemas o el pago del quemador. Sin embargo no existe, por ahora, documentación que confirme esta identificación.
Cabón: Pago de tierras de riego al sur de la vega de Pataura, a la salida de ella en dirección a Motril, lindando con el pago del Molino del Arroz al norte el pago del Jaril al sur. En la relación de los bienes habices de Motril y sus alquerías de 1501, aparece con la denominación del pago del Cabo y fadin al Cabo. En el libro de apeo de Pataura de 1573 se llama pago del Cabo. Desde el siglo XVIII y en la actualidad a este pago se le conoce, también, con el nombre del Algarrobillo.
“En dicho Hernando Hurtado para los dicho pobladores de Pataura, un pago de tierras de riego que llaman el Cabón, en el canpo del dicho lugar que fue de moriscos y alinda con un cerillo de esparragueras e con tierras de Diego Hernández de Baena e con Hernando de la Corte e con una haza de aneas que es de Su Magestad” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1578)
Topónimo posiblemente derivado de la palabra musulmana Qabb, la punta, el extremo. El pago del final de la vega de Pataura.
Paumar: Pago de tierras de regadío en la vega Vieja de Motril.Alindaba con el camino de la mar y camino de Salobreña. La actual zona del haza de la Plata, estaría antiguamente incluida en este pago. En la documentación histórica aparece además con los nombres de Paomar, Xaumar, Jaumar y Xaudal.
El pago estaba dividido en las siguientes partes:
Paomar Açaquer: Puede ser Paumar del Halcón (as-Saqr)
Paomar Alquebir: Paumar grande (Al-Kabir)
Paomar Jabdara: Paumar del barranco u hondonada (jandaq)
La palabra Paumar es posible que se trate de un antropónimo, nombre propio árabe derivado de la raíz onomástica “Umar(Omar) o Ammar”, precedida de la palabra aš-šayj, el Jeque. Paumar se podría traducir, si esto es correcto, como el Pago del jeque Omar
“Otro fadin e una tárrega en el Paumar compuesto de 13 marjales; linde tierras de Azanu Alubreti y de Hamette Arcid y dos alcudias que son barrancos”. (Escritura de venta del alfaquí Haray Mormoz a Francisco Ramírez de Madrid. Motril, 1493)
“Una haça de riego en el término de la villa de Motril en pago de Xaumar que fue de Hernando Abulucey que alinda con el camino de la mar y haça de Cristóbal Serrano y haça de Juan de Robles” (Escritura de venta otorgada por la Corona a Cristóbal Serrano. Motril, 1578)
“Dos marxales y medio de tierra que es la quarta parte de una haza con morales que fue de Rodrigo Cenedí en el pago del Xaudal” (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
Corucho: Barrio, calle y rambla de Motril y pago de tierras de regadío en Pataura
Tomás de Aquino y Mercado en su libro de 1650, “Historia de las antigüedades y excellencias de la villa de Motril, antigua sexi”, escribía que “el barrio del Corucho ansí llamado de los moros que es todo lo que linda con el Poçuelo saliendo del postigo de Beas. La rambla arriba camino de Granada, junto a la casa de Cristóbal Moreno regidor de esta villa, está un poço del que tomó nombre del Poçuelo todo aquel barrio y frontero del estava el alxima Alcorucho y el dicho pozo que los moros lo hiçieron para el serviçio y limpieça de la dicha mezquita, oy casa particular y el poçuelo a mui poco que se çegó por ir el agua de el tan corriente como profunda y sacarse con mucho trabajo”.
Este arrabal situado al norte en la antigua villa motrileña y fuera de lo cercado, estaba habitado después de la conquista prácticamente por moriscos. Su calle principal era la rambla de Corucho donde estaba la mezquita citada por Mercado y una aduana de azúcar de Hernando Abulhuçey. Tras la expulsión de los moriscos 1570, casi todas las casas de este barrio fueron repartidas a cristianos viejos repobladores o vendidas por la Corona.
“Una casa que fue de Hernando Abulhuçeí de la qual sacaron unas cámaras para el ingenio de açúcar de su magestad, que alinda la dicha casa con los Abulhuzeis y con la viuda de Abuluçei y con la calle real y es con el corral que tiene a las espaldas y ansí mismo se le dio el pedazo que fue de Bernabé Poxaga en la dicha rambla del Corucho”. (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
“En Diego Queipo estante en la villa de Motril, un sitio de casa en la dicha villa que fue de Pedro el Baztí que alinda con sitio de casa que fue de Francisco Lubrite y con García Abenax y con el exido en el barrio de la rambla del Corucho” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1575)
“Bendió a Alonso de Contreras vezino de la villa unas casas y tienda y toldo que tenía y poseya en la villa junto al postigo de Beas en la rambla de Corucho, linde con casas que eran de Bartolomé Sánchez y Ginés Sánchez” (Escritura de venta otorgada por Toribio Vázquez, en Motril, 1595)
En la vega de Pataura también existió, como decíamos, un pago de regadío llamado Corucho, situado a la salida de la alquería de Pataura en dirección al camino de Lobres y las Jareas.
“Desalindé en dicho pago del Corucho otras haça de quatro marjales poco más o menos que fue de Agustín Jenín y tiene dos tocones de moral y alinda con tierras que fueron de Bernardino Amador y con el camyno que va de Pataura a Lobras y con haza de la iglesia de Salobreña, la qual es tierra para plantar cañas dulçes” (Apeo de la tierras de la alquería de Pataura, 1573)
“Tres higueras en el pago del Coruche en haza que fue de Zacarías Acenbuche” (Repartimiento de Pataura 1574)
El topónimo Alcoruchepresenta un origen hispanoárabe y parece proceder de la raíz árabe al-ḫurūǧ, cuyo significado literal es “la salida”. El término aludiría, probablemente, a un lugar situado en un punto de paso o de salida, relacionado con un camino, una vía de comunicación o el acceso a un determinado.
En el caso de Motril por la calle Corucho se salía de la villa, subiendo por la calle San Roque, hasta el camino de Granada. La calle o rambla de la salida.
En el caso de Pataura el pago de Corucho estaba situado al final de la alquería, en la salida hacia el camino de Lobres. El pago de la salida.
El topónimo Corucho constituye un interesante vestigio de la antigua toponimia de origen árabe conservada en el territorio tras la conquista cristiana. Su permanencia a través de los siglos demuestra cómo determinados nombres de lugar lograron sobrevivir a los profundos cambios políticos, sociales y lingüísticos producidos desde finales de la Edad Media. Corucho puede considerarse un auténtico fósil toponímico, es decir, un nombre que ha permanecido vinculado a Motril mientras la lengua y las circunstancias históricas de sus habitantes cambiaban. Su conservación permite reconocer la profundidad de la huella lingüística dejada por la sociedad andalusí en el paisaje y constituye una fuente de gran interés para reconstruir la antigua organización del territorio.
Fadín Adayan: Pago de regadío, situado entre el camino de Mar, el camino del Taraje y camino de la Punta, en la zona izquierda de lo que después se conoció como Cuatro Caminos. En la documentación histórica aparece como Fadín Adaio, Fadin Adaian y Fadin Adayan
“Una haza en Hanconrambla que es Fadin Adayan, de diez marjales, a linde de haza de herederos de Juan de la Haya, que se dice Teresa, y un camino que va por bajo” (Testamento del vicario Gonzalo Hernández de Herrera. Motril, 1537)
“Un huerto que fue de Luis Abuluçei alindando con el acequia principal y con tierra de Luis Patiño y Diego Hernández de Baena e con doña Ana de Arana y es en el pago de Fadin Adayan con los árboles que tiene” (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
“Para Juan de Valverde vezino de la villa de Motril, un haça en el término de la dicha villa de riego en el pago Fadin Adaian, que fue de Luis Abuluçey, que alinda con el camino de la Punta y con tierras de Diego Abuluçey y con el cerrillo de Hernando Abuluçey y de don Diego Ramírez de Haro” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1578)
El topónimo no se conserva en la actualidad y es de origen hispanomusulmán, puede proceder de al-day‘a, Pago de las Heredades, o de Dayyan con lo que la traducción podría ser Pago del Juez.
Trafalcasis: Es el cabo existente entre los términos municipales de Torrenueva Costa y Motril en el cerro de Chucho. Es el punto más al sur de la provincial de Granada. En la actualidad recibe el nombre de cabo Sacratif. En sus inmediaciones hubo una torre atalaya conocida como “Torre de Trafalcasis o del Chucho” y desde 1863 hay un faro.
En la documentación histórica aparece denomínalo con los topónimos Trafalcasis, Trafalcasir, Trafalcassil, Trafilcasis e, incluso, como, Itenfalcaças. La denominación actual de Sacratif parece una trascripción errónea hecha en alguno de los mapas del siglo XVIII y el error ha perdurado hasta la actualidad.
“En la punta de Trafalcaçyz son tres guardas, las dos duermen sobre las calas de la dicha punta y por la mañana dan el atajo la una de ellas a los varcos y la otra va a la torre y la otra está en la torre de Trafalcaçyz. Ay de esta estancia a los varcos una lengua” (Archivo General de Simancas. Principios del siglo XVI)
“Para los nuevamente convertidos vecinos de Motril, que lleven toda la cal que fuera menester para la torre de Trafalcaçes, desde la calera al pie de la dicha torre. (Correspondencia del conde de Tendilla, 1513)
“La torre de la punta de Trafalcaçis, que es en el dicho partido de Motril, fue rematada la obra de ella en Salvador Garçía, albañil, vezino de Granada, por preçio de çiento y ochenta y siete mil quinientos maravedís, pagados de la dicha arca de fábricas y dio por sus fiadores a Alonso de Contreras, vezino de Motril” (Relación de la obras realizadas en la costa del reino de Granada, 1593)
El topónimo Trafalcasis es de origen musulmán. Traf- / Taraf-: Proviene del árabe taraf, que significa «extremo», «punta», «cabo» o «límite» de un territorio.Al-Casis / Al-Qasís o qissīs: Tradicionalmente vinculado a la palabra árabe para «el clérigo», «el sacerdote» o «el monje» (cristiano). Su traducción podría ser: La punta del clérigo cristiano
Jaril: Pago de tierras de regadío situado al noroeste de la vega de Motril en el linde con el camino de Pataura y el pago del Algarrobillo o el Cabón de la vega de Pataura y el límite con el término de Salobreña; linda, además, con la Acequia principal, el pago de Bates y al sur el pago de Entrecaminos. En este pago existió hasta hace muy poco un famoso cortijo perteneciente a la familia Burgos.

En la documentación histórica aparece denominado como Jariles, Jaril, Juril, Balate Xuril, Xaril y Fadin Xaril.
“Y las dichas seys haças están todas juntas y debajo de los linderos siguientes que las çercan. Por la parte alta lindan con la azequia principal de esta villa, la azequia en la mano hasta dar con la haça de Jariles de haçia Pataura que ahora es de los Hurtados” (Apeo de las propiedades de Ramírez de Haro en Motril, 1580)
“…que fue de morisco y a linda con el balate Xuril e la vega y con haça…” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1578)
“…en Xaril que alinda con el molinillo del Arroz y con el camino que va de Motril a Pataura…” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1578)
El topónimo es, seguramente de procedencia andalusí: šara o al-ša‘ra, que significa el matorral o el terreno poblado de jara o, también de al‑Jarīl, zona pedregosa. Los dos significados podrían aplicarse perfectamente a esta zona de la vega motrileña.
Aguasaxoaydar: Sierra, estribaciones sur de la sierra de Lujar, montes que rodean Motril por el noreste.
En la documentación histórica aparece, también, como sierra de Guadaxoydar y Aloaydar. Desde estos montes descendía una importante rambla hacia el mar, que creemos que se trata de la actual rambla de Puntalón, antiguamente nombrada rambla de Parila.
Al pie de esa sierra estaba el Molino de la Viñas propiedad de conde Bornos. En la zona de este molino se iniciaba la acequia vieja o de Motaihanit, que regaba el pago de este nombre y del Deyre.
“Encima de la acequia vieja que se sacaba del molino de la Viñas, alindando con la dicha acequia y con haça que fue de Diego Lauxí y con Diego el Çahel y llega hasta el pie de la sierra de Aguasaxoaydar” (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
“Encima de la acequia vieja que sale del molinillo de la Viñas de pie de una sierra que llaman Aloaydar, donde se saca el barro para los olleros” (Repartimiento de las propiedades de moriscos de Motril. 1570)
“…con romeral y tierra pelada y es por el dicho Motaihinit al pie de la sierra de Aloaydar y tuene quatro fanegas” (Remates de las ventas de las tierras de moriscos de Motril.1578)
Topónimo de origen musulmán, que se podría interpretar como: wādī (“río, valle”) y al‑Ḥaydar: Sierra del rio o rambla del León. Otra interpretación podría ser wādīal‑bayādir: Sierra del rio o rambla de la Eras. La forma no está documentada en repertorios oficiales, pero su estructura coincide con un patrón hispanomusulmán conocido.
La toponimia hispanomusulmana romanceada representa, en definitiva, uno de los testimonios más persistentes de la continuidad cultural entre la sociedad andalusí y la sociedad cristiana posterior a la conquista. Su estudio permite recuperar nombres que durante siglos formaron parte de la vida cotidiana de los motrileños y que, pese a las transformaciones lingüísticas y sociales, consiguieron permanecer en la memoria del territorio. Cada variante documental, cada grafía aparentemente irregular y cada nombre conservado en un pago, una acequia o un camino pueden contener la huella de una historia mucho más antigua.
Por ello, estudiar los topónimos hispanomusulmanes romanceados de Motril no significa únicamente analizar palabras antiguas. Significa reconstruir una parte del territorio desaparecido, recuperar las formas en que sus habitantes identificaron y organizaron el espacio y comprender cómo la memoria de la sociedad andalusí sobrevivió a través de la lengua. La toponimia se convierte así en una herramienta esencial para recuperar el paisaje histórico de Motril; un paisaje en el que las denominaciones de origen musulmán, transformadas por el paso del tiempo y adaptadas al castellano, constituyen todavía hoy una de las huellas más visibles de su pasado medieval.